
El control automático está por todas partes, normalmente embarcado en los dispositivos y aplicaciones, de forma que se hace realmente evidente cuando se produce un fallo. Un buen diseño -ya sea del sistema de control de vuelo de un avión, del sistema de control de producción en una planta azulejera, de la estabilización de un vehículo en condiciones adversas o del sistema de supervisión de un equipo robotizado de ayuda a la cirugía, por citar unas pocas aplicaciones representativas- proporciona seguridad de funcionamiento, altas prestaciones dinámicas y estáticas y, en definitiva, un beneficio general desde diversas perspectivas: ahorro energético, desarrollo sostenible, contaminación reducida, seguridad...