La ciudad de Varsovia acogió durante 5 días en julio a profesores y estudiantes de 7 universidades de la Alianza ENHANCE con motivo de esta Summer School. Nuestros estudiantes Ramiro, Katherine, María, Ana Isabel, Eugenia y Carolina participaron en esta experiencia, trabajando durante una semana en un territorio real y un reto que va mucho más allá de diseñar edificios.
Diseñar una ciudad para un futuro incierto
La Summer School partía de una idea sencilla: las ciudades no se construyen únicamente con edificios e infraestructuras. También las construyen las personas que las habitan, la forma en que se relacionan y su capacidad para anticiparse a los cambios y responder a ellos. Para poner esta idea en práctica, los participantes trabajaron sobre Teresin, un municipio situado en el entorno de Varsovia que se enfrenta a un proceso de transformación debido a la construcción de un nuevo aeropuerto en sus inmediaciones.
En colaboración con expertos del Ayuntamiento de Teresin, los estudiantes analizaron el área y estudiaron sus posibilidades de desarrollo. A partir de este diagnóstico, tuvieron que imaginar cómo podría evolucionar el territorio y plantear estrategias para su transformación en una nueva ciudad preparada para los retos del siglo XXI.

De la idea al territorio
Durante la semana, los equipos trabajaron en diferentes fases: primero, entendiendo el territorio y sus necesidades; después, construyendo posibles escenarios de futuro y, finalmente, desarrollando propuestas espaciales y estratégicas. El resultado no fueron simplemente nuevos planos o masterplans. Las propuestas exploraron cuestiones como el crecimiento compacto, las infraestructuras verdes y azules, la movilidad activa, los espacios públicos y la creación de comunidades sólidas. En otras palabras, el reto no consistía solo en decidir dónde ubicar edificios, calles o parques, sino en pensar en qué hace que una ciudad pueda seguir funcionando y siendo habitable cuando las circunstancias cambian.


Arquitectura, urbanismo y mucho más
Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia fue precisamente su carácter interdisciplinar. Estudiantes y profesores de diferentes universidades trabajaron juntos, combinando perspectivas y conocimientos para abordar un problema que no tiene una única solución. La Summer School puso especial atención en los procesos de co-creación, utilizando metodologías que permiten generar propuestas a partir de la colaboración entre personas con diferentes experiencias y formas de entender el territorio.
«Lo mejor de la experiencia fue la convivencia e intercambio cultural. Compartir jornadas con estudiantes y profesionales de diversas partes de Europa nos permitió tejer redes de contacto internacionales.»
Paz, alumna del Máster Universitario en Paisaje y Urbanismo