Cada fin de semana espero con impaciencia el artículo publicado en El Semanal bajo el epígrafe A sangre fría, que firma Arturo Pérez Reverte. Cada fin de semana leo con meticulosidad las verdades como puños que escribe y las descripciones que un par de columnas dan de sí.
Pérez Reverte escribe sobre desheredados, cuenta las desgracias del obrero, la miseria del gitano y la honradez de la que se valen. Martillea sobre los anuncios JASP y la generación X, que no tiene nada de X y menos de generación. ¿Qué pasa - se pregunta - con el sufrido televidente que llega a casa y se abandona en los anuncios vida-sana, en los comerciales baratos de cuerpos diez y se mira y solo ve sudor y mucha hipocresía ?. Ve la mierda que le rodea y se cansa de todo ( la verdad, ver esto da ganas de pegarse un tiro ).
Cada fin de semana, digo, leo hipnotizado, con ánimo de deshincharme, hastiado de la mediocridad de la televisión, de la política ( al fin y al cabo, niños jugando al Monopoly ) y de los que pueden y no quieren.
A Reverte le conocí en Crisol gracias a una fugaz llamada telefónica de un amigo, y corriendo aguanté la cola infinita hasta llegar a él cuando mi amigo, cansado, se había ido ya.
- ¿ Con ganas de dejar toda esta parafernalia ? - pregunté.
Me contestó con una mirada y una sonrisa que me bastaron para entender un sí.
Al cabo le dije que me gustaría ser escritor y que me dedicaba, en mis ratos libres,a fomentar esta apetencia, y por esto le interrogué acerca de algunos libros que me pudieran instruir.
Ante esto, yo esperaba que me rebelara el secreto del escritor, sin embargo me llegaron nombres ya conocidos, Galdós, Dumas, Conrad, maestros de la aventura, tal y como le salen las novelas a Reverte, mágicas.
Aunque conocía los autores no dejé de prestar atención a sus palabras y cuando,después de escucharle, me iba, me llamó y me dijo:
- No olvides que los buenos libros nunca dejan de leerse.
Hoy, no sabe Arturo Pérez Reverte que estoy en la carrera más dispar, y que poco o nada tiene que ver con lo que, a escondidas practico. Pero el arriba firmante (por emplear una de sus frases) sabe a buen seguro que nunca dejará de leer los libros que le llenaron, que no olvidará los momentos que sintió indagando entre piezas de ajedrez o entre esgrimistas y sabe también que nunca dejará de escribir, ni de leer tanto a Galdós como a Reverte.
Sin embargo, siento miedo. Este temor que se convierte en asco muy pronto, es debido al ¿nuevo? concepto de literatura que amanece cada día.
Algunos, como Reverte, se documentan y estudian, entre artículos, su próxima novela. Otros se sientan en su casa y ¿escriben? sobre jóvenes haciendo uso de la literatura (por llamarlo de alguna forma, pues de esto solo tiene las letras) para transmitir la nada. Me estoy refiriendo a las novelas "Nadal" que últimamente pegan más fuerte y que más bombo están dando; primero fue Historias del Kronen, con su puta generación joven-drogadicta y la filosofía tira-tías, porrera y, en definitiva en estado de nirvana total, la otra, Matando dinosaurios con tirachinas, que no me hace salir de mi asombro al leer al filólogo objetor que a fuerza de subir escaleras a pie se cree hombre y que por dar dos o tres toques de originalidad a la ¿novela? se cree escritor.
Otros, que entre guerra y guerra se iban a otra guerra saben mucho más de hombres, letras y sentido común que un estúpido nene de papá que estudia una carrera, le dicen quién fue Cervantes, y se pone a ver si él hace lo mismo, y va, y los que pueden y no quieren le dan doce kilos por nada.
En fin, algo les salva de las llamas, y es que, al menos se inclinan por escribir y fomentar el olvido del lector. Olvido de la vida que le rodea y la hacen escapar por unas horas (como las peliculas que ahora son films); siguen siendo contadores de historias.
Doy gracias pues, a éstos por contribuir y a los que como Reverte, lo dan todo y dejan en el papel la ilusión y la mentira que tanto placer nos da; la lectura.
Con el tiempo, como en las novelas, todo se arreglará. O Casi...
Sumario
Ensayo filosófico sobre las probabilidades
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