El ingeniero informático y CEO de FOREDU Miguel Ángel Savall visitó el colegio de Carlet para hablar de carreras técnicas con alumnos de 14 y 15 años, dentro del programa Embajadores STEAM que impulsa el Consejo Social de la UPV. Los chavales salieron hablando de inteligencia artificial, de emprendimiento y de todas las opciones que ofrece la universidad.
Hay charlas que entran por un oído y salen por el otro antes de que suene el timbre. La de Miguel Ángel Savall en el colegio La Devesa de Carlet no fue una de ellas. El ingeniero llegó para hablar de ingenierías y salidas profesionales. Al final de la sesión, sin embargo, el tema que más se comentaba en el aula era la inteligencia artificial.
Savall no se anduvo con rodeos. Contó a los alumnos que el prompting, el arte de saber pedirle las cosas a una IA, está muy cotizado en Estados Unidos. También les dijo que el 80% de los puestos de trabajo se van a transformar por la inteligencia artificial y que ese cambio abre un nicho de empleo enorme. El dato causó impresión. «Antes de esta charla no tenía en cuenta lo de la IA», confiesa Yago. «Sabía que es una herramienta muy potente, pero no que llegaría a tener tanto alcance como para remodelar el 80% de los trabajos».
No fue el único al que la cifra le dejó pensando. Para muchos de sus compañeros, la IA era hasta esa mañana algo que usaban para salir del paso con los deberes. Después de la charla empezaron a verla como una posible salida profesional.
De extra a imprescindible
Claudia lo explica con bastante claridad: «Sabía más o menos cómo funcionaba todo esto de la IA, pero ahora me han hecho entender que muchísimos más trabajos la necesitan cada vez más y que los hace más potentes. Antes lo veía más como un extra que te podía ayudar que como algo esencial».
Martín coincide: «Ya sabía que se podían hacer muchas cosas con la IA y que era muy importante para todo lo que estamos viendo ahora. Pero no sabía muy bien todo lo que se podía ganar, hacer y el tiempo que te puede ahorrar».
Luna, que reconoce que entró al aula con pocas expectativas, salió con otra idea: «Antes de la charla pensaba que no iba a aprender nada, pero me he dado cuenta de que hay muchas oportunidades, y más relacionadas con la IA». Josep llegó incluso a replantearse su futuro sobre la marcha: «Pensaba que iba a ser profesor de Educación Física, pero me he dado cuenta de que el diseño web y la IA tienen mucho potencial».
Del pupitre a la UPV
La charla también sirvió para enseñar a los alumnos lo amplia que es la oferta de la UPV. «Antes de esta charla pensaba que había muchas menos carreras en la Politécnica de Valencia», admite Sara, «pero nos han dado un díptico y me he dado cuenta de que tiene muchísimas y que tengo más opciones de las que había pensado». Ella ya tiene una favorita: «Me gusta especialmente la biotecnología, pero también me gustan mucho las cosas relacionadas con la programación y me gustaría aprender más sobre ello». Las dos áreas tienen un peso importante en la oferta de la UPV.
En el aula había vocaciones muy distintas. Algunos apuntaban a la salud o a la medicina. Iago, en cambio, ha ajustado sus planes por la tecnología: «Desde bien pequeño he querido estudiar Derecho, pero con todo esto de la IA ahora quiero hacer un doble grado de Derecho y Administración».
Hubo también quien se declaró poco aficionada a las ciencias y dijo estar «un poco abierta a ideas». Para eso sirven precisamente estas visitas: para que quien todavía no lo tiene claro sepa qué opciones existen antes de tener que elegir.
Caerse ocho veces
La otra gran lección de la mañana no tuvo que ver con la tecnología, sino con el fracaso. Josep lo resume así: «Antes de esta reunión pensaba que la gente podía fracasar una o dos veces, pero me acabo de dar cuenta de que, antes de llegar a la cima, tienes que pasar unas ocho o nueve veces por lo más bajo».
Es la idea que Savall quería dejar en el aula. «En España creo que hay cierta mala sensación del emprendimiento, o no está tan bien tratado como en otros países», explica. «Me gustaría que lo vieran como una salida profesional que realmente les ayude a construir su futuro».
Si pudiera volver a tener la edad de los chavales, el ingeniero sabe qué le habría ayudado: «Tener más conocimiento sobre la posibilidad de construir yo mismo mi propio proyecto de vida y mi propio proyecto profesional. Entender que no estaba haciendo solo una carrera técnica, sino construyendo una base para llevar a cabo mis ideas».
Una ingeniería que acabó defendiendo a la infancia
El ejemplo más inesperado que puso Savall fue el suyo propio. «La creación de la Fundación `NO TE CALLES´, hace unos meses, es algo que creo que nadie espera que pueda surgir de una carrera técnica», cuenta. La fundación trabaja en la defensa de la infancia y en la prevención de riesgos en los centros educativos. Según él, no tiene nada que ver con la ingeniería que estudió, pero cumple una función social muy importante.
Con este ejemplo, Savall quería que los alumnos entendieran que una carrera técnica abre muchos más caminos de los que suelen imaginar. «Lo que quiero es que encuentren en este tipo de carreras la posibilidad de ser parte de la construcción de un futuro en el que la tecnología es muy necesaria», resume. «Las carreras técnicas son las que van a definir ese futuro a corto plazo».
En La Devesa, encantados
José Luis Terón, coordinador del área STEM del centro, valora mucho este tipo de visitas. «Nos sirven para motivar a nuestro alumnado, tanto a chicos como a chicas, para que conozcan un poco más lo que son las ingenierías y puedan dedicarse a ellas el día de mañana», explica.
Según Terón, la respuesta de los alumnos es muy buena. «Los chavales se motivan mucho. Son charlas que les gustan, y cuando ven la tecnología sienten que está más cerca de ellos y que hay profesiones a las que se pueden dedicar». Sobre el ponente, lo tiene claro: «Se notaba que dominaba la materia y que sabía cómo tratar con chavales de 14 y 15 años».
El colegio quiere repetir. «Nuestra idea es continuar trabajando con vosotros, porque la verdad es que estamos encantados de que vengáis», asegura el coordinador. A juzgar por lo que contaban los alumnos al salir, ellos también querrían que hubiera más charlas así.