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Exposición "Volvió Sancho a casa de Don Quijote. Redibujar a Cervantes"
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Ediciones de Bibliofilia Contemporánea. "Tres Quijote ilustrados"

Los avances sociales, sobre todo en lo referente a cultura, y la explosión industrial del siglo XIX repercute en las artes gráficas y el libro empieza a ser utilizado como un vehículo de difusión masiva de información, multiplicando las ediciones y el número de ejemplares. Los valores asumidos por el libro como soporte para la conservación del pensamiento y objeto exclusivo de culto cambian: literatura, política, ciencia, historia y geografía, interesan al lector, quien demanda publicaciones, apareciendo con ello el coleccionismo no solo de arte sino también del libro. Los bibliófilos empiezan a exigir más ediciones especiales, de tiradas reducidas, cuidadas ilustraciones y con impresiones, papeles y encuadernación seleccionados con criterios de calidad.

Si la relación entre texto e imagen aparece con la propia creación del libro, el libro ilustrado como concepto de colaboración entre un artista y un escritor, en la que la parte gráfica adquiere protagonismo en la publicación, la encontramos de forma clara en la segunda mitad del siglo XIX y, más concretamente en Francia, donde estaba instalado el foco de la modernidad en cuanto a arte se refiere. Este hecho tiene como consecuencia que importantes editores también se instalen en Francia, adquiriendo relevancia en las publicaciones y dando lugar a un género que se denominó “livre de peintre” o “livre d’artiste”.

Sus libros ilustrados fueron objeto de colección y vinculados más a la obra de arte que al libro de lectura, hecho que potenció a numerosos artistas de reconocido prestigio internacional (Braque, Chagall, Bonnard, Matisse, Mallarmé, Picasso, Leger, Miró) a interesarse en participar en las publicaciones, añadiendo a estas un valor más amplio que el propio contenido que ilustraban.

En estos años de transición entre el siglo XIX y el XX destacan las ediciones de Ambroise Vollard y Daniel-Henry Kahnweiler. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX, Tériade y Maeght volverán a retomar su herencia, pero distanciándose del anterior concepto de “livre de peintre”, ya que artistas y escritores preferían dejarse llevar por la propia iniciativa, más en sintonía con lo desarrollado por las vanguardias frente al concepto clásico de editores y bibliófilos.

Siguiendo la estela de estos grandes editores, aunque con mucha distancia y cierto grado de humildad, la colaboración entre el tipógrafo Antonio Navarro y la Facultad de Bellas Artes de Valencia ha permitido, además de formar un numeroso grupo de artistas que en la actualidad han recuperado la antigua y difícil tradición de la composición e impresión manual con tipos móviles de imprenta, la edición de estos tres Quijotes ilustrados que se presentaron por primera vez juntos en la Sala de Exposiciones de la Fundación Bancaja en Sagunto y ahora en la Biblioteca de la Universitat Politécnica de València.

"En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme", reúne la obra gráfica de diecisiete artistas que han utilizado las técnicas tradicionales de la edición de arte para realizar sus ilustraciones.

"Quixote. Segunda parte" que contiene veinticinco grabados originales. Y, por último, "El Quixote. Segunda parte. 1615-2016", edición que coincide con el cuarto centenario tanto de la publicación de la Segunda parte del Quijote por Miguel de Cervantes en 2015, como de su muerte el 22 de abril de 1616.


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