Todo hacía presagiar que ese iba a ser otro día tranquilo... por lo pronto, la típica siestecilla en Tecnología y el típico cafetito de mitad de clase en la máquina de la planta baja así lo confirmaban... las notas de aquel odioso examen habían salido hace poco, con pulida general como de costumbre. "Es que ni los Jasp esos hubieran sabido hacer el Doom con tres 555 y un reloj que lo daban de regalo en las cajas de galletas" me comentó un colega. También había llegado la época de esquilar a los borreguicos, cuyos balidos ya no se oían tan dulces como antaño... en efecto, todo hacía presagiar que aquel iba a ser otro día tranquilo.
Me dirigí hacia el ascensor para ir a la sala de estudios (?) y oprimí el botón y las puertas se cerraron... De repente una explosión, y una onda expansiva me incrustó en las paredes del ascensor y un poco más y me quedo sin riñones. Pensé que aquello no podia ser debido a un electrolítico en inversa o un 741 mal polarizado, aquello debía haber sido obra de una mente depravada y asesina que sabía manejar como nadie los secretos del Tocci y los tomos de la UNED... no pude saberlo hasta que recuperé el sentido y los piños que me habían saltado por los aires. Me reincorporé, y me dirigí hacia el laboratorio de donde salió tal ruido, y horrorizado pude ver a los monitores masacrados y violados, hechos unos zorros tirados por los suelos... "Una cosa es que no sepan cómo se hace la practica, y otra es hacer una orgía masoquista a su costa", pensé... Pero alguien estaba vivo dentro de ese infierno, pues aquellos lamentos eran signos evidentes de vida entre ese escenario de destrucción: "¡¡¡La madre que hizo al #@!>& ese!!!"; era el-hombre-que-fuma-whisky-en-pipa. Me acerqué a él "Dios mio, no me siento las piernas"... La originalidad no podía ser evidente en tal situación, ya que, efectivamente, sus piernas estaban colgadas del techo con dos cocodrilo-cocodrilo en forma de cruz sangrienta y diabólica... "Es un mostruo, de feo, claro... me obligó a hacer un módulo robótico nuclear, y ahora es imparable... ¡con su poder dominará el mundo y nadie podrá impedir la destrucción de la especie humana!...." y dicho esto, la palmó.
Furioso, me levanté con rabia, y de repente me vi frente a un espejo con el pelo rubio. "¡Vaya, así que soy un Guerrero del Espacio!"; fue un fastidio ver el cubata whisky de garrafa que se me había caido en el pelo al darme con la estantería cuando me puse en pie... a ver si además de fumar whisky también se le da al lingotazo, hombre, seriedad en el trabajo, que no por ser monitor se deben tener esos privilegios... Total, que decidí seguir el rastro de aquel mostruo, lo cual no era difícil, con los cuerpos de borregos devastados con resistencias de 1K clavadas como agujas de acupuntura en las partes más recónditas de toda esa anatomía masacrada y harapienta que se mostraba cual espectáculo macabro ante mis ojos... No había duda, aquello se dirigía a La Redona... . Llegué, y con gran asombro vi a mi colega el Olegario, pero diez veces más grande, escupiendo a todo Dios que se le ponía a tiro, y comiendose las pizzas (?) de la segunda planta. Antes de que le diera la diarrea (por lo de comerse las pizzas) y temiendo que aquello sólo lo podía solucionar un servidor, que por otra parte tambien estaba a punto de tener diarrea pero por motivos diferentes, armado de valor, me eché al ruedo macabro y me puse a hablar con él:
-Ole, conio, qué te ha pasado, colega...
-No te acerques, te podría arrancar la cabeza y usarte de lapiz de labios...
-Ole, ¿amás de mostruo, maricón?... dime por que lo has hecho.
-Me ha dejado, por el camarero de esta putrida cafetería... La vida es un infierno, y yo quiero ser el Diablo Robótico...Voy a asesinar al cabrón del camarero, pero el muy... se ha metido en los wateres, y tu ya sabes que ahí no hay nadie en su sano juicio que se meta... así que estoy esperando o a que se atufe o a que salga y ñamñamñamñam... - decía el Ole mientras una lluvia viscosa de babas caía sobre la sangre y un olor de aliento mortificante invadía el Campus.
-Estás loco, necesitas un psiquiatra -le dije yo, todo original-. No se puede ir matando a la gente sin pedir permiso. Le dices: "Hola, buen hombre, me han entrado unas ganas tremendas de sacarle las tripas por la oreja derecha. ¿no le molestaría que le masacrase un poquito, sólo para divertirme?"
Y va el tío y se me enfada. Los protones se le salían de los ojos, escupía lava plutonica de la boca y comenzó a cantar canciones de Enriquito Iglesias... Eso, para mí, ya era el no va más. El Ole ya me tenía harto, así que cogí y compré un pollo con guarnición, eufemísticamente llamada patatas fritas, que son así como unas tiras amarillas de ¿plástico? pintado con témpera barata... en fin, que cogí las patatas y con muy mala leche se las hice tragar aprovechando que cogió de una vez al pobre camarero y se estaba pintando los labios a lo Inés Sastre. La combinación "patatas"-pizza fue explosiva, y el pobre Ole la palmó con tan mala pata que destruyó completamente la Escuela de Teleco en sus agonías y se cayó encima de Derecho, tumbado y con la patita estirada como es de menester. La gente que quedó viva me vitoreaba, no sé si por cargarme el bicho aquel o por que sabían que los espedientes habían desaparecido y no habría clase en algunos días... fue un gran día, sobre todo para los hospitales privados, que hicieron su agosto.
Al día siguiente, estaba paseando con mi pierna rota y con un brazo en cabestrillo por lo que quedaba de lo que había sido la Escuela de Teleco, con una cámara del programa de Nieves Herrero. Estaba un mogollón de peña limpiando las basuras, y no sé si será impresión o qué, me vi a aquel cocinero de La Redona recogiendo toda aquella inmundicia masacrada y podrida y la ponía en unos botes en los que se podía leer "Carne de Hamburguesas". Era curioso, pero hacía un mes pasó algo similar en Agrónomos, con un mostruo-lechuga, que luego resultó ser un alumno que se implantó dos idem y tres pepinos porque quería vengarse de su novia por aspectos puramente taurinos, y también todo acabó en La Redona, no sé si porque las plazas de toros no tienen esquinas. La verdad es que no sé lo que pensar... ¿acaso todo lo que pasó no es fortuito?. Por si acaso, desde aquel día intento evitar comer en La Redona, por si me encuentro al Olegario en la sopa...
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El abogado del diablo