Como todos los miércoles, el 18 de febrero, hay clase de Sistemas de Imagen y Sonido (asignatura de 5º curso). Pero en esta ocasión la clase comienza de forma diferente, a mí no me sorprendió. Valery Naranjo, la nueva profesora de la asignatura desde mediado el primer parcial lanza una advertencia al alumnado; y en honor a la justicia he de decir que más que merecida.
Todos hemos sufrido alguna vez, la inexperiencia de un profesor novato, novato en la docencia, que no en los conocimientos. Y todos nos hemos sentido conejillos de indias, víctimas de la desazón de algún novicio profesor que no acierta a encarrilar adecuadamente sus explicaciones. No voy a nombrar a ninguno aunque en principio sí pensaba hacerlo porque a la postre todos ellos han mejorado con el tiempo y además sería injusto con ellos porque los demás también fueron inexpertos el primer día que pisaron un aula con un pedazo de tiza entre sus dedos.
A lo que iba: Valery está siendo tratada injustamente, eso creo yo. Y no me mueve ningún afecto especial por ella, ni influye el hecho de que sea una mujer, que sé que alguno me rebatirá por ello. Es mucho más sencillo que eso y cualquiera que asista a sus clases e intente prestar un poco de atención entenderá fácilmente lo que quiero decir con esto. Desde luego que comete errores, tampoco yo he dicho que no lo haga. Pero hasta la fecha ha sabido rectificarlos en la siguiente clase, es un esfuerzo que hay que saber reconocer. Otros no tan novatos también cometen errores, con la diferencia de que no siendo rectificados los arrastramos hasta el mismísimo examen y después somos suspendidos por ellos (véase si no la famosa pregunta del magnetrón de RADAR'96 que ha dado con los huesos de muchos en el examen de junio porque cierto profesor no la explicó bien en clase, y después ni revisión, ni santas pascuas).
Pero lo que quería denunciar aquí es la desfachatez, en el límite más absoluto de lo permisible y de lo tolerable con que una buena parte de los alumnos asiste a las clases de Valery. Es difícil, muy difícil, encontrar un minuto consecutivo de silencio en esa clase. Las risas, las bromas y las conversaciones sobre fútbol o sobre dónde iremos de fiesta el jueves por la noche impiden el normal desarrollo de las clases.
Imagino como debe sentirse Valery ante tanto pasotismo y comprendo que llegue el día en que harta ya de todo eso comenzara la clase pidiendo respeto a sus alumnos, después de que el último día algunos se entretuvieran en lanzarse avioncitos de papel de una punta a otra del aula.
Pero lo que clama al cielo es que mientras Valery decía esto desde el fondo se rieran (ahora dirán que no era de ella), pero sí, lo era.Y seguramente cuando lean este artículo se dirán unos a otros, "pues sí nosotros eramos los del avioncito" regocijándose de la circunstancia en lugar de sentir el mínimo de vergüenza que dicta la conducta humana.
Valery sólo exige el respeto que se merece como cualquier otro profesor de esta escuela (y de las demás, que nadie se ofenda por favor). En la pizarra querría ver yo a los que no se lo tienen.
Es cuestión de tiempo. Unas cuantas sesiones más de pizarra terminarán con la inexperiencia y los motivos que me han llevado a escribir este artículo se desvanecerán en el olvido... ...y eso estoy convencido de que ocurrirá muy pronto.
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Pequeña Masacre en
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Redacción: La Primavera