La poesía de Bécquer


Gustavo Adolfo Béquer nació en Sevilla, hijo de una familia de cierto linaje, quinto de siete hermanos. Su padre, pintor de profesión, murió en Madrid cuando él era todavía muy joven. Adolescente, marchó a Madrid a buscar fortuna y vivir de la literatura. Trabajó de periodista en varios periódicos del momento, de censor de libros... murió joven, sin que su obra fuese reconocida no más allá de su círculo de amistades; dejó tres hijos, alguno de los cuales se duda de su paternidad. De constitución enfermiza, Béquer murió desconocido, sin grandes elogios ni glorias. De no ser por la tenacidad de sus amigos, que dieron a conocer su obra al mundo, nadie se acordaría hoy en día de uno de los más grandes escritores románticos del siglo XIX, por lo que es posible comparársele al Van Gogh de la literatura.

La poesía de Béquer tiene cuatro partes bien diferenciadas. La primera, que consta alrededor de una docena de rimas, establece las bases de sus pensamientos y principios sobre lo que para él es la poesía y la vida. La segunda, está totalmente volcada a la idea del amor, mostrando abiertamente sus sentimientos. En estas rimas busca la idealidad de la mujer, la eleva hasta las nubes y le sirve de inspiración. Sin embargo, se desengaña pronto, y viene la tercera parte, en la que se muestra como animal herido, resignado en su derrota amorosa. La cuarta, muestra a la muerte como hermana para él cercana, dadas sus frecuentes temporadas en el lecho. No obstante, su ramalazo romántico, con notados tintes de la corriente alemana, se puede sentir en cada una de sus rimas. Aunque escasa, pues no llega al 15% de sus obras completas que hoy en día conocemos, Béquer es un pilar fundamental para entender el movimiento romántico en España.

Miki Noche


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