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De colegio en colegio: Angélica Gómez y su empeño por sembrar vocaciones STEAM

Hay quien construye una vocación profesional y quien, además, decide ponerla al servicio de otras vocaciones por nacer. Angélica Gómez pertenece a la segunda estirpe. Ingeniera técnica industrial con casi tres décadas de oficio, decana durante ocho años del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Valencia (COGITI Valencia), expresidenta de la Unión Profesional de Valencia y fundadora de Womanation, es hoy una de las voces con más recorrido del Programa Embajadores STEAM UPV: pocas embajadoras acumulan tantas visitas a las aulas como ella. «Si algo no funciona, hay que involucrarse y cambiarlo, sin límites», resume su máxima, una frase que explica tanto su trayectoria institucional como su empeño en pisar colegios.

Su tesis de partida es sencilla y, a la vez, exigente: ninguna vocación nace sin un referente al que mirar. «Es muy importante que, para despertar vocaciones, los niños, las niñas y los adolescentes vean personas reales, que se sientan reflejados», sostiene Gómez, que en cada charla pregunta directamente a la chavalada si lo que cuenta les resulta útil, consciente de que el silencio adolescente esconde más curiosidad de la que aparenta.

La prueba de que esa apuesta funciona le llegó, hace poco, de la forma más inesperada: el comentario de un profesor. «Tuve el feedback de que tres exalumnas de su centro habían estudiado Ingeniería Eléctrica a raíz de la charla que les di», relata, sin disimular que ese es, para ella, el indicador que de verdad importa. Convertirse en el espejo donde otra mujer se reconoce y decide seguir esa misma profesión es, asegura, la mayor satisfacción que le ha dado el programa.

De ahí su insistencia en que esa voz tenga un perfil concreto: «Es indispensable que quien lo cuente sea una mujer, para que esas niñas y adolescentes se vean reflejadas y lo vean como una posibilidad real.» No defiende la representación por sí misma, sino la que llega respaldada por una carrera construida.

Un mismo mensaje, mil matices

El programa recorre aulas de estudiantes de entre 9 y 18 años, y Gómez ha aprendido a no llevar el mismo discurso a todas. A segundo de bachillerato les habla ya de la PAU y del «plan B» que conviene tener preparado, «porque cargan con un estrés añadido que no tiene el resto»; en primero, en cambio, el tono se relaja y permite mensajes más variados; y en tercero y cuarto de la ESO procura, sobre todo, que se atrevan a imaginarse haciendo lo que ella hace.

Pero Angélica cree que el esfuerzo mayor se ha de concentrar antes. «En primero y segundo de la ESO, porque ahí es donde eligen. Cuando llegas a cuarto o a primero de bachiller, ya te encuentras pocas chicas: sigues viendo cinco de treinta».

Y si le preguntas por lo que cambiaría en el actual sistema educativo español lo tiene claro. «Las asignaturas siguen siendo muy teóricas, incluso la de tecnología, que debería ser eminentemente práctica, y eso genera rechazo por falta de comprensión», apunta, antes de reivindicar el papel de quienes ejercen fuera del aula: «Un profesor que no conoce lo que hacemos en la calle no puede transmitirlo.»

De la ingeniería de proyectos a la primera línea institucional

Toda la carrera de Angélica se ha movido en torno a la ingeniería de proyectos, y desde ese punto de observación ha visto mutar la profesión entera. «Antes lo complejo era técnico; ahora, por desgracia, lo complicado son las relaciones. Hemos automatizado e informatizado tanto que cuesta el entendimiento, y perdemos más tiempo gestionando que ejecutando», reflexiona sobre un oficio donde el trato directo, lamenta, ha ido perdiendo terreno frente a la pantalla.

Esa misma incomodidad ante lo que no funciona fue, precisamente, lo que la llevó a la junta directiva de su colegio profesional, un recorrido que en siete años la convirtió en decana. «Fue un reto importante, porque había que adaptar el colegio a una realidad social y profesional que había cambiado muchísimo», afirma sobre un mandato que asumió en un momento personal complicado, pero con una certeza que no le dejó margen para la duda: «Identifiqué que no había nadie que pudiera hacerlo mejor que yo. Por tanto, tenía que ser yo”.

En su etapa en Unión Profesional de Valencia, entidad que llegó a presidir, asumió otra causa: los colegios profesionales ganan fuerza cuando actúan juntos. Un empeño que tuvo, asegura, su reconocimiento institucional: «En los últimos Premis 9 d’Octubre hubo un reconocimiento para la Unión Profesional, porque se quiso distinguir a todos los colegios que ayudaron tras la DANA».

Womanation y la cuenta pendiente del liderazgo femenino

De ese mismo impulso —involucrarse donde algo falla— nació Womanation, su proyecto para construir referentes femeninos desde un discurso profesional, no reivindicativo. «Seguimos asistiendo a eventos en los que se habla de la mujer siempre desde el techo de cristal. Hacen falta voces que demuestren que hacemos el trabajo igual de bien que los hombres», defiende, convencida de que ocupar puestos de liderazgo es, hoy, una cuestión de eficacia tanto como de justicia.

Para Gómez, la ausencia de mujeres en la toma de decisiones desborda el terreno de la igualdad y entra en el de los problemas de Estado. «Para mí, la violencia de género es una lacra. Es muy importante, es esencial que se termine”. Y añade que el hecho de que la mujer no ocupe puestos de responsabilidad y de liderazgo “también es un problema social y estamos trabajando con firmeza en unir voces y mentalizar a la administración de que esto se tiene que abordar como un problema de todos y trabajarlo entre todos”,

Y para acabar la conversación, no duda en animar a estudiar un grado de ingeniería del sector industrial: «Es una profesión súper dinámica, en la que nunca te aburres. La ingeniería es social: todos los días ayudamos a hacer un mundo mejor». Una invitación, en el fondo, a que más miradas distintas —femeninas y masculinas— se sumen a un oficio llamado a acompañar, también, la transición hacia la inteligencia artificial y la automatización.