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Vicente Ferrer Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia. Investido el 6 de octubre de 2000 |
PARANINFO
UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE VALENCIA
6 de octubre de 2000
Es sabido se puede adquirir la categoría de ser humano cuando se es capaz de reconocer en un semejante a un ser humano. Y, a su vez, únicamente es posible reconocer a un ser humano si se es capaz de participar con él, de comprender con él, su propio dolor. Si esto no ocurre, si este transcompromiso no se produce, el semejante reconocido será para el reconocedor otra cosa, será un semejante, será un paisano, será un emigrante, un número en un mapa, un habitante de un Estado, un habitante del Estado, otra cosa, pero este semejante no será, para el reconocedor, un ser humano. Y, a su vez, este reconocedor tampoco lo será. Será otra cosa, será otro semejante, será un excluyente, un soberbio fundamental o un fundamental soberbio, una persona muy reunida... Otra cosa.
Si por el contrario, uno extrae, dolor, de ese otro semejante y lo hace propio, adquiere la categoría de ser humano. Es el caso, por ejemplo, de Vicente Ferrer.
Dos precisiones. Una: el dolor siempre es infinito, el dolor de ser huérfano de toda esperanza, de ver morir de hambre a un niño, o el dolor de contemplar indefenso las consecuencias de la ambición o de la estupidez humana, son ejemplos de dolores infinitos.
Otra precisión, el dolor no es como la energía que es constante, que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. El dolor infinito, no se altera porque se le sume o se le reste otro infinito dolor. Participar, pues, del dolor de un ser humano, genera más que el que había, pues no le quita a éste el que tiene. Es esta la grandeza del proceso.
Vicente Ferrer ha incorporado a su vida esa capacidad de reconocer a los seres humanos, a muchos millones de seres humanos con déficit de esperanza o superávit de dolor. Y después de reconocerlo ha dedicado todas sus energías a ayudarles a resolver sus problemas. De ahí su incuestionable mérito.
Es oportuno que hoy, esta Universidad, le confiera su más alto honor, en una Sociedad global, más virtual que virtuosa, más preocupada por clonar mil hombres con la misma cara que por darle sentido y opciones de vivir a las mil caras del hombre. Una Sociedad que puede caer fácilmente en el riesgo de dedicar más recursos al alumbramiento masculino que a darles luz a millones de niños, a los que se les ciega la oportunidad de poder vivir. Una Sociedad que se vuelve histérica y destruye millones de kilos de proteínas por razones de manipulación genética o de síndrome de vacas locas, teniendo enfrente a otra Sociedad que no pierde la serenidad cuando no puede acceder para su alimento a las tasas mínimas necesarias de vitaminas.
Pan y luz. Son palabras que hoy pueden, con legitimidad, ser aplicadas a Vicente Ferrer y a su obra. Hoy, esta Universidad dedicará, donará a la Fundación de Vicente Ferrer, el coste de la luz(o sea, la energía) que hoy consumamos y el coste del pan (o sea, la restauración diversa) que el acto de inauguración lleva consigo. Además, como doctor de nuestro Claustro de doctores podrá usar nuestros brazos y nuestros conocimientos y nuestra voluntad para ayudarle a resolver los problemas a los que se enfrenta. Y si VICENTE nos permite, en vez de poner el nombre a una calle de esta Universidad, como es práctica habitual con nuestros Doctores Honoris Causa, denominaremos con su nombre el Centro de Cooperación al Desarrollo que hemos creado recientemente en esta Universidad. Palabra de Universidad Politécnica de Valencia, Doctor por causa de honor Vicente Ferrer.