¿Tienes exámenes en Julio?


Habrás estado mucho tiempo preparándolos. Llegarás cansado después de un duro mes de tensiones, de estudio y de exámenes, y eso provocará un mayor esfuerzo de concentración: las vitaminas, ciertamente, nunca te han hecho efecto, y las anfetas siempre han resultado caras de conseguir. Entrarás en el examen, leerás las preguntas cuatro veces hasta que creas que empiezas a entender qué es lo que te quieren preguntar. Y entonces, de súbito, te acordarás de que, como estamos en Julio, ya habrá empezado la Escola d’Estiu.

¿Cómo puede uno acordarse de pronto de dicho acontecimiento, cuando se halla inmerso en un importante examen en el que se juega meses (muchas veces años) de trabajo y estudio? Es muy fácil, empezarás a sospechar cuando en medio del examen (tirando al pricipio) oigas gritos de chiquillos yendo de aquí para allá. Es posible que superes esta prueba sin demasiada dificultad, dependiendo de lo que hayas desayunado, el pie con que te hayas levantado, etc. Pero para ponértelo más difícil, y justo cuando te estés enfrentando al problema más complicado del examen, una jauría de niños dirigidos por el monitor correspondiente se sentará en el mismo césped que colinda con el aula en la que estás sufriendo, y hará todo lo posible para romperte la concentración que tanto te ha costado alcanzar. Oirás cómo gritan salvajemente en esos juegos tan educativos que les han preparado. Te sobresaltarán una y otra vez, y no podrás dejar de perder el hilo de tus pensamientos. Y lo peor, que hará hervir aún más tu sangre, será cuando oigas cómo cuando las bestias, exhaustas, apaguen sus voces, el monitor de turno grite lleno de júbilo incitándolos a cantar y a berrear aún más. ¡El cretino ese encima animando a las fieras!

Cuando miré mi calendario de exámenes y comprobé que tenía un examen el mismo uno de julio (día éste caracterizado por el uso abusivo del megáfono, en el que D. Justo y Dña. Rita nos harán una demostración práctica del mal uso de este instrumento) me recorrió un duro escalofrío. Hay que luchar contra esta plaga, no nos podemos quedar con los brazos cruzados mientras nos martirizan en los exámenes y encima se recochinean por fuera. Aunque tengamos pocas posibilidades de ganar la guerra, no podemos rendirnos.

Se me ocurren varias estrategias. En primer lugar tenemos las preventivas o disuasorias, que consisten en evitar que los salvajes se asienten debajo mismo de las aulas. Para ello lo que se puede hacer es, antes del día del examen, regar los alrededores con excrementos animales o similares que impidan que las bestias puedan sentarse en el césped, y si lo hacen, con un poco de suerte alguno caerá en la trampa, y al llegar a casa con los pantalones manchados, sus padres preferirán que no vuelva más (¡uno menos!). Pienso que es más efectivo, sencillo y agradable minar de chinchetas la zona, por lo que si quieren sentarse a pesar de todo, el resultado será más efectivo. Además, si se limitan a correr por el área minada, podemos tener la suerte de que alguno caiga de rodillas en uno de nuestros objetos punzantes, y entonces tenemos más probabilidades de que ése no vuelva más y, sobre todo, de que decidan cambiar el lugar de esparcimiento de la horda a otro lugar. El problema que puede plantear es el de los gritos del chiquillo lesionado, pero eso puede llegar incluso a resultar agrable al oído.

Luego tenemos las estrategias vengativas sin más, que aportan el beneficio de la paz espiritual para el que la lleva a cabo. Podemos empezar por putear a la jauría cuando se encuentre asentada. Por ejemplo, subiremos a la terraza del edificio con un cubo graciosamente lleno de agua (o algún líquido corrosivo, quizás) y lo tiraremos sobre la jauría, apuntando con el cubo por supuesto al jefe. La idea es que moje a todas las bestias mientras se le da con el cubo en la cabeza al monitor correspondiente. Una variación sería tirar masclets de los de 200 ptas. sobre las cabezas de las fieras (jefe incluído).

Otros métodos mucho menos sutiles pero más espontáneos consisten en salir del examen correspondiente cabreados y al primer niño que aparezca, pegarle una patada tratando de enviarle lo más lejos posible. O esperar a que el monitor achuche a sus fieras para darle con una estaca en todos los piños. Estos dos últimos métodos no los recomiendo porque no soy una persona violenta, que conste.

Por último se me ocurre el método psicológico, que consiste en asustar a la manada. Acercarse sonriendo a un níño y mientras se le acaricia la cabeza se le susurra al oído: "Como te oiga hablar en todo el día te arranco la cabeza", puede ser una manera. Otra consistiría en gritar "¡Yu-yu!" cuando veamos pasar a nuestro lado a una horda.

Con estos consejos espero que podamos conseguir, si no contrarrestar los perjuicos de la Escola d’Estiu para con nosotros, divertirnos de lo lindo a costa de ellos (como ellos hacen a costa de nosotros).

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