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«Hay muchas opciones»: los Embajadores de la Cátedra STEAM, del Consejo Social de la UPV, despiertan vocaciones en Maristas Dénia

Cincuenta y siete alumnos de 4.º de ESO descubren, de la mano de dos profesionales de Aludium, el camino que lleva de las dudas de la adolescencia a una carrera técnica.

A los quince años, la pregunta «¿qué quieres ser?» pesa más de lo que parece. El pasado jueves 1 de octubre, 57 alumnos de 4.º de ESO del Colegio Maristas de Dénia encontraron algo mejor que una respuesta: un mapa. Lo llevó hasta su aula el Programa Embajadores STEAM UPV, la iniciativa con la que el Consejo Social de la Universitat Politècnica de València, a través de la Cátedra STEAM UPV, acerca a los centros educativos a profesionales de empresas colaboradoras para que cuenten, en primera persona, cómo se construye una trayectoria en la ciencia, la tecnología y la ingeniería.

La cita llega en un curso en el que el Consejo Social de la UPV se ha propuesto ir más lejos: el equipo trabaja con intensidad para superar el número de visitas realizadas en 2025 y llevar ese mensaje a más aulas.

En Dénia, la acogida no pudo ser mejor. El colegio abrió sus puertas de par en par, los estudiantes respondieron con atención y preguntas, y los embajadores se sintieron a gusto de principio a fin. «Las vemos como una oportunidad de orientar a los alumnos en su futuro académico. Es una muy buena ocasión para mostrarles las distintas salidas por las que pueden optar», resume Xavier Sanchis, jefe de estudios de Secundaria.

Del aula a la empresa

Los encargados de trazar ese itinerario fueron dos profesionales de Aludium: Igor Cacho, del departamento de Recursos Humanos, que lleva tres años participando en estas charlas, y Mari Paz Sánchez, ingeniera de Procesos, que suma dos años como embajadora, ambos en este mismo colegio de Dénia. «Nos parece un acierto por parte de la Politécnica querer acercar el mundo empresarial a los alumnos, tanto de institutos como de colegios», afirma Cacho.

El formato es sencillo: primero, la empresa del aluminio; después, la persona. «Nuestra embajadora explica todo su desarrollo académico y, sobre todo, profesional, para que los chicos y chicas vean cómo ha evolucionado desde que empiezas a estudiar sin saber exactamente a qué te quieres dedicar y en lo que se puede convertir tu carrera», detalla.

Sánchez habla desde su propio recuerdo escolar: «Agradecía que me contasen qué opciones tenía, dónde podía estudiar y qué podía estudiar. Son las inquietudes que empiezas a tener a esas edades y que te pueden generar agobio. Este tipo de charlas, con un punto motivador y de tranquilidad, de decir “hay muchas opciones”, siempre son de agradecer».

«Uy, mira, esto no lo sabía»

«Algunos están muy perdidos, todavía no saben muy bien qué van a hacer con su vida, y el hecho de que se les expliquen diversas opciones les ayuda a abrir la mente y a plantearse cosas que antes no hubieran pensado por sí mismos», observa Sanchis. A su juicio, 4.º de ESO es el momento oportuno: «Es una edad complicada, convulsa, con las emociones a flor de piel y las ideas poco claras, pero en algún momento hay que empezar y no les queda tanto para la universidad».

La ingeniera lo comprobó sobre la marcha. «En algunos he visto que estaban atentos o que ponían esa cara de decir “uy, mira, esto no lo sabía”», cuenta. Su compañero coincide: «Vemos que al final llega, porque preguntan, se interesan. Con que parte del mensaje les llegue, para nosotros es satisfactorio».

El terreno, además, está abonado. «Muchos de ellos verbalizan cierto interés hacia lo tecnológico. Vivimos inmersos en una sociedad muy tecnológica y es lo que ellos viven», apunta el jefe de estudios.

Vocaciones que ya miran a la UPV

Las voces de los alumnos lo confirman. A Bárbara le sorprendió la parte industrial —«no esperaba que fuesen tantas las cosas que se producen con aluminio»— y, aunque admite que no tiene «nada claro» qué quiere ser, se lleva una certeza: «Me gusta saber que tengo universidades cerca y qué hay dentro, para tenerlo más claro».

Marta sabe que lo suyo es el ámbito de las ciencias y valora que le vayan «diciendo las opciones que hay». Del tramo final, dedicado a presentar la UPV, le llamó la atención «la variedad de cosas que hay dentro de la universidad»: la biblioteca, los espacios para arreglar las bicicletas o los proyectos con universidades de otras partes del mundo.

Asier llegó con la Medicina en la cabeza y salió con una idea nueva: «Viendo todas las carreras, a lo mejor me hago una ingeniería biomédica». Ese es, exactamente, el efecto que persigue el programa. «Cada año se suman más institutos y colegios. La verdad, un éxito», celebra Cacho.

Que alguien entre en clase a explicar qué itinerario seguir para convertirse en profesional de la ingeniería o de las carreras técnicas, esas que impulsan el desarrollo de la sociedad, es algo que orientadores y alumnos agradecen. Y que anima a seguir estudiando para, algún día, seguir los pasos de quienes fueron a visitarles.