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Amparo Rivelles Ladrón de Guevara

Doctora Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. Investida el 19 de enero de 2005


Discurso

Exmo. Sr. D. Javier Sanz Fernández, rector Magnífico
de la Universidad Politécnica de Valencia
Autoridades Académicas y de la Generalitat Valenciana
Queridos amigos
Público asistente

Bueno, ya ven, digo público y empiezo a encontrarme más tranquila. Esta escena no es fácil para mi. Desde luego nunca pensé que una escena de estas características fuera a tenerme a mi como protagonista, una actriz Amparito Ribelles, en una universidad, honoris causa, a mi cargo palabras desde un estrado docto, dar pie a réplica a señores profesores. Yo convertida en toda una bachillera. No lo hubiera soñado, esa es la verdad.

Los cómicos seguramente tenemos ese mal asiento que se nos atribuye, pero no por haber pisado muchas tablas, tarimas o sencillamente suelos sabemos acertar a la primera en una plaza nueva. Yo soy nueva en esta plaza universitaria y en este papel que por una vez no es un papel. Mejor dicho, quiero pensar que son todos los papeles que he interpretado, sumados y resumidos en mi persona, palabra que significa "máscara", como bien saben ustedes, y que precisamente adquiere su sentido último en el teatro, al que pertenezco desde niña.

Pero bueno, dónde lo estoy contando. Estoy en la universidad, y yo haciendo etimologías. Bueno, al fin y al cabo puede que no me cueste tanto ubicarme y ponerme en situación. Menos mal. Algo he debido aprender con los años.

Pienso, en el marco de este aula, en mi madre, María Fernanda Ladrón de Guevara, actriz, pero para mí también maestra, mi gran maestra, aunque dicen que en las maneras de actuar he salido a mi padre. Bueno, no sé.

Me estreno en este salón con serias dudas de estar a su altura; hablo de la altura del afecto y la consideración que ustedes me están demostrando.

Para sosegarme yo un poco venía yo diciéndome, tranquila Amparo, las señoras y señores profesores ya conocen lo fundamental de tu oficio. Pase lo que pase, salir cada día a la palestra, no olvidar el papel y, si se olvida, que no se note. Dar lo mejor de uno mismo como si cada sesión fuera la única. Saberse la lección en definitiva. Ya saben los profesores aquí presentes de lo que hablo.

En cambio en modo alguno soy nueva en esta ciudad; tengo raíces familiares muy profundas. Conservo tantos amigos y compañeros y atesoro tantos recuerdos de funciones y rodajes, decenas de representaciones y películas que han pervivido en la memoria de los españoles y que son memoria de este país. Quiero pensar que algo tendrá que ver con todo eso la presente distinción que aquí se me concede que para mi, no lo duden, es una responsabilidad grande y que me gustaría compartir con tantas personas, escenas y momentos.

También quiero hablar del futuro. Porque no me lo perdonaría aquí y ahora el no decir que el público renovado de nuestro teatro debe estar en las aulas y en las personas Hay que rebelarles a los jóvenes que el teatro, forma sustancial pero frágil del arte de la representación, no es una rémora ni una antigualla y que supone siempre presente y futuro y que habla su lenguaje siempre que lo sepan aprender y escuchar.

Si se consigue, te cambia la vida para siempre. Nada es igual tras pasar por la experiencia del teatro. Te hace más libre, más atento, más vivo. Ese es el mensaje que debemos transmitirles. El teatro alberga todas las palabras de que disponemos como humanos, todas las emociones, todas las posibilidades, nos contiene.

Me encuentro esta mañana de miércoles delante de una parte reconocible de mi vida y eso me da confianza. Me voy sintiendo más tranquila y a gusto cada segundo que pasa, se lo confieso. Las piezas teatrales se dividen en partes y en eso como en tantas cosas, nuestro acontecer les imita. Mi vida no es una excepción ni mi trayectoria personal y profesional ha tenido las suyas entre España y México, donde pasé 24 años; entre el teatro, el cine y la televisión, entre la comedia y la tragedia, entre los gozos y las sombras. Parece mentira que tanto moverse no le borre a una del recuerdo de los demás en vez de fijarnos y por eso me pregunto continuamente que es lo que queda impreso de mi en los demás y por qué razón sucede. Me abruma y me hace feliz el saberme parte de muchas vidas. Me compromete y me ayuda a calcular algunos pasos y me mueve. El teatro es mi motor, es lo que me hace actuar, literalmente

Amparo Rivelles Ladrón de Guevara

Nunca he pensado en los premios ni en las recompensas. Para mi es suficiente y no es un tópico, con poder seguir en lo mío que lo es también de mucha más gente, del público, por supuesto, y de mis colegas y de todos los que lo hacen posible.

Pero llegado el momento de recibir de la mano de esta universidad la toga que me inviste ni más ni menos como doct6ora de esta casa recuerdo que soy sólo una actriz y que hubo otro tiempo, no tan lejano, en que mi oficio, especialmente el de las actrices no contaba con parabienes ni homenajes. Quiero hacer este tributo a mi trabajo y un homenaje a mis compañeras del ayer, del hoy y del mañana especialmente a su esfuerzo, su sacrificio, sus sinsabores y a su poderoso brillo en escena. Muchas veces se han encontrado muchas miradas en un escenario y nos lo hemos contado todo entre líneas de las palabras de los autores.

Ojalá no sea esta la última vez que una universidad o que el mundo académico que ahora me doctora se acuerde de una actriz o de un actor.

Hasta aquí mi monólogo, género delicado donde los haya sobretodo en lo concerniente a la medida del tiempo y de la calidad de los motivos que nutren y justifiquen su discurso. Esta actriz que acaba de entretenerles unos minutos con el pretexto de agradecer de corazón y de palabra su gesto de reconocimiento, Amparo Rivelles Ladrón de Guevara es hija de un actor valenciano del Cabañal, el eximio actor don Rafael Rivelles Guillén quién se subiera por primera vez a un escenario en el teatro Eslava de esta ciudad y nieta por su parte de los también actores y valencianos doña Amparo Guillén y don Jaime Rivelles.

Esta hija adoptiva de Valencia y, en fin, sin calle en Madrid gracias a Dios y a las ordenanzas municipales madrileñas que impiden tener calle a los vivos. Esta cómica de por vida que declara tener intacta la ilusión de quién se ha mantenido a pie de obra desde los 14 a los 80 años que cumpliré el mes que viene. Intacta igualmente su voluntad de dar gusto y de hacer felices a la gente con la voz y máscara que toque en reparto en cada momento. Un juego de medios seres, que diría mi admirado Javier Poncela, un juego al que afortunadamente no dejamos de jugar. Y quizá por que burla burlando nos jugamos mucho en ello.

Como concluían aquellas comedias doradas a los que se debe nuestra profesión espero que mis palabras les hayan resultado amenas y adecuadas y sepan disculpar mis muchas faltas. Si acaso apreciaran alguna torpeza, tengan por seguro que se debe al atropello que me provoca la gratitud, la deuda y el miedo escénico que no lo curan ni la edad, ni el teatro si es que se pueden separar, que yo no puedo.

I per últim donar les gràcies a totes les persones que han fet posible aquest acte y aquest dia que recordaré com un dels més importants de la meua vida. Muchas gracias y mutis... pero no definitivo.


EMAS upv