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Cien visitas, cinco voces del Consejo Social de la UPV: así se construye una vocación STEAM

El Programa Embajadores STEAM, del Consejo Social de la UPV, ha cerrado el curso 2025-26 alcanzando las cien visitas a centros escolares de la Comunitat Valenciana. Cinco de esos profesionales han contado en estas páginas cómo se entra en un aula a los 40 o los 50 años a hablar de ingeniería, de código informático y de procesos. Sus relatos, distintos en el fondo y similares en la forma, dibujan juntos algo que ninguno habría podido dibujar solo.

El momento en que el aula cambia de temperatura

Ana Darder llevaba casi treinta años en EDICOM cuando se plantó en el Parque Colegio Santa Ana de Valencia para la visita número cien del programa. No era la primera vez que lo hacía. Era, de hecho, la primera embajadora STEAM UPV que pisaba un aula, mucho antes de que nadie imaginara que ese gesto inaugural se convertiría en un hito con tres cifras. El detalle no pasó inadvertido para nadie en la sala: Darder había estudiado en ese mismo colegio. «La ingeniería informática sigue siendo la gran desconocida», dijo a los estudiantes, «y eso hay que cambiarlo yendo a explicarlo donde hace falta».

A varios kilómetros de distancia, en otro centro, en otro curso, Angélica Gómez había vivido muchas veces esa misma transformación. Ingeniera técnica industrial, exdecana de COGITI Valencia durante ocho años y fundadora de Womanation, Gómez es una de las embajadoras con más visitas acumuladas del programa. Ha aprendido a leer el aula antes de empezar a hablar. «Las vocaciones no nacen sin un referente en el que mirarse», explica. «Por eso hay que ir. Por eso hay que seguir yendo».

Lo que une a estos cinco profesionales no es el sector ni la edad ni el tipo de empresa en la que trabajan. Es esa convicción, compartida y practicada, de que la distancia entre un estudiante de secundaria y una carrera STEAM se acorta cuando alguien real, con una trayectoria real, se sienta frente a ellos y les cuenta cómo ha llegado hasta donde está.

Procesos, airbags y código: el ingeniero cabe en cualquier sitio

La pregunta que Vicente Rodríguez lanza a los estudiantes antes de que puedan formulársela ellos a él es casi una declaración de intenciones: ¿qué tienen en común un piloto de aerolínea y un médico cirujano? La respuesta, que él despliega con calma en las aulas, es que ambos dirigen procesos. Y los procesos —optimizarlos, medirlos, rediseñarlos— son el territorio natural del ingeniero industrial. Director de Operaciones y Tecnología en Ascires Grupo Biomédico, con trece años antes en Air Nostrum y seis en consultoría, Rodríguez utiliza su trayectoria como argumento. «No he encontrado un sector donde el ingeniero industrial no tenga opción de aportar”, afirma. «Que no tengan miedo a ninguno, aunque parezca que no es su sitio».

Ana Ortega llevaría ese argumento más lejos aún. Directora general de Autoliv Valencia desde hace doce años —con más de dos décadas en puestos directivos dentro de la misma compañía—, gestiona una planta que fabrica airbags: un producto que tiene, como ella misma subraya, una sola oportunidad para funcionar. «La ingeniería salva vidas», les dice a los estudiantes, «y eso es lo que transmitimos cuando visitamos los colegios». En sus charlas no hay eufemismos sobre lo que hace la empresa. Hay datos, hay exigencia y hay orgullo profesional. Los estudiantes lo notan.

Miguel Ángel Savall llega a las aulas desde otro ángulo. Director de Desarrollo Empresarial de Foredu Solutions SL, con presencia en más de mil centros educativos en toda España, conoce la educación desde dentro: como ingeniero, como exprofesor de secundaria, como empresario y como investigador. Su mensaje no es motivacional al uso. «Lo que les traslado es que donde se ven ahora mismo no es el final del camino», explica. «Pueden elegir carreras que les abran puertas a cosas que ni están en su cabeza todavía». La suya propia —primera empresa a los 21, crisis de 2008, máster de profesorado, docencia, nueva empresa— es el argumento más elocuente que tiene.

La pregunta que nadie espera

En casi todas las charlas llega un momento de quiebre. Un estudiante pregunta algo que no estaba en el guion y el aula entera gira hacia la respuesta. Cada uno de estos cinco profesionales tiene la suya.

Para Vicente Rodríguez, la pregunta que más se repite es siempre la misma: ¿Cómo conseguiste entrar en ingeniería si no eras buen estudiante? La hace quien se reconoce en ese retrato. Rodríguez lo cuenta sin rodeos —no era un estudiante brillante en el colegio, encontró su sitio en la universidad— y el efecto es inmediato. «Noto que están muy presionados por las notas de corte», reflexiona. «Evidentemente, les animo a llegar con la mejor nota posible, pero también les digo que no se obsesionen. Cada uno madura en su momento».

Ana Darder se enfrenta a otra pregunta que se ha vuelto inevitable en cualquier charla sobre tecnología: ¿tiene futuro la ingeniería informática con la inteligencia artificial escribiendo código? Su respuesta no es tranquilizadora al uso; es más precisa que eso. «Para la IA hacen falta tecnólogos que sepan programarla», argumenta. No es magia: es una herramienta que exige experiencia, criterio y saber corregirla cuando se equivoca. Algo que ella vive cada día.

Angélica Gómez localiza la verdadera batalla en otro momento. No en bachillerato, cuando las decisiones ya están casi tomadas, sino antes. Mucho antes. La brecha de género en las carreras STEAM no se cierra explicándoles opciones a quienes ya han elegido; se cierra llegando cuando todavía lo están decidiendo. Esa convicción es la que la lleva, visita tras visita, a los centros.

Lo que está al alcance de una empresa pero no de un aula

El Programa Embajadores STEAM UPV no pide a estos profesionales que den clase. Les pide que cuenten. Que traigan consigo la textura de lo que significa trabajar en ingeniería, en tecnología, en ciencia aplicada. Que pongan cara y voz a algo que, para muchos estudiantes, existe solo como una abstracción en un folleto de orientación universitaria.

Cien visitas. Miles de estudiantes. Decenas de empresas e instituciones que han cedido el tiempo de sus mejores profesionales para sentarse en una silla de plástico frente a treinta adolescentes y responder, con honestidad, a las preguntas que nadie les había hecho antes.

De las aulas a la vida real: el itinerario que construye el Consejo Social de la UPV

El Programa Embajadores STEAM, del Consejo Social de la UPV, no es un proyecto aislado. En palabras del secretario-director del Consejo Social, Mariano Casanova, «es la primera pieza de un itinerario que hemos diseñado para acompañar a las personas desde la infancia hasta la vida laboral y profesional. Un relato de largo recorrido que se articula en cuatro ejes: la Cátedra STEAM, que inspira vocaciones científicas y tecnológicas desde la educación primaria para fomentar estas disciplinas entre los más jóvenes y reducir la brecha de género; la Cátedra Líderes, que trabaja con los universitarios de últimos cursos la cultura directiva y empresarial como complemento diferencial a su formación técnica; la Unidad de Orientación Empresarial en Innovación (UNOi), que actúa como ventanilla única para la colaboración entre empresa y universidad, conectando el tejido productivo y la I+D+i generada en la UPV, y el programa de Mecenazgo, que canaliza el apoyo social y empresarial hacia proyectos con impacto real y transparencia en la rendición de cuentas».

Desde el Consejo Social de la Universitat Politècnica de València, en esta nueva etapa que se ha iniciado bajo la presidencia de David Salvo, CEO de Power Electronics, hacemos un llamamiento al mayor número posible de empresas, instituciones y colaboradores dispuestos a sumar sus voces en este relato. No es necesario tener un discurso preparado. Tan solo, como ha demostrado cada uno de estos cinco embajadores, tener una trayectoria y la generosidad de compartirla. ¿Te unes al proyecto?