0. ENSEÑAR, APRENDER.

Rafael Rivera Herráez



 

Para el Taller XXI, la docencia, tal como intentamos explicarla, representa el eje central de nuestra actividad. Todo lo que proponemos en esta guía docente tendría un sentido diferente si no estuviera vinculado a la enseñanza del urbanismo, la ordenación del territorio y el paisaje, y a la relación entre profesores y alumnos.

 

Partimos del concepto básico de que ambos protagonistas, profesor  y alumno, participan del hecho docente, enseñan y aprenden a la vez, y pretendemos que mantengan una actitud propicia para este fin a lo largo de los diferentes cursos que forman la enseñanza del Plan de estudios.

 

Entendemos el Urbanismo como una disciplina científica, es decir, vinculada a la realidad, a la experimentación y a la investigación, con un cuerpo teórico fundamental que debe servir de base para cualquier análisis y cualquier intervención del hecho urbano, entendido éste en el sentido más amplio que más adelante expondremos.

 

Y también creemos que tiene un carácter creativo, innovador, imaginativo, con respuestas formales y funcionales a los problemas que aborda.

 

Pero, al mismo tiempo, nuestra disciplina  tiene un componente ideológico importante, vinculado al compromiso social y medioambiental. Por eso, entendemos que una pieza fundamental en la docencia es la reflexión colectiva y el debate, es decir, el contraste público de planteamientos diferentes, con un análisis pormenorizado de las consecuencias de cada uno de los puntos de vista. Lo cierto es que, para nosotros, el Urbanismo es una ciencia que trata de explicar la realidad para cambiarla.

 

Ésa es la razón por la que  primamos el debate sobre la clase magistral, el contraste de opiniones sobre cualquier dogma, la contraposición sobre la imposición, la reflexión sobre la autoridad. Y asignamos un papel fundamental al alumno en el proceso docente.

 

No entendemos ni compartimos la actitud pasiva del alumnado, esperando que sea el profesor quien enseñe, explique, aclare. El protagonismo es recíproco y la calidad de la enseñanza que pretendemos impartir se apoya en ambos protagonistas y su intención compartida de progresar en el conocimiento de una disciplina novedosa y compleja, pero apasionante, como es el Urbanismo.

 

 

Es necesario insistir en la importancia del cuerpo teórico como soporte, poniendo siempre en primer plano la necesidad de reflexionar sobre las situaciones y recurrir a esa teoría como punto de partida de cualquier análisis.  Por eso creemos que, de una manera gradual como requiere cualquier método pedagógico, es necesario impartir todas las lecciones para conocer la historia del urbanismo, las leyes que le dan soporte, los métodos de análisis, las técnicas de intervención y las teorías que nos permiten abordar la realidad territorial y paisajística desde una perspectiva de sostenibilidad, raciocinio, austeridad y respeto por el medio en el que vivimos e intervenimos.

 

Y es en este contexto cuando periódicamente recurrimos a profesionales reconocidos en el mundo del urbanismo para que nos aporten sus experiencias y sus intervenciones reforzando el aprendizaje de todos. Nuestro punto de vista no es exclusivo y nos interesa compartirlo y contrastarlo con personajes de aquí y de allá que puedan enriquecernos a todos, profesores y alumnos.

 

Ésa es nuestra referencia a la teoría imprescindible, jerarquizada en los diferentes cursos, pero hilvanada desde el primero hasta el último con un hilo conductor que supone el proyecto docente del Taller XXI.

 

Así pues, la teoría es fundamental, pero al mismo tiempo, es evidente que cualquier enseñanza sobre el urbanismo, la ordenación del territorio y el paisaje, tiene un componente práctico básico, y experimentar en la práctica la validez del cuerpo teórico forma parte del aprendizaje. Por eso realizamos en cada curso, y según el nivel correspondiente, diferentes trabajos con distintos ámbitos, que permiten al alumnado entrar en contacto con el objeto de esta disciplina. Trabajos prácticos que exigen elaboración de metodologías, toma de información, análisis, evaluaciones, propuestas de intervención y concreción a niveles diferentes según los cursos para las propuestas que se elaboran.

 

Ninguno de estos trabajos es ajeno a la teoría, al contrario, teoría y práctica se justifican mutuamente entrando en valor cada una por la existencia de la otra y reforzando la comprensión de la disciplina como un hecho global.

 

Estos trabajos implican un aprendizaje complementario que supone el trabajo en equipo. Es decir, la necesidad de compartir decisiones, debatirlas, tener que llegar a acuerdos y formular una única alternativa fruto de la síntesis de todo un proceso. Son trabajos de acuerdos y compromisos a los que se llega desde puntos de partida diferentes. Estamos absolutamente convencidos del beneficio educativo y social de esta práctica, aún asumiendo sus inevitables riesgos.

 

Por otra parte, entendemos que la enseñanza universitaria implica conceptos que no son patrimonio exclusivo del Urbanismo, pero sí de la formación al nivel que exige la sociedad. La necesidad de progresar en la técnica de explicar los trabajos, de la expresión oral  en público, de la capacidad de síntesis, de la concreción; la exigencia de utilizar la lectura como vehículo de cultura, de debate, de opinión; la relación con la realidad social evitando entender la Universidad como una burbuja ajena a su entorno; el respeto mutuo en los debates, en la relación en clase, o en los viajes, son instrumentos imprescindibles en los que cabe enmarcar nuestro proyecto  docente.

 

Por último, la vinculación con otras disciplinas, fomentando el carácter interdisciplinar del Urbanismo, así como  la importancia de entenderse con otros profesionales en los que coincidimos en la práctica de nuestra actividad desde puntos de vista diferentes, son piezas imprescindibles que también hay que enseñar a valorar para rentabilizar al máximo el resultado de nuestro ejercicio profesional.

 

Y aún más, se trata de  fomentar cualquier vehículo de cultura, aparentemente ajeno al Urbanismo, que sin embargo  conforma  todo un espectro formativo para la formación integral del alumno.

 

Resumiendo, desde el Taller XXI planteamos el Urbanismo, la ordenación del territorio y el paisaje como una disciplina global, no por ello descontextualizada de nuestra formación en la Arquitectura, con unos soportes teóricos y prácticos fundamentales que se apoyan los unos en los otros. Y abordamos la actividad docente en su sentido más amplio, incluyendo la investigación, la participación en foros públicos, las publicaciones y todos aquellos instrumentos que ayuden a profundizar en nuestra manera de ver la disciplina.

 

Al mismo tiempo, también entendemos al alumnado como personajes imprescindibles,  con derechos y obligaciones, a los que pretendemos dar una función activa en el proceso docente.

 

Y para concluir, entendemos al profesorado como vehículo para transmitir  conocimientos, en disposición de compartir experiencias y tratar de proponer sistemas y metodologías que ayuden a los alumnos y alumnas a comprender la realidad y a intervenir sobre ella.



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