Hay entrevistas que empiezan por el final y terminan por el principio. La de Ana Darder, directora en EDICOM y pionera del Programa Embajadores STEAM del Consejo Social de la UPV, es una de ellas. Fue la primera profesional en subirse a un aula a contar su experiencia dentro de este programa. Y ha sido también la encargada de girar la centésima visita, al Parque Colegio Santa Ana de Valencia, el mismo centro donde ella estudió. Entre una charla y otra han pasado decenas de institutos, miles de estudiantes y un debate que hoy está en boca de todos: si la inteligencia artificial va a dejar sin sentido a toda una generación de ingenieros informáticos. Darder, con casi tres décadas de trayectoria tecnológica a sus espaldas, tiene una respuesta tan rotunda como matizada.
Volver como referente
Regresar a las aulas donde una fue alumna tiene algo de vértigo. Pero no la única sensación que identifica Darder: “te sientes también un poco pequeñita al verlos allí y, por otra parte, también sientes que con tu experiencia, quizá pueda haberles aportado algo de luz” sobre el futuro profesional que les espera. “Cierta nostalgia y a su vez alegría”, resume, por volver al centro donde empezó todo.
Pero la experiencia va más allá de lo personal. “Al final yo creo que es imprescindible que los profesionales que hemos estudiado este tipo de carreras STEAM nos acerquemos a los centros educativos”, explica, “para que las chicas vean que realmente cualquier mujer puede hacer este tipo de carreras y tener un buen desarrollo profesional, mucho más allá de estar sentada programando frente a una pantalla”. Añade algo que suena casi a manifiesto: “somos personas normales, no somos raros”. Y lanza una advertencia: “si las jóvenes no tienen referentes tecnológicos o de ingeniería en su propio entorno familiar, difícilmente van a elegir esos estudios”.
La gran desconocida
Si hay un tema que atraviesa toda la conversación es este: la ingeniería informática, según Darder, es la más incomprendida de todas las ingenierías. “La informática es la gran desconocida”. La pregunta que más repiten los estudiantes en sus charlas es a qué puestos de trabajo puede optar alguien con este perfil, “porque existe la creencia de que un ingeniero informático se dedica a la programación, y para programar no hace falta estudiar una ingeniería”. Y ahí es donde marca distancia con el lugar común: “en un hospital, de director médico, tiene que haber un médico; en una empresa de tecnología, de director, tiene que haber un informático o un teleco. Yo no metería a un ingeniero de otra rama”, asegura, “porque entiende más de tecnología un informático o un teleco que, por ejemplo, un industrial”.
Darder lo vive también desde dentro de la institución académica: forma parte del consejo asesor de la ETSINF de la UPV y ha trasladado allí la misma reflexión que hace en los colegios. “La propia escuela tiene que hacer más para dar a conocer esta ingeniería, para que los alumnos sepan que realmente están estudiando una ingeniería y que les está preparando para ser un ingeniero especializado en tecnología, pero con las mismas posibilidades que puede tener un ingeniero industrial”. Su propia trayectoria es la prueba que aporta: hoy, después de casi treinta años en EDICOM, “no programo nada de código. Me dedico más al tema de la gestión empresarial y dirección de personas”, un terreno que muchos estudiantes ni siquiera saben que está a su alcance cuando empiezan la carrera.
La IA no sustituye, exige más
El bloque más pegado a la actualidad de la entrevista llega cuando se le pregunta si la informática es una carrera con fecha de caducidad ahora que la inteligencia artificial escribe código. Darder no lo esquiva ni lo minimiza: “para la IA hacen falta tecnólogos que sepan programarla. La IA no es magia, no es un ente humano artificial que te hace las cosas de manera humana. Hay que programarla y hay que darle instrucciones adecuadas para que te haga un buen código”. Pone un ejemplo muy concreto de su día a día en EDICOM: “un código que a lo mejor a un programador, a un ingeniero o a un arquitecto de aplicaciones antes le costaba seis horas de hacer, hoy con la IA lo está haciendo en siete minutos”. Pero matiza de inmediato: eso solo funciona “con una persona que tiene mucha experiencia, mucho expertise, y que le sabe decir a la IA cómo tiene que hacerlo y qué es lo que tiene que hacer”, porque “lo que te da la IA no siempre es correcto”.
Su conclusión no es tranquilizadora en el sentido cómodo, es exigente: “¿realmente van a seguir haciendo falta informáticos? Pues creo que van a seguir haciendo falta”. Lo que cambia, insiste, es el nivel: “en las carreras hay que introducir la IA, porque a los ingenieros habrá que enseñarles a utilizarla. No es algo de lo que podamos prescindir, como pasó con el teléfono: sin IA no vamos a poder vivir, pero hay que saberla utilizar y hay que saberla programar”. Los futuros ingenieros, añade, “aportarán conocimientos de IA aunque no tengan aún experiencia, que solo la da el tiempo”. Es, resume, “una programación a más alto nivel: la máquina es la que programa por ti, pero con instrucciones que tú le das y dirigiéndola tú. Si tú no la diriges bien, el resultado que te da no es bueno”.
Y hay un segundo matiz que Darder subraya con la autoridad de quien lleva tres décadas viendo evolucionar la tecnología desde dentro: la propia IA depende de una infraestructura que hasta hace pocos años era impensable. “La IA sin internet no sería posible. Y la IA sin la potencia de cálculo que hoy tienen las máquinas tampoco sería posible, porque necesita mucha potencia de cálculo, mucha velocidad, mucha memoria. Eso hace unos años era impensable”. De hecho, apunta un efecto colateral muy tangible que ya afecta a su empresa: “para comprar servidores y memoria, los precios se han triplicado”, una tensión de mercado que atribuye en parte a la propia demanda que genera la IA.
Liderazgo con ejemplo, no con carisma
La conversación acaba con el otro eje de su trabajo: la dirección de equipos. Para Darder, el liderazgo responsable no tiene que ver con arrastrar a la gente por pura personalidad: “hay gente que entiende que un líder es aquella persona que arrastra, que es divertida… No. Para mí un líder es aquella persona que es capaz de conseguir que los demás hagan lo que tú necesitas que hagan en una organización para cumplir tu visión y tus objetivos, y eso lo consigues siendo un ejemplo para los empleados”. Nada de fórmulas abstractas: “un líder es una persona capaz de mover a sus equipos a que trabajen con ilusión en una misión concreta”, que en su caso es tan tangible como satisfacer las necesidades de los clientes”.
Con esta conversación se cierra una serie de cinco entrevistas a Embajadores STEAM UPV que ha recorrido perfiles muy distintos —Angélica Gómez, Ana Ortega, Miguel Ángel Savall, Vicente Rodríguez— y termina, de forma casi simbólica, donde empezó: con la profesional que dio la primera charla del programa y que, cien visitas después, volvió a su colegio para demostrar que aquella primera conversación no fue un caso aislado, sino el principio de algo que ya tiene cifras, continuidad y vocación de permanencia.