Historia de una sangría


...Este...En fin...Érase una vez una agrupación folklórico-musical... Digo, no, empiezo otra vez. Érase una vez un grupo de amigos que juntos salían, cantaban, bebían, ligaban, se reían, vamos, que se lo pasaban en grande cuando estaban juntos. Una de esas veces en que consiguieron reunirse casi todos, decidieron irse de viaje a Oporto; y hete aquí que para reforzar -más- los lazos de fraternidad que ya les unían al pueblo luso, compraron un gran cubo de basura, en el que introdujeron todos los ingredientes necesarios para hacer una sangría, a la cual invitarían a otros compañeros de andanzas y travesuras en el vecino país. Y emprendieron viaje con la sana intención de disfrutar de un intenso fin de semana, tan intenso que no hubo tiempo de preparaciones (aunque sí de degustaciones), y la sangría, tal como fue, volvió. El cubo y su contenido fueron celosamente guardados, en una habitación de esta Escuela, de acceso muy restringido, y confiados en que allí permanecería hasta que ellos encontrasen un hueco en su apretada agenda para refrescarse la garganta con el suculento licor, dejaron pasar el tiempo...

Pero alguien más tenía acceso a esa habitación... Los miembros de Tam-Tam, fieles a sus quehaceres, pasaban las horas trabajando en compañía de un cubo de basura precintado; sobra decir que sabían de sobra lo que había dentro, y se preguntaban mosqueados cuándo se decidirían sus amigos de la vecina asociación (porque eso sí, se llevaban muy bien con ellos) a invitarles a algo. Y, viendo que pasaban los meses y nada ocurría, idearon una trastada: "¿Que tal si le hacemos un favor a la Tuna, y como somos buenos chicos, les guardamos la bebida toda ordenadita en el armario que está aquí al lado? De esta forma, si algún desaprensivo viene y la intenta robar para bebérsela sin compasión alguna, pues se llevará un chasco ya que sólo encontrará nuestros cascos. Y nos estarán eternamente agradecidos, porque somos todos almas de Dios". Dicho y hecho, la operación se llevó a cabo; bueno, falta el pequeño detalle de que lo hicieron sin comunicarle nada a los dueños de la sangría... pero es lo de menos, eso sí, dejaron una nota de secuestro, obviamente firmada por los tres miembros de la redacción que lo habían ideado todo; sólo quedaba esperar al día en que alguien abriese el cubo. Para ver su cara, claro.

Bien, ante todo, hay que situar los hechos narrados hasta ahora en los meses de Mayo y Junio. El día D llegó en Octubre, y un tuno abrió el cubo para llevarse las cosas...Ah, cómo, ¿que no había contado que los protagonistas principales son los tunos? ¿Nadie lo había deducido de la fiel descripción hecha en las primeras lineas? En fin, que sí, que un tuno se dio cuenta de que la sangría no estaba, otro supo de una nota de rescate, y entre todos, se enfadaron. Y cómo. Durante un par de días, supimos que nos habían puesto a caldo, despotricaron contra nosotros, un poco más y nos denuncian al Vicerrectorado de Asuntos Delincuentes, e inocentes de nosotros, sin comprender por qué; y es que se ve que lo que para unos era una broma, una trastada sin mayores consecuencias, para otros era una putada de las que avivan todos los rencores que subyacen en los subconscientes reprimidos (Toma ya). Pero al final descubrimos el motivo: ¡¡¡Pensaban que nos la habíamos bebido!!! Pero, cariños míos, cómo se nos iba a ocurrir. ¿Qué pasa, eso es lo que hubiérais hecho vosotros?¿Cree el ladrón...?

De esta historia se deduce un puñadito de cosas: Primero, no montemos un pollo del quince sin antes hablar las cosas, y subrayemos el verbo "hablar", que en demasiados casos denota estados carenciales de los que no se arreglan con aspirinas. Segundo, cómo se te ocurre pensar que alguien a quien conoces perfectamente, y con quien llevas tratando años, te va a gastar un bromazo de mal gusto; con la de asociaciones que hay, a otra habríamos escogido, bobos. Y tercero: puede que de ésta también se enfadan... son tan susceptibles... antes de hacerlo, releed los puntos primero y segundo... y sonreid.

Débora.

N. de la A. Y la próxima vez nos la bebemos, vaya que si lo hacemos.
S umario
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