El Síndrome del Apagón.


Hace algun tiempo salió por los medios de comunicación una noticia que, aunque no lo parezca, algo de relación tiene con lo que estamos estudiando. Resulta que el Agosto pasado se registró en las maternidades de Washington el mayor número de partos y nacimientos de la última década; ello pudo ser debido al gran temporal de nieve y frío que hacía nueve meses asoló la costa este de los Estados Unidos, y que dejó en las calles de la capital americana más de dos metros de nieve, incomunicando a millones de habitantes. Y es que, ante esta situación, cuando se cansaron de ver la tele, se ve que todo cristo se dedico a hacer guarrería española con el cuerpo humano. El resultado: colapso en los paritorios, miles de parejas con uno más en la mesas y todo el mundo muy contento.

Ya hace bastantes años, cuando Elvis era una promesa del cante, ocurrió en Nueva York una situación similar, esta vez provocada por un gran apagón, de ahí lo de "Síndrome del apagón". Ahí es donde nosotros entramos.

Bien es sabido por los especímenes e individuos de esta escuela la cantidad más o menos periódica de apagones que de vez en cuando en por aquí se producen. Las causas, nada ha trascendido: "Es que se han fundido los plomos", o "La red no va, a la Piscina le pasa lo mismo", se defienden como pueden los bedeles, ajenos (eso sí) a toda responsabilidad. Los últimos apagones producidos fueron en fechas de impasse, donde la gente iba a Teleco a coger el sobre de matricula, o a esperar notas o actas, y la cosa no fue a mayores. Pero, ¿os imagináis los efectos de un repentino apagón en medio de un examen de Campos, una revisión de Componentes o una clase de 4º especialidad Teleco, por poner sólo algunos ejemplos de masificación? Mi subconsciente, ya algo degenerado tras deambular por estos benditos pasillos ya algunos añicos, puede hacerse cierta idea malévola de lo crítico de la situación:

Como esa maldita integral de volumen del problema tal de Campos no sale ni a tiros, o como aun me faltan 231 números para que me toque revisar el examen, o porque la pizarra no se ve ni con las lentes progresivas del telescopio super-cósmico de la NASA en los lejanos lugares donde-no-hay-mesas, y como la gente se puede aburrir ante la escasez de luz, puede empezar un ciclo crónico de sodoma, orgía, gomorra, desenfreno, descontrol... "La de al lao no me s'escapa" (ellos), "A ese payo de una puñetera vez voy al ataquerr" (ellas), "Pero que cosas más raras hacen los alumnos..." (profesor), "Oiga, por favor, me puede explicar esto, es que no lo entiendo" (alguno habrá, al profesor), "Pues eso que están haciendo esos dos de la esquina lo hago yo también cuando corrijo los exámenes" (el profesor de nuevo, pasando olímpicamente del de antes)...

Y al curso siguiente, nace una nueva hornada de pequeños retoños telequitos recién salidos del horno (advierto que no va con segundas), paritorios improvisados en la cámara anecóica, laboratorios y salón de actos, televisiones en directo, primeras portadas de los periódicos, tertulias radiofónicas...

Ahora bien, seamos sensatos y realistas. Ante un apagón en Teleco no se reaccionaría así: sólo el típico jiji-jaja, que bien que se para la clase, no se ve la pizarra, "oiga, señor profesor, si quiere le puedo dejar mi soplete de mano para que se pueda ver" (insisto que alguno habrá) y poco más...Aunque, la verdad, de buena gana un apagón sería bien recibido en situaciones como unas prácticas de OrCAD de Tecnología o una clase interactiva de Cálculo en el salón de grados, como las que alguna vez antes se hacían, así como en otras muchas (abstenerse cuando se maqueta la revisa y no se han guardado los cambios, que M.J.Fet ya está algo mayor y otro ataque al corazón para él sería definitivo).

Para terminar, pensemos en una cosa: puede que directa o indirectamente nosotros seamos los que en el futuro diseñemos todos esos sistemas, y que la imperfección de alguno de ellos, en un cierto momento, pueda ayudar a nuestros desconocidos conciudadanos a disfrutar de los placeres de la vida, y a nuestro país a mejorar algo nuestro índice de natalidad, que está por los suelos... Pensad que nuestras futuras pensiones podrían depender de un inoportuno apagón. En fin, alguien dijo que la tecnología nunca podrá tener sentimientos ni sensaciones humanas. Que cada uno saque sus conclusiones. He dicho.

Miki Noche.

Dedicado a Carol y Fran. ¡Felicidades!


Sumario
Cuaderno de Estilo
Las "Nuevas" Elecciones a Rectorado