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La matemática del futuro

Marina Murillo: "Debemos cambiar la mentalidad y querer quedarnos, el avance de un país va ligado al de su investigación"

[ 14/03/2019 ]

39 matrículas de honor le valieron, en su día, el Premio Nacional al Mejor Expediente. Máster y doctorada por la UPV, esta amante de las matemáticas y el mar, que sigue vinculada a nuestra Universidad, es feliz combinando investigación y docencia. Comprometida con la mejora social, y reconocida con galardones como el Vicent Caselles de la Real Sociedad Matemática Española, Marina Murillo (Cádiz, 1987), ha sido seleccionada por El Mundo como una de las mentes jóvenes claves para el futuro del país.


- ¿Cómo se siente una cuando la señalan como una de las mentes que va a marcar el futuro de España?


- (sonríe) Algo abrumada, la verdad, porque tampoco me considero yo un referente de nada. Pero claro, es un orgullo y un privilegio... y también me hace sentirme con un poco de responsabilidad.


- Es que además, eres mujer, investigadora, has logrado acceder a la enseñanza pública, permanecer trabajando en España... Eres la demostración de que se puede con todo, ¿cuál es la siguiente barrera a superar?


- Yo siempre digo que trabajando, con un poco de suerte, al final se acaban consiguiendo las cosas. Mi meta es poder seguir en la universidad española, asentarme, porque aún no tengo la plaza fija, y seguir desarrollando la investigación en mi país. Y a nivel profesional, como matemática, el logro con el que sueño sería poder resolver algún problema de los que llevan tantos años sin poder haber sido resueltos, los llamados problemas del milenio.


- Que son problemas ya definidos, ¿no?


- Sí, sí, están completamente definidos. Ahí el inconveniente es que no hay ninguno que se encuentre especialmente próximo a mi área de investigación... A ver, yo esto lo veo como un sueño. No me veo capacitada para hacerlo realidad... Pero bueno, yo creo que para cualquier matemático sería el culmen de su carrera.


- Bueno, pero si ya sabes que no están especialmente vinculados a tu área de estudio es que ya los has mirado.


- Sí, por supuesto, claro. Creo que cualquier matemático lo ha hecho alguna vez (sonríe de nuevo), pero bueno, si llevan tantos años sin ser resueltos, por algo será...


- Cambiando de tema, ¿en España sobran talento y capacidad investigadora y faltan recursos?


- Sí, totalmente. Hay una falta de inversión por parte de las autoridades políticas, del gobierno, en I+D. Creo que aquí se forma gente excelente que, como consecuencia de las malas condiciones económicas, de la poca inversión que hay aquí, se marcha y, desgraciadamente, acaba desarrollando toda su investigación fuera. A mí me dicen, "¿y cómo es que no te vas fuera, si podrías ganar mucho más y las condiciones son mucho mejores?", y yo creo que todos deberíamos cambiar esta mentalidad, en el sentido de querer quedarnos, y de que la gente buena vuelva. El avance del país va totalmente ligado al de la investigación, a todos los niveles.


- Es un planteamiento el tuyo hecho desde un prisma de responsabilidad, más pensando en el colectivo que en lo individual... No estás priorizando lo económico.


- No, no, ya te digo que si priorizara el dinero no estaría en una universidad española. Así de claro. En una empresa, incluso en España, seguro que ganaría más en un departamento de I+D. Y fuera, incluso en las universidades. El problema es que, para empezar, no hay muchas opciones para investigar en España, y luego, las que hay, no están bien pagadas. Entonces, al final, el talento se acaba yendo. Yo creo que es problema social, político...


- En ese sentido, tuvo mucho eco el gesto de no saludar a Wert, el entonces Ministro de Educación, al recoger tu premio nacional de fin de carrera como licenciada en Matemáticas en 2013, ¿estaba pensado o fue espontáneo?


- No, no, fue totalmente espontáneo. Bueno, yo no sé si alguno de los premiados lo tenía pensado ya de antemano. Creo que no. Yo no fui la primera. La primera chica que lo hizo, de alguna manera, no sé, al menos a mí me animó a hacerlo también. Era una situación privilegiada la que teníamos nosotros, porque éramos los mejores expedientes de España de todas las titulaciones, estábamos recibiendo un premio y era la época de mayores recortes en Educación, en becas, en investigación, era un momento de plena crisis, y fue, al menos por mi parte, una manera de decir "ostras, aunque estemos aquí en una situación privilegiada, que quede claro que yo no estoy de acuerdo con lo que se está haciendo, ni participo de las políticas que se están llevando a cabo". Se le dio mucho bombo a aquello y bueno, las protestas nunca son educadas, pero tampoco fue un gesto súper maleducado. Simplemente yo le negué el saludo intentando mostrarle que no estaba de acuerdo con las políticas que estaban haciendo. Luego sí es cierto que tuvo mucha repercusión...


- En anteriores entrevistas has comentado que la solución pasa por una regeneración política, ¿la crees posible realmente o es una aspiración porque ya, si no, mal vamos...?


- Yo quiero pensar que es posible. Los últimos acontecimientos no me muestran eso, pero en fin, quiero decir que no sé si lo que viene es mejor o peor, no lo sé... Lo que sí creo es que debe producirse esa regeneración. Últimamente sí he visto algún pequeño avance, al menos en temas que me tocan a mí. En investigación y educación se ha ido haciendo, o se pretendía hacer, porque ya no sé si se llevará a cabo, la realización de determinadas medidas que podían favorecer a la universidad pública , que creo que está un poco denostada cuando debería verse la importancia que tiene. Y no se ve. Y sobre todo, lo repito mucho, el I+D. La riqueza de un país va ligada a ello, y cuando nos concienciemos de eso, iremos hacia adelante.


- ¿Y qué puede hacerse para convencer a la administración de que destine mayores recursos a esa partida?


- Uf (resopla). No lo sé, no lo sé... Si no, ya habría arreglado yo el país (ríe). Pero creo que es muy importante la concienciación. Y ya no hablo sólo de educación e investigación, que es mi ámbito. Hablo también de sanidad y muchos otros aspectos.


- ¿Cómo puede ser que, con 34 facultades de Matemáticas en España falten 300 profesionales del sector sólo en Secundaria?


- En realidad, es fácil de entender. Las matemáticas, desde fuera -incluso cuando yo empecé la carrera pensaba lo mismo-, se cree que sólo sirven para dar clase. Y no es verdad. Las matemáticas, y más en los últimos tiempos, están presentes en muchísimos ámbitos... En la banca, en empresa, en programación, big data, meteorología... Hay tantísimas salidas... Luego sí, también está la posibilidad de la docencia, pero claro, la gente se está decantando en general por otras opciones, no sé si mejor pagadas o más reconocidas. Para mí, los profesores de secundaria, y las profesoras, merecen toda mi admiración. Son héroes, y heroínas. Porque la educación secundaria es complicada, la gente está optando por otras salidas y al final está cubriendo esos puestos gente que no es matemática. Y eso, a la larga, también puede ser un problema.


- ¿Cuándo te das cuenta de que te apasionan las matemáticas?


- A mí, desde pequeña, siempre me han gustado las ciencias, y en particular las matemáticas. Lo tenía bastante claro. Es cierto que, en la última época antes de elegir la carrera, química también me gustaba mucho, pero siempre me han tirado más las matemáticas. Creo que, en el fondo, siempre lo tuve claro.


- ¿Influyó la profesión de tu madre?


- Sí, sí. Es maestra. La docencia siempre me ha gustado, y creo que me viene por ella. Totalmente. Y también me gusta mucho la investigación, por lo que el sitio ideal para mí es la universidad, porque de alguna manera puedo aunar ambas cosas. En una empresa a lo mejor podría investigar, pero no dar clase, y al revés en un instituto.


- ¿Se combinan bien en la universidad? Porque no parece sencillo equilibrarlas. La sensación es que siempre se prioriza una de ellas. ¿Cambiarías algo en ese aspecto?


- Es cierto que eso ocurre, que hay gente a la que le gusta investigar y no dar clase, y hay grandes docentes que no investigan. A mí, como me gustan mucho las dos, lo llevo bien. La docencia me sirve un poco para desconectar de la investigación. Cuando no me sale algo, me voy a clase y es como que me despejo, ¿sabes? Te relacionas con los alumnos y hasta se te aclaran las ideas. Incluso te vienen algunas que antes no te salían. Pero sí, quizás en la universidad se podría crear una figura más investigadora, diferenciar de alguna manera el perfil más docente y el más investigador, pero eso va para largo. Que se hiciera un cambio tan importante a nivel universitario llevaría su tiempo, pero podría ser bueno para esas personas que se decantan más por una cosa que por otra.


- ¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la UPV?


- Muy buenos, muy buenos... Allí cursé el máster, luego me quedé haciendo el doctorado, y sigo manteniendo el contacto con la gente. De hecho, mi grupo de investigación está en la UPV, sigo trabajando con ellos y voy bastante a menudo. Ahora voy a hacer la pelota (ríe), pero la verdad es que es muy buena universidad. Sinceramente, me encanta.


- Y en el futuro a medio plazo, ¿dónde te ves?, ¿cuáles son tus próximas metas?


- Me gustaría avanzar más en las líneas de investigación en las que estoy trabajando. No sé si eso podría conllevar grandes progresos, porque yo soy matemática teórica y los resultados importantes de su aplicación, para verlos, a lo mejor pueden pasar 100 años. Eso, a nivel de investigación, y en cuanto a lo personal, me gustaría asentarme en la universidad, que creo que ya va tocando (sonríe de nuevo), y así poder seguir investigando, viajando, haciendo estancias de investigación, formándome con otra gente, y continuar dando clase, que no quiero dejar de hacerlo.


- ¿Qué le dirías a las niñas y niños, y a los adolescentes, que ven en las matemáticas un hueso?


- El problema de eso suele venir desde pequeñitos, porque en algún caso no se ha enseñado bien, o ha calado esa falsa creencia de que las matemáticas son horrorosas y demás. Yo creo que, si se enseñan bien, las matemáticas son muy bonitas, pero si no, es difícil. Yo doy clase a ingenieros y muchos no pueden ni verlas. A ellos, hacerles cambiar ahora la visión es complicado. No obstante, cuando les explicas que tienen que entender las cosas y no memorizarlas, y sobre todo, les muestras que eso que están viendo sirve para algo, va mejor. Es importante que vean la utilidad de las matemáticas, que están presentes en muchos ámbitos. Eso les ayuda a que les vayan gustando un poquito más. Hay que comprenderlas y por eso son algo más difíciles que otras asignaturas en la que se sobrevive memorizando, pero una vez se entienden, las matemáticas son increíbles.


- Apasionada de las matemáticas pero, por lo que veo mirando tu trayectoria ? Cádiz, Valencia, Castellón...- también del mar, ¿no?


- Y Bilbao, que también estuve allí un tiempo. Sí, sí, he dado vueltas por muchos sitios, pero todos con costa. Es fundamental para mí. El clima y el mar. Eso sí, me tira muchísimo. Me encantan las matemáticas... el mar y la playa (sonríe de nuevo).


- Pues a seguir disfrutando de todo ello, Marina. Muchísimas gracias por atendernos.


- Igualmente. Un placer.


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