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El programa Embajadores STEAM, del Consejo Social de la UPV, alcanza las 100 visitas a centros educativos de la Comunidad Valenciana

Cuando el 10 de enero de 2024 una ingeniera entró por primera vez en un aula de secundaria en representación de una empresa patrono de la Cátedra STEAM, del Consejo Social de la UPV, el programa Embajadores STEAM UPV empezaba a caminar. 30 meses después, ese primer paso se ha convertido en cien visitas a centros educativos de las tres provincias de la Comunitat Valenciana.

El hito no es solo un número. Es la suma de más de 35 empresas que han cedido el tiempo de sus ingenieras e ingenieros, de cientos de tutores que han abierto sus aulas, y de miles de estudiantes de entre 9 y 18 años que han escuchado, por primera vez, a alguien de carne y hueso contarles qué es trabajar en ciencia, tecnología, ingeniería, arte, arquitectura o matemáticas.

Qué es el programa y por qué existe

Embajadores STEAM UPV nació de una necesidad detectada directamente por las empresas: escasez de ingenieros y baja presencia femenina en los estudios técnicos. Algunas compañías ya visitaban centros por su cuenta, sin coordinación ni respaldo institucional. La Cátedra STEAM, del Consejo Social de la UPV, puso orden y estructura: un modelo común, cobertura institucional de la UPV y un equipo de coordinación que gestiona cada visita de principio a fin.

El funcionamiento es sencillo. Una empresa patrono pone a disposición del programa a uno o varios de sus profesionales. La cátedra identifica el centro educativo adecuado, coordina fechas y acompaña al embajador el día de la charla. Cincuenta minutos. Un profesional real. Un aula real. Sin guion obligatorio, sin métricas de asistencia, sin presión.

A quién va dirigido

El programa llega a estudiantes desde Primaria hasta Bachillerato y Ciclos Formativos, tanto de Grado Medio como Superior, aunque el curso con mayor impacto estratégico es 3º de ESO: el momento en que los alumnos deben decidir si van hacia la rama de ciencias o la de letras; así como el último ciclo de la educación primaria, con objeto de despertar la curiosidad y el interés por estas disciplinas desde las edades más tempranas. Una conversación en el momento adecuado puede inclinar esa balanza.

En Bachillerato y Ciclos Formativos, las charlas generan las preguntas más elaboradas: diferencias entre ingenierías, salidas profesionales, costes reales, posibilidad de cambiar de titulación. En Primaria y Secundaria, el objetivo no es sólo orientar sino construir una imagen real de lo que es una universidad tecnológica, para muchos alumnos un concepto todavía completamente ajeno.

Lo que pasa en el aula

Cada empresa desarrolla su propio estilo. Autoliv habla de airbags de rodilla y airbags para motoristas integrados en el casco. Fermax presenta a una embajadora que es, literalmente, la voz de sus porteros automáticos: cuando los alumnos lo descubren, la conexión entre tecnología cotidiana y vocación profesional se produce por si sola. Edicom selecciona empleados jóvenes que estudiaron en el mismo centro al que van a visitar. Celestica presenta proyectos de aerotaxis. Hidraqua explica el ciclo completo del análisis del agua.

El denominador común de todos los embajadores, expresado de forma espontánea y casi unánime al terminar cada charla, es siempre el mismo: «Ojalá alguien hubiera venido a contarme esto cuando tenía su edad».

Un programa que ya genera demanda propia

A principios de 2024, la cátedra contactaba proactivamente con los centros. Poco más de dos años después, son ya los centros educativos los que escriben directamente para solicitar su participación en este programa. El boca a boca entre docentes está funcionando. Algunos centros van ya por su tercera edición. Y las ferias universitarias organizadas por colegios privados —un canal sin apenas presencia de universidades públicas— se han convertido en un nuevo frente de expansión.

El impacto real a largo plazo empezará a medirse a partir del curso 2026–2027, cuando los primeros alumnos que recibieron charlas en 3.º de ESO lleguen a la edad de matricularse en la UPV. Cerrar ese círculo —saber si la semilla plantada en un aula de secundaria acabó germinando en una matrícula universitaria— es el siguiente reto del programa.

De momento, el contador marca cien. Y sigue.