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juliol - setembre 2003

 

Pensar València, llibre publicat en setembre de 2003 per l'UPV, recull 7 articles sobre les transformacions urbanístiques en curs a la Ciutat de València

 

Accés al text de Fernando Gaja i Díaz: VALÈNCIA LA CONSOLIDACIÓ DE LA CIUTAT MODERNA: UN MODEL DESENVOLUPISTA INSOSTENIBLE.

 

Fernando Gaja i Díaz [2003]: Revolució Informacional, Crisi Ecològica i Urbanisme. Editorial UPV, València.

 

A la venda a publicacions de l'UPV

 

 

DE LA METRÓPOLIS INDUSTRIAL MODERNA A LA REGIÓN URBANA INFORMACIONAL DIFUSA. Publicat al Catàleg de la Exposició "DE LA GRANOTA BLAVA AL COLL BLANC" Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana, juliol 2003

DE LA GRANOTA BLAVA AL COLL BLANC. Transformació social entre l’era industrial i les tecnoestructures. Alacant. Llotja del Peix, del 24 de juliol al 9 de setembre


 

 

 

SOBRE LA FORMA LA CIUDAD INFORMACIONAL. ¿DE LA METRÓPOLIS INDUSTRIAL MODERNA A LA REGIÓN URBANA INFORMACIONAL DIFUSA?  Ponència presentada al I Congrés Internacional Ciutat i Territori  "La Metròpoli del Present i del Futur", Barcelona, juliol 2003

 

   

EL SUELO COMO EXCUSA: EL DESARROLLISMO RAMPANTE.  Article per a la revista Cuadernos de Investigación Marxista (en premsa), setembre de 2003

 

 

Debat sobre el Pla Especial de Protecció y Reforma Interior de la Muralla Árabe

 

Accés al text de presentació del Debat del dijous, 2 d'octubre de 2003.

EL PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN Y REFORMA INTERIOR DE LA MURALLA ÁRABE

 

Accés al text de Fernando Gaja i Díaz, Debat 8 maig de 2003, ETSAV:

LA CIUTAT VELLA: BALANÇ DE DUES DÈCADES. PLANS, ESTRATÈGIES I MODELS. IDEES I REALITZACIONS

 

 


 

 EL SUELO COMO EXCUSA: EL DESARROLLISMO RAMPANTE.

Fernando Gaja i Díaz[1]

Bajo el viento del Siroco…

ÍNDICE

Introducción

Una legislación impulsora del desarrollismo, y más…

Objetivo central: la reducción de los precios del suelo

Los abusos sobre los propietarios del suelo

Una nueva estructura fundiaria

De discrecionalidades, arbitrariedades, ilegalidades e infracciones

Los Ayuntamientos saben, pero no contestan.

Otros daños no tan colaterales: la extinción del planeamiento

A modo de conclusión. Cuestionar la mayor: el modelo productivista (desarrollista)

Bibliografía

 

 

Introducción

Hablar de las relaciones entre suelo y vivienda invita e incita a adoptar un enfoque económico (y economicista) e intentar comprobar hasta que punto la imparable carestía de la vivienda es debida a los llamados “estrangulamientos” en el mercado del suelo urbano. Loable y útil intento que seguramente expertos mejor preparados podrán abordar. Este texto tiene un objeto más modesto: se limita a constatar que ante una oferta desbordada, sobredimensionada, excesiva, sin límites ni mesura (y podríamos añadir todos los adjetivos que nos plazca para describir una realidad en la que toda racionalidad, toda noción de cordura, de límite, de freno, de contención, ha sido abandonada), fomentada y alentada en el País Valenciano por una legislación nacida con ese objetivo, los precios del suelo y de la vivienda no sólo no bajan, ni se estabilizan, sino que no cesan de aumentar por encima de indicadores de referencia como pueda ser el IPC, desmintiendo la interesada afirmación de que la falta de suelo es el principal o único responsable de los fenómenos especulativos en el ámbito inmobiliario.

En el País Valenciano, como en gran parte del resto del Estado, vivimos desde hace una década un boom inmobiliario, una oleada urbanizadora sin precedentes. Probablemente no quedará otra opción que esperar a que pase el temporal, para hacer balance de daños y perjuicios: el litoral macizado, el consumo de recursos elevado a cotas que no podrán satisfacerse, el despilfarro de recursos públicos convertido en norma, los mejores suelos agrícolas sacrificados a la vorágine constructora, las bases de una economía histórica (poco espectacular, tradicional, pero creadora de empleo estable, de riqueza durable) quebradas. En fin, una catástrofe nada natural que asola este país (valenciano), satisfecho y complaciente con lo que está pasando.

A principios del siglo XXI una coyuntura excepcional se ha dado para aunar circunstancias sinérgicas, con la resultante del mencionado boom, una oleada urbanizadora de magnitudes insólitas, que por arrancar del litoral podemos gráficamente describir como un tsunami urbanístico. Este maremoto ha sido posible por la conjunción astral de fatalidades, que nada tienen de ineluctables, pero sí mucho de aciagas. Unas son de orden estrictamente económico y tienen que ver con el ciclo y la coyuntura económica que han alimentado artificialmente una demanda, cuya durabilidad a largo plazo es harto dudosa. La bajada de los precios del dinero, la ausencia de alternativas inversoras más rentables, el afloramiento de ingentes masas de dinero negro forzado por la adopción del euro, la tradicional capacidad “blanqueadora” del sector inmobiliario, el acrecido potencial ahorrador de un sector de la población, etc. Pero estas razones financieras no serían suficientes para explicar la magnitud del boom, hay que sumarles otras de diversa índole. Entre ellas yo destacaría las culturales: el arraigado comportamiento de los súbditos de este Estado para quienes la inversión en vivienda, en edificación, tiene un carácter casi sacro ―creencia que irracionalmente se consolida con el tópico de la seguridad de la inversión inmobiliaria, y de la imposibilidad de que puedan darse decrecimientos en su valor, un dogma que la realidad ha desmentido abruptamente en latitudes próximas y lejanas―.

En este artículo vamos a analizar los efectos de una legislación autonómica, la LRAU valenciana de 1994, diseñada específicamente para combatir el incremento de los precios del suelo, sus efectos sobre el mercado del suelo y la producción del espacio urbanizado más en general.

 

 

Una legislación impulsora del desarrollismo, y más…

El caso valenciano es buen laboratorio para comprobar los efectos de una política urbanística cuyo objetivo central es la reducción de los precios del suelo. A los anteriores argumentos (el ciclo expansivo, la irrupción de dinero negro,…) se ha sumado la aprobación en 1994 de una ley urbanística autonómica, la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística, cuyos consecuencias vamos a analizar. En el año 2000, publiqué en la revista Urban un artículo donde hacía balance del primer sexenio de su vigencia [Gaja, 2000]. Un inventario que llamaba la atención sobre lo que entonces eran ya síntomas preocupantes. La polémica, desde entonces, no ha cejado[2], y los peores presagios se han confirmado.

La LRAU fue una de las últimas leyes aprobadas por el gobierno autonómico del PSPV-PSOE antes de que la derecha ganara las elecciones en 1995. Presentada como una norma que pretendía liquidar una estructura fundiaria urbana pre-moderna (feudal se llegó a decir), fue, quizás por eso mismo, duramente atacada por la derecha desde la oposición. Pero los ataques, bien pronto se verían, eran en realidad fuegos artificiales, retórica electoral. Ganados los comicios, la derecha gobernante se convirtió en su más acérrima defensora. ¿A qué se debe esta metamorfosis?, ¿regeneración social, centrismo político? Nada de eso, pura identidad y convergencia de intereses.

La LRAU se construye a partir de dos hipótesis explícitas: la primera es que los propietarios son el principal obstáculo que se opone a la “modernización” del sector inmobiliario ―”modernización” es el eufemismo al uso para designar un funcionamiento ajustado a las reglas de la economía de mercado “liberalizado”, es decir a un capitalismo sin regulaciones protectivas―; y la segunda, que el suelo es el principal factor de carestía de los productos inmobiliarios[3]. Amunicionados con estas dos hipótesis por todo bagaje conceptual, la conclusión es clara: se impone acabar con los terratenientes clásicos, devenidos capa parasitaria. Y a ello se dedica con denuedo la LRAU, a anular la posición hegemónica de los propietarios del suelo y a auspiciar una política de fomento a toda costa de la producción de suelo urbanizado.

Para ello la LRAU, al margen de otras innovaciones menores establece como mecanismo general de aplicación de los planes urbanísticos lo se ha denominado ejecución privada sustitutoria, bajo un sistema (supuestamente) concurrencial. Se trata de dotar a los privados, a empresas constructoras-promotoras especializadas (los “urbanizadores”), de amplias capacidades que les permitan actuar “como si fueran Administración”, ejecutando los planes de forma sumarísima e investidas de la autoridad que la Administración les ha transferido.

El mecanismo se defiende a partir de una elemental y simplificada (casi simple) hipótesis central, que el aumento de la producción de suelo urbanizado reducirá su precio, desconociendo toda otra reflexión sobre la formación de las rentas del suelo, y su carácter de mercado imperfecto. En todo caso, este ideal (que no real) mecanismo de descenso de los precios del suelo, vía sobreproducción, sólo afectaría a lo que ya hace años Campos Venuti denominó especulación primaria (la que tiene lugar en el proceso de producción originario del suelo urbano/urbanizado), sin incidir en medida alguna a la denominada especulación secundaria, la que se produce en las sucesivas transferencias, una vez que el suelo ha alcanzado su condición de urbano y urbanizado, y que tiene en la retención su piedra angular[4]. Ignora además la LRAU que la renta del suelo se conforma a partir de tres sumandos, la denominada Renta Absoluta, la de Posición y la de Oferta u Oligopolio, y que sólo la tercera se vería, hipotéticamente afectada por coyunturas de sobreoferta, mientras que no incide en las otras dos, cuyo peso en la formación final del precio es determinante. Son cuestiones básicas y sobradamente conocidas que atañen al mercado del suelo urbano, y que no se pueden obviar a la hora de promulgar medidas cuya incidencia en la transformación de las ciudades y del territorio rústico es determinante (y probablemente letal).

La figura y el procedimiento que en consecuencia ha instaurado es denominada Programa para el desarrollo de Actuaciones Integradas (PAI, en la jerga urbanística). Un contundente instrumento que permite al “urbanizador” (el nuevo agente creado por la LRAU, un especie de promotor-constructor dedicado en exclusiva a la promoción y construcción de la urbanización) acometer operaciones sin disponer, en algunos casos, de ninguna propiedad en el ámbito de actuación; sin arriesgar prácticamente ningún capital (las medidas coercitivas puestas a su disposición para garantizar y afianzar el pago de las obras por parte de los iniciales propietarios del suelo son de una contundencia y rapidez extrema); actuando con un estatuto semipúblico (formalmente no es un concesionario de la Administración Pública, pero casi…) que le otorga prerrogativas de dudosa justificación, estableciendo y fijando él mismo las condiciones financieras y jurídicas de la operación (ante las que sólo caben la contrapropuesta en plazos sumarísimos, imposibles de cumplir para agentes no profesionales, como son los propietarios del suelo, o el recurso administrativo y judicial), convirtiéndole de hecho en juez y parte de lucrativas operaciones, frente a las que las administraciones locales, normal y desgraciadamente, “se lavan las manos”.

 

 

Objetivo central: la reducción de los precios del suelo

Todos los balances sobre esta Ley y este período coinciden en destacar la satisfacción cuantitativa por los resultados. Está fuera de toda duda que la producción de suelo urbanizado se ha incrementado de forma espectacular; que en una coyuntura expansiva, con un sector inmobiliario desbocado e hiperdimensionado, el efecto de la LRAU ha sido como arrojar gasolina al fuego, pero…¿era ese el objetivo último de la ley?, es decir, ¿se trataba de aumentar sin más la producción o de lograr otros objetivos a través de esa sobreproducción (sobreproducción que tiene unos costes sociales, ecológicos y económicos que deliberadamente se ignoran)? Porque la discusión sobre el balance cuantitativo de la LRAU no puede plantearse al margen de la cada vez más necesaria discusión sobre las ventajas y los inconvenientes del modelo de “producción de ciudad” adoptado; dicho de otro modo, la transformación (desaparición) de extensas superficies de suelo rústicos (agrícolas y naturales) convertidos en terrenos urbanizados, con todas las demandas de recursos y la generación de residuos que ello comporta, no puede plantearse al margen de la valoración cuantitativa de los resultados. En definitiva, se trata de trascender la lógica que contempla la producción, el aumento de la superficie urbanizada como un bien en si mismo, como un signo y un factor de creación de riqueza; se trata de introducir la lógica y el pensamiento ecológico en una cuestión que hasta ahora se ha regido por la más estricta lógica productivista, una aproximación que iguala crecimiento a bienestar, sin mas consideraciones.

Pero dentro de la lógica productivista, desarrollista, en la que se mueve la LRAU, incluso desde estos valores y referencias, la satisfacción ante los objetivos cumplidos es más que dudosa.  Efectivamente han aumentado el número de Programas de Actuación Integrada (PAIs), la inversión se ha disparado, la cantidad de hectáreas urbanizadas y listas para edificar ha alcanzado niveles sin precedentes, se han reducido los plazos de gestión, pero en estos balances no se menciona nunca la otra cara de la moneda. No se mencionan los efectos indeseados del modelo elegido: el retroceso (en términos relativos) de las operaciones de iniciativa pública; la galopante concentración de la propiedad del suelo en pocas manos (casi siempre de operadores “especializados”), y otros efectos que a continuación se detallan.

En el debate actual el punto central es siempre la reducción o contención de los precios del suelo (un debate que en mi opinión está viciado de raíz, está mal enfocado). Pero aún así, mis datos revelaban que ya en el 2000 los precios del suelo no se habían moderado [Gaja, 2000], afirmación que otros autores han confirmado al tiempo que denunciaban la existencia de fenómenos de retención especulativa [Sorribes, 1997].

En nuestro análisis, vamos a partir de los datos más actualizados aportados por Roger [2002, 446]. Para ello ordenaremos en forma creciente los precios medios por metro cuadrado construido en viviendas de nueva construcción en capitales de provincia de los actuales 17 entes autonómicos, en lugar de hacerlo, como en el artículo de referencia, alfabéticamente, al tiempo que calcularemos los incrementos de precios entre 1998-2001. Esta sencilla operación pone de manifiesto interesantes cuestiones.

Capitales provinciales de Comunidad Autónomas

Precios en 1998

Precios en 2001

Incremento sobre precio medio estatal

Incremento 1998-2001

Extremadura

101,6

117,6

+52,68

+15,75

Castilla-Mancha

117,2

147,1

+62,18

+25,51

Murcia

118,4

160,1

+65,78

+35,22

País Valenciano

122,7

157,6

+67,51

+28,44

Andalucía

123,8

164,7

+68,39

+33,04

Rioja

129,4

173,5

+71,94

+34,08

Islas Baleares

131,2

190,0

+72,30

+44,82

Galicia

140,0

169,2

+74,30

+20,86

Islas Canarias

142,0

203,2

+79,43

+43,10

Aragón

149,5

202,5

+82,72

+35,45

Castilla-León

153,9

200,2

+84,74

+30,08

Navarra

155,0

225,5

+86,85

+45,48

Asturias

169,3

214,3

+94,01

+26,58

Cantabria

170,5

211,8

+89,50

+24,22

País Vasco

232,5

314,3

+126,48

+35,18

Catalunya

248,1

345,4

+138,85

+39,22

Madrid

261,4

343,6

+142,59

+31,45

En relación al precio medio estatal, y hasta el escalón de precios que marcan las capitales del País Vasco, Cataluña y Madrid, con la única y mínima excepción de Santander, para todas las demás ciudades, la subida de precios mantiene el ranking fijado por los precios iniciales (1998); es decir, la vivienda ha subido más en las ciudades más caras, y menos en las más baratas.

Pero si comparamos ahora el “ranking” de incrementos de precios en el período 1998-2001, comprobaremos que, con alguna excepción (y destaca el “bajón” en términos relativos de los precios en las capitales gallegas, y el fuerte “empujón” en Pamplona-Iruña y las Islas, Baleares y Canarias), también se mantienen las posiciones. Incrementos entre el 15 y el 25 (aproximadamente) tuvieron las capitales de Extremadura, Galicia, Cantabria y Castilla-La Mancha; entre el 25 y el 35: las de Asturias, País Valenciano, Castilla-León, Madrid, Andalucía y Rioja. Situándose el resto por encima del 35 %. Aparentemente, pues, la puesta en vigor no ha supuesto una reducción de los precios de la vivienda, vía precios del suelo, es decir, se confirma que la vivienda ha subido más en las ciudades más caras, y menos en las más baratas, ratificando de nuevo que las medidas legislativas han dado pocos resultados, que apenas han afectado al incremento de los precios de la vivienda en términos relativos.

Una interpretación. Que la formación de los precios del suelo no se comporta de acuerdo con los angelicales modelos de competencia perfecta es algo que sabe cualquier lego en economía (por algo se habla de renta del suelo, no de precio), pero es que además el precio del suelo es uno más de los factores que intervienen en la formación del precio de la vivienda, de modo que cualquier eventual reducción de esta componente (en el supuesto de que realmente se hayan dado, conclusión harto precipitada, e incluso prejuiciada) puede ser absorbida por otros costes. En concreto, en las capitales del País Valenciano los precios de la vivienda siempre han sido inferiores a los de la media estatal[5], por tanto si en la actualidad siguen siendo inferiores (sin que apenas haya habido una variación en términos relativos) difícilmente puede ser imputado en el haber de la LRAU.

 

 

Algunos efectos de la LRAU, el “debe”.

En cambio se habla poco del “debe” de esta ley, de sus efectos perversos o indeseados[6]. Enunciados en forma sintética podríamos apuntar los siguientes:

i)        Los abusos sobre los propietarios del suelo

ii)       La concentración de la propiedad, con la creación de un mercado oligopólico

iii)     El exceso de discrecionalidad, campo abonado a todo tipo de ilegalidades e infracciones.

iv)     La pérdida de protagonismo, de dirección y control de la Administración Pública

v)      El eclipse (o extinción) del planeamiento urbanístico.

 

 

Los abusos sobre los propietarios del suelo

Lo mínimo que puede afirmarse es que a la LRAU “se le ha ido la mano”; que las facultades otorgadas a los “urbanizadores”, son casi omnímodas; que, en la realidad, lo que se está produciendo es una transferencia de rentas de los propietarios fundiarios a los agentes urbanizadores, pero que esta transferencia, sin embargo, no se traduce en una reducción de los precios del suelo. Y este es el meollo de la cuestión: en ausencia de contrapesos y mecanismos de control y regulación, las rentas fluyen de los propietarios del suelo a los urbanizadores, sin que se dé una sensible disminución de los precios del suelo. 

No quiero entrar en la valoración (¿moral, social, ética?) de lo que les acontece a los propietarios fundiarios, sólo constatar que el marco normativo ha procurado a las empresas mecanismos para doblegar el papel hegemónico, históricamente consolidado, de los terratenientes, y que el nuevo grupo dominante ha conseguido orillar toda reivindicación social, todo transferencia o reparto de protagonismo (¡y no digamos de rentas!) a la sociedad civil. Los cauces de participación social (más allá de la defensa de los intereses de los propietarios del suelo, que son dos cosas distintas) se han visto de facto reducidos a la mínima expresión. Normalmente, el ciudadano-no-propietario tiene otro acceso al conocimiento de las operaciones urbanísticas que le afectan directamente, sino… ¡por medio de las vallas anunciadoras! No es una broma, ni un sarcasmo o una ironía, es una realidad. Incluso los grupos ecologistas y medioambientalistas más preocupados por el tema se enfrentan a dificultades de todo tipo para acceder a la información básica de las operaciones en curso.

Los abusos sobre los propietarios del suelo tienen lugar por varias razones:

a)   por la brevedad de los plazos de las tramitaciones que apenas les permite “reaccionar” ante propuestas que han sido elaboradas “discretamente” por los urbanizadores durante meses (y ello sin contar el desconocimiento técnico)

b)   por el hecho de que sea el urbanizador quien valore económicamente el coste de la operación, fijando en el caso de pago en especie el porcentaje que se (auto) atribuye como retribución[7]

c)   por la complicidad de la Administración Pública con los urbanizadores, quienes son contemplados como una especie de Mister Marshall frente a las “manos muertas” de los terratenientes

d)   por las amplias facultades dispensadas, por ley, a los urbanizadores para ejecutar y cobrar las operaciones, lo que les otorga prerrogativas típicas de la Administración y sitúa a los propietarios del suelo en una posición claramente subordinada, lindante con la indefensión.

A los propietarios les quedan pocas opciones: el recurso administrativo, y el vía crucis judicial. No puede extrañar por tanto, la aparición de asociaciones de propietarios perjudicados por actuaciones urbanísticas (en un grupo social tan poco dado a la asociación y a la acción solidaria), síntoma de que para ellos, pintan bastos.

Pero no sólo para ellos, ¿dónde está la defensa de los intereses públicos, generales, colectivos, razón de ser y guía de una Administración Pública democrática?, ¿dónde la preocupación por el modelo de urbanización del territorio?, ¿dónde la previsión de los escenarios de futuro que se van a derivar de la loca actitud productivista, que consume sin ton, ni son recursos finitos y no reciclables? Todo se ofrenda, en aras del aumento de la producción de suelo urbanizado, sin que haya evidencias (más bien al contrario) de que realmente incida en una bajada de los precios del suelo.

 

 

Una nueva estructura fundiaria

Hay que estar asimismo atentos a los cambios que se están produciendo en la estructura de la propiedad del suelo. Y aquí si nos encontramos con una situación ciertamente novedosa. La estructura de la propiedad del suelo en las principales áreas urbanas del País Valenciano respondía históricamente a un modelo con fuerte predominio del minifundio (ésta era una de las razones que incidían en el diferencial de precios con las grandes ciudades del resto del Estado). La situación está dando un vuelco espectacular, en lo que al suelo urbano y urbanizado se refiere. Tras la aplicación de los PAI se está conformando una nueva estructura fundiaria en la que destacan las grandes empresas urbanizadoras como los principales propietarios.

Es frecuente que los pequeños propietarios no pueden hacer frente a los fuertes (y “sobredimensionados”) pagos que les exigen los urbanizadores por la ejecución de las obras (donde se incluyen todos los costes de la promoción: publicidad, gestión, marketing, honorarios técnicos de todo tipo,…) y opten por el llamado pago en especie; es decir, transferir una parte de su propiedad (fijada por el urbanizador) como retribución de la operación. Los porcentajes habituales se sitúan en un entorno del 50 %, listón que es superado con frecuencia[8]. La conclusión no puede ser más obvia, después de la operación el propietario mayoritario suele ser el urbanizador, un agente que dispone de unas amplias posibilidades para incrementar “artificialmente” la factura de gastos y valorar a la baja el precio inicial que se toma como referencia del pago en especie.

 

 

De discrecionalidades, arbitrariedades, ilegalidades e infracciones

A nadie se le puede escapar que el panorama que acabamos de describir es campo abonado para todo tipo de arbitrariedades, ilegalidades e infracciones. Súmese a lo anterior el carácter discrecional de la conveniencia de aceptar y tramitar los PAI por parte de la Administración Pública y tendremos un cóctel explosivo. Y no se trata ya de los derechos de los terratenientes, y por supuesto de los ciudadanos, se trata de lo que Mister Marshall puede llegar a ofrecer cuando está en juego la decisión de tramitar un PAI, una decisión que depende de la discrecionalidad de los ediles de turno[9].

 

 

Los Ayuntamientos saben, pero no contestan.

Ante este inesperado boom inmobiliario, ¿cuál ha sido la actitud del poder local, de los Ayuntamientos? Casi sin excepción, y sin adentrarnos en consideraciones más espinosas, su respuesta ha sido la de subirse al carro del desarrollismo, de la expansión urbanística como un bien en sí mismo, como un objetivo indiscutible e indiscutido de la acción pública. Y en esta singladura se han embarcado casi por igual (desgraciadamente y con contadísimas excepciones) las fuerzas de la izquierda y de la derecha. La ideología y las diferencias políticas se han esfumado ante el reclamo de un negocio, de un maná inesperado, y que se cree durable y persistente.

Las Corporaciones no han sabido (o no han querido) hacer valer su “autoritas” ni su “potestas”, y han dejado a los urbanizadores el campo franco, autoconvencidas con el señuelo del aumento de la riqueza, de la creación de empleos, y sobre todo, por el previsible aumento de la recaudación fiscal local. Un escuálido “plato de lentejas”, frente a las pingües plusvalías que estas operaciones generan. A veces han cedido a cambio de dotaciones y equipamientos simbólicos y mínimos, que encima son presentados como una victoria y una conquista, cuando no pasan de ser casi simbólica limosna para el culto.

¿Y dónde está la Generalitat, el Govern dels valencians? No sabe, no contesta: calla. O peor incluso, cuando actúa lo hace allanando el camino, construyendo grandes infraestructuras que fragmentan e inviabilizan los ecosistemas y actúan como cabeza de puente de su posterior colonización, dando validez a actuaciones como la del Pla de Cabanes que supone establecer acabar con uno de los pocos fragmentos intactos del litoral, o permitiendo la urbanización de la Marjal del Moro (Sagunt), espacios ambos que previamente había protegido como integrantes del Catálogo de Humedales Autonómico.

 

 

Otros daños no tan colaterales: la extinción del planeamiento

Una de las primeras víctimas del actual estado de cosas ha sido el planeamiento urbanístico, la idea de que la sociedad podía y debía dotarse de instrumentos que le permitieran regular y prediseñar el proceso de construcción material de la ciudad. Sutil pero implacablemente se ha ido sembrando la idea de que la forma del espacio urbanizado sólo puede el resultante del “libre” juego de las fuerzas de mercado; que la única racionalidad es la económica, entendida limitadamente como financiera, que no son convenientes (o incluso posibles, en las versiones más extremas) otras racionalidades.

El planeamiento urbanístico se ha convertido en un instrumento sancionador, avalador, de la actividad inmobiliaria; ha perdido toda la carga de reforma social que tuvo en sus orígenes[10]; ha desechado también la capacidad de prefigurar escenarios, de trazar modelos urbanos alternativos. El actual modelo urbanístico es el que resulta de las acciones individuales, guiadas exclusivamente por el beneficio a corto plazo, sin que se tengan en cuenta consideraciones a largo plazo, ni la eventual durabilidad de las estructuras generadas.

Con el suelo como excusa, se está produciendo de facto la disolución del Urbanismo (los más optimistas hablan de un eclipse a la espera de su recuperación). La realidad es que el actual estado de cosas está teniendo unos efectos demoledores sobre la manifestación más consolidada (y efectiva) del Urbanismo: sobre el planeamiento. Los planes dejan de tener sentido y utilidad, si cualquier terreno puede susceptible de urbanización, en cualquier momento. En el País Valenciano, entre otras modificaciones, han desaparecido de los PGOU cualquier referencia a la programación temporal y a la jerarquización de las actuaciones. No hay ya Planes de Etapas, ni Estudios Económico-Financieros, ni Programas de Actuación. Se supone que la Administración debe regular, de forma discrecional, los ritmos y la conveniencia de la actuaciones urbanísticas, pero, como decía un chiste sobre la guerra de Afganistán, ¿qué general es capaz de resistir un cañonazo… de 100.000 dólares?, ¿qué alcalde, qué concejal, qué ayuntamiento es capaz de resistir la propuesta de una gran empresa que promete urbanización llave en mano, puestos de trabajo, aumento de la recaudación fiscal municipales, cesiones y otras “dádivas” si hacen falta? Obviamente muy pocos, de modo que el beatífico y mirífico presupuesto de la LRAU de que la Administración regula, que es capaz de ponderar, “ritmar”, programar el desarrollo urbanístico, imponiendo limitaciones por razones ecológicas, paisajísticas, o de simple velocidad, salta por los aires hecho añicos una y otra vez.

 

 

A modo de conclusión. Cuestionar la mayor: el modelo productivista (desarrollista)

El debate sobre las políticas de suelo y vivienda no puede plantearse al margen de las reflexiones más generales que afectan al modelo urbanístico, y a la sostenibilidad global de los procesos de transformación del territorio. De lo contrario se corre el riesgo de dar por buenas estrategias desarrollistas como la instaurada por la LRAU valenciana. La producción de suelo urbanizado no puede considerarse un fin en si mismo, si no como un medio para lograr un hábitat de mayor calidad y más sostenible ―y si el término sostenible se ha diluido como consecuencia de un uso espurio, digámoslo de forma más clara: un desarrollo sostenible es un desarrollo limitado[11]―. La legislación valenciana ha ignorado este punto de partida, ha prescindido del más elemental principio de precaución que debe aplicarse a toda actuación urbanística.  Quizás si fuéramos conscientes de su irreversibilidad, o si se prefiere de los enormes costes (asumidos socialmente) que implica la reversión (siempre parcial, incompleta e imperfecta) de las operaciones de urbanización que se han acometido (y los casos abundan por estos lares), muchos de los planteamientos actuales se habrían descartado ab initio.

 

 

Casablanca, junio de 2003

 

Bibliografía

Bettini, Virginio [1998]: Elementos de ecología urbana. Editorial Trotta, Madrid

Fernández, Gerardo Roger & Fernández Monedero, Pablo [2002]: Balance Actual del Modelo Urbanístico Valenciano. Apuntes para un Análisis Propositivo”. Revista de Derecho Urbanístico y Medioambiente, Nº 193, pp. 443-465

Gaja i Díaz, Fernando [2000]: La Producción de Suelo Urbanizado como Objetivo de la Actuación Urbanística. Urban, nº 5, pp. 83-101

García-Montalvo, José [2000]: El precio del suelo: la polémica interminable. en García-Milà, J. (Ed.): II Jornada sobre Nuevas Fronteras de la Política Económica. Centre de Recerca en Economía Internacional (CREI), Barcelona.

Secretaría de Urbanismo de la Generalitat Valenciana [2000]: La aplicación de la LRAU tras 40 meses de vigencia. Ciudad y Territorio – Estudios Territoriales, nº 123.

Sorribes i Monrabal, Josep [1997]: Compendre i Gestionar la ciutat: un assaig d´economia i política urbana. Universitat de València, València


[1] Profesor Titular de Urbanística, Escuela Técnica Superior de Arquitectura - UPV

[2] Destacaría los artículos de Gerardo Roger Fernández [2002] y [2003], éste último publicado en el número 6 de la revista Urban, así como el más institucional de la Secretaría de Urbanismo de la Generalitat Valenciana [2000]

[3] No se puede menospreciar la incidencia del precio del suelo en el coste final de la vivienda. Una reciente estimación de Antonio Vercher (El País, viernes 20 de junio de 2003) tasaba la repercusión del precio del suelo hasta en un 50 % del precio final, una exorbitante evaluación que, sin embargo, no se alcanza en la mayoría de los casos.

[4] El malogrado texto refundido de la Ley del Suelo estatal de 1992 sí intentó poner coto a esta patología urbanística y económica. Su final da buena cuenta de las poderosas fuerzas que se unieron para impedirlo, al margen de los problemas y errores que el texto pudiera contener.

[5] En Gaja [2000] intenté elaborar una explicación de este hecho innegable y casi histórico.

[6] Es de justicia reconocer que uno de los textos más críticos ha sido el de Roger [2002], precisamente uno de los artífices de esta ley.

[7] En realidad el urbanizador establece todos los costes: los de urbanización, los del suelo,… Aunque sometido en teoría a la fiscalización de la Administración Local ésta es en la práctica muy débil o casi inexistente.

[8] En algún caso que, fue anulado por los Tribunales, llegaba al 80%

[9] Mientras redacto estas líneas explota el escándalo de los parlamentarios desleales de la Asamblea de la Comunidad Autonómica de Madrid, que desvela una telaraña de artimañas, apaños, acuerdos y convenios rayanos en la ilegalidad, que ponen en el punto de mira social la acción urbanística. Mucho me temo por la forma en que se desarrollando el asunto que la salida probablemente será reclamar menos “rigideces” y aplicar más “flexibilidad”.

[10] Siempre que se plantea esta cuestión rememoro con amargura como la Junta Militar Argentina decretó la suspensión de los estudios de Urbanismo considerados “subversivos”.

[11]       “Límites, no sostenibilidad”, sintetiza y propone Bettini [1998]

 


 

DE LA METRÓPOLIS INDUSTRIAL MODERNA A LA REGIÓN URBANA INFORMACIONAL DIFUSA.

DEL MONO AZUL AL CUELLO BLANCO.

Fernando Gaja i Díaz

 

Vientos de cambio. Partamos de una evidencia, la sociedad de principios de siglo XX se encuentra inmersa en un proceso de (r)evolución acelerada. No otra cosa son los fenómenos de  globalización, de informacionalización y las amenazas que se derivan de la crisis ecológica (y social) planetaria. El modelo de sociedad industrial y el modo de regulación fordista que fue su máxima expresión, al menos en Europa, están hoy en la picota. El objetivo de este texto es, por tanto, reflexionar sobre la naturaleza de estos procesos y su incidencia en la conformación de los nuevos espacios urbanizados, algo que muchos autores ya ni se atreven a llamar “ciudad”. Las reflexiones que aquí se presentan nacen de la perplejidad, del asombro que se deriva del modo y la velocidad en que está cambiando nuestra sociedad y en consecuencia el espacio urbanizado. ¿Cuáles son las coordenadas en las que se mueve la emergencia de las nuevas formas de espacio urbanizado? a) Un escenario de futuro de alta incertidumbre, en crisis (en cambio), sometido a tensiones de todo orden (espaciales, económicas, ecológicas,...); b) un sistema social vivo, abierto, en ebullición, expuesto a procesos caóticos, impredecibles; y c) un espacio urbanizado, que se presenta como desestructurado funcional, jerárquica y formalmente. Unos ámbitos en el que las únicas referencias e hitos son las del pasado (los núcleos tradicionales, los ferrocarriles, los viejos caminos), unos espacios a-culturales, a-temporales.

Una hipótesis: la Revolución Informacional. Como supuesto de nuestro análisis partiremos de una hipótesis fundamental: en la actualidad se está produciendo un cambio estructural radical consistente en el paso de la Sociedad Industrial a otra distinta que se ha dado en llamar Post-Industrial, y que vamos a denominar preferiblemente Informacional. Esta hipótesis sostiene que estamos asistiendo a una transformación de las bases productivas, de lo que podríamos denominar el Sistema Tecnológico Productivo Dominante[1], un proceso que abriría el camino a una nueva era o civilización: la Informacional; un supuesto que no es pacífico, que tiene cualificados detractores y defensores. Lo que parece innegable es que los avances técnicos puestos a disposición del mercado desde mediados de los años ochenta del pasado siglo —la electrónica, la informática y las telecomunicaciones son las tres patas de esta revolución (inicialmente sólo tecnológica) que afecta esencialmente al tratamiento de la información—, están teniendo unos efectos revolucionarios, en sentido estricto: en el de inducir una transformación del conjunto de la sociedad, y por tanto, en lo que a nosotros más nos concierne, del despliegue espacial de la urbanización.

La Tesis del Cambio de Era. La sugestiva hipótesis de la Revolución Informacional, inductora de un cambio de Era, es decir, de la conformación de una nueva sociedad Post-Industrial (Post-Moderna), está construida sobre un razonamiento analógico. Pero esta hipótesis tiene sus puntos débiles, y la analogía sus limitaciones. La formación de la Sociedad Moderna, Industrial o Post-agraria, se inserta en un largo proceso que supera los dos siglos. Para llegar a la formidable revolución tecnológica y social de los siglos XVIII y XIX, fue preciso un cambio de mentalidad que podemos resumir en el ascenso y la hegemonía del pensamiento racional; toda una revolución cultural, ideológica, filosófica iniciada en el Renacimiento. Frente a ellos, los cambios contemporáneos no admiten parangón, y el escaso lapso temporal transcurrido se revela como una seria objeción, sin que el argumento de la aceleración del tempo histórico sea suficiente. La Revolución Industrial fue realmente un cambio global, de conjunto, de la totalidad de la sociedad; supuso la entronización de nuevos valores, destacadamente el triunfo de la razón, de la racionalidad. No existe paralelismo posible con la situación actual, donde aparentemente, los cambios no afectan de manera tan profunda a la forma de pensar, de ver el mundo, a la cosmogonía moderna. Hay, por tanto, serias objeciones a la hipótesis del cambio de Era, y aunque la teorización de las Eras es sumamente atractiva (y redonda) hay que reconocer que presenta algunos claroscuros, puntos y aspectos centrales que no consigue explicar, si bien aporta elementos de interpretación y comprensión muy valiosos.

La transición a la Sociedad Informacional: ¿Post modernidad o Modernidad avanzada? Los detractores de la hipótesis de la transición a la Sociedad Informacional señalan que en realidad la Revolución Informacional sería una nueva fase de la Revolución Industrial, la tercera, inducida por la aparición de las máquinas de procesamiento de la información (ordenadores). La Revolución Industrial ha atravesado hasta finales del siglo XX al menos dos fases diferenciadas. La primera, la fase inicial, corresponde al desarrollo de la primitiva tecnología para la producción fabril (la máquina de vapor, el telar, el ferrocarril,...), la Era del Maquinismo. La segunda, datada a finales del siglo XIX, se articularía sobre innovaciones tecnológicas que permiten el control y empleo masivo de la energía, novedades que contribuirían a elevar todavía más la producción (uso industrial de la energía eléctrica, motor de combustión interna, acero,..). Este segundo conjunto de mejoras técnicas habría desembocado, o como mínimo alentado,  la aparición del fordismo, un modelo social de consumo ampliado o de masas, basado en un circulo causal —ya no se sabe si vicioso o virtuoso— que vincula producción en cadena y consumo. La segunda Revolución Industrial, al igual que la primera, catalizó una profunda revolución social. La historia del siglo XX, tanto en su vertiente más dramática —ascenso del capitalismo industrial, aparición de los totalitarismos capitalista (fascismo) y socialista (estalinismo)—, como en la más noble y progresista —constitución del Estado Social (del "bienestar"), consolidación de los Derechos y Libertades Humanas Individuales y Colectivos (instaurados por la Revolución Francesa y desarrollados por la Soviética)— es indesligable del avance económico y tecnológico que supuso esta segunda fase de la Revolución Industrial.

La aparición de la Sociedad Informacional. A mediados de los años 80 comenzaron a fabricarse y utilizarse masivamente los ordenadores personales, máquinas reservadas hasta entonces a un entorno científico o militar muy restringido. Muchos autores han señalado este hecho como el inicio de una nueva Era, la de la Información. Esta afirmación se formula desde la consideración de que las nuevas tecnologías de proceso y distribución de la información —la informática, la telemática y la microelectrónica— introducen cambios sustanciales en la estructura económica, cambios que a su vez van a transformar el conjunto de la estructura social. Se postula, tal y como ocurrió con la Revolución Industrial, que la emergencia y consolidación de un nuevo sector productivo, el de la Información, conllevará una transformación de todas estructuras sociales y económicas. La hipótesis veinte años después comienza a validarse: en las sociedades más avanzadas el sector económico de la Información —que inicialmente se incluyó en el Terciario, hasta constatar que se trataba de algo diferente, y que hoy empieza a ser conocido como cuaternario— se está consolidando como el de mayor empleo y el de mayor valor agregado de su producción.

 

 

PAISAJES Y PROBLEMAS: LA TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANIZADO.

La aparición de la Ciudad Post-Industrial. Vamos a exponer algunas ideas, forzosamente desordenadas, intentando describir, identificar, denominar, analizar y sistematizar la formación de los nuevos espacios urbanizados en el marco de los cambios sociales que hemos tomado como hipótesis. Nuestro interés en este momento no es el de reflexionar en profundidad sobre la naturaleza de estos cambios, sus dificultades y características, sino, mucho más limitadamente, tratar de valorar sus repercusiones espaciales, en concreto las transformaciones que en el espacio urbanizado —aquello que hasta ahora hemos llamado ciudad— pueda estar induciendo. La hipótesis de partida se basa, de nuevo, en un pensamiento analógico: al igual que la Revolución Industrial supuso la aparición y la difusión hegemónica de nuevas formas del espacio urbanizado —que posteriormente serían reconocidas como Áreas Metropolitanas, Metrópolis o simplemente ciudades industriales modernas— se puede plantear que las transformaciones estructurales contemporáneas van a acabar por generar un nuevo modelo espacial para la construcción del espacio urbanizado. Es, sin embargo y por ahora, una hipótesis que choca con dos dificultades: de una parte, la inercia al cambio de las estructuras urbanísticas —el hecho de ser una materialidad construida le dota de una mayor permanencia y estabilidad—, y de otra, el hecho de que estemos ante un fenómeno que se encuentra en una fase incipiente dificulta el análisis y la construcción de modelos explicativos —así como los obstáculos para acceder a su conocimiento y disponer de la información relevante—. Hay, además, otro argumento de orden disciplinar que se opone al estudio y comprensión de los procesos de aparición de los nuevos espacios urbanizados: la doctrina urbanística se encuentra aferrada al denominado paradigma de la Modernidad, un paradigma teórico que, de ser cierta la hipótesis enunciada, estaría quebrado.

Fenomenología de la urbanización Post-Industrial.  Entre la desregulación y la imprescindible cooperación para sobrevivir, pese a su negación y rechazo, o en el extremo opuesto, su más deslumbrada y banal apología, la realidad de eso que hemos dado en llamar Ciudad Post-Industrial o Informacional emerge y se consolida día a día. Coherentemente con los dos vectores dominantes de transformación de la sociedad contemporánea (la "Informacionalización" y la Crisis Ecológica) podemos trazar dos tendencias o, mejor dicho, ver el espacio con dos perspectivas diferentes; la resultante de ambos conforma el espacio urbanizado contemporáneo, el de la sociedad Post-Industrial. Con exiguo margen para el agio semeja que la configuración genuina de la Sociedad Post-Industrial ("Informacional") es la «Ciudad Difusa». Los elementos más relevantes de esta nueva "ciudad", los grandes equipamientos de la "globalidad", los nuevos espacios de producción del conocimiento, los nodos de comando y control (Campus Universitarios, Parques Tecnológicos, Parques Empresariales,...), los generadores de centralidad (Recintos Feriales, Palacios de Congresos,...), las áreas de consumo (las Centros Comerciales), las zonas lúdicas y del ocio banal (Parques Temáticos, los Malls de tercera generación), los recintos de los grandes eventos mundiales (Olimpiadas y campeonatos deportivos, Forum y Expos,...), las nuevas formas de la residencia, las infraestructuras de la movilidad (redes y elementos arteriales,...) y del transporte público masivo (metros, tranvías, monorraíles,...), los puntos de intercambio modal de transporte (estaciones de ferrocarril, zonas logísticas (ZAL), aeropuertos y "ciudades aeroportuarias", puertos y frentes litorales,...), los contenedores de la "Cultura" (grandes museos, teatros y auditórium, bibliotecas,...), todos apuntan en la dirección de la dispersión, de la expansión urbana, del alejamiento y la fractura y fragmentación del espacio urbanizado; una fragmentación que es total: espacial, funcional y social, y que acentúa y agrava las crecientes desigualdades. Este paisaje Post-Industrial es empieza a ser conocido; lo que nos interesa ahora es intentar comprender la lógica de su formación, superando las imágenes de caos y amontonamiento indiferenciado con que a menudo se presenta.

La lógica de los nuevos espacios. Saramago presenta su libro El hombre duplicado bajo una atractiva divisa: El caos es el orden por descifrar. Efectivamente, el caos, el desorden con que se despliega la urbanización contemporánea (¿la de la Era de la Revolución Informacional?), como antaño pasara también con la primera Ciudad Industrial, es la manifestación de nuestra incapacidad para entender plenamente su lógica (y por tanto, para poder intervenir y regularla adecuadamente).  Porque efectivamente esta estructura espacial Post-Industrial está dotada de una lógica interna, se despliega según un orden que es necesario comprender. Algo sí sabemos y somos capaces de explicar: que el crecimiento desmedido y más allá de toda lógica de las infraestructuras de la movilidad es un factor de aceleración de la expansión urbana y periurbana; que la disponibilidad de energía (todavía) barata contribuye a esta extensión facilitando una movilidad en crecimiento exponencial; que la búsqueda de un nuevo hábitat, menos agresivo que la deteriorada ciudad tradicional, empuja a las familias en su huida a supuestos paraísos urbanos—paraísos que pronto se convierten en bastiones, recintos amurallados, segregados y aislados de la sociedad, donde sus habitantes devienen privilegiados prisioneros voluntarios—,¼ pero todo ello en realidad no refleja más que la continuación de tendencias preexistentes. Nos falta lo fundamental, lo diferencial: los nuevos espacios productivos, la incidencia de la disponibilidad de medios telemáticos al alcance del sector productivo cuaternario. Comencemos por recordar un principio urbanístico genérico y básico: el espacio urbanizado es siempre el resultado de la transformación de los espacios preexistentes y de la adición de otros nuevos. Su carácter de palimpsesto, tantas veces señalado, hace que debamos insistir en que el nuevo espacio urbanizado se construirá junto y sobre a los espacios "históricos"; que no cabe pensar en la desaparición de la ciudad que conocemos, aunque sí en su previsible transformación. Para entender los procesos en curso es pues necesario efectuar un breve repaso de la estructura de partida.

Dos modelos estructurales para el desarrollo de la ciudad industrial. Desde el inicio de la revolución industrial podemos distinguir dos modelos estructurales para el crecimiento de las ciudades: a) el representado en el siglo XIX por el modelo proto-industrial de la Gran Ciudad —la Großstadt de  Eberstadt, Baumeister,... pero también Cerdà—, con propuestas de crecimiento por continuidad y extensión ordenada a partir de los asentamientos previos; y b) el modelo desarrollado ya en el siglo XX, que abandona las ideas de continuidad y agregación, para dar paso a modelos que se guían por estrategias de descentralización productiva y desconcentración residencial, conformando una nueva estructura en la que se introducen límites al crecimiento de la ciudad central, y en la que se opta por la discontinuidad de los nuevos suelos residenciales y productivos. Un modelo, denominado planetario, que con el tiempo devendrá la referencia canónica, el icono dominante de la Ciudad Industrial bien ordenada: el Área Metropolitana. Elemento común a todos ellos es la ruralización del crecimiento urbano unido a la contención de las grandes ciudades, convertidas en el núcleo central de las áreas metropolitanas.

Nuevos espacios urbanizados. La transformación y expansión de los espacios urbanizados en la actualidad no permite seguir manteniendo el modelo teórico que hemos sintetizado. Cualquiera que sea la posición que se adopte en relación al cambio estructural que hemos descrito (cambio de era o sólo tercera etapa de la sociedad industrial, y ello tendría consecuencias sobre las hipótesis y puntos de partida para el análisis), todas las evidencias apuntan a una transformación en profundidad en los modos y formas de producirse el espacio urbanizado contemporáneo. Antes de intentar describir los rasgos esenciales de ese nuevo espacio en producción, insistamos en el acuerdo mayoritario sobre la obsolescencia del modelo urbanístico canónico, el del Área Metropolitana planetaria, equilibrada, regulada, con núcleos compactos, agregados e integrados, modelo utilizado universalmente para regular el crecimiento a lo largo del siglo XX.  

La negación de la mayor.  Destacaremos, por otra parte, la existencia de posiciones contrarias a los planteamientos que estamos exponiendo. Manuel Castells [2000], en su evaluación de las transformaciones inducidas por el desarrollo de la Sociedad Informacional, sostiene que en esta nueva sociedad “basada en el conocimiento, organizada en torno a redes y compuesta en parte por flujos, la ciudad informacional no es una forma, sino un proceso, caracterizado por el dominio estructural del espacio de los flujos”.  Un planteamiento válido en lo que concierne a la transformación de la estructura social y económica, pero inaceptable en su vertiente urbanística: la cambiante realidad de la construcción del espacio urbanizado da cuenta de la aparición de nuevas formas urbanas, que no responden a los modelos ni a las formas precedentes y que necesariamente deben ser contemplados como el resultado de la emergencia y consolidación (incipiente) de la Sociedad Informacional.

Terminologías para los nuevos espacios urbanizados. Intentando no caer en el nominalismo, es necesario, sin embargo, dar cuenta de la maraña terminológica que se ha formado a la hora de intentar etiquetar y sistematizar los procesos contemporáneos. Hay casi tantas denominaciones como autores, y entre otras destacamos: a) el grupo de las Post: Territorio Post-metropolitano, Post suburb, Post periferia, Ciudad Post-Industrial, ... que obviamente ponen el acento en la condición de ser espacios sucesores; b) las que ponen de relieve el carácter supramunicipal y supermetropolitano de las nuevas formaciones espaciales: City-region, Región Urbana,....; c) las que señalan su carácter colonizador (urbanizador) de territorios: Edge City (Garreau), Perimeter Cities, Peripheral Centres,...; d) las que enfatizan la innovación tecnológica como aspecto central: Techno Suburb, Galactic City, Tomorrow Land, Ciudad Informacional; e) las que destacan la dispersión y fragmentación como rasgo fundamental y distintivo: Disurb, Superurbia; f) las que subrayan las diferencias en la base económica y productiva: Service City; g) las que subrayan los cambios en los aspectos sociales: Ciudad Archipiélago,...; (h) junto a un sin número de propuestas de escaso interés: Urban Villages; Suburban Downtowns; Suburban Activity Centres; Major Diversified Centres,... En mi opinión, es particularmente interesante la denominación de Metápolis (propuesta por François Ascher), que subraya la nueva realidad del espacio urbanizado, más allá de la ciudad canónica industrial, así como la descriptiva denominación de Ciudad Difusa (debida a Indovina), pero a fin de evitar la introducción de términos de difícil comprehensión o lectura equívoca, lo denominaremos simplemente espacio urbanizado contemporáneo.

¿Qué diferencia a las regiones urbanas post-industriales, a las Metápolis Informacionales de las Áreas Metropolitanas maduras de la Era Industrial? No es la dispersión, un fenómeno característico de éstas; no es tampoco el empleo generalizado de los medios de transporte masivos, última ratio de la aparición de las metrópolis modernas,¼ Aparentemente no hay diferencias esenciales; aunque hay aspectos novedosos, las divergencias más importantes son de naturaleza fundamentalmente cuantitativa: una ampliación del radio de influencia de la urbanización, del ámbito de dependencia funcional, del consumo de movilidad (rebautizada como hipermovilidad), de la expansión sin precedentes no control de la urbanización,¼ Podemos, pues, proponer dos vías de aproximación: aplicar la regla que postula la transmutación de los cambios cuantitativos en cualitativos, y/o pensar que el fenómeno se encuentra en una fase inicial, y que la inercia propia de los procesos urbanísticos le impide manifestarse con plenitud.

Conectividad física y virtual. Entrando en el análisis de las transformaciones de los espacios construidos contemporáneos destaquemos como primera causa de su imparable expansión el crecimiento exponencial de la movilidad, tildada acertadamente de hipermovilidad. El despliegue de los medios de transporte motorizados fue una de las principales innovaciones de la II fase de la Revolución Industrial, pero su actual extensión a amplios sectores de la población, conduce a escenarios distintos de los de principios de siglo XX. El espectacular aumento de la movilidad es la razón última de la aparición de fenómenos como el sprawl, la difusión, diseminación o dispersión urbana, impensable sin el soporte de un extenso parque automovilístico, y una red de infraestructuras que lo acoja. Hoy, sin embargo, la accesibilidad o movilidad debe incluir, en un sentido más amplio o novedoso, la accesibilidad o movilidad virtual, inmaterial, mejor descrita como conectividad telemática o virtual. La aparición de las redes telemáticas introducen un elemento diferencial, cuyos efectos son difíciles de calibrar en la actualidad, aunque la generación de efectos espaciales será inevitable. Algunos autores, destacando la importancia de las redes de comunicación en la estructuración espacial de la sociedad actual, la llegan a calificar como de sociedad-red (tanto da que sean materiales o inmateriales). Lo cierto es que las nuevas formas de la urbanización, el cambio general de las formas de organización social, y las consiguientes transformaciones físicas dependen hoy todavía más de la hipermovilidad física que de la conectividad telemática.

“Archipielaguización” del territorio. La red viaria ampliada actúa como cabeza en la colonización-urbanización del territorio de la Ciudad Difusa, provocando la “archipielaguización” o "insularización” de los espacios urbanos, y también la de los rústicos, generando estructuras territoriales malladas, con células por debajo de los 10 kms., de lado, a veces e incluso de los 5, que encierran ecosistema fragmentados y aislados de inverosímil viabilidad [Rueda, 1999, 61]. La insularización de los espacios urbanizados es en primer lugar una consecuencia de la estructura viaria, pero la dinámica se refuerza con el argumento de la inseguridad ciudadana, dando como resultado la construcción de recintos y zonas fuertemente aisladas, segregadas y homogéneas.

Hipermovilidad y expansión urbana. El aumento de la movilidad es la causa central de la expansión urbana, pero ésta a su vez está condicionada por tres elementos: a) la expansión del parque automovilístico; b) las infraestructuras de alta capacidad y velocidad que para su uso se construyen, y en menor medida la red de transporte público de ámbito metropolitano o regional; c) el aumento de la renta que está en la base los dos factores anteriores. Una vez que se da la gran expansión de la movilidad, la hipermovilidad, como resultado de los tres factores mencionados (motorización - infraestructuras - renta), es posible pensar en localizaciones no centrales para el desarrollo de las actividades residenciales, productivas, terciarias y finalmente cuaternarias y directivas. Esta elección supone una reducción de los costes del suelo —e inicialmente de la congestión, aunque no se tienen en cuenta el aumento de los costes externos— alentándose de esta manera la expansión y la dispersión de las actividades. Si bien es cierto que la especulación fundiaria no es el motor, no es una causa directa, del sprawl (porque sin un aumento de la movilidad la dispersión no se produciría), sí actúa, una vez garantizada la hipermovilidad metropolitana, reforzando las tendencias a la difusión, guiada por la búsqueda de suelos baratos, aunque bien comunicados.

Descripción de procesos, rasgos y dinámicas. Desde un punto de vista físico, urbanístico, en la construcción del espacio urbanizado contemporáneo, de la ciudad difusa, se detectan los siguientes síntomas: a) un creciente consumo de suelo, sin crecimiento demográfico[2]; b) la constitución de estructuras policéntricas, reticuladas o malladas, superando las antiguas estructuras metropolitanas monocéntricas o con un núcleo principal; c) la primacía del espacio de las comunicaciones; d) la aparición de una nueva periferia, con abundante empleo terciario, e incluso cuaternario, frente a la tradicional periferia metropolitana, inicialmente sólo industrial, y después residencial y comercial, es decir con actividades que podían ser consideradas débiles en relación a las terciarias y cuaternarias; e) la especialización extrema de las grandes piezas del mosaico que conforman las Regiones Urbanas; f) la difuminación de los límites ciudad-campo; g) la pérdida de densidad, de la interacción funcional y de la continuidad espacial; h) la transformación de los macro-espacios industriales (modelo canónico de la industrialización del fordismo) y su sustitución por nuevos modelos de asentamientos industriales dispersos, deslocalizados, pero integrados jerárquicamente en red. En definitiva, el modelo de ciudad difusa conduce a una notable gran fragmentación y complejidad espacial, aunque internamente las piezas presenten una extrema simplicidad y homogeneidad; un medio insularizado, segregado, disperso.

Frente a una hipótesis una evidencia. Todo el razonamiento que hemos desarrollado se basa en una hipótesis: que los cambios en la estructura productiva inducidos por el ascenso del sector cuaternario, consecuencia a su vez de la Revolución Informacional, acabaran por situarnos en una nueva Era o Civilización, la informacional y que frente a este hecho la transformación de los espacios urbanos no va a quedar inalterada. Pero frente a ella se opone en la actualidad una evidencia que día a día adquiere mayor solidez: el agravamiento de una crisis ecológica de magnitud extraordinaria y alcance planetario que pondría en quiebra el proceso evolutivo desde la Sociedad Industrial a la Sociedad Informacional.

Un modelo radicalmente insostenible. Y es que el modelo de la ciudad difusa, que brevemente acabamos de describir, es radical y sencillamente insostenible, porque: a) conlleva aumentos espectaculares en los consumos energéticos, de todo tipo de materiales (de agua: — ¿”Agua para todos”  o “Toda el agua (que queramos y más…)”? —, y sobre todo de suelo y de energía); b) desde el punto de vista social y cultural, implica la fragmentación y especialización de las piezas urbanas, la ruptura de lo que es y ha sido la ciudad como espacio de relación y socialización; c) supone la separación y el aislamiento de todo tipo de funciones, lo cual incrementa la denominada movilidad obligada; y d) es económicamente injusto, al ocultar los costes reales, que son asumidos colectivamente. Pero, alguna ventaja debe tener el modelo difuso, que explique la preferencia de amplias capas sociales por este modelo de vida: ¿seguridad, status, mejoras en el hábitat, en el alojamiento, vivencia y contacto con la "naturaleza"? Frente a unos espacios "históricos" que han devenido inseguros, contaminados, ruidosos, congestionados, los panegiristas de este nuevo modelo, ignorando las críticas sociales, ecológicas, urbanísticas, desvían la atención, para destacar su aceptación social.

"E pur, si mouve" la transformación del espacio urbanizado, la difusión y dispersión de la “ciudad” es un hecho innegable. Sólo tenemos la constatación de que estamos ante algo diferente, sin que sepamos bien cómo puede evolucionar, a qué lógica responde y sobre todo como podemos regular y controlar este monstruo devorador de espacios de alto valor, consumidor de recursos sin fin y generador de unos altísimos costes ambientales, que quizás pronto no podamos seguir pagando.

València, mayo de 2003

 

Referencias

Castells, Manuel [2000]: La Era de la Información. Alianza Editorial, Madrid.

Gaja i Díaz, Fernando [2002]: Revolución Informacional, Crisis Ecológica y Urbanismo. Tetragrama, València.

Macchi Cassia, Cesare [1991]: Il Grande Progetto Urbano. La Nuova Italia Scientifica, Roma.

Rueda, Salvador [1999]: La Ciutat Sostenible. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, Barcelona.


 

[1]              Denominación que describe el conjunto de actividades y medios tecnológicos económicamente dominantes en una sociedad, es decir aquellos sectores o procesos que aportan el mayor porcentaje de riqueza o plusvalía. A grandes trazos podemos distinguir tres, o incluso cuatro, Sistemas Tecnológicos en la historia de la humanidad: el Primitivo, el Agrícola, el Industrial e, hipotéticamente, el Informacional. Puntualicemos: dentro de cada Sistema Tecnológico Dominante pueden darse (de hecho se han dado) diferentes relaciones sociales de producción (Modos de Producción), en función de las características concretas de la sociedad de que se trata: su historia, su cultura, sus relaciones con otras sociedades, sus vínculos de dependencia o dominio, etc.,... El concepto de Modo de Producción remite a las relaciones que las diferentes clases establecen entre sí en orden a la apropiación de las plusvalías o excedentes que se generan en los procesos productivos, el del Sistema Tecnológicos a la preeminencia de determinados técnicas o sectores para la producción de bienes y servicios.  A lo largo de la historia de la Humanidad los Modos de Producción han sido diversos, asincrónicos y hasta simultáneos, y en este caso, han podido establecer relaciones de dominio y dependencia entre ellos, situación que no es directamente extrapolable a los Sistemas Tecnológicos. Cfr. Gaja [2002]

[2]               Destaquemos algunos datos disponibles sobre el espectacular aumento de la ratio de consumo de suelo per cápita. Según las cifras aportadas por Macchi Cassia [1991, 35] se sitúa 1991 en 250 m2s/hab, en Lombardía; en 65 m2s/hab, para la ciudad de Milán; mientras que para la Ciudad de València es, según nuestras estimaciones, es de unos 5 m2s/hab. Estas cifras dan cuenta de un cierto “retraso” en el aumento del consumo de suelo per cápita, en nuestro entorno inmediato.

 

 


 

VALÈNCIA LA CONSOLIDACIÓ DE LA CIUTAT MODERNA: UN MODEL DESENVOLUPISTA INSOSTENIBLE.

 

Introducció

Aquest text intenta, en un resum atapeït, caracteritzar la transformació urbanística de la ciutat de València al llarg del segle XX. És una síntesi i, per tant, es destaquen els trets més rellevants d'un procés en què es parteix d'una estructura urbanística quasi preindustrial per a arribar a conformar, cent anys després, un espai urbanitzat plenament modern.

La transformació de la ciutat de València. L'acceleració exponencial del ritme d'urbanització és reflex directe de la conformació d'una societat industrial, moderna, a partir d'una altra d'agrària. El procés arranca incipientment en el segle XIX, però la seua plena consolidació no té lloc fins a mitjan segle XX. Ens interessa en aquest moment la manera com aquest canvi es manifesta sobre les formes urbanes, o millor dit, sobre l'espai urbanitzat. A principis de segle, i considerant tant els aspectes formals i estructurals com la quantitat de sòl urbanitzat, la ciutat de València presenta escassos canvis respecte als quals reflecteixen les cartografies de Mancelli (1608) o de Tosca (1704). S'han executat operacions de reforma interior (obertures i eixamplaments), el teixit urbà s'ha anat densificant..., però totes aquestes transformacions poden ser considerades orgàniques, i a penes suposen una ruptura amb el model urbanístic precedent. La primera gran excepció la constitueix l'Eixample, que es formula i aprova a finals del XIX, i que suposa la irrupció d'un nou model de ciutat, encara que avui puga ser qualificada de protomoderna.

 

Fig. 1: Plànol de Tosca (1704)

Una ciutat i una societat modernes. Al llarg d'aquest text utilitzem l'expressió moderna en el sentit d'industrial, amb la intenció de ressaltar la transformació estructural que sofreix la societat, des d'un estadi agrari o preindustrial. El projecte de societat moderna es plasma en l'àmbit urbanístic en un procés d'expansió sense precedents. Si els ritmes i les escales de construcció de l'espai urbanitzat en la societat agrària eren lents, orgànics, i de petita magnitud, assistirem amb la gradual consolidació de la societat moderna a una acceleració i a un augment de les escales fins llavors desconeguts.

Urbanisme i societat. És important entendre el marc general en què es produeix la consolidació i construcció de la ciutat moderna, per a així comprendre les diferents etapes que travessa, les contradiccions a què s'enfronta, o els models que es proposen. Indiquem, no obstant això, que no es proposa un model d'interpretació mecanicista o determinista, en què l'evolució de l'estructura social explica totalment les transformacions urbanístiques. Ni viceversa, s'admet un altre de tall idealista, en el qual les transformacions físiques de l'espai urbanitzat s'expliquen amb arguments endògens. L'emergència i la consolidació de la ciutat moderna és el resultat de diversos factors, alguns exògens o metadisciplinars (les condicions econòmiques generals, el mercat immobiliari, el marc normatiu, les relacions de poder i la institucionalització administrativa) i d'altres purament disciplinars (de forma notòria les teories o models urbanístics dominants).

Planejament i urbanització. Les relacions entre la ciutat pensada i la construïda. Si per urbanització entenem l'acte material de construcció de la ciutat, dels seus espais col·lectius i dels seus edificis, més enllà de l'estricta execució de les infraestructures de suport, la ciutat construïda, l'espai urbanitzat, no pot ser entès com la plasmació de les idees urbanístiques, del planejament, encara que tampoc no li siga totalment alié, ni tan sols entenent la ciutat pensada en un sentit ampli, on junt amb els plans urbanístics podem considerar les actuacions sectorials de les distintes administracions públiques. No obstant això, encara que no se solen executar completament, els plans generals tenen un enorme valor per ser potser l'única ocasió per a reflexionar de forma global sobre la idea de ciutat, la millor oportunitat per a proposar un model espacial (i de vegades social) de ciutat. Per això, combinarem l'anàlisi del creixement i la transformació real amb les propostes per a la ciutat, especialment amb els documents que contenen la idea de conjunt: els plans generals.

Periodització. Per a estudiar la transformació urbana de la ciutat i l'àrea metropolitana de València es distingiran els períodes següents[1]

 a)         1900-1939:        preguerra

b)         1939-1959:        autarquia

c)         1959-1979:        desenvolupista

d)         1979-1991:        crisi i transició democràtica

e)         1991-1999:        expansió metropolitana: el neodesenvolupisme

 

 

L'etapa de preguerra. 1900-1939

La ciutat burgesa en formació. A principis del segle XX, la ciutat de València té 215.687 habitants (més altres 126.304 en el que després serà la seua àrea metropolitana). Un segle després la xifra se situarà en uns 750.000, més quasi 650.000 a l'entorn metropolità. Aquests canvis, acompanyats d'alteracions en l'estructura social i econòmica, no són per descomptat excepcionals: en el context immediat, Europa occidental, són la norma. Caldrà, per tant, destacar l'especificitat, la concreció, les circumstàncies i característiques pròpies en les quals es produeix la consolidació de la ciutat moderna en el cas de la ciutat de València, més enllà dels processos generals.

Any

Població Ciutat València

Població

Corona

Metropolitana

Àrea Metropolitana

% Ciutat / AM

1900    

215687

126304

341991

63

1910

233018

142258

375276

62

1920

247281

157536

404817

61

1930

315816

180679

496495

64

1940

454654

216939

671593

68

1950

503886

234789

738675

68

1960

501777

298918

800695

63

1970

648003

443810

1091813

59

1981

744748

586662

1331410

56

1991

752909

626671

1379580

55

Taula 1. Notes:

a)           Dades de Població de fet de la ciutat de València. Font: Ajuntament de València [1989]

b)           La delimitació de l'àrea metropolitana és la proposada per Pérez Montiel [1993, 74], per mitjà de la utilització del concepte de la denominada Functional Urban Region. La FUR inclou, a més a més dels 44 municipis de la comarca de l'Horta, diversos del Camp de Túria (Benaguasil, Benissanó, Bétera, Llíria).

c)           La població de la ciutat de València era el 1998 de 753.882 habitants.

Fig. 2: Creixement de la població en el segle XX

 

Estratègia urbanística a principis de segle: reforma interior i eixample vs planejament de l'extensió. En certa manera, la preguerra civil és una prolongació del segle XIX, un període de formació de la ciutat burgesa, protoindustrial. En una etapa de creixent importància de l'activitat industrial, i d'increment demogràfic, les estratègies urbanístiques basculen entre la transformació dels teixits preindustrials, heretats de la ciutat històrica —les operacions de reforma interior—, i el creixement per addició sobre el model consolidat que representa l'Eixample, per a la creació de la nova ciutat burgesa. La incorporació d'altres formulacions contemporànies més avançades, bàsicament dues, la ciutat jardí anglesa o les propostes germàniques de Großstadt, no arriben a materialitzar-se [Blat, 1988, 1.4.2]. El judici unànime dels estudiosos d'aquest període assenyala que l'estratègia municipal va consistir a retardar deliberadament l'expansió de la ciutat, i afavorir els propietaris dels sòls de l'Eixample, que comença en aquesta etapa el seu procés de densificació. Aquesta política es complementa amb operacions de reforma interior a la Ciutat Vella, reconvertida en el nucli central de serveis, en centre urbà d'una comarca encara bàsicament agrícola.

Idees per a la ciutat. Encara s'està lluny de la formulació de plans de conjunt, globals o generals. Es continuen aprovant plans d'eixample —Pla de Francisco Mora i Vicente Pichó de 1912, continuador de l'anterior de José Calvo, Luis Ferreres i Joaquim Arnau de 1884-1887— i ni tan sols es donarà compliment a l'obligació imposada per l'Estatut Municipal de 1924 de redactar un pla d'extensió —per als municipis de més de 200.000 habitants, en un termini de 4 anys—. No obstant això, en el mateix 1924 es proposa un pla de ciutats jardí a l'extrarradi que va ser abandonat en donar-se prioritat a altres operacions —passeig al Mar, la ciutat lineal al Saler i l'annexió dels municipis veïns—. D'altra banda, el fracàs en la redacció d'un pla d'extensió va conduir a la sanció de plànols d'influència urbana, formulats amb la intenció d'articular i integrar les zones de creixement urbà contigus als eixamples. Fins a 1934, el seu nombre va ser considerable i van acabar per cobrir la major part de les operacions immobiliàries desenvolupades fora dels eixamples [Blat, 1988, 1.4.8]. En resum, el fracàs en la formulació d'un pla d'extensió i sobretot el recurs als plànols d'influència urbana revelen, en el període que s'estén entre el final de la I Guerra Mundial (1918) i l'inici de la contesa civil, la falta d'una aproximació global, per a la qual cosa caldrà esperar a 1946.

 

 

 

Postguerra i autarquia. 1939-1959

Encara que al llarg del segle XIX s'assenten les bases i s'inicien les transformacions cap a una ciutat —i una àrea metropolitana— moderna, amb excepció de l'Eixample, després de la Guerra Civil de 1936 la ciutat de València era una urbs quasi preindustrial, a penes transformada en un sentit modern. Com ha sigut reiteradament assenyalat, 1939 marca el punt inicial de profundes transformacions urbanístiques, que acabaran fent d'aquesta ciutat un assentament urbà modern. Si es pren en consideració només la magnitud del desenvolupament urbà, aquest període és, sens dubte, el de menor creixement, en xifres absolutes. De fet, la dècada dels quaranta pot ser considerada com una etapa d'estancament. Serà a partir dels anys cinquanta quan comence de veritat el boom urbanístic.

Crisi i autarquia: paràlisi urbanística. Després de la Guerra Civil, la ciutat de València, igual que altres ciutats de l'Estat, està paralitzada. La situació econòmica és catastròfica; a penes hi ha activitat immobiliària, ni inversió pública. La transformació real de l'espai urbanitzat és escassa, no així la publicació de documents urbanístics de marcat caràcter ideològic.

El Pla General d'Ordenació de València i la seua cintura, 1944-1946. El 1944 s'emprén la redacció del primer pla urbanístic general que, en un principi, es planteja en un àmbit provincial. Del non nato pla provincial van arribar a efectuar-se els estudis previs i informatius. Encara que no va ser tramitat, els treballs d'informació, d'anàlisi i de diagnòstic van ser utilitzats en la ràpida redacció d'un pla general d'ordenació urbana que s'aprovarà el 18 de desembre de 1946. Afectava 30 dels 34 municipis que conformaven la comarca, que des de llavors van ser incorporats a una estructura administrativa pensada i posada al servei de la ciutat central. La crítica posterior, molt influïda per l'anàlisi que d'ell es feia en el PGOU de 1988, el considera un pla moderat, sensat i equilibrat. Aquesta favorable i estesa opinió no és compartida per alguns autors [Ramírez & Dolç, 1992, 10], els quals assenyalen que el tractament aparentment respectuós de l'horta amagava la seua consideració com a reserva de sòl (en aquell moment innecessària) per al desenvolupament urbà. D'altra banda, les previsions de creixement analitzat per Ferrer [1988, 2.4.2] no eren tampoc precisament moderades; ni per a la població ni per al sòl urbà. La proposta del pla estableix una població horitzó, el 1990, de 1.250.000 habitants per a la ciutat central —un creixement del 177% respecte als 450.000 habitants de llavors— i de 250.000 per a la corona metropolitana —un 67%, amb relació a la població de llavors que tenia 150.000—. Aquestes estimacions demogràfiques justifiquen la proposta del pla de doblar la superfície del sòl urbà de la ciutat, que passava d'unes 1.500 a 3.000 hectàrees. De les més de 13.000 hectàrees del terme municipal de València, l'espai urbanitzat es limitava a la Ciutat Vella i els eixamples (960 ha), més unes 115 ha al nord del llit del Túria (barris de Sagunt, Marxalenes, els Orriols, etc.) i altres 330 ha que corresponien al Grau i al Cabanyal-Canyamelar, unides a la ciutat central per l'avinguda del Port, els marges de la qual es trobaven pràcticament urbanitzats en la seua totalitat. En total unes 1.405 hectàrees, [Gaja & Boira, 1994].

Fonaments teòrics i/o doctrinals. Una anàlisi de les referències doctrinals i/o teòriques que sustenten el planejament d'aquesta etapa revela una innegable continuïtat i sintonia amb les teories urbanístiques contemporànies[2]. El vernís tradicionalista i les declaracions sobre la "Ciudad Falangista" no pot ocultar la utilització dels models vigents a l'Europa contemporània. Hi ha, sens dubte, una eliminació dels elements més simbòlicament progressistes del moviment modern i un èmfasi en els aspectes més volguts del "Régimen" (la insistència en l'organicitat de la ciutat, l'ús, abusiu, dels referents formals tradicionals...,), però per davall de l'anècdota la utilització dels models urbanístics vigents en la resta d'Europa és innegable.

El model radioconcèntric del PGOU de 1946. L'opinió més estesa descriu el model urbanístic estructural de la ciutat de València i la seua comarca, instaurat pel Pla del 46 a partir de les infraestructures viàries com a radioconcèntric[3]. Aquesta proposta es construeix a partir de l'estructura espacial preexistent, produïda per sedimentació al llarg de segles, encara que es reforça amb algunes propostes noves, com la del creixement cap al secà. Per a les coses bones i per a les roïnes, el Pla de 1946 estableix un model estructural que en gran mesura s'ha perpetuat fins als nostres dies. L'estructura radioconcèntrica està formada per eixos viaris ràpids de penetració radial —aquests procedeixen en la seua major part del desdoblament d'antics accessos: la pista de Puçol de la carretera de Barcelona, la d'Ademús de la de Burjassot-Llíria, la pista de Silla de l'antic camí Reial de Madrid, i l'avinguda de Castella— junt amb els que es dissenyen dos anells de circumval·lació, anomenats respectivament "exterior" i "interior", que completen a la perfecció el model esmentat, "con la única deformación de su aplastamiento al llegar a la costa" [García Heredia, 1988, 2.5.5].

Fig. 3: PGOU de 1946

L'estructura viària és el vehicle d'una estratègia de desconcentració residencial, tant a nuclis de població circumdants com a nous eixos —sobre els promontoris Burjassot-Godella al NO, i Torrent al SO—, que es completa amb una descentralització productiva en eixos industrials —al nord, l'eix tèxtil-químic, que arriba fins al Puig; a l'oest l'eix de la indústria metàl·lica i ceramista, de Manises-Quart de Poblet-Aldaia, i, al sud, el fuster Benetússer-Alfafar-Massanassa-Catarroja)— que aprofitant l'especialització espontània.

Un pla metropolità. A principis del segle XX el creixement urbà havia abastat ja els municipis que podríem identificar com a primera corona metropolitana, els quals havia englobat i fagocitat administrativament. No pot, per tant, estranyar que siga aquesta l'escala que s'adopte, encara que en realitat el fenomen metropolità, en sentit estricte, no es desenvoluparà a València fins a mitjan dels anys seixanta, i això de forma tardana i accelerada amb respecte a la resta d'Europa [COPUT, 1986, 20]. Estem en presència del primer intent d'estructuració metropolitana, amb una proposta estructural coincident amb el model dominant en la urbanística contemporània —radioconcèntric i limitador del creixement—, en la línia apuntada des de finals del XIX per Howard: descentralitzar el creixement sobre un enfil·ll de municipis de la llavors anomenada cintura metropolitana, que recolzava en la creació de dos eixos residencials (Burjassot-Godella i Torrent), que amb el pas dels anys es convertiran en receptacle de l'habitatge unifamiliar d'alt nivell. El model radioconcèntric és, doncs, una opció conscientment assumida, a la qual contribueixen totes les determinacions estructurals (zonificacions, xarxes ferroviàries, etc.). Aquest model estava, fins a cert punt, prefigurat per la disposició dels pobles de la comarca i pel traçat de les seues vies de comunicació, però com assenyala Ferrer [1988:3], el model no era viable sense una ampliació de la xarxa viària i ferroviària comarcal.

Creixement en taca d'oli? La descripció del creixement de la urbanització en taca d'oli és una imatge repetida i escassament qüestionada, amb alguna notable excepció [Roca, la & Klein, 1988, 2.3.3]. En realitat, l'espectacular creixement de la urbanització, que entre 1944 i 1985 duplica la seua extensió, no es produeix de forma isòtropa, en taca d'oli. A la ciutat de València, aquesta imatge no s'ajusta bé a la realitat que quedaria millor descrita si parlàrem de creixement tentacular [Gaja, 1999]. Encara que el resultat puga ser visualitzat com a anells concèntrics, el procés pel qual s'arriba a aquesta forma revela aspectes essencials per a entendre-la i controlar-la. En una primera fase, a partir d'un nucli consolidat i compactat, l'edificació s'arraïma en torn de les vies interurbanes; és a dir, els camins i carreteres històrics. Aquest desenvolupament de l'edificació a penes comporta construcció d'infraestructures de la urbanització, ja que els nous edificis parasiten les disponibles a peu de parcel·la. El resultat en aquesta primera fase és la conformació d'una estructura urbana en forma d'estrella de mar. A mesura que avança el creixement de la ciutat la congestió augmenta, tenint en compte que aquests assentaments sobre els eixos radials d'accés tenen un marcat caràcter lineal. En aquesta situació la racionalitat urbanística proposa la construcció d'algun element viari estructurant de tipus anul·lar, concèntric, que permeta les connexions transversals, per a reduir la congestió de les àrees centrals. Considerant la disposició del creixement, el nou viari anul·lar ha de rodejar-lo exteriorment, i incorporar al continu urbà més sòl del que cap previsió aconsellaria. Encara que aquest nou viari se sol presentar com un anell de tancament, en realitat mai no tanca el desenvolupament urbà, sinó que és una corona més. La tercera fase consisteix en el farciment d'aquests espais intersticials. Així es completa un cicle que ha permés afegir una anella més a la ciutat. Aquesta ha sigut la forma com s'ha produït el creixement de la ciutat.

D'altres aspectes del PGOU de 1946. A favor seu, tan sols retòric, està la declaració de preservació de l'horta; o la proposta de conversió de la xarxa ferroviària de via estreta en metro, executada als anys vuitanta. En el dèbit, cal ressenyar que tots els nuclis urbans són tractats de forma semblant, i es formulen propostes de creixement, més o menys, proporcionat al llarg de cada perímetre, junt amb zonificacions elementals que segons l'opinió de Ramírez & Dolç "porta a l'absurd d'incloure en cada municipi una mostra de cadascuna d'elles" [1992:10].

El model morfològic (l'ordenació detallada). Un simple càlcul revela el model de ciutat que es proposava. La densitat horitzó és de 417 habitants per ha —1.250.000 habitants en 3.000 hectàrees—. Suposant una ocupació mitjana de 4 habitants per habitatge, la densitat supera els 100 habitatges per hectàrea, que ultrapassa el màxim legal que després fixaria la Llei del Sòl. Ací està l'origen d'uns teixits urbans extremadament densos. Però el càlcul és encara més negatiu, si suposem que els nous habitants s'instal·larien en els nous sòls urbans. En aquest cas, la densitat proposada se situa en uns 600 habitants per hectàrea, uns 150 habitatges per hectàrea. Un model d'alta densitat, sense a penes garanties ni jurídiques, ni reals, de dotar-lo dels adequats equipaments.

La proposta de creixement urbà és, doncs, prou menys moderada del que es pot deduir si pensem que en aquella època, de les 1.100 hectàrees que englobava la circumval·lació hexagonal del camí de Trànsits, tan sols la meitat estava ocupada a mitjan de la dècada dels quaranta. El camí de Trànsits marcava el límit de l'espai urbanitzat pel sud, però pel nord discorria encara a través de grans espais d'horta, per a comunicar nuclis disseminats (Benimaclet, els Orriols, Benicalap, Campanar...,) que, en dècades posteriors, seran absorbits pel creixement de la ciutat i integrats en la seua trama urbana. Però des d'un altre punt de vista, aquesta xifra és certament modesta si la comparem amb els PGOU posteriors:

 

PGOU 1946  PGOU 1966   DSU 1983  PGOU 1988
SU 3000 6200 4016 3632
SUB s/s 830 2000 815

Notes:

a)         Les xifres dels plans del 66, 83 i 88 procedeixen del Servei de Planejament de l'Ajuntament de València. La procedència de les del 46, d'escassa fiabilitat, ja s'ha assenyalat anteriorment.

b)         Les superfícies indicades pel PGOU de 1988 requeririen una anàlisi detallada que revelaria situacions irregulars quant a la classificació com a SNU d'alguns sòls.

 

 

L'etapa desenvolupista. 1959-1975

Situació demogràfica i socioeconòmica. La dècada dels seixanta és l'etapa de major expansió demogràfica i urbanística, amb un creixement de quasi 150.000 veïns, en aconseguir-se el 1970 els 653.690 habitants. Aquest increment demogràfic es va acompanyar amb una definitiva especialització de l'economia urbana en el sector serveis. En efecte, a principis dels anys seixanta, la ciutat de València s'havia convertit ja en un gran centre terciari, amb un potent sector industrial, però encara estava aïllada en un entorn econòmicament i paisatgísticament agrícola, encara que amb incipients desenvolupaments industrials. A finals de la dècada, l'escenari haurà variat totalment i s'iniciarà una nova etapa: la de la seua definitiva entrada en el món de l'economia dels serveis.

Creixement urbà, expansió econòmica i desenvolupisme. El 1965 s'abasta la xifra d'11.204 habitatges construïts, marca absoluta que mai no serà superada —als explosius noranta, a falta de les dades de 1999, el màxim de 6.780 llicències de construcció s'aconsegueixen el 1998, encara que en aquesta dècada el que preval serà la preparació de sòl, la urbanització, per damunt de l'edificació—[4]. Aquesta forta expansió urbanística és conseqüència directa de l'econòmica. El terme desenvolupisme, que llavors comença a usar-se críticament per a qualificar aquests processos, ha d'entendre's no tant com a caracteritzador d'un creixement accelerat de la urbanització, com en relació amb la forma caòtica, especulativa i descontrolada que es va produir, que parasitava tot tipus d'infraestructura i esquivava la dotació d'equipaments públics.

Fig. 4: Expansió de l'espai urbanitzat al segle XX

 

 

Nombre d'habitatges construïts

%

Habitatges/any

(mitjana)

Segle XIX o anterior

9801    

2,7

490

1900-1940

35873

10

1794

1941-1960

50164

14

2508

1961-1980

192852

53,8

9643

1981-1997

70016

19,5

4119

Notes: Elaboració pròpia a partir de la base de dades del Cadastre de Béns Immobles, publicada per l'Oficina Municipal d'Estadística a l'Anuari de l'any 2000 en http://www.ayto-valencia.es/anuari2000/04_07_02.htm

Des d'un punt de vista merament quantitatiu, cal destacar que als seixanta i setanta es construeixen més de la meitat de tots els habitatges de la ciutat (53,8%), i que només un 2,7% van ser edificades al segle XIX.

La riuada de 1957 i les seues conseqüències urbanístiques. En la història urbanística de València hi ha un abans i un després: la riuada de 1957. El 14 d'octubre la comarca de l'Horta és arrasada per una de les més intenses riuades que es recorden. Immediatament després es constitueix una comissió tècnica especial, que elabora tres alternatives, denominades Solució Nord —consistent en el desviament del riu pel nord i la seua connexió amb el barranc del Carraixet—, Solució Centre —basada en la construcció d'una presa reguladora aigües amunt, aproximadament a Vilamarxant— i la Solució Sud —que consistia en la creació d'un nou llit al sud de la ciutat, de 12.692 metres de longitud, 200 d'amplària i capaç de desaiguar un cabal de 5.000 m3/seg—. Excepte en la Solució Centre, el caixer deixava de funcionar com a riu. Al juliol de 1958 s'opta per la Solució Sud. En el vell llit es proposa el trasllat de l'estació central (en la seua part final, junt amb el pont de l'Àngel Custodi) i la construcció d'una via de trànsit ràpid est-oest, que es constitueix en la peça clau de tot un nou sistema viari de rang metropolità. Aquesta determinació serà l'origen d'un fort conflicte social fins que a mitjan dels vuitanta al vell llit es construïsca un jardí[5].

Tot i que que la Solució Sud inicialment només era un projecte hidràulic, ben aviat va resultar evident que les modificacions que introduïa en l'estructura urbanística feien inevitable la revisió de tot el planejament. Per això, i com a conseqüència de la necessitat d'adaptar el PGOU a les determinacions de la Solució Sud, es procedeix a redactar el que ha sigut definit com "un macroplà d'infraestructura viària i hidràulica" [Ramírez & Dolç, 1992, 10], i que per a alguns autors constitueix una catàstrofe pitjor que la mateixa riuada: l'adaptació a la Solució Sud aprovada com a pla general el 1966 [Ajuntament de València, 1984, 8][6]. Les desproporcionades determinacions d'aquest pla tindran uns efectes agreujats en formular-se en una conjuntura de fort creixement econòmic que precisament comença amb la dècada. El que s'aprova el 1966 és un pla sense programa, sense estudi econòmic, sense gestió, "en realitat és un document per a posar sòl al mercat immobiliari", amb les menors càrregues possibles. Les estimacions demogràfiques del pla per a l'any 2050 eren d'1.900.000 habitants per a la ciutat de València. Lògicament aquesta previsió —"objectiu"?— requeria un espectacular increment del sòl classificat com a urbà. La finalitat del pla era, doncs, impulsar un creixement sense traves, com més gran millor; sense cap altra consideració correctora, sobre les pautes ja assenyalades pel Pla General de 1946.

La xarxa viària. No hi ha entre les determinacions del PGOU de 1966 una altra d'una importància semblant, malgrat que el pla explicita que són determinacions assumides i elaborades des de les previsions sectorials. Totes les estratègies, els criteris, els objectius, del pla se sotmeten a una xarxa pensada per a un trànsit sobredimensionat, infinitament creixent. La columna vertebral de tot l'entramat viari és el denominat eix ràpid est-oest que discorria pel vell llit del Túria.

Una xarxa interurbana d'àmbit metropolità. Sorprenentment, aquesta visió hiperdesenvolupista, pròpia de l'època, a penes es veurà alterada per la posterior crisi del petroli (1973). D'aquesta manera, el pla persisteix en un model espacial radioconcèntric, que assumeix la proposta dissenyada per la Jefatura Regional [sic] d'Obres Públiques, articulada per sis vies radials i cincs anells de circumval·lació —dos d'ells aleshores ja històrics: el primer sobre l'antiga ronda de la muralla, i el segon format per la ronda de Trànsits—. Aquesta estructura es completava amb dos elements transversals: l'autopista de Castella, que penetrava per l'antic llit del Túria, i l'autopista del Mediterrani, que després de discórrer per la platja de la Malva-rosa, continuava cap al sud en direcció a Alacant. L'execució del pla ha afavorit, fins als anys noranta, les vies radials, cosa que ha generat greus problemes de congestió en bolcar tot el trànsit sobre el nucli central. Enfront d'aquestes realitats, no deixa de ser xocant que el pla proclame la seua voluntat de "limitar el creixement de la ciutat" o que encara es parle de protegir l'horta.

Fig. 5: PGOU de 1966

 Un altre dels aspectes en què el pla incideix de forma destacada és l'ordenació de les xarxes ferroviàries. Aproximadament 223 passos ferroviaris i 5 línies de ferrocarrils envoltaven la ciutat, que formaven un vertader cinturó de ferro, l'eliminació del qual s'havia plantejat ja des dels anys quaranta, fins i tot abans de la redacció del PGOU de 1946 [Ballester, 1940, 28]. Però en la realitat, i enfront de la importància de les obres hidràuliques, i l'auge del transport per carretera que es plasma en el complex model viari, el ferrocarril resulta un tema d'inferior consideració. S'eliminen una sèrie d'estacions, es proposa el trasllat de la central, es crea un centre de distribució de mercaderies, però finalment la seua incidència real en la conformació del model urbà és escassa.

Com ja hem assenyalat adés, la classificació del sòl, tot superant àmpliament la generosa delimitació de 1946, es dispara. Aquesta determinació ha fet que el pla haja sigut —a posteriori— criticat pel seu impacte sobre el medi natural, i li haja valgut el qualificatiu de desenvolupista. Però cal dir que en aquella època no hi va haver quasi opinions en contra, ni tan sols tímidament en contra, si bé és cert que el context no invitava precisament a això.

En unes esquemàtiques normes que acompanyen el pla, s'assenyalen uns coeficients d'edificabilitat, que en algunes subcategories (edificació oberta) arriben als 1,5 m3/m2. El procés de densificació edilícia que es produirà als anys setanta té el seu origen i explicació en aquest Pla General, i serà, posteriorment, confirmat pels quinze plans parcials que en el seu desenvolupament es formularan. Els documents analítics del posterior PGOU de 1988 establien un precís diagnòstic: "La mentalidad permisiva de los poderes públicos, las tensiones inflacionistas de los precios del suelo, y la ilegalidad urbanística, en ocasiones, fueron los factores que contribuyeron a conformar la ciudad, con altas densidades de edificación, fuertes déficits de equipamientos de todo tipo, congestión del tráfico y deterioro general del medio ambiente urbano, con una pesada carga económica y social para el conjunto de los ciudadanos", [Ajuntament de València, 1985].

L'ocupació del sòl. Sens dubte, la dècada dels seixanta pot considerar-se com la de la creació efectiva de l'àrea metropolitana de València. El creixement urbanístic i demogràfic de València es va estendre amb rapidesa a d'altres nuclis de l'Horta. El procés de canvi i transformació va ser doble: d'una banda, la ciutat central va incrementar i va desenvolupar la seua funció com a centre de serveis i coordinador de tota l'àrea i, al mateix temps, va propiciar la descentralització d'activitats, especialment les industrials, i la promoció de noves inversions en els nuclis perifèrics. Al seu torn, aquests van experimentar transformacions espectaculars, que atreia població immigrant i desenvolupava unes activitats no agràries d'acord amb l'etapa econòmica que es vivia. En conclusió: es produeix la consolidació de l'entramat metropolità, amb canvis urbanístics i demogràfics desconeguts fins a aquell moment.

 

 

La transició democràtica i l'etapa socialista. 1975-1991

Canvi de règim, transició i planejament urbanístic. Com hem dit, entre 1944 i 1985 la ciutat de València dobla la seua superfície urbanitzada, tot i que a partir de 1973-79, coincidint amb la crisi econòmica i la inestabilitat institucional derivada de la transició política, el creixement demogràfic s'atura considerablement. Aquest fet potser explique, junt amb la insostenible densificació i subequipament de les ciutats de l'Estat, les excessives expectatives que es van dipositar en el planejament com a motor de les transformacions urbanes. El temps s'ha encarregat de rebaixar aquestes expectatives, i de demostrar la terrible inèrcia que presenten els fenòmens urbanístics, i com són sovint irreversibles. En aquest context, il·lusionat i quelcom il·lusori en allò que a l'urbanisme es refereix, es realitzen el 1979 les primeres eleccions municipals democràtiques, amb clar avantatge de les forces d'esquerra en les grans ciutats. Immediatament després es defineixen les línies prioritàries d'actuació. Les dificultats burocràtiques (administratives i jurídiques), la falta de criteris i d'una línia urbanística clara, la indecisió, el centralisme metropolità, tot s'unirà per a endarrerir la revisió del pla general. L'alternativa és aleshores l'actuació per peces, per parts.

El 1980 s'aprova el denominat PAM (Programa d'Actuació Municipal) que identifica tres àmbits d'actuació urgent: la Ciutat Vella, el Saler i els barris més degradats de la perifèria urbana, la majoria. A l'any següent es formula el Pla d'Intervenció a la Perifèria Urbana (PIPU), que partint d'una bona anàlisi i diagnòstic[7], destaca encertadament els enormes dèficits de dotacions públiques i infraestructures. La perifèria urbana era una selva, o un paradís per a l'especulació immobiliària, amb quaranta plans parcials sargits d'incomptables modificacions sempre especulatives. En el període que va fins a 1984, s'emprendran una sèrie d'operacions que tenen per objectiu comú la introducció urgent de millores en barris de la perifèria urbana, operacions generalment centrades en la inclusió d'equipaments escolars, socials i zones verdes, o la preservació d'espais naturals o urbans greument amenaçats per processos urbanístics (el parc natural del Saler, el vell llit del riu Túria o la Ciutat Vella). Entre 1979 i 1983, 34 plans parcials perifèrics són substituïts per plans especials o modificats en profunditat. Simultàniament es redacten plans de protecció de la Ciutat Vella i del Saler.

La revisió del PGOU. Després de moltes vacil·lacions i incerteses, el 1982 s'acorda formalment iniciar la revisió del Pla General d'Ordenació Urbana, que opta per abandonar l'àmbit metropolità, fins llavors vigent, i substituir-lo per plans municipals. El 1983, com ja hem esmentat adés, es dissol la corporació administrativa Gran València, i es crea en el seu lloc el Consell Metropolità de l'Horta, entitat dotada de molt escasses competències, que ha acabat també per ser dissolta l'any 2000. Amb aquesta decisió, inevitable donat el caràcter centralista i antidemocràtic del Gran València, no obstant això, "se desvanece el hipotético modelo comarcal", mentre que "la conurbación es ya un hecho que amenaza con extenderse a lo largo y ancho de gran parte de la comarca." [Ramírez & Dolç, 1992, 11]. La desaparició del planejament comarcal és, sens dubte, l'assignatura pendent —i urgent— de l'urbanisme a l'Horta, i màximament si tenim en compte que això ha conduït a un predomini indiscriminat de les actuacions sectorials, que manquen de tota lògica de conjunt [Olmos, 1992, 6]. Des de llavors, el planejament torna a ser —almenys en teoria— competència estrictament municipal, amb l'única condició d'ajustar-se a les Normes de Coordinació de l'Àrea Metropolitana, que a penes contenen determinacions espacials.

El PGOU redactat entre 1982 i 1988 és el primer, i únic per ara, de la història urbanística de la ciutat elaborat des d'un marc i amb una participació democràtica. En aquesta etapa de la Transició el planejament va concitar unes enormes esperances, potser excessives, desproporcionades amb relació a la seua real capacitat d'acció. La veritat és que de la il·lusió s'ha passat al cinisme, disfressat de pragmatisme. El planejament ha tornat a ser simplement un marc per al negoci immobiliari, allunyat de tota temptació reformista, real. Avui, com en els seixanta, els plans només són vàlids si permeten fer negoci, si són empresarialment inviables; però fa vint anys les coses eren, o pareixien, distintes.

Criteris, objectius i ideari del PGOU de 1988. La formulació del nou PGOU, que com ja s'ha comentat va despertar grans il·lusions i esperances, es relaciona de nou amb la cultura urbanística europea contemporània, seguint el que ja és una tradició. En aquest cas, el referent és la teorització que ha passat a ser coneguda com la urbanística de l'austeritat. La lectura dels seus criteris bàsics és suficientment il·lustradora de la via per la qual discorria:

a)         Impedir la generació d'un nou deute urbà.

b)         Recuperació de plusvàlues per a la col·lectivitat.

c)         Reducció del sòl classificat.

d)         Conservació i protecció del patrimoni històric.

e)         Superació de la densificació i del subequipament.

En resum, un canvi radical de criteris, que va des de les estratègies per al creixement fins a les de la consolidació urbanística. Per la seua banda, els quatre objectius (concrets), de caràcter estructural, que s'assenyalen per al nou PGOU anaven en la mateixa línia:

a)         Desqualificació de l'excés de sòl previst en el PGOU de 1966, i introduir zonificacions flexibles, no segregacionistes, ajustades a les necessitats reals.

b)         Protecció de l'horta.

c)         Primacia del transport públic.

d)         Connexió de les àrees centrals amb els poblats marítims, així com la seua ordenació.

 Tots ells, criteris bàsics i objectius concrets, entronquen clarament amb les formulacions de la urbanística reformista italiana dels setanta i principis dels vuitanta.

Fig. 6: PGOU de 1988

Aquesta presa de posició no ha de sorprendre —qüestions ideològiques a banda—, per tal com la redacció del nou PGOU s'inicia en el punt més baix de la crisi econòmica —la coneguda com (primera?) crisi del petroli, a partir de 1973— i els plans generals de la tercera generació estan profundament marcats per aquest ambient de crisi econòmica. Aquesta situació, aquest pessimista ambient marca el que podríem denominar una nova òptica de la cultura urbanística, els principals arguments de la qual giren entorn de la conservació del patrimoni urbà existent, i que es caracteritzen, sobretot, per proposar models urbanístics de contenció del creixement[8].

De l'Avanç al Pla. Del zero a l'infinit. El procés de redacció del nou PGOU es va veure afectat per diversos conflictes i mutacions: els uns d'ordre polític intern (substitució de l'Alcalde, dimissió del regidor d'urbanisme...,); els altres externs: canvis en la conjuntura econòmica, política i social[9]. No s'ha d'oblidar que el 1982 la crisi econòmica es trobava en un dels seus pitjors moments, però que a mitjan dels vuitanta les coses van començar a canviar, per a donar pas al fulgurant, encara que efímer, període 1986-90. Del document que s'exposa com a Avanç el 1986 al que s'aprova definitivament com a Pla el 1988 hi ha un abisme. El context ha canviat i el Pla també.

L'inici dels treballs va ser difós a so de bombo i platerets, i va crear unes expectatives que la realitat s'encarregaria de rebaixar. Els escrits oficials són, en aquest sentit, contundents: "Este nuevo Plan General no nace con vocación de ser uno más en la larga cadena de planes que Valencia ha tenido (y sufrido) desde finales del XIX. No puede ser uno más y, de hecho, sólo tendrá efectividad si sabe ser profundamente distinto y a la vez rigurosamente respetuoso con la ciudad actual." [Ajuntament de València, 1984, 3]. Però a l'hora de la veritat el model estructural resultant no serà tan diferent, i algunes de les novetats que es prometen (la diversitat tipològica, la reducció de densitats edificades, el respecte a l'horta...,) quedaran pel camí.

El document de Criteris i Objectius per a la Revisió del Pla, apareix avui particularment revelador del posterior canvi d'estratègia: "Las circunstancias económicas (...) nos obligan a plantear un nuevo Plan General en el que la austeridad, la optimización de los recursos y la mejora real a corto plazo de la ciudad consolidada tienen primacía sobre planteamientos de expansión o infraestructura, espectaculares y tecnocráticos que no tienen hoy justificación posible." [Ajuntament de València, 1984, 11]. La filosofia de contenció del creixement, de millora de la qualitat de vida, esclatarà en miquetes quan els nous aires imposen, des de finals dels vuitanta, la incentivació econòmica i el mercat com a justificació i argument suprem.

El pla que definitivament s'aprove classificarà sòl amb excés —al sud de Malilla, entorn de la carrera d'En Corts, junt amb l'accés d'Ademús, a Benimaclet, als Orriols...,— mentre es mostra excessivament tímid en no atrevir-se a posar en discussió el paper de la ciutat de València enfront d'altres centres alternatius, que servisquen de contrapés al nucli central, i això que el pla dedica una enorme atenció al sector terciari, el qual arriba a definir com a "motor de l'activitat econòmica", i li reserva els millors espais, per accessibilitat i situació. En tots els ordres, els abandons i els canvis són palpables. Aquests transcendeixen l'àmbit estructural, per a abastar també les determinacions morfològiques. Poc quedarà d'algunes de les declaracions primeres: "En el suelo consolidado, debe destacarse que el nuevo Plan General va a suponer un diseño completo de la ciudad. Este diseño finalista, producto tanto de la exigencia legal como de la propia filosofía del Plan, indica claramente la voluntad de centrar los esfuerzos en "acabar la ciudad" antes que en proyectar utópicas realizaciones y expansiones. Al mismo tiempo, este rediseño de la ciudad actual va a permitir introducir nuevos equipamientos y servicios públicos y, lo que es más importante, nuevos modelos de hábitat colectivo más acordes con nuestro clima y tradición cultural, permitiendo volver a recuperar, por ejemplo, fórmulas de vivienda unifamiliar que hoy no tienen posibilidades de realizarse." [Ajuntament de València, 1984, 12]. A la vista de la nova perifèria urbana, que amb els PAI emergeix en els noranta en el nucli central, pot concloure's que poc queda d'aquestes ben intencionades declaracions.

El continu fracàs dels plans supramunicipals. Totes les objeccions i crítiques que puguen formular-se al vigent Pla General es dilueixen davant de la seua major debilitat: la impossibilitat d'ordenar l'àmbit metropolità. Que la metròpolis de l'Horta és una realitat, és quelcom que ningú no s'atreveix a negar, però el planejament actual només la té en compte a efecte de les grans infraestructures, sense que hi haja un model urbanístic conjunt. S'ha acabat per acceptar que el model resultant siga la suma de parts autònomes (els plans municipals) i de realitats sectorials imprescindibles (les grans infraestructures, en realitat alienes a tota visió global o de conjunt). Només quan la revisió del PGOU ja estava pràcticament finalitzada es van aprovar unes Normes de Coordinació de l'Àrea Metropolitana que, sent benèvols, podem qualificar d'ocasió perduda.

 

 

El neodesenvolupisme: un urbanisme insostenible. 1991-2000

Context. Després de les eleccions municipals de 1991, la coalició PP-UV passa a governar el municipi, després de fer-ho durant 12 anys l'esquerra. A partir de 1993 l'activitat econòmica oportunament entra en un cicle fortament expansiu. D'altra banda, el 1994, en un dels seus últims actes legislatius, el govern del PSOE aprova la Llei Reguladora de l'Activitat Urbanística, que canvia substancialment les regles del joc i permet una major capacitat d'acció als agents immobiliaris en detriment dels propietaris del sòl, l'administració pública i sobretot dels ciutadans[10]. Un context econòmic expansiu, el canvi d'administració i el nou marc normatiu es conjunyeixen per a donar pas a una etapa que pot ser qualificada de neodesenvolupista; entre 1991 i 2000 —especialment a partir de 1995— l'expansió urbanística torna a ser espectacular.

El creixement de la perifèria: l'aplicació de la LRAU. El desenvolupament urbanístic contemporani de la perifèria urbana de la ciutat de València té especial interès perquè es tracta d'un dels principals bancs de proves dels nous instruments urbanístics instaurats per la LRAU, que alteren en profunditat les relacions entre propietaris del sòl, promotors immobiliaris i administració pública. Per a les coses favorables i per a les negatives, la perifèria urbana que s'està gestant en l'actualitat a la ciutat de València és filla de la LRAU.

L'era dels PAI: balanç quantitatiu. El nombre de PAI presentats a aprovació municipal fins a 1998 és de 50. D'ells, 22 han sigut aprovats, altres tants estaven en tramitació, i 4 han sigut rebutjats. En total, els 22 PAI amb una extensió superior a una hectàrea sumaven una superfície de 3.547.560 m2s —les operacions inferiors als 10.000 m2s suposaven només 49.281 m2s—[11]. En aquestes 355 hectàrees està prevista la construcció d'uns 27.000 nous habitatges —segons una densitat de 75 habitatges/ha, resulten 26.625 habitatges, encara que les dades publicades per la premsa donen una xifra encara major, d'uns 30.000 habitatges—, al marge dels que es puguen produir en sòls urbans o ja urbanitzats, que no necessiten la formulació de cap PAI, i que segurament no és una quantitat menyspreable.

Sobreproducció de sòl urbanitzat? Fa la impressió, i és comentari habitual, que s'està urbanitzant més sòl del necessari: si és veritat, estaríem davant d'un fenomen nou. Vegem algunes dades bàsiques. El PGOU estimava que la producció d'habitatges es mouria en una banda de 3.000 a 5.000 habitatges/any. En els últims 6 anys —1994-99, després de l'aprovació de la LRAU— el nombre de llicències d'obra assoleix un total de 28.206 habitatges —27.940 si considerem les llicències de primera ocupació—, uns 4.700 per any[12]. És cert que aquest ritme quasi es va duplicar en el període 60-80 (9.643), però si considerem l'índex d'habitatges construïts per l'increment de població la relació és inversa: 0,79 en les dècades dels seixanta i setanta, enfront de 8,39 entre 1980-97. Vol dir que encara que en nombres absoluts es construeixen menys habitatges, se n'edifiquen moltíssims més (quasi 11 vegades més) amb relació a les necessitats bàsiques, a l'increment de població. Estem realitzant una anàlisi elemental, en què moltes qüestions importants queden fora: el potencial edificable del sòl urbanitzat o consolidat —el 1982 quan s'inicia la redacció del vigent PGOU es va calcular en uns 40.000 a 50.000 habitatges—, la rehabilitació, l'oferta concurrent d'habitatge metropolità..., però sembla evident que l'habitatge que s'està construint en l'actualitat no es destina a la satisfacció primària de la necessitat d'allotjament, sinó a la millora de la ja existent. Això reforçaria la tesi que les polítiques urbanes i urbanístiques en el segle XXI han de dirigir-se a la requalificació del medi, tant edilici com urbà, més que a la producció de nou espai urbanitzat. En definitiva, i encara que no hi ha dades incontestables que permeten afirmar l'existència d'un fenomen de sobreproducció de sòl urbanitzat, sí es pot, si més no, concloure que estem en presència d'una política desenvolupista i expansionista del sector immobiliari, un fet que requeriria alguna reflexió de fons, perquè aquest model de creixement ràpid amb ocupació dels millors sòls agrícoles és un malbaratament, un balafiament de recursos no reciclables, senzillament insostenible, per no parlar directament d'una barbaritat.

Creació d'un estoc de sòl o un mercat oligopolístic. "La qüestió, òbviament, és si el mercat pot absorbir en un temps raonable aquesta oferta, i també si l'aplicació de la LRAU està suposant de facto, com sembla, una situació de control oligopolístic del sòl disponible que respondria a l'estratègia de les empreses urbanitzadores de prendre posicions i anar desenvolupant el sòl segons les condicions del mercat. Si així fóra, la conformació d'aquest oligopoli podria suposar que un dels objectius perseguits per la Llei (l'abaratiment de sòl) no es produiria perquè un increment de l'oferta no provoca necessàriament una disminució de preus quan el mercat no és competitiu. El que sí ha aconseguit la LRAU, aprovada pel darrer govern socialista de la Generalitat, és la transferència de facto de la propietat del sòl dels petits propietaris a les grans empreses urbanitzadores." [Sorribes, 1998, 86-87]

A mesura que s'aplica i desenvolupa la LRAU comença a plantejar-se la possibilitat que acabe consolidant-se una situació de mercat oligopolístic al sòl urbanitzat. No en tots els municipis, però sí almenys en els majors, on els grans grups immobiliaris estan apoderant-se amb el control dels nous sòls urbanitzats, per a modificar la tradicional estructura de la propietat molt dividida. El resultat seria una conquista del sòl per part de les grans promotores. Vinculat a aquest fet, no s'ha d'ometre la menció de la asimètrica relació entre propietaris i urbanitzador, reflectida especialment en el fet que siga aquest últim qui, en primera instància, fixe la seua pròpia retribució, i la seua condició d'agent amb un estatut equivalent al d'un concessionari, però amb escassos controls administratius en la realitat.

Anàlisi morfològica del creixement urbà en els PAI. Els PAI van ser concebuts com a instruments dotats d'una gran flexibilitat, especialment pel que fa a la possibilitat d'introduir modificacions al planejament. L'ús d'aquesta opció, no obstant això, suposa que proposta a proposta les determinacions i el model contingut en el PGOU va modificant-se, sense que hi haja un mecanisme dotat de la suficient perspectiva que permeta considerar la globalitat urbanística. En els nous polígons residencials el percentatge de sòl edificable residencial se situa generalment per davall del 30%. Tenint en compte, a més a més, que en augmentar l'edificabilitat —que en algun cas a la ciutat de València ha ranejat els 1,23 m2c / m2s— augmenten les cessions, es redueix el percentatge de superfície destinada a l'edificació, amb la qual cosa l'increment vertiginós de les altures és inevitable. Podem concloure aquesta anàlisi quantitativa amb una conclusió qualitativa: la pràctica exclusió dels desenvolupaments residencials de mitjana densitat i el predomini dels tipus edilicis en altura, conseqüència de les altes densitats (edificabilitats) i els baixos nivells d'ocupació del sòl.

Absència dels models postulats com a referència a la perifèria recent de l'Estat espanyol. Tota la formulació, i reivindicació, teòrica i pràctica en favor de la recuperació dels models tradicionals, especialment d'un dels teixits més característics, l'Eixample, exemplificat en les propostes de reinterpretació de l'illa tancada o almenys amb edificació perimetral entre mitjaneres enfront del bloc aïllat (mal anomenat obert), està absent en la construcció de la nova perifèria de la ciutat de València produïda a l'empara de la LRAU. La nova perifèria dels noranta recupera la pitjor interpretació de molts dels plantejaments del moviment modern, que havien sigut fortament criticats i qüestionats per l'urbanisme dels vuitanta. Tornen alguns aspectes rellevants, com ara la sobresaturació i hipertròfia dels espais públics (especialment la dels viaris), el predomini del "buit", "l'eclipsi" del parcel·lari, l'edificació aïllada (majoritàriament en torre de gran altura), encara que la posició de contigüitat respecte als teixits urbans consolidats evita mals majors, com són la segregació viària, la discontinuïtat i l'aïllament d'aquests teixits. En definitiva, l'experiència que estem analitzant sembla haver abandonat els intents de reinterpretació de la ciutat tradicional, de recuperació dels traçats reticulars i d'alguns elements característics, com ara l'alineació a vial, l'illa tancada o amb edificació perimetral.

El procés que s'està desenvolupant a la perifèria urbana de València és, com s'ha dit adés, insostenible. Quan a penes s'està acabant d'urbanitzar tot el sòl previst pel PGOU de 1988, ja comencen a sentir-se veus que reclamen la seua ampliació, a costa de l'horta; perquè cal recordar que a València el creixement sempre es produeix a costa de l'horta. I no ha de passar per alt que aquesta expansió, desmesurada i injustificada, és un atac en tota regla a la política oficial de foment de la rehabilitació. Com tantes vegades s'ha dit "expansió i rehabilitació es contradiuen", per la qual cosa la deterioració de les àrees internes previsiblement avançarà a mesura que es consoliden —si és que realment així ocorre— aquestes iniciatives.

La pèrdua o l'abandó de la capacitat de direcció dels processos urbanístics per part de l'administració. La falta de direcció del procés és patent, no sols en les qüestions estructurals o en el control formal de l'espai urbà produït, sinó fins i tot en la inexistència de criteris objectius i baremables per a la selecció de l'alternativa preferible. Aquesta situació obri la porta a la discrecionalitat amb els riscos que això comporta. En prou de les operacions en curs s'ha substituït la cessió obligatòria de sòls lucratius (10%) per millores en la qualitat de la urbanització. L'Ajuntament d'aquesta forma renuncia per endavant a qualsevol intervenció en la política d'habitatge. El comportament de l'administració posa de manifest el seu caràcter subsidiari respecte al sector immobiliari privat, per al qual aplana dificultats i crea les condicions òptimes per a l'exercici de la seua activitat, amb renúncia a gestionar una estratègia urbanística global al servei dels ciutadans. En el fons el que hi ha és una privatització d'un servei públic: la LRAU defineix la urbanització com un servei públic, però a continuació obri la porta a la privatització. En realitat, estableix els mecanismes perquè la producció de l'espai urbanitzat passe de ser un servei a un negoci.

València urbanisme insostenible. La interpretació desenvolupista del PGOU de 1988 ens retorna a etapes i episodis que haurien de pertànyer al passat, a un passat que mai no haguérem volgut veure repetit. L'àrea metropolitana i particularment la ciutat de València han entrat en una dinàmica urbanística autodestructiva. Casos emblemàtics d'aquest abús són actuacions com ara l'arrasament del Cabanyal; la urbanització indiscriminada de l'horta: el Pouet, la Punta, etc., que elimina un ecosistema insubstituïble; l'illa dels Jesuïtes, un exemple de les conseqüències del denominat urbanisme concertat o negociat (més negociat, que concertat...); la construcció del III Cinturó o tancament Nord de la V30; la reforma [sic] interior de Velluters, un esventrament obsolet, executat en contra de la voluntat dels veïns; la Ciutat de les Ciències, un monument al balafiament i la coentor; la carència d'un pla metropolità, potser el més greu error per omissió, etc. Un model urbanístic que consumeix, esgota i destrueix el seu propi entorn, que no respecta el medi agrícola, el patrimoni, la trama urbanística..., que espenta la civis a l'èxode, i l'urbs a la deterioració, a la densificació; una polis condemnada a la decadència.

 

 

Algunes idees finals

Escenaris de futur. Estem a punt de tancar un segle en què s'ha urbanitzat més espai que en els dinou anteriors. Hi ha dos factors nous a l'hora de pensar en qualsevol escenari de futur: d'una banda, el desbordament dels límits municipals, amb la plena consolidació dels àmbits metropolitans, i de l'altra, l'interrogant que els canvis estructurals vinculats al que s'anomena la societat informacional comportaran. És difícil, situats en els moments inicials d'un canvi d'aquesta profunditat, tractar d'imaginar diversos escenaris possibles, però, amb tot, és ara més necessari que mai.

Primer escenari; tendencial, continuista. Podem pensar que en un futur a mig i llarg termini, els ritmes d'expansió de la urbanització metropolitana es mantindran, en un context econòmic expansiu i un marc creixentment desregulat —en aquesta línia apunten les declaracions del responsable del Ministeri de Foment[13]—. El model de ciutat, l'anomenada metàpolis o més comunament ciutat regió, es caracteritzaria per la construcció de paquets cada volta més difusos o dispersos[14]. L'altra cara d'aquesta moneda seria la decadència del nucli (core) metropolità, amb el seu buidament demogràfic i la desertització productiva. Aquest model espontani tindria uns alts costos sobre l'ecosistema i la seua sostenibilitat a llarg termini és dubtosa —sense entrar en la ponderació dels costos i externalitats socials.

Segon escenari: reformista. El reconeixement dels problemes que es derivarien de l'escenari tendencial induiria a les administracions a reequilibrar, regular i controlar els processos metropolitans i introduir factors de correcció i ordenació, amb l'objectiu explícit de crear un marc millorat de vida, enfront de l'objectiu tendencial de ser només el suport del desenvolupament de l'activitat immobiliària. Per a això seria necessari frenar la difusió espacial de la urbanització, i introduir regulacions i ordenacions que perseguisquen incrementar els nivells de sostenibilitat dels agregats urbans.

Tercer escenari: catastrofista. A partir de l'escenari tendencial es pot construir un escenari catastrofista caracteritzat per la deterioració de les condicions de vida, en un marc d'inactivitat de les administracions públiques sotmeses i submises als dictats de la mà invisible del mercat. Dissortadament aquesta alternativa no és una mera especulació, és un escenari possible, encara que indubtablement no molt desitjable.

Migracions metropolitanes. Les primeres migracions urbanes internes tenien un radi i un abast molt limitat. Des de principi de segle, la burgesia i les capes mitjanes van començar a abandonar la ciutat històrica —preindustrial— per a instal·lar-se a l'Eixample. Després, amb el creixement urbà que acompanya el desenvolupisme dels seixanta, va tenir lloc l'assentament de la immigració d'origen rural a la perifèria, tant urbana com metropolitana, si bé les característiques, tant formals com estructurals d'ambdós assentaments, no difereixen substancialment. Des de finals dels anys setanta, la dinàmica de les migracions internes canvia de naturalesa: la Ciutat Vella continua perdent població, però també comencen a fer-ho l'Eixample i fins i tot la perifèria del XX[15]. Les últimes rectificacions patronals revelen un descens de la població de la ciutat central a partir del màxim de 787.278 aconseguit el 1985. Entre 1994-98 la ciutat de València ha perdut un poc més de 10.000 habitants, una tendència anunciada fa temps pels experts, que coincideixen a preveure una estabilització en torn dels 700.000 habitants. [Pérez Montiel, 1993, 81].

La deterioració de la qualitat de vida en el nucli metropolità —trànsit, contaminació acústica, aèria..., dèficit d'equipaments públics quotidians (escolars, verds, esportius, etc.) no compensables amb faraònics i hipercostosos projectes culturals— espenta unes capes mitjanes i altes amb unes rendes creixents cap a un entorn metropolità cada vegada més accessible. Cas exemplar de les carències del medi urbà, per citar-ne una, és la situació de les dotacions de zones verdes. Tot i l'esforç dut a terme en els últims anys, encara el 1998, la ràtio de zona verda per capita era de 2,3 m2s en jardins de tipus local, més altres 2,4 m2s en parcs urbans[16], sense assolir ni tan sols en total el mínim legal, i a vergonyosa distància dels mòduls europeus que se situen habitualment entre els 20 i 30 m2s/habitant.

L'àrea metropolitana és la ciutat. Avui, la ciutat de València és l'àrea metropolitana de l'Horta. El fet, repetit fins a la sacietat, és ben conegut. En els últims anys no hi ha hagut urbanista ni urbanòleg que no haja exigit la presa en consideració de l'escala metropolitana, la urgència a emprendre el seu planejament globalment. Té igual; res no altera la indecisió dels governants municipals aliens a tot el que ocórrega fora de les seues (il·lusòries) fronteres. Precisament en l'etapa que es consolida realment l'àrea metropolitana és quan es produeix la dissolució dels rudimentaris organismes que per al seu control i organització s'havien format. Aquest buit el cobreixen, incorrectament, les actuacions municipals i les polítiques sectorials, especialment les infraestructures de la mobilitat, convertides en punta de llança de l'extensió del model de ciutat difusa. L'absència d'una estratègia urbanística comuna, general per a tota l'àrea metropolitana, recorda les albors del segle XX, quan la falta d'una visió de conjunt va ser causa directa de molts dels problemes posteriors. No sembla que cent anys després hàgem aprés la lliçó.

Un trànsit motoritzat usurpador de l'espai urbà. No hi ha lloc per a res més; ni per a ningú més a la ciutat. El ciutadà ha sigut desplaçat, relegat per l'automòbil. El 1998 hi havia a la ciutat de València 385.421 vehicles automòbils, més que habitatges (358.741); una ràtio de 511 vehicles per 103 habitants[17] . Una xifra en ràpida progressió i enfront de la qual no és possible seguir mantenint un hipotètic dret a una irrestringida circulació. Alguns carrers de la ciutat haurien de ser rebatejats com el que són: autopistes, incapaços d'allotjar una vida ciutadana, civil. Per exemple, la Gran Via de les Germanies va tenir el 1997 una IMD de 116.940, 80 vehicles cada minut! [18] En aquell any, dels vint carrers principals, on es mesuren les intensitats del trànsit, quinze van augmentar la seua IMD; algunes d'elles, com ara Cardenal Benlloch, en un 24,1%. Quan s'abandonarà l'obsolet i inútil criteri d'acréixer l'espai públic lliurat, sacrificat, al trànsit motoritzat per a solucionar els problemes de mobilitat? La major part de les ciutats europees fa anys que van descartar aquesta falsa solució que no fa sinó empitjorar les coses. Però la ciutat de València continua ficada en aquest atzucac: el dels túnels, el de l'augment de la velocitat de circulació, el de la reducció de l'espai de relació humana... Una opció que incrementa la deterioració de l'espai públic de la ciutat, sense resoldre el de l'accessibilitat.

Preparar l'aterratge, reconvertir les estratègies urbanístiques. El creixement explosiu de la ciutat i de l'àrea metropolitana en el segle XX no és durable, és insostenible. No es pot pensar que aquests ritmes es mantindran en el pròxim segle. L'expansió demogràfica declina de forma irreversible, però en canvi el sector immobiliari prossegueix amb altes taxes d'activitat. Convindrà començar a plantejar-se la necessitat i conveniència d'una reconversió del sector immobiliari, en una doble direcció: preparant el que ja es denomina un aterratge suau, una desacceleració controlada. I sobretot donant pas a la rehabilitació, a polítiques de millorament i reequipament urbà, de desdensificació o esponjament. Malgrat les aparences, tenien raó els que a principis dels anys vuitanta proposaven la fi de l'expansió de les ciutats. L'actual boom és un miratge, una borratxera que passarà i deixarà una terrible ressaca: l'horta destrossada, el centre històric esventrat, una àrea metropolitana desestructurada i un model urbanístic insostenible.

 

 

Referències

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[1]        A la comarca de l'Horta existiria una rellevant fita de periodització diferencial: la riuada de 1957.  Encara que en aquell mateix any es constitueix el Ministeri d'Habitatge, competent en les qüestions urbanístiques, hem mantingut el criteri general que situa el canvi d'etapa el 1959, coincidint amb l'aprovació del Pla d'Estabilització Econòmica.

[2]         Cfr. Terán [1978], així com Ureña [1979]; en contra d'aquesta opinió es manifesta Díaz Nosty [1981].

[3]         Amb algunes excepcions com les interessants matisacions aportades per García Heredia [1988].

[4]         Font: Anuari Estadístic Municipal 2000 en http:/www.ayto‑valencia.es/anuario2000/04_02_01.htm

[5]         El desviament del riu Túria havia sigut proposat anteriorment. El 1882, 1920 i 1945 amb objectius diferents de 1958.

[6]        "Este nuevo plan  (el de 1966) supondría (supone todavía hoy), un coste para la ciudad expresado en términos económicos, culturales y de calidad de vida, de tal magnitud que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que fue ésta la auténtica catástrofe generada en aquella lejana (pero no olvidada) fecha de 1957." [Ajuntament de València, 1984, 8]

[7]        Es van analitzar 56 barris perifèrics, ordenats (per dir alguna cosa) per mitjà de 40 plans parcials, la majoria redactats segons la Llei del Sòl de 1956.  Per als pitjor dotats van redactar PERI (Plans Especials de Reforma Interior) que es van aprovar abans de la revisió del PGOU.

[8]        Alguns, enlluernats pels èxits econòmics del final del segle de la denominada new economy van soterrar massa prompte aquestes idees.  Amb un peu en el segle XXI, les formulacions de l'austeritat, avui reencarnada en la sostenibilitat,  retornen amb força al panorama urbanístic, encara que a la nostra ciutat aquestes formulacions no han tingut, fins ara, a penes eco.

[9]        Els canvis del canvi van ser espectaculars en molts ordres, exemplarment representats en l'evolució que separa un «d'entrada, no» a un «OTAN sí».

[10]      L'anàlisi detallada de la nova perifèria urbana de València, desenvolupada per mitjà dels PAI es troba en Gaja [1999], d'on procedeixen moltes de les següents idees.

[11]      Segons d'altres fonts, la superfície dels 22 PAI (sense incloure promocions de substitució ni puntuals) ascendiria a 310 ha, de les quals només 5,7 ha s'ubicarien a l'arc sud‑oest [Sorribes, 1998, 88].

[12]       Totes les dades procedeixen de l’esmentat Anuari Estadístic Municipal 2000 en http:/www.aytovalencia.es/anuari2000

[13]       Un marc caracterizable per la tríade neoliberal: desregulació (liberalització) ‑ privatitzacions ‑ política fiscal regressiva.

[14]       Coincideixen molts autors a qüestionar el caràcter de ciutat dels nous assentaments; per això, en el guirigall terminològic a l'hora de triar vocables que analitzen i descriguen els nous espais urbanitzats, l'expressió metàpolis sembla dotada d'una certa exactitud i precisió.

[15]       Ciutat Vella perd entre 1970-81 un 36,4% de la població i entre 1981-91 un altre 24,6%. Per a l'Eixample les xifres respectives són del 24,1 i 15 %. [Teixidor & Boira, 1993, 34]. Més recentment les xifres aportades per Pérez Montiel revelen una pèrdua de quasi el 60% per a Ciutat Vella, i del 30% per a l'àrea interior a l'anell de Trànsits, ambdós en el període 1970-1996; cfr. Pérez Montiel [2000].

[16]       Segons xifres oficials, el 1998 la ciutat disposava de 1.748.427 m2s en jardins, 477.303 m2s en 10 parcs —on s'inclouen alguns encara no plenament enllestits—, i 1.326.006 al parc del Túria.

[17]      Dades més recents, publicades per Las Provincias (24 d'agost del 2000) situen l'índex per al global del País Valencià en 568 vehicles/1000 habitants, just la mitjana estatal. L'indicador ateny el seu rècord absolut a les Balears amb ni més ni menys que 916 vehicles/1000 habitants.

I això sense comptar els milers de vehicles que cada dia envaeixen el seu espai públic provinents de l'àrea metropolitana, molts d'ells conduïts per exurbanites que no han pogut resistir els inconvenients de la vida a ciutat, però que es pensen amb dret a martiritzar els residents que hi continuen.

[18]       La xifra adquireix major gravetat si es considera el seu creixement. El 1966, aquesta via era també la de major IMD a la ciutat: 23.000.

 

 


 

SOBRE LA FORMA LA CIUDAD INFORMACIONAL. ¿DE LA METRÓPOLIS INDUSTRIAL MODERNA A LA REGIÓN URBANA INFORMACIONAL DIFUSA?

Fernando Gaja i Díaz©

fgaja@urb.upv.es

 

I CONGRÉS INTERNACIONAL SOBRE TERRITORI I CIUTAT.

"LA METRÒPOLI: PRESENT I FUTUR"

 

Centre de Política  del Sòl i Valoracions - CSPV

Barcelona, 2 juny - 11 juliol  2003

 

 

RESUMEN /ABSTRACT

Esta ponencia pretende exponer y debatir algunas ideas sobre los procesos de transformación contemporánea del espacio urbanizado, sometido a dos pulsiones de orden y naturaleza bien contradictorias: de una parte, los cambios que podrían derivarse de una hipotética Revolución Informacional, y de otra las medidas que habrá que tomar como consecuencia de la cada vez mas evidente Crisis Ecológica. Ambas son motores del cambio social contemporáneo, y por ende de las transformaciones del espacio urbanizado y del territorio. Se trataría, por tanto, de discutir la naturaleza de los cambios estructurales, y comprobar la medida en la que estas transformaciones pueden estar afectando a la forma construida.  Estamos ante una cuestión polémica, ante la que reputados autores niegan la mayor: no hay una forma de la ciudad informacional; la ciudad informacional es un proceso, no una forma. Mientras que otros, más próximos a la arquitectura, sí creen poder identificar nuevas formas construidas, pregoneras de una nueva ciudad, la de la Sociedad Informacional.

 

 

CONTEXTOS

Vientos de cambio

Una hipótesis: la Revolución Informacional

La Tesis del Cambio de Era

La transición a la Sociedad Informacional: ¿Post modernidad o Modernidad avanzada?

La aparición de la Sociedad Informacional

PAISAJES Y PROBLEMAS: LA TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANIZADO

La emergencia de la Ciudad Post-Industrial

Fenomenología de la urbanización Post-Industrial

La lógica de los nuevos espacios

Dos modelos estructurales para el desarrollo de la ciudad industrial

Nuevos espacios urbanizados

La negación de la mayor

Terminologías para los nuevos espacios urbanizados

Conectividad física y virtual

“Archipielaguización” del territorio

Hipermovilidad y expansión urbana

Descripción de procesos, rasgos y dinámicas

Frente a una hipótesis una evidencia

Un modelo radicalmente insostenible, un proceso con los pies de barro

REFERENCIAS

 

 

 

CONTEXTOS

Vientos de cambio. Partamos de una evidencia, la sociedad de principios de siglo XX se encuentra inmersa en un proceso de (r)evolución acelerada. No otra cosa son los fenómenos de mundialización (globalization), de informacionalización y las amenazas que se derivan de la crisis ecológica (y social) planetaria. El modelo de sociedad industrial y el modo de regulación fordista que fue su máxima expresión, al menos en Europa, están hoy en la picota. El objetivo de este texto es, por tanto, reflexionar sobre la naturaleza de estos procesos y su incidencia en la conformación de los nuevos espacios urbanizados, algo que muchos autores ya ni se atreven a llamar “ciudad”. Las reflexiones que aquí se presentan nacen de la perplejidad, del asombro que se deriva del modo y la velocidad en que está cambiando nuestra sociedad y en consecuencia el espacio urbanizado. ¿Cuáles son las coordenadas en las que se mueve la emergencia de las nuevas formas de espacio urbanizado? a) Un escenario de futuro de alta incertidumbre, en crisis (en cambio), sometido a tensiones de todo orden (espaciales, económicas, ecológicas,...); b) un sistema social vivo, abierto, en ebullición, expuesto a procesos caóticos, impredecibles; y c) un espacio urbanizado, que se presenta como desestructurado funcional, jerárquica y formalmente. Unos ámbitos en el que las únicas referencias e hitos son las del pasado (los núcleos tradicionales, los ferrocarriles, los viejos caminos), unos espacios a-culturales, a-temporales.

Una hipótesis: la Revolución Informacional. Como supuesto de nuestro análisis partiremos de una hipótesis fundamental: en la actualidad se está produciendo un cambio estructural radical consistente en el paso de la Sociedad Industrial a otra distinta que se ha dado en llamar Post-Industrial, y que vamos a denominar preferiblemente Informacional. Esta hipótesis sostiene que estamos asistiendo a una transformación de las bases productivas, de lo que podríamos denominar el Sistema Tecnológico Productivo Dominante[1], un proceso que abriría el camino a una nueva era o civilización: la Informacional; un supuesto que no es pacífico, que tiene cualificados detractores y defensores. Lo que parece innegable es que los avances técnicos puestos a disposición del mercado desde mediados de los años ochenta del pasado siglo —la electrónica, la informática y las telecomunicaciones son las tres patas de esta revolución (inicialmente sólo tecnológica) que afecta esencialmente al tratamiento de la información—, están teniendo unos efectos revolucionarios, en sentido estricto: en el de inducir una transformación del conjunto de la sociedad, y por tanto, en lo que a nosotros más nos concierne, del despliegue espacial de la urbanización.

Se trata de un supuesto no pacífico; nos interesa destacar que sus defensores utilizan un razonamiento de base analógica, que en ocasiones incurre en un excesivo paralelismo con los procesos que desde el siglo XVII desembocaron en la Revolución ―y en la sociedad, y ciudad― Industrial. El planteamiento es sumamente atractivo: de la misma forma que la expansión de las actividades industriales, a partir de las artesanales e impulsadas por las innovaciones tecno-científicas, acabaron por consolidar un nuevo sistema tecnológico productivo dominante (que devino dominante precisamente cuando la riqueza creada por ese nuevo sector, que luego reconoceríamos como secundario o industrial, superó a la producida por los otros), en la actualidad estaríamos asistiendo a la emergencia y consolidación de un nuevo sector, que podríamos llamar cuaternario para distinguirlo del tradicional terciario de los servicios[2]. Un sector cuyo objeto es la venta de la información y del conocimiento, y que en gran medida se forma o arranca tomando como referencia las actividades denominadas de consultoría, profesionales,…

La Tesis del Cambio de Era. La sugestiva hipótesis de la Revolución Informacional, inductora de un cambio de Era, es decir, de la conformación de una nueva sociedad Post-Industrial (Post-Moderna), está construida sobre un razonamiento analógico. Pero esta hipótesis tiene sus puntos débiles, y la analogía sus limitaciones. La formación de la Sociedad Moderna, Industrial o Post-agraria, se inserta en un largo proceso que supera los dos siglos. Para llegar a la formidable revolución tecnológica y social de los siglos XVIII y XIX, fue preciso un cambio de mentalidad que podemos resumir en el ascenso y la hegemonía del pensamiento racional; toda una revolución cultural, ideológica, filosófica iniciada en el Renacimiento. Frente a ellos, los cambios contemporáneos no admiten parangón, y el escaso lapso temporal transcurrido se revela como una seria objeción, sin que el argumento de la aceleración del tempo histórico sea suficiente. La Revolución Industrial fue realmente un cambio global, de conjunto, de la totalidad de la sociedad; supuso la entronización de nuevos valores, destacadamente el triunfo de la razón, de la racionalidad, y la superación del pensamiento mágico y religioso. No existe paralelismo posible con la situación actual, donde aparentemente, los cambios no afectan de manera tan profunda a la forma de pensar, de ver el mundo, a la cosmogonía moderna. Hay, por tanto, serias objeciones a la hipótesis del cambio de Era, y aunque la teorización de las Eras es sumamente atractiva (y redonda) hay que reconocer que presenta algunos claroscuros, puntos y aspectos centrales que no consigue explicar, si bien aporta elementos de interpretación y comprensión muy valiosos.

La transición a la Sociedad Informacional: ¿Post modernidad o Modernidad avanzada? La Revolución Industrial ha atravesado hasta finales del siglo XX al menos dos fases diferenciadas. La primera, la fase inicial, corresponde al desarrollo de la primitiva tecnología para la producción fabril (la máquina de vapor, el telar, el ferrocarril,...), la Era del Maquinismo. La segunda, datada a finales del siglo XIX, se articularía sobre innovaciones tecnológicas que permiten el control y empleo masivo de la energía, novedades que contribuirían a elevar todavía más la producción (uso industrial de la energía eléctrica, motor de combustión interna, acero,..). Este segundo conjunto de mejoras técnicas habría desembocado, o como mínimo alentado, la aparición del fordismo, un modelo social de consumo ampliado o de masas, basado en un circulo causal —ya no se sabe si vicioso o virtuoso— que vincula producción en cadena y consumo. La segunda Revolución Industrial, al igual que la primera, catalizó una profunda revolución social. La historia del siglo XX, tanto en su vertiente más dramática —ascenso del capitalismo industrial, aparición de los totalitarismos capitalista (fascismo) y socialista (estalinismo)—, como en la más noble y progresista —constitución del Estado Social (del "bienestar"), consolidación de los Derechos y Libertades Humanas Individuales y Colectivos (instaurados por la Revolución Francesa y desarrollados por la Soviética)— es indesligable del avance económico y tecnológico que supuso esta segunda fase de la Revolución Industrial.

Los detractores de la hipótesis de la transición a la Sociedad Informacional señalan que en realidad la Revolución Informacional sería una nueva fase de la Revolución Industrial: la tercera, inducida por la aparición de las máquinas de procesamiento de la información (ordenadores). Quienes así opinan niegan por tanto que hayamos podido comenzar una nueva era; que se pueda hablar de Sociedad Informacional (como algo distinto de la Industrial o Moderna), y que por tanto podamos especular con una Ciudad (o espacio urbanizado) Informacional, Post-Industrial o Post-Moderno. No aportan argumentos desdeñables quienes así arguyen. Con todo me parece que la naturaleza y el alcance (pero sobre todo la naturaleza) del cambio contemporáneo no permite contemplarlo como una fase continua respecto a los anteriores. Porque en el caso de la Revolución Informacional el objeto no es la introducción de técnicas destinadas a la mejora de la producción industrial[3], sino la aparición de un sector distinto, el sector del conocimiento[4], un sector en ascenso y cuyo peso económico, en términos relativos, aumenta día a día.

La aparición de la Sociedad Informacional. A mediados de los años 80 comenzaron a fabricarse y utilizarse masivamente los ordenadores personales, máquinas reservadas hasta entonces a un entorno científico o militar muy restringido. Muchos autores han señalado este hecho como el inicio de una nueva Era, la de la Información. Esta afirmación se formula desde la consideración de que las nuevas tecnologías de proceso y distribución de la información —la informática, la telemática y la microelectrónica— introducen cambios sustanciales en la estructura económica, cambios que a su vez van a transformar el conjunto de la estructura social. Se postula, tal y como ocurrió con la Revolución Industrial, que la emergencia y consolidación de un nuevo sector productivo, el de la Información, conllevará una transformación de todas estructuras sociales y económicas. La hipótesis veinte años después comienza a validarse: en las sociedades más avanzadas el sector económico de la Información —que inicialmente se incluyó en el Terciario, hasta constatar que se trataba de algo diferente, y que hoy empieza a ser conocido como cuaternario— se está consolidando como el de mayor empleo y el de mayor valor agregado de su producción.

 

 

PAISAJES Y PROBLEMAS: LA TRANSFORMACIÓN DEL ESPACIO URBANIZADO 

La emergencia de la Ciudad Post-Industrial.  Vamos a exponer algunas ideas, forzosamente desordenadas, intentando describir, identificar, denominar, analizar y sistematizar la formación de los nuevos espacios urbanizados en el marco de los cambios sociales que hemos tomado como hipótesis. Nuestro interés en este momento no es el de reflexionar en profundidad sobre la naturaleza de estos cambios, sus dificultades y características, sino, mucho más limitadamente, tratar de valorar sus repercusiones espaciales, en concreto las transformaciones que en el espacio urbanizado —aquello que hasta ahora hemos llamado ciudad— pueda estar induciendo. La hipótesis de partida se basa, de nuevo, en un pensamiento analógico: al igual que la Revolución Industrial supuso la aparición y la difusión hegemónica de nuevas formas del espacio urbanizado —que posteriormente serían reconocidas como Áreas Metropolitanas, Metrópolis o simplemente ciudades industriales modernas— se puede plantear que las transformaciones estructurales contemporáneas van a acabar por generar un nuevo modelo espacial para la construcción del espacio urbanizado. Es, sin embargo y por ahora, una hipótesis que choca con dos dificultades: de una parte, la inercia al cambio de las estructuras urbanísticas —el hecho de ser una materialidad construida le dota de una mayor permanencia y estabilidad—, y de otra, el hecho de que estemos ante un fenómeno que se encuentra en una fase incipiente dificulta el análisis y la construcción de modelos explicativos —así como los obstáculos para acceder a su conocimiento y disponer de la información relevante—. Hay, además, otro argumento de orden disciplinar que se opone al estudio y comprensión de los procesos de aparición de los nuevos espacios urbanizados: la doctrina urbanística se encuentra aferrada al denominado paradigma de la Modernidad, un paradigma teórico que, de ser cierta la hipótesis enunciada, estaría quebrado.

Fenomenología de la urbanización Post-Industrial.  Entre la desregulación y la imprescindible cooperación para sobrevivir, pese a su negación y rechazo, o en el extremo opuesto, su más deslumbrada y banal apología, la realidad de eso que hemos dado en llamar Ciudad Post-Industrial o Informacional emerge y se consolida día a día. Coherentemente con los dos vectores dominantes de transformación de la sociedad contemporánea (la "Informacionalización" y la Crisis Ecológica) podemos trazar dos tendencias o, mejor dicho, ver el espacio con dos perspectivas diferentes; la resultante de ambos conforma el espacio urbanizado contemporáneo, el de la sociedad Post-Industrial. Con exiguo margen para el agio semeja que la configuración genuina de la Sociedad Post-Industrial ("Informacional") es la «Ciudad Difusa». Los elementos más relevantes de esta nueva "ciudad", los grandes equipamientos de la "globalidad", los nuevos espacios de producción del conocimiento, los nodos de comando y control (Campus Universitarios, Parques Tecnológicos, Parques Empresariales,...), los generadores de centralidad (Recintos Feriales, Palacios de Congresos,...), las áreas de consumo (las Centros Comerciales), las zonas lúdicas y del ocio banal (Parques Temáticos, los Malls de tercera generación), los recintos de los grandes eventos mundiales (Olimpiadas y campeonatos deportivos, Forum y Expos,...), las nuevas formas de la residencia, las infraestructuras de la movilidad (redes y elementos arteriales,...) y del transporte público masivo (metros, tranvías, monorraíles,...), los puntos de intercambio modal de transporte (estaciones de ferrocarril, zonas logísticas (ZAL), aeropuertos y "ciudades aeroportuarias", puertos y frentes litorales,...), los contenedores de la "Cultura" (grandes museos, teatros y auditórium, bibliotecas,...), todos apuntan en la dirección de la dispersión, de la expansión urbana, del alejamiento y la fractura y fragmentación del espacio urbanizado; una fragmentación que es total: espacial, funcional y social, y que acentúa y agrava las crecientes desigualdades. Este paisaje Post-Industrial es empieza a ser conocido; lo que nos interesa ahora es intentar comprender la lógica de su formación, superando las imágenes de caos y amontonamiento indiferenciado con que a menudo se presenta.

La lógica de los nuevos espacios. Saramago presenta su libro El hombre duplicado bajo una atractiva divisa: El caos es el orden por descifrar. Efectivamente, el caos, el desorden con que se despliega la urbanización contemporánea (¿la de la Era de la Revolución Informacional?), como antaño pasara también con la primera Ciudad Industrial, es la manifestación de nuestra incapacidad para entender plenamente su lógica (y por tanto, para poder intervenir y regularla adecuadamente).  Porque efectivamente esta estructura espacial Post-Industrial está dotada de una lógica interna, se despliega según un orden que es necesario comprender. Algo sí sabemos y somos capaces de explicar: que el crecimiento desmedido y más allá de toda lógica de las infraestructuras de la movilidad es un factor de aceleración de la expansión urbana y periurbana; que la disponibilidad de energía (todavía) barata contribuye a esta extensión facilitando una movilidad en crecimiento exponencial; que la búsqueda de un nuevo hábitat, menos agresivo que la deteriorada ciudad tradicional, empuja a las familias en su huida a supuestos paraísos urbanos—paraísos que pronto se convierten en bastiones, recintos amurallados, segregados y aislados de la sociedad, donde sus habitantes devienen privilegiados prisioneros voluntarios—,¼ pero todo ello en realidad no refleja más que la continuación de tendencias preexistentes. Nos falta lo fundamental, lo diferencial: los nuevos espacios productivos, la incidencia de la disponibilidad de medios telemáticos al alcance del sector productivo cuaternario. Comencemos por recordar un principio urbanístico genérico y básico: el espacio urbanizado es siempre el resultado de la transformación de los espacios preexistentes y de la adición de otros nuevos. Su carácter de palimpsesto, tantas veces señalado, hace que debamos insistir en que el nuevo espacio urbanizado se construirá junto y sobre a los espacios "históricos"; que no cabe pensar en la desaparición de la ciudad que conocemos, aunque sí en su previsible transformación. Para entender los procesos en curso es pues necesario efectuar un breve repaso de la estructura de partida.

Dos modelos estructurales para el desarrollo de la ciudad industrial. Desde el inicio de la revolución industrial podemos distinguir dos modelos estructurales para el crecimiento de las ciudades: a) el representado en el siglo XIX por el modelo proto-industrial de la Gran Ciudad —la Großstadt de  Eberstadt, Baumeister,... pero también Cerdà—, con propuestas de crecimiento por continuidad y extensión ordenada a partir de los asentamientos previos; y b) el modelo desarrollado ya en el siglo XX, que abandona las ideas de continuidad y agregación, para dar paso a modelos que se guían por estrategias de descentralización productiva y desconcentración residencial, conformando una nueva estructura en la que se introducen límites al crecimiento de la ciudad central, y en la que se opta por la discontinuidad de los nuevos suelos residenciales y productivos. Un modelo, denominado planetario, que con el tiempo devendrá la referencia canónica, el icono dominante de la Ciudad Industrial bien ordenada: el Área Metropolitana. Elemento común a todos ellos es la ruralización del crecimiento urbano unido a la contención de las grandes ciudades, convertidas en el núcleo central de las áreas metropolitanas.

Nuevos espacios urbanizados. La transformación y expansión de los espacios urbanizados en la actualidad no permite seguir manteniendo el modelo teórico que hemos sintetizado. Cualquiera que sea la posición que se adopte en relación al cambio estructural que hemos descrito (cambio de era o sólo tercera etapa de la sociedad industrial, y ello tendría consecuencias sobre las hipótesis y puntos de partida para el análisis), todas las evidencias apuntan a una transformación en profundidad en los modos y formas de producirse el espacio urbanizado contemporáneo. Antes de intentar describir los rasgos esenciales de ese nuevo espacio en producción, insistamos en el acuerdo mayoritario sobre la obsolescencia del modelo urbanístico canónico, el del Área Metropolitana planetaria, equilibrada, regulada, con núcleos compactos, agregados e integrados, modelo utilizado universalmente para regular el crecimiento a lo largo del siglo XX. 

La negación de la mayor.  Destacaremos, por otra parte, la existencia de posiciones contrarias a los planteamientos que estamos exponiendo. Manuel Castells [2000], en su evaluación de las transformaciones inducidas por el desarrollo de la Sociedad Informacional, sostiene que en esta nueva sociedad “basada en el conocimiento, organizada en torno a redes y compuesta en parte por flujos, la ciudad informacional no es una forma, sino un proceso, caracterizado por el dominio estructural del espacio de los flujos”.  Un planteamiento válido en lo que concierne a la transformación de la estructura social y económica, pero inaceptable en su vertiente urbanística: la cambiante realidad de la construcción del espacio urbanizado da cuenta de la aparición de nuevas formas urbanas, que no responden a los modelos ni a las formas precedentes y que necesariamente deben ser contemplados como el resultado de la emergencia y consolidación (incipiente) de la Sociedad Informacional.

Terminologías para los nuevos espacios urbanizados. Intentando no caer en el nominalismo, es necesario, sin embargo, dar cuenta de la maraña terminológica que se ha formado a la hora de intentar etiquetar y sistematizar los procesos contemporáneos. Hay casi tantas denominaciones como autores, y entre otras destacamos: a) el grupo de las Post: Territorio Post-metropolitano, Post suburb, Post periferia, Ciudad Post-Industrial, ... que obviamente ponen el acento en la condición de ser espacios sucesores; b) las que ponen de relieve el carácter supramunicipal y supermetropolitano de las nuevas formaciones espaciales: City-region, Región Urbana,....; c) las que señalan su carácter colonizador (urbanizador) de territorios: Edge City (Garreau), Perimeter Cities, Peripheral Centres,...; d) las que enfatizan la innovación tecnológica como aspecto central: Techno Suburb, Galactic City, Tomorrow Land, Ciudad Informacional; e) las que destacan la dispersión y fragmentación como rasgo fundamental y distintivo: Disurb, Superurbia; f) las que subrayan las diferencias en la base económica y productiva: Service City; g) las que subrayan los cambios en los aspectos sociales: Ciudad Archipiélago,...; (h) junto a un sin número de propuestas de escaso interés: Urban Villages; Suburban Downtowns; Suburban Activity Centres; Major Diversified Centres,... En mi opinión, es particularmente interesante la denominación de Metápolis (propuesta por François Ascher), que subraya la nueva realidad del espacio urbanizado, más allá de la ciudad canónica industrial, así como la descriptiva denominación de Ciudad Difusa (debida a Indovina), pero a fin de evitar la introducción de términos de difícil comprehensión o lectura equívoca, lo denominaremos simplemente espacio urbanizado contemporáneo.

¿Qué diferencia a las regiones urbanas post-industriales, a las Metápolis Informacionales de las Áreas Metropolitanas maduras de la Era Industrial? No es la dispersión, un fenómeno característico de éstas; no es tampoco el empleo generalizado de los medios de transporte masivos, última ratio de la aparición de las metrópolis modernas,¼ Aparentemente no hay diferencias esenciales; aunque hay aspectos novedosos; las divergencias más importantes son de naturaleza fundamentalmente cuantitativa: una ampliación del radio de influencia de la urbanización, del ámbito de dependencia funcional, del consumo de movilidad (rebautizada como hipermovilidad), de la expansión sin precedentes no control de la urbanización,¼ Podemos, pues, proponer dos vías de aproximación: aplicar la regla que postula la transmutación de los cambios cuantitativos en cualitativos, y/o pensar que el fenómeno se encuentra en una fase inicial, y que la inercia propia de los procesos urbanísticos le impide manifestarse con plenitud.

Conectividad física y virtual. Entrando en el análisis de las transformaciones de los espacios construidos contemporáneos destaquemos como primera causa de su imparable expansión el crecimiento exponencial de la movilidad, tildada acertadamente de hipermovilidad. El despliegue de los medios de transporte motorizados fue una de las principales innovaciones de la II fase de la Revolución Industrial, pero su actual extensión a amplios sectores de la población, conduce a escenarios distintos de los de principios de siglo XX. El espectacular aumento de la movilidad es la razón última de la aparición de fenómenos como el sprawl, la difusión, diseminación o dispersión urbana, impensable sin el soporte de un extenso parque automovilístico, y una red de infraestructuras que lo acoja. Hoy, sin embargo, la accesibilidad o movilidad debe incluir, en un sentido más amplio o novedoso, la accesibilidad o movilidad virtual, inmaterial, mejor descrita como conectividad telemática o virtual. La aparición de las redes telemáticas introducen un elemento diferencial, cuyos efectos son difíciles de calibrar en la actualidad, aunque la generación de efectos espaciales será inevitable. Algunos autores, destacando la importancia de las redes de comunicación en la estructuración espacial de la sociedad actual, la llegan a calificar como de sociedad-red (tanto da que sean materiales o inmateriales). Lo cierto es que las nuevas formas de la urbanización, el cambio general de las formas de organización social, y las consiguientes transformaciones físicas dependen hoy todavía más de la hipermovilidad física que de la conectividad telemática.

“Archipielaguización” del territorio. La red viaria ampliada actúa como cabeza de puente en la colonización-urbanización del territorio de la Ciudad Difusa, provocando la “archipielaguización” o "insularización” de los espacios urbanos, y también la de los rústicos, generando estructuras territoriales malladas, con células por debajo de los 10 kms., de lado, a veces e incluso de los 5, que encierran ecosistema fragmentados y aislados de inverosímil viabilidad [Rueda, 1999, 61]. La insularización de los espacios urbanizados es en primer lugar una consecuencia de la estructura viaria, pero la dinámica se refuerza con el argumento de la inseguridad ciudadana, dando como resultado la construcción de recintos y zonas fuertemente aisladas, segregadas y homogéneas.

Hipermovilidad y expansión urbana.  El aumento de la movilidad es la causa central de la expansión urbana, pero ésta a su vez está condicionada por tres elementos: a) la expansión del parque automovilístico; b) las infraestructuras de alta capacidad y velocidad que para su uso se construyen, y en menor medida la red de transporte público de ámbito metropolitano o regional; c) el aumento de la renta que está en la base los dos factores anteriores. Una vez que se da la gran expansión de la movilidad, la hipermovilidad, como resultado de los tres factores mencionados (motorización-infraestructuras-renta), es posible pensar en localizaciones no centrales para el desarrollo de las actividades residenciales, productivas, terciarias y finalmente cuaternarias y directivas. Esta elección supone una reducción de los costes del suelo —e inicialmente de la congestión, aunque no se tienen en cuenta el aumento de los costes externos— alentándose de esta manera la expansión y la dispersión de las actividades. Si bien es cierto que la especulación fundiaria no es el motor, no es una causa directa, del sprawl (porque sin un aumento de la movilidad la dispersión no se produciría), sí actúa, una vez garantizada la hipermovilidad metropolitana, reforzando las tendencias a la difusión, guiada por la búsqueda de suelos baratos, aunque bien comunicados.

Descripción de procesos, rasgos y dinámicas. Desde un punto de vista físico, urbanístico, en la construcción del espacio urbanizado contemporáneo, de la ciudad difusa, se detectan los siguientes síntomas: a) un creciente consumo de suelo, sin crecimiento demográfico[5]; b) la constitución de estructuras policéntricas, reticuladas o malladas, superando las antiguas estructuras metropolitanas monocéntricas o con un núcleo principal; c) la primacía del espacio de las comunicaciones; d) la aparición de una nueva periferia, con abundante empleo terciario, e incluso cuaternario, frente a la tradicional periferia metropolitana, inicialmente sólo industrial, y después residencial y comercial, es decir con actividades que podían ser consideradas débiles en relación a las terciarias y cuaternarias; e) la especialización extrema de las grandes piezas del mosaico que conforman las Regiones Urbanas; f) la difuminación de los límites ciudad-campo; g) la pérdida de densidad, de la interacción funcional y de la continuidad espacial; h) la transformación de los macro-espacios industriales (modelo canónico de la industrialización del fordismo) y su sustitución por nuevos modelos de asentamientos industriales dispersos, deslocalizados, pero integrados jerárquicamente en red. En definitiva, el modelo de ciudad difusa conduce a una notable gran fragmentación y complejidad espacial, aunque internamente las piezas presenten una extrema simplicidad y homogeneidad; un medio insularizado, segregado, disperso.

Frente a una hipótesis una evidencia. Todo el razonamiento que hemos desarrollado se basa en una hipótesis: que los cambios en la estructura productiva inducidos por el ascenso del sector cuaternario, consecuencia a su vez de la Revolución Informacional, acabaran por situarnos en una nueva Era o Civilización, la informacional y que frente a este hecho la transformación de los espacios urbanos no va a quedar inalterada. Pero frente a ella se opone en la actualidad una evidencia que día a día adquiere mayor solidez: el agravamiento de una crisis ecológica de magnitud extraordinaria y alcance planetario que pondría en quiebra el proceso evolutivo desde la Sociedad Industrial a la Sociedad Informacional.

Un modelo radicalmente insostenible, un proceso con los pies de barro. Y es que el modelo de la ciudad difusa, que brevemente acabamos de describir, es radical y sencillamente insostenible, porque: a) conlleva aumentos espectaculares en los consumos energéticos, de todo tipo de materiales —de agua: ¿Agua para todos o Todo el agua que queramos y más…?—, y sobre todo de suelo y de energía); b) desde el punto de vista social y cultural, implica la fragmentación y especialización de las piezas urbanas, la ruptura de lo que es y ha sido la ciudad como espacio de relación y socialización; c) supone la separación y el aislamiento de todo tipo de funciones, lo cual incrementa la denominada movilidad obligada; y d) es económicamente injusto, al ocultar los costes reales, que son asumidos colectivamente. Pero, alguna ventaja debe tener el modelo difuso, que explique la preferencia de amplias capas sociales por este modelo de vida: ¿seguridad, status, mejoras en el hábitat, en el alojamiento, vivencia y contacto con la "naturaleza"? Frente a unos espacios "históricos" que han devenido inseguros, contaminados, ruidosos, congestionados, los panegiristas de este nuevo modelo, ignorando las críticas sociales, ecológicas, urbanísticas, desvían la atención, para destacar su aceptación social.

"E pur, si mouve" la transformación del espacio urbanizado, la difusión y dispersión de la “ciudad” es un hecho innegable. Sólo tenemos la constatación de que estamos ante algo diferente, sin que sepamos bien cómo puede evolucionar, a qué lógica responde y sobre todo como podemos regular y controlar este monstruo devorador de espacios de alto valor, consumidor de recursos sin fin y generador de unos altísimos costes ambientales, que quizás pronto no podamos seguir pagando.

 

 

REFERENCIAS

Castells, Manuel [2000]: La Era de la Información. Alianza Editorial, Madrid.

Gaja i Díaz, Fernando [2003]: Revolució Informacional, Crisi Ecològica i Urbanisme. Universitat Politècnica de València, València (en premsa)

Macchi Cassia, Cesare [1991]: Il Grande Progetto Urbano. La Nuova Italia Scientifica, Roma.

Rueda, Salvador [1999]: La Ciutat Sostenible. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, Barcelona.


 

[1]               Denominación que describe el conjunto de actividades y medios tecnológicos económicamente dominantes en una sociedad, es decir aquellos sectores o procesos que aportan el mayor porcentaje de riqueza o plusvalía. A grandes trazos podemos distinguir tres, o incluso cuatro, Sistemas Tecnológicos en la historia de la humanidad: el Primitivo, el Agrícola, el Industrial e, hipotéticamente, el Informacional. Puntualicemos: dentro de cada Sistema Tecnológico Dominante pueden darse (de hecho se han dado) diferentes relaciones sociales de producción (Modos de Producción), en función de las características concretas de la sociedad de que se trata: su historia, su cultura, sus relaciones con otras sociedades, sus vínculos de dependencia o dominio, etc.,... El concepto de Modo de Producción remite a las relaciones que las diferentes clases establecen entre sí en orden a la apropiación de las plusvalías o excedentes que se generan en los procesos productivos, el del Sistema Tecnológicos a la preeminencia de determinados técnicas o sectores para la producción de bienes y servicios.  A lo largo de la historia de la Humanidad los Modos de Producción han sido diversos, asincrónicos y hasta simultáneos, y en este caso, han podido establecer relaciones de dominio y dependencia entre ellos, situación que no es directamente extrapolable a los Sistemas Tecnológicos. Cfr. Gaja [2003]

[2]              El terciario tradicional podría ser descrito como aquel en que la actividad principal es la sustitución del trabajo personal (vigilantes, camareros, conductores, recepcionistas), mientras que el cuaternario o terciario superior o avanzado, la actividad gira en torno a la transmisión y venta de conocimiento o información.

[3]              Aunque pueda tener esos efectos “colaterales”, de la misma forma que la Revolución Industrial acabó por transformar, en un sentido “industrial”, a gran parte del sector primario hasta el punto de que se puede hablar de un sector agro-industrial.

[4]              Hablamos del sector del conocimiento en lugar de sector de la información para evitar cualquier confusión con lo que son los medios de información de masas, un subsector (nada despreciable) de este grupo de actividades económicas. Integran el sector del conocimiento actividades muy dispersas, y casi aparentemente opuestas, que van de la investigación pura o aplicada, a las patentes, royalties, consultorías, derechos de autor,… pero incluye también el conocimiento banal, masivo e incluso el “basura” (música, cine, televisión, emisiones de todo tipo,…)

[5]               Destaquemos algunos datos disponibles sobre el espectacular aumento de la ratio de consumo de suelo per cápita. Según las cifras aportadas por Macchi Cassia [1991, 35] se sitúa 1991 en 250 m2s/hab, en Lombardía; en 65 m2s/hab, para la ciudad de Milán; mientras que para la Ciudad de València es, según nuestras estimaciones, es de unos 5 m2s/hab. Estas cifras dan cuenta de un cierto “retraso” en el aumento del consumo de suelo per cápita, en nuestro entorno inmediato.

 

 

 


 

LA CIUTAT VELLA: BALANÇ DE DUES DÈCADES. PLANS, ESTRATÈGIES I MODELS. IDEES I REALITZACIONS

Fernando Gaja i Díaz

Aportació al debat celebrat a l'ETSA, el 8 de maig del 2003. Introducció a la Urbanística. Taller XXI d'Urbanisme; ETSA - UPV

 

Moderador: Joan Olmos i Llorens, Responsable de Introducció a la Urbanística (Taller XXI d'Urbanisme)

 

Participants:

César Mifsut y Carolina Járrega. Arquitectes de l'equip redactor del PEPRI

Juan Pecourt, Professor d'Urbanisme (Taller de Urbanismo, tUR)

Josep Montesinos, Catedràtic d'Historia de l'Art

Jorge Palacios, Arquitecte i veí del barri del Carme

Fernando Gaja i Díaz, Professor Titular d'Urbanística (Taller XXI d'Urbanisme)

 

 

1        Introducció: Per què estic ací (més enllà de l'amable invitació de Joan Olmos)? Fa ja 11 anys, en 1992, conjuntament amb Antoni Ferrer, vaig concloure —això pensava jo aleshores— el treball d'ordenació urbanística de tres (El Carme, Universitat-Sant Francesc i Mercat) dels cinc barris en què s'havia dividit Ciutat Vella de València. Des de llavors no hi ha hagut any en què la polèmica sobre allò que calga fer amb la Ciutat Vella no m'haja obligat a pronunciar-me sobre la seua evolució o sobre les nombroses modificacions que s'han proposat o aprovat.

 

2        Centre i perifèria. A voltes he desitjat distanciar-me un poc d'aquesta qüestió, no per que la considere irrellevant, ni sense interés, sinó per que a hores d’ara m'ocupa (i preocupa) més el que està passant amb la construcció de la nova perifèria urbana i metropolitana, davant de l'absoluta manca de criteris i d'un model explícit, socialment acceptable i viable enfront de l'aparentment inaturable procés d'expansió i difusió de la urbanització. Reconec, no obstant això, que el problema de la ciutat preindustrial, o millor dit de la ciutat heretada, és central, tot i que siga quantitativament minoritari, perquè amb la seua desaparició ens juguem la pèrdua de la memòria històrica, que en Urbanisme és la demostració pràctica i evident que altres models de ciutat són possibles.

 

3        Propaganda i màrqueting urbanístic. Em permetran que en un fòrum acadèmic, on el rigor ha de primar per damunt de la propaganda oficial, renuncie a donar validesa al discurs oficial; retòric, grandiloqüent, triomfalista, encobridor d'una realitat que els potents mitjans a l'abast del poder s'entesten a amagar.

 

4        La Ciutat Vella (més de) dues dècades després. A finals dels vuitanta la Ciutat Vella es trobava en una situació terminal. Els derrocaments i els afonaments es generalitzaven, la població abandonava en massa el recinte i l'activitat econòmica queia en picat. Per a mi no cap el menor dubte que l'enorme esforç inversor, amb totes les discrepàncies que enunciaré, ha aconseguit detindre, en part temporalment i amb efectes potser no desitjats, però ha aconseguit frenar aquests processos; si mes no, en algunes zones de Ciutat Vella, no en totes (realment seria molt greu, que tota la inversió efectuada no haguera produït cap resultat).

 

5        Paisatges. Però... la recuperació de la Ciutat Vella, una recuperació que passe per la conservació, està lluny d'aconseguir-se i garantir-se. Fa poc vaig fer un extens passeig per tota la Ciutat Vella; volia reconéixer el seu estat actual, la seua evolució. Sé que aquest acte està dedicat a la discussió d'una intervenció contemporània: la modificació del planejament en un entorn parcial del barri del Carme. Però crec que, per a entendre aquesta intervenció, potser fóra útil reflexionar amb un poc més d'amplitud, sobre les intervencions que al llarg de les dues últimes dècades s'han desenvolupat a tota la Ciutat Vella. En particular em centraré en les actuacions al barri dels Velluters, una contundent intervenció, que damunt ha utilitzats diners públics procedents de la Unió Europea.

 

6        Estratègies. Les estratègies aplicades a Velluters i que ara es volen tornar a aplicar al Carme, alienes a tot el que està passant en la societat contemporània —crisi ecològica, revolució informacional i els processos de transformació de l'espai urbanitzat—, continuen ancorades en una numantina i estèril defensa  de l'ortodòxia urbanística representada pel Moviment Modern, del que algun col·lega ha batejat encertada i irònicament com l'Antic Testament. És com si s'haguera parat el rellotge a principis de segle XX. Aqueix món de la modernitat, de la modernització, amb les seues imatges de renovació a tota costa ha passat. Hui els problemes són altres i les necessitats també (problemes i necessitats que no s'enuncien en les memòries dels documents de planejament). En la resta d'Europa, des de ja fa alguns anys eixes operacions de cirurgia urbana major, de reestructuració contundent s'han abandonat quasi completament. Una forma d'intervindre que no és un fet aïllat, i que s'ha aplicat a major escala i de forma més contundent encara al PERI del Cabanyal.

 

7        Acció social urbana. L'estratègia aplicada per l'Oficina RIVA mostra en la seua intervenció al barri de Velluters (i em tem que també en les que s'anuncien per a l'àmbit de la Muralla Àrab), la ideologia i els objectius dels seus promotors. Aferrats en unes idees obsoletes, que ja fa temps que van abandonar la major part de les Administracions més cultes i civilitzades d'Europa, més preocupades pels aspectes socials, i menys orientades a fer de l’activitat empresarial (reduïda al foment del sector immobiliari i constructor) l'objectiu principal. Se suposa que les actuacions finançades per la UE en el Programa Urban tenen un prioritari objectiu i interés social, però on està el foment de l'ocupació?, on el suport al xicotet comerç?, on els equipaments de barri, quotidians, útils, de petita escala i ús freqüent?

 

8        Problemàtiques i actuacions. En les zones més problemàtiques de la Ciutat Vella convergeixen dues classes de problemes: físics (urbanístics, arquitectònics, com vullgam anomenar-los) i socials. Això és tan elemental que fa vergonya afirmar-ho, però és quelcom que s'oblida sovint; com també s'oblida que és necessari plantejar actuacions diferenciades, encara que interrelacionades, en aquests dos nivells. Doncs bé, les inversions i actuacions no estrictament arquitectòniques (edilícies i urbanístiques), és a dir socials, executades són molt més limitades i reduïdes que les constructives. En una investigació que vaig dirigir, fent balanç de les actuacions dutes a terme en diversos cascs històrics del país (Valencià), la conclusió era evident: calien menys actuacions físiques i més de socials; menys “rajoles” i més programes socials. Una conclusió la validesa de la qual s'acreix dia a dia[1].

 

9        Estratègies: Sventramentos, esponjaments, obertures i reestructuracions. Parlem de l'estratègia urbanística, en sentit estricte, constructiu. Quan es fica en el mateix sac operacions tan diferents com puguen ser els Asventramentos@ (que en la nostra llengua té una fàcil i evident traducció esventraments, —però no tant en castellà, "despanzurramientos" o "desventramientos"?—), els esponjaments i les obertures viàries, em tem que és que alguna cosa s'intenta ocultar; que en aquesta desori algun pescador traurà profit, perquè normalment la confusió terminològica és la tapadora d'una desconcert més greu.

 

10      Reestructuracions, Metàstasi “benigna”, o Neoplàsia. Les propostes que s'han fet a València (i també a Barcelona, d'on s'ha pres el model) es presenten sovint com esponjaments. No ho són, en absolut. A pesar que s'ha evitat l'adopció d'un terme que les puga identificar i definir, crec que aquest grup d'actuacions es podrien agrupar davall la denominació de reestructuracions[2]. Encara que no es diga, l'estratègia aplicada es basa en l'anomenada hipòtesi de la metàstasi benigna[3] [4], actuacions que es situen ben lluny d'aquelles propostes centrades en la conservació, i la revitalització social i urbana. El que ara es proposa és la transformació, la modernització, la reestructuració traumàtica: abandonant les accions de cirurgia “plàstica” i apostant per l'extirpació de teixits urbans, considerats malsans i irrecuperables.

 

11      Raons, arguments i propaganda. La gran potència mediàtica de què disposa l'Administració ha aconseguit amagar el que realment s'està cuinant a Ciutat Vella. Els arguments utilitzats per a justificar les actuacions en curs, descansen inevitablement en dues o tres punts que es repeteixen: a) el deteriorament del parc edificat; b) l'higienisme com a excusa; i c) la necessitat d'introduir la modernització o la modernitat. Raons clàssiques, tradicionals, formulades en el segle XIX i principis del XX, que hui poden considerar-se superades, i que no se sostenen ja en altres intervencions contemporànies en el nostre entorn immediat.

 

12      Uns plantejaments limitats. Al marge de l'estratègia  enunciada com dominant (la de la Reestructuració o Neoplàsia), la intervenció se sustenta en una hipòtesi teòrica inadmissible, i que és necessari discutir en aquesta seu. Explícitament s'assumeix un model que reivindica la unitat de l'Edilícia i la Urbanística, desconeixent les diferències en la naturalesa de l'objecte, de mètodes, de procediments, dels agents que participen, de les seues conseqüències, dels seus efectes,… L'assumpció del projecte arquitectònic com a instrument exclusiu per a la intervenció urbanística evidència en aquest cas les seues limitacions. L'acció urbanística no pot abordar-se des d'uns supòsits doctrinals tan simples i banals, tan aliens a la realitat de la pràctica urbanística... sobretot quan al mateix temps es disposen de tants mitjans, per a executar-la de forma quasi sumaríssima.

 

13      Qüestions de legalitat. Des de la consideració dels aspectes patrimonials estem, a més, molt probablement davant d'un pla il·legal (Llei del Patrimoni Valencià). La recent experiència del Pla per al Cabanyal, que un col·lectiu de veïns mobilitzats i organitzats ha aconseguit (per ara) aturar, hauria de servir de lliçó (a uns i a altres). Perquè és més que evident que els Plans que s'estan aprovant i executant en Ciutat Vella atempten contra l'obligació imposada en les lleis del patrimoni de conservar l'estructura urbana.

 

14      Participació ciutadana. De l'experiència d'algunes ciutats europees (Kreuzberg, Prenzlauer Berg,...) es dedueix la importància de la participació pública; i d'aplicar mecanismes de protecció social efectius com ho són la regulació del mercat immobiliari (i que no se'ns diga que açò és impossible, per que ho estan fent en l'actualitat molts Estats europeus —Alemanya, Àustria, Holanda—). Desconec les dificultats legals, però sempre queda la possibilitat d'afectar a aquest fi el parc públic de vivendes. L'operació de rehabilitació del barri de Prenzlauer Berg, a Berlín, ho deixa clarament establert: "Per a evitar la transferència d'inquilins, sembla necessari aplicar límits als preus definitius de lloguer, fins i tot dins de la renovació de habitatges  buits i del seu consegüent preu inicial".

 

15      Opacitat de l'Administració. Vull destacar l'opacitat de l'administració pública, especialment la valenciana, i singularment la del cap i casal. La participació ciutadana, més enllà de l'estret marge previst en la legislació vigent —que en tot cas assenyala i estableix uns mínims, obligatoris—, és la gran assignatura pendent, i pel que hi ha vist no té aparences de millorar[5].

 

16      El principi de precaució i d'irreversibilitat de les actuacions. Les intervencions més brutalment contundents han tingut lloc al barri dels Velluters, en contra de les opinions dels veïns, amb una prepotència, i una capacitat de destruir que alguns creiem superada, i que ens recorda vells episodis (l'obertura de l'avinguda de l'Oest i les seues seqüeles). És necessari abandonar aquestes agressions (pseudomodernes), que han sigut totalment arraconades en altres llocs.

 

17      Objectiu central. L'objectiu central ha de ser la recuperació de la ciutat antiga, no la seua transformació, i això passa pel manteniment de la seua actual població, però també del seu contenidor físic (edilici i urbanístic), per la primacia de la rehabilitació enfront de les demolicions massives.

 

18      Barcelona a pesar de tot, però "malament". No deixa de ser “divertit” el fet que aquesta ciutat, l'odi de la qual a tot el que provinga del nord és ben conegut, una vegada i una altra s'encabote a discórrer pel camí de la còpia d'allò que es fa a Barcelona. És necessari conéixer les estratègies i les actuacions assajades en la Ciutat Vella de Barcelona[6], i dependre dels seus errors, en una experiència que ens porta alguns anys de davantera[7].

 

19      Assignatures pendents. En comptes d'escometre costoses i perilloses operacions de reestructuració, la Ciutat Vella ha de superar les seues assignatures pendents: a) la millora de les condicions d'habitabilitat, clarament insuficients; b) la revitalització de l'activitat econòmica, d'una activitat econòmica diversificada, no bolcada al monocultiu del terciari, i especialment a la indústria cultural i a l'oci, com a oferta per a l'exterior; c) la millora de les condicions de vida quotidiana: dotacions locals, socials, populars, no projectes megalòmans; d) la conservació del patrimoni no monumental; i e) la reducció de la densitat: demogràfica i edilícia, per la via d'uns "esponjaments" de petita escala, pactats, acurats i respectuosos amb l'estructura urbana.

 

20      Autocrítica dels PEPRI. Sé que en aquesta discussió no puc ser neutral; que puc ser considerat "jutge i part"; que algunes de les crítiques (i de les meues reticències d’avui) podrien contemplar-se com a autocrítiques. He passat les dues últimes setmanes documentant-me sobre la polèmica de l'operació de la muralla i, per elevació, d'altres actuacions. He de dir clarament perquè no càpia cap dubte, que hui alguns aspectes d'aquells plans, no els mantindria, tot i que encara crec i defenc els esponjaments controlats, de xicoteta escala com a estratègia d'intervenció, superant les actituds de tabula rasa, d'esventrament, i sempre, sempre, sempre, en estreta col·laboració amb els veïns, buscant l'acord, no la imposició des del poder.

 

21      Conclusions: Com ja he assenyalat adés en aquesta dècada s'ha avançat molt: s'ha frenat considerablement el procés de deterioració urbà de Ciutat Vella. Recorde, encara que siga una anècdota, que algunes zones de Ciutat Vella eren conegudes a principis dels anys 80 com Beirut. Però... el que s'ha fet no ha estat a l'altura de el què es podia i s'hauria d'esperar, tenint en compte la magnitud de les inversions, en part pel fet que s'estan aplicant estratègies i procediments per a la intervenció que havien d'haver-se abandonat definitivament —em ve a la memòria un article escrit per Adolfo Herrero, el títol del qual, potser aproximat, era ”El fantasma de la Reforma Interior recorre la Ciutat Vella de València”, i em pregunte, ¿quan soterrarem definitivament eixe zombie?—.

 

22      La Perifèria. El que està passant en la perifèria és determinant per al futur de la ciutat antiga (no sols per a la Ciutat Vella, i en el terme antiga entren pràcticament tots els Eixamples, majors i menors). El creixement sense mesura ni raó, en un context d'estancament demogràfic no pot fer-se sinó a costa de buidar els teixits urbans més dèbils.

 

23      No a les demolicions, sí a la Rehabilitació. És una obvietat dir que els derrocaments a gran escala, destrossen l'estructura d'aquests espais, accelerant els processos de decadència econòmica, social i demogràfica, de despoblament, d'envelliment, de terciarització (amb l'agreujant dels indesitjables efectes de la indústria cultural).

 

24      Transformacions controlades i a l'escala adequada.

          "Per a reduir la densa edificació dels barris no cal enderrocar-la (...) La densitat edilícia igualment es pot reduir conservant al mateix temps el teixit urbanístic: alliberant els patis de les edificacions posteriors...@

          Si en determinats teixits és imprescindible "sanejar", generant espai públic, ha de fer-se en estreta col·laboració amb els afectats, i com a últim recurs. No estic molt segur de la viabilitat de la proposta que recomana alliberar els patis d'illa[8], però sí que crec que hi hauria d'assajar-se. Potser en els PEPRI dels 90 s'hauria d'haver-hi provat ja aquesta opció, però probablement a causa de l'excessiva celeritat en la redacció del document o del seu desconeixement, la veritat és que no es va intentar seriosament.

 

25      Vies intermèdies, no extremistes. Entre la posició declarada  massivament conservacionista de Cultura i l'opció obertament reestructuradora de l'Oficina RIVA, cal prendre en consideració l'existència de vies intermèdies, més flexibles, i adaptades a cada entorn —vies freqüentment desqualificades de forma apriorística i interessada—, i sobretot que compten amb l'opinió i la capacitat de decisió dels "clients", que són els veïns.

 

26      Millorar la participació ciutadana. És urgent i prioritari millorar els canals i els graus de participació pública, deixant arrere la prepotència i el despotisme “il·lustrat”. Obrir un debat sobre els modes de participació (a priori o a posteriori), la participació en la presa de decisions (decisiva, de referende o simplement consultiva), les formes d'implicació del veïnat. No sé si considerant el context polític i l'actitud dels que ens governen, estic somiant o practicant el que els angloamericans anomenen wishful thinking. Però les abundants experiències internacionals ens mostren repetidament, que altres plantejaments són possibles.

 

27      Rehabilitar, recolzar tècnicament i subvencionar: intervindre directament. L'aspecte més positiu d'allò que s'ha realitzat fins a la data, el constitueix les subvencions i ajudes de tota classe a la rehabilitació. Però aquestes mesures són especialment efectives en les zones menys degradades, com es comprova passejant per Ciutat Vella. Desconec les dades concretes de la quantitat de vivendes que han sigut rehabilitades, dels reallotjaments,... encara que les xifres oficials sempre s'han de filtrar, sospesar i valorar perquè en aquesta qüestió la potent maquinària propagandística del poder públic pot fer que les coses semblen diferents del que són[9]. Amb tot crec que aquest aspecte pareix realment el més positiu de l'acció desenvolupada des de l'Oficina RIVA.

 

28      L'estabilitat del planejament. Finalment, és important garantir l'estabilitat del planejament, i centrar-se en la seua execució, perquè la solució no està en canviar constantment les idees, els plans i les estratègies, sinó en donar-los l'oportunitat de verificar-los en la pràctica.

 

València, divendres, 16 de maig del 2003


 

[1]           Gaja i Díaz, Fernando [2001]: Intervenciones en Centros Históricos de la Comunidad Valenciana.  COPUT - COACV, València, ISBN: 84 - 482 -2951.

[2]           Hi ha de fet una continuïtat, terminològica com a mínim, entre les primeres propostes de reestructuració “global” per a Ciutat Vella contingudes en el frustrat i nonat “Esquema Estructurant” i les actuacions executades al barri dels Velluters.

[3]           Proposada per Bohigas, en alguna etapa del seu quefer urbà. Vull, no obstant això, cridar l'atenció que el mateix Bohigas anys després l'haja posada en dubte (cfr. el seu article Menos urbanismo, más sociología).

[4]           P.S. (15/5/03): De forma casual, m'entropesse amb els termes “neoplàsia” i “metàstasi” en la (molt recomanable) novel·la Purgatori de Joan F. Mira. La conclusió, després de l'oportuna consulta dels diccionaris, és que no existeix la metàstasi benigna, no pot existir, que el terme és inadequat. Ningú gosaria afegir l'adjectiu de “benigne” (o saludable) a “la reproducció d'una malaltia després d'extirpat el focus”, que és el significat correcte de la metàstasi. Més encertada, per a descriure l'estratègia que estem considerant, seria doncs l'ús de la paraula neoplàsia, definida com “la formació anormal d'un teixit en alguna part d'un organisme en substitució d'un altre”. Mantindré, no obstant això, el terme de reestructuració, defés pels propis redactors dels plans que estem analitzant, sense introduir expressions de difícil comprensió.

[5]           El rosari de desqualificacions que rep (en la premsa) un veí que fa pública la seua discrepància amb els plantejaments del PERI de la Muralla Àrab, no deixen molts dubtes: itinerario tortuoso, simplista, castizo, errático, ideas peregrinas, obstinación conservacionista, [i tal vegada la millor] adherencias «progres» devenidas hoy retrogradas[sic], dialéctica de tebeo, resumen de iletrado, vecino contumaz, agorero de turno, reacción inarticulada, resonancia de canción protesta, argumentario de terminator, acudidos [sic] infantiles, tono mitinero, moralina, «perpetrador» de alegato vecinal, factura lamentable.... és pensable que en aqueix clima esperar una mínima, sensata i raonable participació ciutadana?

[6]           El Programa Urban és un programa d'acció urbanística i social, sembla que aquest últim component s'haja oblidat

[7]           La investigació conduïda per Von Heeren en dues actuacions a Barcelona: la rambla del Raval i el barri de Santa Caterina, ens hauria de fer reflexionar, i escarmentar. Cfr. Heeren, Stefanie von [2002]: La Remodelación de Ciutat Vella. Un Análisis Crítico del Modelo Barcelona. Veïns en defensa de Barcelona, Barcelona

[8]           Que s'han aplicat per exemple a Berlín, en un context urbà i urbanístic que no és precisament el de Ciutat Vella

[9]             Sense voler afirmar que existisca una igualtat absoluta amb el cas de Barcelona, em permet portar ací les encertades crítiques que sobre aquest cas s'han publicat: ”Las publicaciones del Ayuntamiento (...) se pueden llamar propaganda porque reflejan, sin embargo, una imagen muy tendenciosa de las intervenciones. En los debates públicos, por ejemplo, se retiran invitaciones a expertos que resultan ser posibles críticos de las acciones... [Von Heeren, 2002] Cfr en aqueixa línia les següents fonts documentals:

http://www.cop.gva.es/riva/framesval.htm

http://www.cop.gva.es/valen/arquitec/riva/cuerpo.htm#

http://www.via-arquitectura.net/

 

 

 

 


 

EL PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN Y REFORMA INTERIOR DE LA MURALLA ÁRABE

 

Jueves, 2 de octubre de 2003, 18:00 Asistencia libre

Salón de Actos del CTAV

 

Programa

18:00 Ponencia. EL PLAN ESPECIAL DE PROTECCIÓN Y REFORMA INTERIOR DE LA MURALLA ÁRABE. Objetivos y propuestas. César Mifsut. Carolina Járrega. Arquitectos del equipo redactor

 

19:15 Mesa Redonda. Análisis y valoración del Plan

 Moderador: Francisco Taberner, Presidente del CTAV

 Participantes:

José Ignacio Casar, Subdirector Máster Intervención en el Patrimonio Arquitectónico

Vicente Colomer, Director Taller Urbanismo, tUR

Alberto Peñín, Arquitecto Urbanista, Ex Decano del COACV, Professor del Taller de Urbanismo, tUR

Juan Pecourt, Profesor Urbanismo ETSAV, Professor del Taller de Urbanismo, tUR

 

 

Toda intervención en el tejido vivo de la ciudad es polémica y si afecta a una parte sensible del patrimonio, todavía más. La presentación del El Plan Especial de Protección y Reforma Interior del barrio del Carmen en el ámbito de la Muralla Musulmana ha provocado una intensa polémica. El plan, cuyo objetivo manifiesto es revitalizar el área, restituyendo la imagen una trama urbana coherente, que evoque los espacios medievales y la muralla, ha recibido numerosas críticas. Se alegan los efectos negativos sobre los vecinos y sobre el mismo patrimonio histórico edificado.

 

El plan es de gran importancia para la ciudad de València. La ciudad antigua, siempre ha sido un referente fundamental para el conjunto de la ciudad. Hoy, con la progresiva fragmentación física y social, el valor aglutinante de Ciutat Vella, su papel de símbolo compartido con la ciudad entera, todavía es más necesario. No, Valencia no se puede equivocar al actuar en su centro histórico. De ahí la importancia del Plan, de ahí la importancia del debate.

 

Pese a la evidente falta de participación pública anterior a la presentación del plan, que poco le favorece, es inevitable entrar en el contenido de la misma propuesta. ¿Es el plan presentado un plan destructor del patrimonio?, ¿es ilegal?, ¿es un simple pretexto para lanzar a los vecinos?, ¿un ejemplo de especulación? Así se ha dicho y publicado, ¿o es un plan de contenido proyectual, una restauración urbanística que proporcionaría una nueva imagen a una zona que la requiere?. Así argumentan sus redactores.

 

El Colegio Territorial de Arquitectos de València, ha hecho del urbanismo de Ciutat Vella una preocupación constante. Casi desde su momento fundacional ha estado atento a las propuestas arquitectónicas que le afectan. De aquí la sesión crítica del Plan Especial de Protección y Reforma Interior de la Muralla. Ésta consistirá en la presentación de la propuesta que se expuso al público, contada por sus autores. A continuación un panel de expertos arquitectos procederá al debate de la misma, analizando los distintas dimensiones del involucradas en el proyecto: arquitectónicas, patrimoniales, sociales, económicas, culturales,...

 

Creemos que la discusión de arquitectos en su foro profesional puede enriquecer el debate ya iniciado, añadiendo nuevas perspectivas, que completen las ideas ya conocidas y las que puedan aparecer en otros foros.

 


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