- ¡Buenas!
La reprografera movió la cabeza hacia
arriba
haciendo ademán de que pidiera de una vez y
dejara
de hacerle perder el tiempo.
- Quería unas fotocopias
- Cuales -dijo tratando de disimular su
impaciencia
- Lo último de antenas.
La reprografera se acercó a una
estantería,
cogió un folio y se lo acercó
diciendo:
- Son cinco pesetas.
- Perdón, ¿cómo?, es que
creo que no...
- CINCO pesetas -interrumpió ella.
- ¡Venga! ¡Fuera coña!
- ¡Que son cinco pesetas!
- Pero... ¿a cuanto está la
fotocopia?
- a 4,30, o sea, 5 pesetas.
- Pero... ¡Es verdad! ¡Sólo
me has dado un
folio por una cara! ¿Dónde está
el resto?
- ¿Tú no querías lo
último de antenas? Pues
esto es lo último de antenas, lo que me han
dado.
- No puede ser, esto debe ser una broma;
seguro que debe haber por aquí una
cámara oculta.
Normalmente lo mínimo que se me pide son
800
pesetas, o sea, 160 fotocopias a 4,30 cada una.
- A mi no me cuentes tu vida, ¿la quieres
o
no?
- Vamos a ver, no perdamos la calma.
Verá, yo
he venido hasta aquí haciendo media hora y
mitad
de cola dispuesto a gastarme hasta mil duros en
fotocopias y no voy a volverme con las manos
vacías. Si esto es lo último de
antenas, dame
entonces lo próximo que vayan a sacar y
así el
próximo viaje hasta aquí me lo
ahorro.
La reprografera inspiró profundamente
mientras
se decía en voz baja:
- Calma, Marisa, no te pierdas.
Añadió entonces
rápidamente:
- Lo próximo no lo tengo, si lo tuviera
ya lo
habría sacado, ¿o te crees que somos
nosotras las
que decidimos cuando va a salir tal o cual
asignatura?
- ¡Ah! ¿no? Entonces,
¿quién es el responsable
de que cuando venga con 200 pesetas las fotocopias
mínimas sean a 2.200 y cuando vengo con
5.000 sólo
hay una fotocopia a cinco pesetas?
- Desde luego nosotras no. ¡Pregunta a
tus
profesores! ¡Esos! ¡Esos son los
responsables de
todo el cotarro! ¡Que me tenéis harta
ya de tanta
protesta!
- ¡Bueno, bueno! ¡Que sólo
era una pregunta!
Tome, cóbrese la fotocopia.
- ¿No tienes un duro suelto?
- Pues no, como pensaba gastarme cinco mil en
fotopocias pues vine con un billete...
- Pues no tengo cambio, así que vamos a
hacer
una cosa, trae y te debo 4.995.
- ¡No! ¡Ya sé! Dame 999
copias más de esta
fotocopia y te quedas con el cambio.
- Bueeeeeeeeno.
Se dirigió entonces a la
estantería, cogió un
puñado de folios, y dijo:
- Aquí tienes. ¿Ya?
- Pues muchas gracias, ¿ve como hablando
se
entiende la gente?
- Sí, sí. - se dirigió
entonces a la siguiente
persona que estaba esperando algo adormilada y
apoyada sobre la pared.- Díme.
- ¿Ya? ¡Eh! ¡Ah!
¡Sí! Hola, buenos días. Soy
el nuevo profesor de antenas y vengo a dejarle
estos apuntes para mis alumnos.
- Traiga para acá. A ver...
¿cuántas hojas
son?
- son 999 a una cara (por supuesto).
- O sea, que a 4,30 por copias... total...
4.995. Vale.
- De acuerdo, hasta luego.
- Hasta luego.
Sumario
Una larga jornada
La cama metálica