PATRIA ES HUMANIDAD

(José Martí)

El sacerdote jesuita Anthony de Mello nació en Bombay en 1931 y falleció en Nueva York en 1987. Creador del instituto "Sadhana" de Orientación Pastoral en Lonavia, India, se ha convertido en un 'clásico' de la espiritualidad cristiana. Sus obras se han traducido a 40 idiomas y han sido publicadas en castellano por la ed. Sal Terrae.

En la mayoría de sus obras hay cuentos: budistas, cristianos, Zen, asideos, rusos, chinos, hindúes, Sufi, antiguos... Según Tony, si se leen de una determinada manera, ocasionan un verdadero crecimiento espiritual. Hay tres modos de hacerlo:

  1. Leer un cuento una sola vez y pasar al siguiente. Este modo de leer sirve únicamente de entretenimiento.
  2. Leer un cuento dos veces, reflexionar sobre él y aplicarlo a la propia vida.
  3. Volver a leer el cuento, después de haber reflexionado sobre él. Crear un silencio interior y dejar que el cuento le revele a uno su profundo significado interno. Un significado que va mucho más allá de las palabras y las reflexiones. Esto lleva progresivamente a adquirir una especie de sensibilidad para lo místico.
También se puede tener presente el cuento durante todo el día y dejar que su fragancia o su melodía te ronde. Es preciso dejar hablar al corazón, no al cerebro.

Como advertía Tony en El canto del pájaro:

La mayor parte de los cuentos van acompañados de un comentario, el cual no pretende ser sino un ejemplo del tipo de comentario que cada cual puede hacer. Haga el lector sus propios comentarios, sin conformarse con los que ofrece el libro, porque estos muchas veces evidenciarán su carácter limitativo y, en ocasiones, hasta engañoso.

¡Cuidado con aplicar el cuento a cualquier persona que no sea uno mismo! Si así se hace, el cuento será espiritualmente dañoso. Cada uno de estos cuentos tiene que ver con uno mismo, no con cualquier otra persona.

En gran número, los cuentos están sacados de las obras de Tony, que no hizo sino recopilar el saber popular. También he utilizado de otros autores y por supuesto cualquier historia que se me haga llegar. Lo mejor de Tony es que fue una persona tolerante y no creyó en las fronteras. El siguiente capítulo se recoge del libro Salió el sembrador..., de su hermano Carlos G. Vallés:

Ésta es una historia que Tony contó con frecuencia y nunca publicó. Para él el patriotismo no era virtud o mérito, sino un condicionamiento impuesto desde fuera y manipulado con fines egoístas y resultados desastrosos, como testimonian la historia de todos los tiempos y todos los periódicos de todos los días. Estados y naciones son divisiones necesarias por un lado para hacer manejable el gobierno de los pueblos, pero arbitrarias en su trazado y, con frecuencia, violentas en su origen. Las fronteras son las causas de las guerras, y esas fronteras, hoy sagradas, fueron un día impuestas por un tratado injusto o un poder extranjero. No hay más que ver ciertas fronteras hechas con tiralíneas en el mapa de África o leer cómo se trazó la línea divisoria entre la India y Paquistán cuando se hicieron independientes, para caer en la cuenta de lo absurdo de toda frontera y de lo cuestionable del concepto de patria, por sublime que se le haga parecer.

Las guerras entre la India y Paquistán son el escenario de esta historia de Tony, como igual podía serlo cualquier otra guerra fronteriza en cualquier época. Él habla desde su país, la 'Madre India' venerada y defendida por sus millones de hijos, pero sin prejuicio alguno contra ningún otro país, ya que precisamente su intención es borar las diferencias nacionales, tan dadas por supuestas como infundadas en la realidad. La idea, sin embargo, era nueva y atrevida y podía prestarse a malentendidos, y quizá por eso no la confió nunca a la imprenta. Si la historia era original de Tony o no, no lo sé, pero tiene todas las trazas de serlo.

Durante una de las recientes guerras entre la India y Paquistán, unos oficiales del ejército paquistaní fueron hechos prisioneros por los indios y custodiados como correspondía a su rango hasta el final de las hostilidades. Cuando llegó el día de devolverlos a su patria, se presentó un oficial indio, los puso en libertad, los acompañó hasta el límite de los dos países y les dijo: "Aquella línea de árboles que ven ustedes es la frontera entre la India y Pakistán. Una vez que la crucen, estarán en su tierra. ¡Buena suerte!"

Los oficiales paquistaníes, al divisar su tierra, se llenaron de alegría, salieron corriendo, pasaron la línea de árboles y, al llegar a suelo paquistaní, se arrodillaron y comenzaron a besarlo, a derrarmar lágrimas de gozo y a decir: "¡Oh, Madre Paquistán! Te amamos, te servimos, te veneramos. Hemos sufrido por ti, y por ti sufriríamos mucho más, hasta derramar gustosos nuestra sangre por tu seguridad y tu gloria. Sólo el pisar otra vez tu bendito suelo nos hace felices."

En esto estaban los fervorosos oficiales cuando se les acercó corriendo, pòr detrás, el oficial indio, que blandía unos papeles en su mano y comenzó a decirles en cuanto consiguió que le prestaran atención: "Ustedes perdonen, si les interrumpo, pero ha habido un error. Acabo de mirar bien el mapa, y Paquistán no comienza en esta línea de árboles, sino en la siguiente que ven ustedes cien metros más allá. El terreno en que están ustedes es todavía la India. Tengan la bondad de trasladarse un poco más allá, y estarán en su casa. Espero no les haya causado ninguna molestia, y vuelvo a presentarles mis excusas."

En este momento los libros de Tony se distribuyen (al menos en España) con una nota de la Congregación para la doctrina y la fe que preside el cardenal Joseph Ratzinger. Después de leerla detenidamente, lo único que me quedó claro, es que debía tirarla en un contenedor de papel reciclado.

Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto que la cuna del hombre la mecen los cuentos, que los gritos del hombre los taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos... Yo no sé muchas cosas, es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos... Y sé todos los cuentos.
(León Felipe)

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