Gulliver en busca de Liliput. La dimensión híbrida de la Arquitectura

Gulliver en busca de Liliput. La dimensión híbrida de la Arquitectura

+Autoría: Roberta Gironi+Líneas de investigación: Pensamiento y crítica, Estrategias proyectuales+Dirección: Alessandra Criconia, Jorge Torres Cueco+Fecha: 2021 Julio

La tesis doctoral analiza las contaminaciones de la arquitectura que afloran
al transformar los grandes contenedores multifuncionales o hasta
los edificios complejos más recientes de menor tamaño que son el resultado
de una hibridación entre arquitectura, paisaje e infraestructuras.
Trámite la perspectiva de la dimensión hibrida, se va perfilando, en realidad,
una evolución conceptual y productiva significativa.

Con este enfoque de investigación, lo híbrido se concibe como un agente
teórico que se desglosa primero como contenedor híbrido (objeto-arqui17
tectónico), luego como hibridación (arquitectura-paisaje), y por último
como ámbito híbrido (arquitectura-infraestructura). Así se establace un
ámbito teórico con la capacidad de reconectar los elementos en un sistema
y lograr renovar constantemente el significado.
Es decir que, primero, las obras ponen de relieve un desacoplamiento
entre contenido y contenedor, entre forma y función, en donde se detecta
una espacialidad interior dilatada, un paisaje indoor definido por
la envoltura estática, donde lo híbrido se manifiesta como una presencia
intrínseca que representa el concepto de “ciudad en la ciudad”, un
espacio centrípeto, que se proyecta por completo hacia el interior del
volumen arquitectónico.
Sucesivamente dicho desacoplamiento se encamina hacia una difuminación
de los límites dentro de los que trabaja la arquitectura, llegando
luego a definir una hibridación que actúa en el espacio intermedio,
como presencia liminar que se concentra en el perímetro y en el borde,
como ámbitos de acoplamiento entre arquitectura y paisaje: desde esta
óptica el papel más significativo de la superficie conlleva una atenuación
del vínculo volumétrico. Las delimitaciones reglamentarias, por consiguiente,
se van difuminando, facilitadas por el empuje vital que ofrece
el paisaje.
En la tesis doctoral se recoge, además, otra brecha conceptual debida a
la capacidad de los elementos de organizarse en un sistema que actúa
en un ámbito con mayores posibilidades de acoplamiento trámite un
rebasamiento que elimina los casos anteriores. El planteamiento arquitectónico
se enmarca así en un ámbito de infraestructuras más amplio,
un ámbito híbrido extendido que se caracteriza por una presencia extrínseca
del híbrido. De esta forma se genera un espacio centrífugo que
logra crear conexiones de gran alcance acoplando arquitectura e infraestructuras
trámite orientaciones de intensidad e imágenes de la extensión.
El rebasamiento representa una fase nueva en la que la arquitectura
alcanza una conciencia identitaria nueva mediante una ampliación
de sus atribuciones y de los instrumentos teóricos y operativos.
La tesis doctoral profundiza en el ámbito de la metrópolis contemporánea
que se caracteriza por el paulatino abandono de los modelos urbanos
reconocibles, porque se abre y acoge las contradicciones, lo plural y lo
heterogéneo. La difuminación de los límites tradicionales implica un
replanteamiento de la ciudad concebida ahora como un sistema abierto
que se transforma indefinidamente (Sennett, 2018). La incesante urbanización
y la elevada densidad implican un cambio de los valores asignados
al espacio tradicional de las ciudades que tienden a estructurarse
con formas mutantes, generando fragilidad dentro a la ciudad misma:
PREMESSA
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bienvenida ¡cultura de la congestión! (Koolhaas, 2001).
Las respuestas que ofrecen los arquitectos a esta condición metropolitana
nueva ponen de relieve en primer lugar una producción que se caracteriza
por un determinado nivel de objetualidad (arquitecturas-objeto),
para luego desembocar en una Nueva Dimensión, una ampliación
de la escala, en donde la relación de dependencia entre arquitectura y
urbanismo desaparece, hasta quedar absorbida en la actividad arquitectónica
mediante la construcción de edificios de dimensiones grandes.
La desintegración del entorno urbano y la distribución fragmentaria de
sus espacios conllevan una introversión del espacio público dentro del
edificio, socavando la relación subyacente con el entorno que lo rodea.
Por consiguiente, la ciudad está “salpicada” de una serie de volúmenes
autosuficientes que no revelan una estrategia de conexión entre ellos,
sino más bien, se caracterizan por un notable repliegue espacial que les
otorga el valor de macro-contenedores de una escala urbana más amplia.
El alejamiento del entorno y la autosuficiencia que caracterizan estos
edificios evidencian un cambio radical en la lógica proyectual tanto arquitectónica
como urbana: este sistema de micro-mundos identifican a
la ciudad misma y ya no a un planteamiento, menoscabando la relación
entre el edificio y el ambiente que lo rodea. De ello se desprende una
transición conceptual fundamental en donde se manifiesta una Nueva
Dimensión arquitectónica: surgen las ciudades en las ciudades, conforme
a la lógica de la caja amorfa en cuyo interior se pueden colocar múltiples
espacios y elementos arquitectónicos: los contenedores híbridos.
Esta transición marca la incorporación en la arquitectura de los edificios-
contenedores que se caracterizan por una simplificación del lenguaje
formal, es decir, una inclinación hacia la neutralización estética y
un fortalecimiento de las medidas técnicas y estructurales para alcanzar
dimensiones cada vez más grandes.
Como emblema de las ciudades contemporáneas, este tipo de edificios
absorbe y metaboliza la estructura metropolitana, por consiguiente, se
transforma en contenedor all-inclusive que logra reunir todos los tipos
de espacialidad y complejidad urbana. Concretamente, al ir proliferando
se le denomina contenedor híbrido puesto que se caracteriza por la
coexistencia de programas mixtos, por los usos compartidos y por compaginar
las funciones colectivas y los espacios privados dentro de un
volumen único. Características que le otorgan a estos edificios también
un valor social.
Recorriendo las etapas evolutivas de los edificios-contenedores, su for19
mación está enraizada en la paulatina introversión de las funciones
públicas y en la incorporación de segmentos urbanos. Los primeros
intentos de investigación teórica inician con algunas obras de los Maestros
de la Arquitectura Moderna, en especial Le Corbusier y Mies Van
der Rohe. Estas investigaciones teóricas en el ámbito de la arquitectura
conocida como “oficial” junto con los experimentos ligados a razones
económicas y comerciales (fábricas de producción, centros comerciales,
galerías, rascacielos) brotaron por la necesidad de ofrecer una respuesta
constructiva con una reducción de costes y una mayor eficacia productiva.
Por consiguiente, los contenedores híbridos, concebidos como cajas
dentro de las que se puede colocar un micromundo urbano, resultan ser
el fruto de un proceso espurio que avanza mediante contaminaciones,
una arquitectura que tuvo que ensuciarse las manos para solucionar de
forma práctica las necesidades de una sociedad que está evolucionando.
En este recorrido evolutivo se detecta un incremento dimensional progresivo
de los edificios para el que se involucran competencias transversales
entre ámbitos disciplinarios diferentes.
La incorporación de las Grandes Dimensiones marca un momento fundamental
en la arquitectura, en el que la teoría de la Bigness (Koolhaas
1990) formulada por Rem Koolhaas consagra un hito que revela la necesidad
que la arquitectura “haga algunas concesiones” a otras disciplinas.
El elemento estructural y la confianza en la técnica, conforme a este
análisis, llegan a ser condiciones esenciales para garantizar que dentro
del formato grande se establezca el factor urbano indoor.
En su desarrollo, los contenedores evocan dos tendencias, una horizontal
y otra vertical, que se remontan respectivamente a la transformación
de dos tipos de edificios: las arquitecturas de las fábricas productivas
y los rascacielos. En el primer caso, hay una extensión progresiva del
espacio libre en dirección horizontal, que se concretiza trámite técnicas
de construcción que permiten suprimir todo elemento procedente de la
estructura portante para dejar lo más posible sin obstáculos el espacio
en planta. En el segundo caso, se opera con yuxtaposición de planos
independientes, trabajando verticalmente mediante una estrategia de
independencia funcional entre un nivel y el siguiente.
Los años 60, al pasar de la época de la producción a la del consumo,
marcan un momento significativo porque aparecen formas nuevas de
arquitectura-contenedor que resultan ser la forma de representar los
deseos humanos; el espacio interior adquiere el potencial de una verdadera
reorganización social trámite una perspectiva original del espacio
público contemporáneo. Obras autorreferenciales que cobran cierto
grado de neutralidad e indeterminación: consecuencia de rebasamienPREMESSA
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tos entre arquitectura y ciudad que marcan el final de esa continuidad
entre arquitectura y urbanismo preconizada por Zevi con el nombre de
urbatectura (Zevi, 1984).
Al cabo de veinte años, el concepto de Grandes Dimensiones o Bigness,
sin embargo, parece ponerse en tela de juicio con la depresión económica
de los primeros años del nuevo milenio. De hecho, inicia una fase de
recesión con el consiguiente replanteamiento de las teorías formuladas
en los años 90 (Otero Pailos, 2010), que marca un rescaling en el que lo
híbrido queda incorporado en el formato pequeño, cobrando un mayor
nivel de complejidad. En una época en la que la elevada inestabilidad y
las migraciones masivas piden que se identifiquen enfoques operativos
nuevos, conformes a pautas que presten más atención a las identidades
específicas y las necesidades individuales, la arquitectura parece retomar
contacto con el entorno, superando la concepción objetivista del
edificio autosuficiente. De la “emancipación del suelo” a la “arquitectura
del suelo”, el proyectista “vuelve a arraigarse” en el terreno persiguiendo
una simbiosis con el paisaje. Inicia una nueva época con una arquitectura
menos autorreferencial, más multidisciplinaria, en la que vuelven a
resonar los temas medioambientales, el lenguaje y los materiales de la
naturaleza. Se logra zanjar esa separación entre edificio y suelo, ese bache
ontológico sublimado por los pilotis y los edificios híbridos de la
primera generación.
La nueva fase del pensamiento arquitectónico, que la critica contemporánea
está elaborando, revela el propósito de aplicar lo que se ha
aprendido de la Bigness a una escala más pequeña, por así decir, la de
la Smallness, concebida como reincorporación de la arquitectura en el
entorno y como capacidad de llegar a ser un sistema relacional (Montaner,
2008). Las contaminaciones entre arquitectura, paisaje e infraestructura
revelan una fase reglamentaria y el logro de un elevado nivel
de complejidad que surge de la necesidad de reevaluar la relación de la
arquitectura con el entorno, replanteando el proyecto también conforme
a una lógica interescalar (Gausa, 2016). En este sentido, lo híbrido
se concibe como un ámbito teórico que permite hacer un acoplamiento,
un merge entre arquitectura, infraestructura y paisaje: se logra una
fusión proyectual en la que la arquitectura se “paisajiza” y el paisaje se
“arquitectoniza”.
Se perfila una dimensión identitaria nueva de la arquitectura que no
tiene nada que ver con las operaciones de mímesis o simbiosis. Concretamente
se nota una verdadera reorganización multidisciplinaria en un
ámbito más amplio y renovado, una madurez que se desarrolla, trámite
un estrecho diálogo, por absorción e intercambio con la esencia que per21
tenece al paisaje y a las infraestructuras, para lograr presentarse como
un sistema relacional nuevo, que actua en favor de una reconexión con
el territorio que lo rodea.
Se analiza el enriquecimiento del ámbito específico de la arquitectura
que acoge la esencia de las otras disciplinas para lograr así una difuminación
de la idea de producir objetos aislados, al incorporarlos dentro
de un espacio más extenso de relaciones. Esta es la idea subyacente
a la noción de anti-objeto elaborada por el arquitecto japonés Kengo
Kuma (Kuma, 2014), que propugna abandonar definitivamente el edificio
como objeto arquitectónico y apunta en cambio a crear una red de
interrelaciones e interconexiones con el entorno que lo rodea. La noción
final de anti-objeto, a la que se refiere la tesis doctoral, marca el ápice
de una estrategia de acciones que analizan la difuminación de la arquitectura
identitaria tradicional y destacan el inicio de una relación nueva
con el territorio y el paisaje.
Por último, otra fase conceptual es la afirmación de la condición de
ámbito híbrido (Allen 1999). Lo híbrido a este respecto opera anulando
las jerarquías y facilitando los intercambios que se generan por la condición
de libertad. Por su capacidad de desplazarse entre las diferentes
disciplinas y las diferentes escalas, lo híbrido demuestra su fuerza transversal
en términos de inter-escalaridad. El acoplamiento entre arquitectura,
paisaje e infraestructura, conlleva un potencial emancipador de
los dogmas compositivos, un replanteamiento del enfoque proyectual
desde su orígen, es decir una revisión radical de sus elementos. Desde
esta perspectiva nueva, la arquitectura se considera como un soporte y
parrilla que puede ajustarse de modo flexible a los cambios. Una disciplina
que no ofrece respuestas inflexibles y que actua en una zona liminar
entre ámbitos diferentes tratando de plasmar una actitud proyectual
abierta que logre encarar los eventos imprevisibles y respaldar las transformaciones
futuras.