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de La Vida Embarazada. Una teoría global sobre la vida terrestre y la evolución
por Miguel García Casas.
Sumario del capítulo 4
- Algunas consideraciones sobre evolución
Algunas
consideraciones sobre evolución
Se cuentan por millares los trabajos científicos que corroboran la existencia de la evolución biológica. Esta propiedad de los seres vivos es hoy en día admitida como una realidad, sin embargo la filogenia o camino que han seguido unas especies para transformarse en otras, es un fenómeno de percepción difícil al que no hemos respondido satisfactoriamente. De hecho, la visión borrosa que tenemos de la filogenia nos impide definir satisfactoriamente la evolución y averiguar la naturaleza de este fenómeno dinámico que se manifiesta a lo largo de millones de generaciones de seres vivos.
Existe un núcleo conceptual del término evolución que en
la actualidad sería de aceptación universal. Se trata de un proceso
de cambio en los taxones biológicos que se da a lo largo del tiempo,
y que permite la aparición de nuevos organismos. Los fósiles más
antiguos son los más simples -caso de las bacterias-, mientras que en
el tiempo actual encontramos organismos mucho más complejos, uno de los
cuales es el hombre. Asociadas a la aparición de nuevos tipos biológicos
se van manifestando una serie de extinciones a las que está sometido
el conjunto de seres vivos de la Tierra. La evolución no es sólo
cambio, sino cambio con complicación y extinción.
En cuanto al mecanismo evolutivo, estaría integrado por un mensaje genético
con capacidad de variación que permitiría la supervivencia de
muchos de los taxones y la aparición de nuevos tipos.
Sin embargo, no existe acuerdo sobre cuál es el papel en la evolución
de la selección natural, ni del azar, ni de la adaptación, ni
sobre si el mecanismo persigue un fin o es un proceso falto de sentido.
La evolución biológica es un proceso ordenado que muestra sincronías
en la aparición de los grupos, por ejemplo el llamado big bang cámbrico,
una explosión incomparable de diversidad zoológica en un pequeño
espacio de tiempo, y también un ritmo de extinciones masivas cuya cadencia
está en los 26-30 millones de años.
El reducido conjunto de sintonías entre las diferentes percepciones de
la evolución, permite concebir la idea de que la determinación
de la naturaleza de la evolución es una cuestión abierta para
el siglo próximo, porque frente a lo admitido a nivel "divulgativo",
la cantidad de incógnitas "profundas" sobre el proceso es inmensa
y la capacidad de responder es actualmente escasa.
Si la evolución existe es porque hay algo que evoluciona. ¿Qué
es lo que evoluciona? El darwinismo pone el acento en que no ha sido posible
explicar adecuadamente el concepto de especie, o de otro modo que la especie
no nos sirve para explicar la evolución. La contestación "natural"
a quién evoluciona es que son los seres vivos los que evolucionan. Según
mi idea la evolución no es una propiedad de ninguna parte de la naturaleza
viva, sino una relación que surge y se explica por la aparición
de las distintas especies y taxones en general. Cuando un hombre realiza un
cambio, por ejemplo recorre una distancia, debe estar al principio y al final
del recorrido en dos momentos concretos. Por tanto si una especie cambia evolucionando
debe estar al principio y al final, pero parece ser que la especie cuando evoluciona
se transforma en otra y por tanto nunca está ella misma al final. Deduzco
de esta manera que la especie no evoluciona. Debe hacerlo algo de más
categoría que ella. Por generalización del razonamiento es posible
asumir que la evolución es una propiedad del macroorganismo formado por
todos los seres vivos de la Tierra, que caso de que exista, estaría presente
durante toda la evolución.
El verbo evolucionar se encuentra ligado al cambio. Para percibirlo es necesario
asumir el tiempo, como parámetro íntimamente ligado al cambio,
y la relación entre dos tipos de formas: las anteriores y las posteriores.
Ignorar cualquiera de las dos nos niega la percepción del hecho. La evolución
en este sentido está fuertemente ligada a objetos diferentes, y la relación
entre éstos es realmente la evolución, de tal modo que delatamos
la evolución aunque los organismos diferentes comparados no sean siempre
los mismos.
Es decir la evolución existe entre las bacterias y los peces, pero también entre las células eucariotas y las medusas. La evolución es una relación expresada en términos relativos, que surge al comparar los valores absolutos de los organismos que se contrastan. Por tanto es necesario tender un nexo entre especies diferentes para comprender la evolución, pero ¿cuál es la naturaleza de dicho nexo? Así la evolución no es una propiedad del individuo, ni siquiera de un conjunto de individuos iguales. La evolución no es una propiedad de la parte. Matemáticamente diríamos que es el conjunto de seres vivos el que evoluciona; sin embargo, un análisis del lenguaje matemático nos muestra que los conceptos matemáticos son simplificaciones de realidades más complejas. El término conjunto solo agrupa, pero no define. Definir a un hombre como a un conjunto de células sería absolutamente incompleto, en el sentido de que no por juntar un conjunto de células en un recipiente nos aparecería un hombre.
Una propiedad nueva, que surge por el agregado
de partes, puede estar manifestando la existencia de un sistema
Estamos pues ante una aparentemente extraña propiedad que les sucede
a organismos que, en sí mismos, no la cumplen, ya que un organismo no
evoluciona respecto a sí mismo, sino respecto a otro. Sin embargo, este
tipo de sucesos que pueden ser explicados por la relación entre múltiples
partes no son tan infrecuentes en la naturaleza puesto que, por ejemplo, no
existe ninguna célula inteligente, aunque hay acumulaciones de células
dotadas de esta propiedad. Tampoco las moléculas de los seres vivos están
vivas, aunque su agregado sí lo está. Quién no ha oído
alguna vez que el amor es química, pero cojamos a una persona enamorada
tratémosla químicamente y descompongámosla almacenando
sus diferentes moléculas en frascos diferentes. Luego extraigamos una
molécula de ADN y mostrémosla a un amigo diciéndole "ésta
es una molécula de ADN enamorada", si nuestro amigo admite los principios
holísticos nos mirará con una escéptica cara de poker,
si por el contrario es mecanicista argumentará que aunque la ciencia
no lo ha descubierto todo, su estado actual es mejor que el que ha tenido nunca
y que es posible en un futuro responder dilemas que ahora nos son lejanos, a
pesar de que admitirá con normalidad que sí plantean serias dudas
principios como el de indeterminación. En su más íntima
esencia los átomos están constituidos de los mismos tipos de subpartículas
y partículas y son sus relaciones las que les hacen ganar propiedades
que las partes no poseen. Al menos que sepamos si extraemos un protón
del núcleo de un átomo de nitrógeno presente en una molécula
de amoniaco, y otro situado en cualquier otro núcleo de otro átomo
y molécula para considerarlos aisladamente no muestran diferencias. Lo
mismo podemos decir de cualquier carga negativa que orbite al núcleo.
Al nivel referido no existen diferencias en el interior de las moléculas,
sean inorgánicas u orgánicas, sean óxidos u hormonas. Las
moléculas no piensan, las moléculas no sienten, no quieren. Las
moléculas sólo reaccionan químicamente jugando con cargas
positivas y negativas. Son sus agregados los que pueden vivir adquiriendo propiedades
negadas a sus partes, adquiriendo incluso sentimientos.
La respuesta, desde el materialismo dialéctico u holismo, parece poder
encontrarse en que las propiedades referidas (inteligencia, vida, amor) aparecen
en función de la adquisición de un grado mayor de complicación
estructural. Así la vida aparece a un nivel de complejidad mayor que
el químico, y la inteligencia a un grado de complejidad mayor que el
celular. En correspondencia ¿puede responder la evolución a una
propiedad que surge a un determinado nivel de complejidad?
Si basándonos en la teoría de sistemas admitimos que una propiedad
que aparezca nueva a un nivel de complejidad superior puede estar delatando
un sistema superior, la evolución puede ser prueba de que los seres vivos
en conjunto formamos un macroorganismo, un sistema superior, vivo, que además
de las propiedades de sus elementos integrantes, añade una propiedad
nueva: la evolución.
Cada ser vivo de una complejidad similar a la nuestra, y por tanto pluricelular,
se caracteriza porque mantiene metabolismo y reproducción, propiedades
evidentes tanto a nivel unicelular como pluricelular. Sin embargo, la evolución
no es una característica que defina a un hombre, o a una mosca, de hecho
si pudiésemos parar la evolución ambos tipos de organismos seguirían
existiendo por grandes cantidades de tiempo, mientras que si interrumpiéramos
el metabolismo o la reproducción rápidamente desaparecerían.
La cuestión es saber si la vida sobreviviría en el Universo si
paramos la evolución.
Es evidente que la evolución no ha podido ser reproducida en el laboratorio.
Se ha experimentado con bacterias sometiéndolas a mutaciones y luego
se ha probado su supervivencia en diferentes medios de cultivo. Con la interpretación
de estos resultados hemos construido la versión ortodoxa del mecanismo
genético del cambio evolutivo. Pero si la evolución implica un
aumento en la complejidad, jamás dicho aumento se ha conseguido experimentalmente.
Las bacterias mutantes han sido bacterias, y los virus mutantes han sido virus.
Y en cuanto a las drosophilas, han seguido siendo moscas después de todas
las "barbaridades" a las que se les ha sometido. Nunca se ha cogido
un virus, una bacteria o una mosca y se ha transformado en un organismo categorialmente
más complejo y viable, principio universal, que a mi entender es necesario
para delatar la evolución y explicar el estado actual del sistema biológico
terrestre. Además, como es sabido, las mutaciones observadas por nosotros
tanto en el laboratorio, como las surgidas espontáneamente, son, en la
inmensa mayoría de los casos, dañinas para el organismo, sobre
todo cuando los organismos tienen una cierta complejidad, como en el caso de
la mosca. Realmente sorprende tras la experimentación que los seres vivos
hayan sufrido a lo largo del proceso evolutivo real tantas mutaciones beneficiosas.
Esto lleva a autores como Monod y Dover a presumir que los organismos mantienen
un cierto grado de control global interno.
Si cuando nosotros tratamos con los genes en el laboratorio somos tan poco eficaces
para obtener mutaciones beneficiosas, ¿cómo es posible que en
la naturaleza aparezcan con tanta facilidad? Detrás de este tipo de incógnitas
subsiste una pregunta heterodoxa: ¿son los genes los únicos responsables
de la herencia y del cambio genético? Nosotros hemos copiado de nuestro
lenguaje la explicación al lenguaje de los genes. Por un lado al código
lingüístico de los genes lo hemos llamado código genético,
a las palabras, las hemos llamado codones y anticodones, a las frases las hemos
llamado genes y a los discursos genotipos. Pero nuestro lenguaje no explica
nuestra naturaleza, hay algo por encima de él, quizás nosotros
mismos que influimos a lo largo de la historia. El lenguaje se integra dentro
de un sistema más complejo como es la naturaleza humana, y a través
de él se manifiesta nuestro sexo, nuestra cultura, nuestro dolor, nuestro
amor, nuestro odio. ¿Sería posible la existencia de algún
sistema director de genes y distinto de ellos?
En sintonía con esta pregunta, el biólogo Sheldrake ha enunciado
la teoría de los campos morfogenéticos, por la cual éstos
serían estructuras de mayor categoría que los genes e influirían
sobre ellos. La teoría de los campos morfogenéticos nos hace reconsiderar
el papel de los genes en la evolución: éstos perderían
peso relativo a favor de estos campos de naturaleza superior. Las tendencias
multidireccionales o polifiletismo se explicarían con relativa sencillez
a partir de estos campos, mientras que no parecen resolverse solamente a partir
de razonamientos que utilicen genes exclusivamente.
¿Es un huevo de gallina una gallina?
Bajo
los postulados de la selección natural no es admitido que los caracteres
adquiridos durante la vida del individuo puedan ser transmitidos a la descendencia.
Según el darwinismo la transmisión de mutaciones solamente puede
seguir el camino en dirección germen-soma y nunca al revés. Una
descripción típica de la aparición de un nuevo carácter
sería la siguiente: un óvulo fecundado o un gameto sufre una mutación
bajo la influencia del azar que se transmite a la descendencia de dicha célula,
la viabilidad de la estirpe del óvulo marcará la supervivencia
de su mensaje genético y la futura transmisión a otros individuos.
Sin embargo existe una pregunta a mi entender realmente interesante: ¿Es
el óvulo mutante un individuo?, o también, ¿es el óvulo
de rana una rana?, o por aproximarme más a un dilema típico ¿es
el huevo de gallina una gallina? Y si no fuera un individuo ¿qué
sería?
Es indudable que un óvulo está desprovisto de los órganos
que posee el individuo adulto y que, en consecuencia, es necesario rendirse
a la evidencia de que no es un individuo adulto, por lo cual debemos situarnos
en dos posibles alternativas, o es un individuo precursor del individuo adulto
o no es un individuo. Lavenham (1991) se refiere concretamente a que en los
mamíferos los primeros tejidos que aparecen a partir del óvulo
fecundado son los propios de la placenta y las estructuras anejas al embrión
que se eliminan en el nacimiento, el embrión propiamente dicho no comienza
a aparecer hasta, por ejemplo en los humanos, el decimoquinto día después
de la fecundación. Lavenham quiere utilizar este criterio para asegurar
que en la fase inicial el embrión humano no es todavía un individuo
y que por tanto es ético trabajar con estas "estructuras".
Si nos fijamos, por ejemplo en los vertebrados, podemos observar que se parecen
extraordinariamente tanto más cuanto menor es su desarrollo. Se dice
que Von Baer, sobre 1820, fue incapaz de saber a que organismos pertenecían
los embriones conservados que contenían ciertos frascos, debido a que
éstos perdieron sus etiquetas y dada su similitud. Los óvulos
de los diversos grupos de vertebrados, estructuralmente, se parecen más
entre sí que los embriones jóvenes, y éstos más
entre sí que los de mayor edad. Partiendo de parecidos sorprendentes
la diferenciación se adquiere conforme van actuando los genes.
Incluso a nivel genético-molecular se ha podido dirigir la diferenciación
del óvulo de Drosophila melanogaster a partir de genes homeóticos
de ratón y de hombre. Desde luego en estas fases iniciales nos parecemos
mucho más de lo que nos gustaría a gusanos e insectos.
Por otro lado cuando se ha hablado del aborto se ha polemizado sobre que un
embrión en las primeras etapas no era una persona. La discusión
ha sido lo suficientemente "fuerte" como para que al menos podamos
admitir la duda de que un organismo en fase inicial sea comparable a un organismo
adulto.
Pero si esa fase inicial del organismo no es un individuo, ni tampoco un ser
adulto, es porque no alcanza la individualidad o de otro modo pertenece a algo
de lo que no es una entidad separada. Es decir, nos encontramos muy posiblemente
ante una "tierra de nadie ". Es posible, por tanto que determinadas
fases del mecanismo evolutivo no la sufran las especies, ni siquiera los individuos,
sino estadíos "tierra de nadie" de los seres vivos (en el sentido
de que el cambio se verifica en este estadío mientras que el individuo
adulto, producto natural del cambio genético inicial, debe ocuparse de
sobrevivir aunque no de cambiar). Por otro lado no hay nada más parecido
a la tierra de todos que la tierra de nadie. Quizás estos estadíos
biológicos pueden ser el dominio del macroorganismo. El óvulo
puede ser parte del macroorganismo y la acción evolutivo-reproductora
de este sistema superior puede activarse en este nivel germinal referido.
Por otro lado, todo organismo pluricelular está obligado a someterse
a las veleidades azarosas del germen si quiere reproducirse, de tal modo, el
número de células debe restringirse a la unicelularidad (gametos)
en cada generación, constituyendo como una especie de cuello de botella
por donde no hay más remedio que pasar y en cuya fase van a suceder cambios
susceptibles de heredarse. En esta fase la pluricelularidad no interviene, ni
sus ventajas derivadas, el organismo se sumerge en sus ancestros unicelulares
y sufre las transformaciones sustanciales de la evolución.
¿Sería un ser vivo el macroorganismo constituido por todos los seres vivos de la Tierra? Deberíamos definir qué es la vida para contestar a esta pregunta. Por desgracia es imposible responder dentro de un cierto grado de exigencia, entre otras cosas porque las fronteras de la naturaleza de la vida se muestran confusas a nuestro intelecto y a nuestra tecnología. A nivel microcósmico la vida, según algunos autores, habría aparecido con la primera molécula que se replicó a sí misma; de este modo la primera vida surgida se encontraría posiblemente en su grado más elemental en los polinucleótidos, quizás unos ARN autocatalíticos que serían capaces de actuar como enzimas sobre la replicación de ellos mismos. Otros suponen que la vida surge aislándose determinados productos químicos detrás de las membranas celulares. A nivel macrocósmico la mayoría de autores opinan que la vida ya no existe en el espacio que separa dos individuos orgánicos que forman parte de la biocenosis, mientras que otros sugieren que la vida sigue existiendo entre este tipo de organismos, por ejemplo en el espacio que media entre un león y una gacela.
Los hermanos Odum, en su Fundamentals of ecology, consideran al ecosistema
como un organismo vivo de categoría superior a los individuos que lo
forman, ya que, según ellos, entre sus distintas partes no aumenta lo
suficiente la entropía (o de otro modo: el desorden) como para decir
que estamos fuera de un ser vivo. Las relaciones entre los distintos componentes
del ecosistema tienden a equilibrar las desviaciones con objeto de mantener
la viabilidad del conjunto. Incluso James Lovelock, supone en su hipótesis
Gaia que en el planeta Tierra existe un gigantesco ser vivo que regula su propio
ambiente. Llega a ello basándose en que las propiedades físico-químico-biológicas
de la Tierra actual son difíciles de explicar a partir del azar.
Al menos podríamos estar de acuerdo en que un individuo, que poseyera
metabolismo y reproducción, sería un ser vivo; por contra, se
podría poner en duda que un ser tuviera vida si falta alguna de estas
propiedades. El metabolismo es una estrategia a base de jugar con enlaces químicos,
que permite la autogestión de la materia que así es capaz de autoperpetuarse
manteniendo un orden irrenunciable a partir de la gestión de la energía.
Por otro lado, la materia orgánica es inestable y comunica esta "debilidad"
a la vida. Como respuesta surge la reproducción, mediante la cual se
generan nuevas réplicas muy parecidas a las formas vivas preexistentes
y que pueden extender la vida en el tiempo.
Si definiéramos un sistema vivo como autosuficiente, y por tanto capaz
por sí mismo de mantener metabolismo y reproducción, podríamos
asumir que la falta de esa autosuficiencia negaría la vida. El ser vivo
sería afirmado en cuanto poseedor de la autosuficiencia y negado en cuanto
su falta. Este razonamiento puede poner en duda que los organismos o sistemas
que conocemos como seres vivos lo sean mientras que podría apoyar que
un macroorganismo formado por todos los seres vivos sí fuera un ser vivo.
Así, por ejemplo, un ratón macho podemos suponer que es un organismo
vivo, lo aislamos en un medio adecuado para que metabolice, pero si no le ponemos
una hembra al alcance no se reproduce, ese organismo es incapaz de reproducirse
sin otro, luego la autosuficiencia reproductora no existe ¿es un ser
vivo? sí... a pesar de.... ¿Podríamos reproducirnos los
hombres y las mujeres sin que se reprodujeran aquellos organismos que nos pudieran
servir como alimentos? No. ¿Es la especie humana un ser vivo? Sí...
a pesar de... La autosuficiencia sólo es posible si los demás
seres vivos intervienen; por tanto la única autosuficiencia existente
es la de todos. Por tal razón la autosuficiencia de la vida es la negación
de la autosuficiencia a nivel particular, pero la existencia de ella a nivel
global. El sistema superior formado por todos los seres vivos es globalmente
autosuficiente, por tanto mantiene metabolismo y reproducción en su interior.
¿Es un ser vivo? Mi opinión es que sí, porque además
el sistema tiene una propiedad vital -por tanto propia del ser vivo- que sus
partes no poseen: la evolución.
Pero no es acaso un organismo unicelular autótrofo, que al menos en teoría
se puede mantener vivo a base de luz y sustancias minerales, autosuficiente.
Permítanme un juego de ideas en línea con mi teoría de
la vida embarazada. ¿Conocen Uds. algún organismo autótrofo
de cualquier tipo que sea capaz de deambular según su libre albedrío,
alguna alga, o árbol, o helecho? Los organismos autótrofos no
han sido capaces de adquirir movimiento autónomo; por tanto, jamás
podrían generar una tecnología, y jamás podrían
vencer a la fuerza de la gravedad. Son tan sensibles a dicha fuerza que Newton
se percató de su existencia gracias a un manzano, según dicen.
Por tanto, escapar a la aniquilación de la estirpe viva de la Tierra
no es posible en un mundo exclusivo de vegetales, sino que es necesaria la aparición
de animales.
Personalmente no conozco ningún vegetal tecnológico y sí
conozco un animal extraordinariamente dotado en este aspecto. Intente poner
ojos de hombre del siglo III de nuestra era y admire nuestra tecnología
cuando mire su coche, cuando se vista, cuando ponga en marcha la radio, llame
por teléfono o utilice el mando a distancia. Hace 50 años un familiar
mío le decía a su padre que en América se había
inventado una radio "con unos monigotes que se movían", su
padre le contestó que no fuera tonto, que cualquier día se iba
a creer que "un burro vuela".
¿Han surgido las grandes soluciones biológicas justo en el momento en que las crisis han puesto en peligro a los seres vivos? (que enlazaría con el concepto épico de la biología que transpira el darwinismo ) o por el contrario los organismos que han imperado en épocas posteriores han existido y convivido con los imperantes en épocas anteriores (no representando la desaparición de unos y la proliferación de otros, un hecho victorioso frente a los antepasados "biotecnológicamente" obsoletos).
En contra los organismos teóricamente "victoriosos" desde una
perspectiva épica pueden ser en realidad taxones oportunistas que se
aprovechen de hábitats vacíos debido a la extinción de
especies y que incluso pudieran "activarse" llegado el momento diversificándose
extraordinariamente para dar origen a multitud de especies, del mismo modo que
en un organismo pluricelular los genes homeóticos se activan llegado
el momento para que el organismo sufra una transformación.
Al respecto es conocido que los mamíferos coexistieron con dinosaurios
durante mucho tiempo y no fueron aniquilados estos últimos por las "hordas
victoriosas" mastozoológicas. Por otro lado es absolutamente evidente
que la aparición de los seres pluricelulares más complejos para
nada ha representado la extinción de los más sencillos del tipo
bacteria o virus.
En resumen, es cuestionable que la "victoria" supervivencial explique
satisfactoriamente la evolución. Aunque es innegable que el intercambio
de energía entre seres vivos arrastra una conducta agresiva, también
lo es que las relaciones simbióticas y cooperantes entre diferentes especies
también están ahí albergando incluso niveles en los que
la agresividad sigue existiendo. Por ejemplo, los animales que comen frutos
contribuyen a la expansión de las semillas -un tordo que come olivas-,
pero a cambio matan a las células de la pulpa durante la digestión.
Nowak y col. (1995) mediante experimentos informáticos concluyen que
es la cooperación, y no la explotación, el factor dominante de
la lucha darwinista por la supervivencia.
La
vida terrestre puede tener sentido.
Soy consciente de que en este siglo XX hablar de que la naturaleza tiene un sentido no está bien visto, creo que en parte se debe a la vuelta de tortilla que se dio a las concepciones de la naturaleza sostenidas por el concepto de Dios. Sin embargo cada una de las partes de esa naturaleza tiene sentido y en todo caso es posible que sea el desconocimiento del significado del sistema natural lo que arrastre a deducir la falta de sentido de la naturaleza, aunque ello pueda ser un error. De hecho un individuo de cualquier especie tiene sentido, busca un fin, perpetuarse él y su estirpe, vivir y reproducirse. Las especies sobreviven en la medida de sus posibilidades, igual que los géneros, familias, etc.. Ello lleva a realidades como que el código genético haya existido siempre desde la aparición de la vida en el planeta. Aquel que sostenga la falta de sentido de la naturaleza está apostando a una idea, que no se basa en la realidad observada a niveles inferiores -taxonómicos y bioquímicos- sino que se refiere a un nivel superior, no suficientemente conocido y además minusvalorando las propiedades de sus partes.
La selección natural supone que el azar es motor de cambios; en consonancia,
la falta de sentido en la evolución estaría garantizada por la
acción del azar. Sin embargo la presencia del azar no garantiza de ninguna
manera la falta de sentido en un sistema. De tal modo la mecánica cuántica
asume el azar como esencial en el comportamiento de las partículas del
átomo, sin embargo las reacciones químicas son perfectamente determinables.
Aunque no sepamos que hará una partícula atómica concreta,
por ejemplo determinado electrón, sin embargo sabemos que en determinadas
condiciones oxígeno e hidrógeno van a dar agua. El azar puede
estar dentro de un sistema, puede intervenir, pero no tiene por qué dirigirlo,
y si el azar no dirige, el proceso no tiene por qué estar falto de sentido.
Permítaseme un ejemplo mecánico que está dotado de sentido
y en el que interviene el azar :

Esta tubería de la forma representada constituye, junto con el líquido y la energía disponible, un sistema hidráulico condicionado por las características globales del diseño y por la energía aplicada en dirección ascendente (fuerza). Dentro del sistema el líquido tenderá a ascender sometido al azar de las turbulentas corrientes ascendentes que se generarán en su interior, de tal modo que seríamos incapaces de predecir una pormenorizada trayectoria de una pequeña esfera que estuviera sumergida en su interior. No obstante sabemos, gracias a que conocemos el sistema y tenemos una visión global de él, que con toda probabilidad al final surgirá por el fin de la tubería (parte superior del dibujo). El problema es que tener una visión global de la naturaleza, como la tenemos del sistema hidráulico referido, es actualmente imposible.
Bajo el paradigma holístico, la naturaleza -al menos los seres vivos-,
parecen adquirir sentido. En el sistema lógico-científico debemos
asumir unos principios que en esencia son unas creencias de las que partimos.
Si asumimos el materialismo mecanicista, los errores arrastrados en la apreciación
de las diversas partes de los mecanismos conducirán nuestras deducciones
a considerar, seriamente, la posibilidad de que los seres vivos sean una especie
de fuego fatuo, producido en un oscuro y terrorífico pantano en el que
muchas especies compiten hasta extinguir a los más inadaptados.
Bajo el principio holístico, los seres vivos pueden estar cooperando
y compitiendo con el objeto de sobrevivir la vida. Pero una cuestión
es la realidad y otra, completamente diferente, es nuestra capacidad de aproximarnos
a ella. Los seres vivos pueden constituir un macroorganismo o no, y aquellos
que intentamos discernir el dilema debemos aproximar la razón al objetivo.
Sin embargo, la naturaleza es cruel y esquiva.