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CAPÍTULO 2

(primera parte)

de La Vida Embarazada. Una teoría global sobre la vida terrestre y la evolución

por Miguel García Casas.

TEORÍAS SOBRE EL MECANISMO DE LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA

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Indudablemente la evolución es uno de los enigmas mas apasionantes de la ciencia moderna. Para intentar resolverlo se están aplicando todo tipo de ciencias y técnicas, sin embargo, aunque sabemos que la evolución existe, ignoramos su mecanismo o al menos no hemos encontrado ninguno que explique satisfactoriamente la fenomenología observada. La inteligencia humana intenta dar respuesta a partir de presunciones mecanicistas (lo importante y único son las partes) u holísticas (el todo es algo más que la parte). Encontramos desde autores que confiesan una creencia en una casualidad cósmica inexplicable, hasta los que expresan la impresión de que se está manifestando una inteligencia universal, desde los que no ven nada especial, hasta los que ven un proyecto definido.


Se pretende a continuación comentar las distintas teorías existentes sobre la evolución.....


Sumario del capítulo 2 (primera parte)

- Unos hechos, una teoría...

- Un lugar para nacer

- Más o menos la evolución...

- Horizontes de la evolución

- La especie un mal metro para un largo kilómetro

 

 

Sumario del capítulo 2 (segunda parte) Pulse aquí para acceder a la segunda parte

- Todo es según del cristal con que se mira

- Amigos o enemigos van todos juntos

- El ritmo de la evolución

- La velocidad de la evolución

- ¿Es previsible la evolución?

- La bomba que mató a mi hermano

- Una realidad contradictoria

 

 

Unos hechos, una teoría...


Sobre una serie de hechos constatables como son la diversidad de organismos vivos, la similitud entre ellos, la existencia de fósiles que demuestran la extinción de especies, y la consecución de grados superiores de complejidad estructural conforme ha ido pasando el tiempo geológico, el hombre ha generado una serie de teorías evolucionistas para explicar la evolución biológica. En opinión de Fred Hoyle en ciencias como la geología, la cosmología y la biología, entre otras, se pone de manifiesto que muchas teorías no han sido realmente probadas y que su aceptación ha dependido en gran medida de la opinión de los expertos.

Un lugar para nacer


Respecto al problema del lugar donde se originó la vida que hoy conocemos en la Tierra existen dos teorías: la primera se refiere a que la vida tuvo que surgir en las aguas de este mismo planeta. Sin embargo, otros autores han concebido una teoría sobre el origen extraterrestre de la vida, que ha sido llamada teoría de la panespermia o panspermia. El origen extraterrestre de la vida explicaría por ejemplo por qué el molibdeno, cuya presencia terrestre es muy escasa, es esencial para el funcionamiento de muchas enzimas clave (0). En el siglo XIX se pensaba que la vida se habría propagado de un sistema solar a otro mediante esporas de microorganismos; más tarde Arrhenius, químico premiado con el Nobel en 1903, expresó que la vida pudo haber sido sembrada por cometas. Esta teoría fue desarrollada posteriormente por Fred Hoyle y Chandra Vickramasing. Para Hoyle el origen terrestre de la vida es altamente improbable. Se basa en razonamientos probabilísticos que expresan ideas del tipo de que la probabilidad de encontrar una proteína partiendo del azar sería 1/(10^40) lo que hace prácticamente imposible que se genere una proteína en el tiempo que tiene la Tierra.


Mediante radiotelescopios, ha sido detectada materia orgánica en todo el Universo. En el caso concreto de un meteorito caído en Murchison (Australia) en 1969, se comprobó que tenía un contenido en aminoácidos de sorprendente parecido al que surge en experimentos de simulación clásicos del tipo de Miller y Urey (1). Los datos, recopilados por Christopher Chyba y Carl Sagan les han llevado a proponer con fundamento que las moléculas orgánicas caídas a la Tierra desde el espacio pudieron ser una fuente de material de enorme importancia para la emergencia de la vida.


Francis H.C. Crick (descubridor del ADN) y Leslie E. Orgel han emitido la hipótesis, llamada por ellos fenómeno de panespermia dirigida, de que la Tierra y probablemente otros planetas estériles fue sembrada deliberadamente por seres inteligentes que vivían en sistemas solares cuyo grado de evolución se hallaba miles de millones de años por delante del nuestro. No obstante como dice Dickerson las teorías de la panespermia no se pueden probar ni rebatir. Esta aseveración a mi modo de ver implica que como teorías lógicas son sólidas, aunque no se pueden obtener el suficiente número de pruebas.

 

Sin embargo, aunque no haya sido comprobada directamente la panespermia, experiencias realizadas en los últimos años apoyan la hipótesis de que la panespermia resulta viable (Warmflash y Weiss 2006). Los microorganismos viajeros interplanetarios tienen posibilidades de supervivencia contra la presión de los impactos de los meteoritos, las temperaturas extremas o las radiaciones letales del espacio exterior. Incluso con el apoyo de nuestra inteligencia y nuestra tecnología esporas de la bacteria Bacillus subtilis han sobrevivido durante seis años en el espacio a la radiacion ultravioleta dañina, protegidas por una fina capa de aluminio.


 

Más o menos la evolución...

 

Lamarck (1744 - 1829) explicaba los cambios en las especies como respuestas adaptativas al medio. El medio era leído por el organismo que cambiaba y se transformaba en otra especie más adecuada al entorno. La Jirafa al ver las altas copas de los árboles prolonga el cuello para acceder mejor al alimento. Las ideas de Lamarck iban demasiado lejos para su época en el sentido de que su obra otorgaba a la naturaleza la voluntad propia para evolucionar y la capacidad de heredar los caracteres adquiridos por los antepasados. Sin embargo, aunque en las simplificaciones didácticas y divulgativas se presente a Lamarck como el equivocado frente a Darwin, es justo reconocerle como uno de los grandes sabios evolucionistas de la humanidad. La herencia de los caracteres adquiridos, que sin duda es el aspecto lamarckiano más discutido por los darwinistas, es actualmente admitida en determinados casos, de los que se ocupa la epigenética, en los que se supone que modificaciones en la manifestación de los genes se heredan a pesar de que no se producen cambios en la secuencia del ADN. La adquisición de grupos metilo -metilación- por bases nitrogenadas pertenecientes al ADN silenciaría genes a lo largo de generaciones.

 

Darwin (1809 - 1882) en su libro El Origen de las Especies, publicado en 1859, explica el mecanismo de la evolución -al que llama Selección Natural- basándose en un parentesco entre todas las formas biológicas. Existiría una fuente de diversidad biológica que produciría cambios genéticos, posteriormente estas nuevas formas serían seleccionadas por la naturaleza mediante el proceso de la selección natural. Aquellos cambios responderían a un motor de azar que sería regulado por la viabilidad de cada proyecto vivo al intentar perpetuarse en el medio ambiente. Las variaciones serían para Darwin discretas y continuas, no se habrían dado grandes cambios de unas formas a otras y siempre existirían eslabones entre las diferentes especies. Este mecanismo biológico explicaría, según Darwin, la aparición del hombre. En la naturaleza serían las especies más fuertes aquellas que sobrevivieran, mientras que las especies que mostraran un determinado grado de debilidad frente a su entorno serían eliminadas por las especies más poderosas.


Los planteamientos de Darwin eran más restrictivos que los de Lamarck, se centraban exclusivamente en cómo unas especies se transformaban en otras, admitían las bases sociales y teológicas de la sociedad victoriana de su época, no daban ninguna visión metafísica alternativa de la Naturaleza. De este modo, fue posible, no sin dificultades, romper con el método tradicional metafísico y avanzar en la resolución de estos problemas.

 

La selección natural ha servido para poner en evidencia un juego de estrategias y caracteres con una direccionalidad manifiesta pues, a lo largo del tiempo, aparecen formas vivas más complejas. Sin embargo, explica de manera incompleta estas estrategias, y abre el camino a distintos intentos de describir la fenomenología evolutiva de manera más adecuada. Darwin abrió a modo de un gran baúl con muchas cajas, unas con fósiles, otras con seres vivos, vio similitudes entre ellos y las justificó mediante el cambio, para relacionar todos los especímenes estableció puentes teóricos (hasta ahora no confirmados) a los que llamó eslabones. Su mecanismo al que denominó selección natural implica la extinción de las especies caducas e inadaptadas al medio que habitan y el cambio prácticamente obligado de las que desean sobrevivir. Para explicar su teoría el hecho de necesitar el azar (que es un recurso a la ausencia de causas y a veces un escondite de ignorancia, asociado a la imposibilidad real de demostrar de manera irrefutable por qué aparece o se extingue una especie), ha causado una búsqueda de otras respuestas complementarias. Darwin se dio cuenta de algo, pero ese algo no explica todo.


Alfred Russell Wallace, en la misma época, desarrollo de forma independiente la teoría de la selección natural; sin embargo, este autor creía, al revés que Darwin, que la selección natural no podía explicar por sí sola las facultades humanas superiores.


Darwin y Wallace desconocían en aquel momento los trabajos de Mendel sobre la herencia de los caracteres, los cuales, aunque realizados casi en los mismos años, no fueron conocidos hasta el final del siglo XIX.


Sin las aportaciones de la genética, el darwinismo (o darvinismo) quedó oscurecido a partir de 1885 hasta la aparición de la teoría sintética. En estos años brillaron por un lado el neolamarckismo, término aportado por Alpheus Packard y que hizo renacer las ideas de Lamarck, y por otro lado la ortogénesis, que tuvo como principal difusor a Theodor Eimer y que negaba la influencia del medio ambiente en la evolución. Desde la perspectiva ortogenética las especies se extinguirían por senilidad -no por inadaptación- y en consecuencia la civilización occidental e incluso la humana desaparecerían tal como parecía mostrar el horror de la primera guerra mundial recien terminada por una civilización decadente.

 

Con la contribución de la genética hoy sabemos que los caracteres residen en genes heredables, y que son cambios en éstos lo que produce variaciones en los seres vivos. La diversidad biológica observada en las formas vivas y en los restos fósiles se debe a combinaciones de genes registradas a lo largo del tiempo geológico.


Al unir la teoría de la selección natural de Darwin y Wallace, con los principios genéticos de Mendel surge la teoría sintética, la cual constituye el esquema ideológico de los neodarwinistas.

 

Situados en este momento deberíamos distinguir entre Darwin y la teoría sintética. Darwin no rechazaba el lamarckismo, se manifestaba dubitativo sobre la cuestión en cuanto que estaba de acuerdo con la pangénesis, una teoría de la herencia en la que ésta era influida por el medio ambiente y la especie podía cambiar en una sóla generación. Por contra el neodarwinismo siempre se ha mostrado beligerante con el lamarckismo.


Aunque la teoría sintética de la evolución, desarrollada a partir de 1930-1940, mezcla de la teoría de la selección natural de Darwin y de los conocimientos genéticos adquiridos a partir de Mendel, da una explicación a grandes rasgos aceptable sobre los cambios y transformaciones que las formas vivas han sufrido a lo largo del tiempo, existen múltiples dilemas que están lejos de ser resueltos. ¿Puede explicar ese motor de azar y ese filtro de selección el conjunto de fenómenos que recogemos con el apelativo de evolución biológica?¿Cómo explicar por ejemplo la aparición súbita -en términos de tiempo geológico(2) - a principios del cámbrico de la mayor parte de las estirpes pluricelulares animales, o ¿cómo explicar la aparición de forma separada a partir de distintas especies de nuevos tipos biológicos, en los que están implicados tantos genes(3)? Si hay algo evidente es que no podemos describir la evolución satisfactoriamente a partir del mecanismo que Darwin propone, y que incluso algunas de las previsiones de Darwin como fueron los eslabones intermedios entre especies diferentes no han aparecido en todos los casos en los que han sido buscados. Por otro lado en ciertos casos en que el registro fósil es lo suficientemente completo se ha podido constatar la ausencia real de esta figura intermedia. Desde luego lo que si es un hecho es que los eslabones que deberían de situarse entre las grandes estirpes no aparecen.

 


En 1950 el paleontólogo Otto Schindewolf expresó que el archaeopteryx, especie que muestra caracteres propios de ave y de reptil, procede directamente de los reptiles, y esto implica que no hay pequeños saltos entre reptiles y aves. George Simpson dice que la falta de formas de transición es un fenómeno universal. Gordon Taylor puntualiza que es totalmente desconocida la procedencia de 26 grupos de mamíferos, y que la evolución de los insectos sigue siendo un misterio. Desconocemos como fueron los antepasados de los peces.


¿Por qué no se han encontrado dichos eslabones intermedios? No faltan intentos de explicar esta falta. La idea más simple es que al no ser completo el registro fósil por problemas de mineralización de los restos orgánicos, la probabilidad de encontrar un eslabón es escasa. Esta idea se complica con el establecimiento de escenarios de especiación restringídos tanto en el espacio como en el tiempo, de tal modo aún sería más difícil encontrarlos.


En opinión de muchos científicos no se puede despreciar la hipótesis de que esta figura evolutiva no sea universal. Entonces postularla incurriría en dogma, y esta figura tiene poco porvenir en el campo científico. Ahora bien, es posible admitir que el eslabón no es una figura necesaria para aceptar la validez de la selección natural. Sin embargo, una cosa es admitir que la selección natural interviene en la evolución y otra muy diferente que lo explique todo.


Es lógico deducir de los postulados de Darwin, basados en el azar, que los pequeños cambios en cada especie deben de ser regulares y homogéneamente espaciados en el tiempo. Sin embargo, el estudio del registro fósil no se muestra de acuerdo con lo esperado con la selección natural. De hecho en muchos casos los grandes cambios se concentran en tiempos pequeños separados por largos periodos de nulos o escasos cambios. En contraposición a los cambios pequeños y graduales surgen los cambios bruscos o saltos. Es la oposición entre gradualismo y saltacionismo. Es posible concluir de una manera científica la existencia de gradualismo en un cierto número de casos, y la existencia de saltacionismo en otros, y parece posible admitir la coexistencia de ambos fenómenos en los procesos de perpetuación de las estirpes.


La hipótesis de Gould y Eldredge postulando un modo de cambios genéticos adaptado a la observación del registro fósil, basado en paradas y saltos bruscos, contribuiría a explicar la falta de eslabones intermedios sin necesidad de rechazar la selección natural aunque plantea otra objeción al azar. En principio éste debe manifestarse de modo regular, y en contraposición aparece un orden que se caracteriza en muchos casos por la concentración, en pequeños intervalos de tiempo, de los periodos en los que suceden los cambios. ¿Qué pensaría usted si estando acostumbrado a recibir una carta a la semana, recibiera dos o tres dias al año cien cartas de repente?, ¿creería que es por azar?


Stephen Jay Gould y Niles Eldredge creen que nunca se encontrarán los eslabones perdidos en aquellos casos en los que la evolución funciona a paradas y saltos. Postulan ambos la teoría de los equilibrios puntuales intermitentes. Para estos autores las especies pasan por períodos de estabilidad y equilibrio hasta que repentinamente dan un gran salto evolutivo y originan formas muy diferentes a la especie progenitora (4). Niles Eldredge va más lejos y propone que las especies merecen ser consideradas como individuos en el sentido más fuerte del término. De tal modo las especies nacerían de otras, alcanzarían la madurez y posteriormente desaparecerían de modo similar a como lo haría un individuo perteneciente a cualquier especie biológica.


Ligados a esta teoría toman cuerpo dos conceptos debidos en origen a Simpson: microevolución y macroevolución. La microevolución se refiere a los cambios genéticos por los que es posible explicar la variabilidad en el interior de las especies, mientras que la macroevolución explicaría los cambios que producirían la especiación o aparición de las especies, así como también la aparición de grupos de categoría taxonómica superior, como las estirpes. Eldredge escribe : "Actualmente está viendo la luz una nueva concepción en cuya virtud la evolución actúa a más de un nivel fenomenológico. Según esta nueva concepción, los mecanismos que cambian la composición genética de las poblaciones no son los mismos que rigen la macroevolución. (...) En resumen, dejando aparte los detalles, las teorías modernas de la especiación admiten que la selección natural no crea las especies, en el sentido de que no interviene en la creación de dos comunidades reproductoras a partir de una. Las consecuencias de estas conclusiones son realmente de gran alcance, ya que ahora tenemos una teoría del cambio genético y una teoría del origen de las especies nuevas, ambas relacionadas, pero no idénticas; la primera trata de la modificación de las adaptaciones de las especies; la segunda, de la sucesión de las especies, sucesión que engendra los generos, las familias, los órdenes... existentes en la actualidad o que hayan existido en el pasado".


Schwabe intenta explicar fenómenos como que el tiburón tenga la hormona relaxin que sólo se ha encontrado en mamíferos muy desarrollados. Para él cuando aparecieron los primeros seres vivos en el mar se gestaron todos los futuros planes de evolución, permitiendo este tipo de evolución convergente en el que especies muy distanciadas en su parentesco evolutivo confluyen en soluciones iguales. La verdad es que hoy en día en investigaciones de ingeniería genética los genes se buscan sin tomar mucho en consideración el reino, es decir, un gen codificante de una proteína de animal se busca "sin problemas" en un vegetal y es encontrado frecuentemente.


El biólogo Sheldrake ha enunciado la sorprendente e ingeniosa teoría de los campos morfogenéticos. Una explicación de esta teoría utilizando formas geométricas sería la siguiente: la primera aparición de una forma en la naturaleza produciría una especie de surco llamado "creoda". Las demás partículas al atravesar estos campos morfogenéticos pasan por este surco y toman la forma; cada vez este surco se hace más profundo y manifiesta un poder mayor sobre los procesos morfogenéticos posteriores. Las células aciertan con el campo morfogenético correspondiente gracias a un fenómeno de resonancia mórfica y el ADN sería como una antena que captaría los mensajes mórficos, es decir en el ambiente habría información que estaría al alcance de los seres vivos. Con esta teoría se explica que en muchos terrenos cueste mucho encontrar un primer fenómeno, pero luego sea mucho más fácil. Así sucede en la obtención de los cristales, cuya primera cristalización cuesta conseguirla, pero que luego aparece fácilmente en todos los laboratorios del mundo, o que un grupo de individuos que no entienden una serie de lenguas, sean capaces de memorizar con más facilidad una lengua antigua que una moderna debido, según esta teoría, a que la antigua posee un campo morfogenético más profundo.


Así, en los seres vivos, según la teoría de los campos morfogenéticos, el hallazgo de una solución crearía una creoda, que luego influiría en la genética de otras especies favoreciendo que éstas adquieran también dicha solución. De esta manera el campo morfogenético sería un fenómeno por encima de los genes, con capacidad de influir no sólo en la descendencia sino en grupos alejados según el parentesco evolutivo. La teoría de los campos morfogenéticos nos hace reconsiderar el papel de los genes en la evolución: éstos perderían peso relativo a favor de estos campos de naturaleza superior.


Jacques Monod bioquímico y autor de El azar y la necesidad, sostiene que el organismo está sujeto a una selección no sólo exterior, sino también interior. El organismo selecciona interiormente si una mutación es admisible o no. Gabriel Dover va más lejos y deduce que cuando el organismo toma internamente la decisión de una mutación también asume otras decisiones que permitan la viabilidad de la primera (5) . Así si la jirafa decide alargar el cuello se compensa con un corazón más fuerte para bombear sangre más lejos. El problema que se plantea es que la inmensa mayoría de las mutaciones provocadas artificialmente en los organismos son perjudiciales para ellos mismos, según estos dos autores aparecería un control sobre estos cambios bruscos genéticos por parte del organismo que intentaría paliar el perjuicio de la falta de control sobre fenómenos tan peligrosos.


Lamarck asumía que el organismo se adaptaba como respuesta a posteriori al medio ambiente. Primero existiría una "lectura" del medio y luego se daría una respuesta a él (6). Sin embargo, diversos experimentos genéticos han mostrado que el cambio en el genotipo se produce antes de que se "lea" el medio ambiente. Primero sucede el cambio al azar, y luego aparece otro cambio en el medio ambiente al que existe la posibilidad de que previamente se esté adaptado gracias a aquella mutación que sucedió aleatoriamente. La mutación es de este modo mas una casualidad supervivencial que una adaptación, que en términos semánticos se entiende más en el sentido lamarckiano.


Extremando este razonamiento y asumiendo, por consiguiente, el azar, todo el mensaje genético necesario para generar los pulmones debería existir antes de que los vertebrados colonizaran el aire. Asumiendo múltiples y pequeños cambios dificilmente resultaría imaginable, pero admitiendo el saltacionismo son necesarias dosis espectaculares de fe para concebirlo. Sin embargo, en determinados casos se ha constatado que algo de ello hay. Así Antonio García Bellido plantea que si en los apéndices de tetrápodos y artrópodos se utilizan los mismos genes reguladores es porque los han heredado de sus ancestros aunque éstos no manifestaran apéndices visibles. Por tanto es deducible que los genes en este caso han existido antes que sus manifestaciones seleccionables. Para este autor la evolución funciona según un mecanismo que es en parte ajeno al medio ambiente y que en parte interviene la selección natural. Con motivo del homenaje internacional que se le ofreció en 2006, a sus 70 años de edad, manifestó: "La biología del desarrollo ha cambiado mucho desde los años sesenta"... "Ahora están conectados los diferentes niveles: la bioquímica, la biología molecular, la genética, la biología celular, la ortogénesis y la evolución".

 

En cuanto a su genoma, las especies biológicas no se diferencian tanto como a priori pudiera pensarse. El hombre y el chimpancé se diferencian solamente en un 1% de su ADN, y el mismo código genético, el lenguaje de los genes, es común a todos los seres vivos, bien sean bacterias, plantas, animales, hongos o de otro tipo. Por otro lado existe dentro del ADN una proporción del 95% cuya función y significado desconocemos y al que hemos llamado ADN basura. En los años 60 se empezó a descubrir información oculta en el ADN basura, aproximadamente el 45% del genoma humano consiste en genes víricos que se han copiado a sí mismos en el transcurso de la evolución y que se mantienen inactivos pero que pueden llegar a activarse en cualquier momento. Estamos ante una prueba del papel de los virus en la evolución.

 

Así mecanismos genéticos favorecerían el acceso de los organismos a soluciones genéticas que otros grupos poseyeran. Los transposones son una especie de genes saltarines, que tienen la capacidad de saltar de unos cromosomas a otros. Estos transposones pueden ser atrapados por virus y en el proceso de infección de éstos a otros organismos pueden transmitir caracteres del organismo poseedor en origen del transposón. Esto constituiría una especie de ingeniería genética natural a la que tendrían acceso las especies biológicas y podría haber favorecido la evolución. Actualmente se ha conseguido y se explota industrialmente que determinadas especies produzcan compuestos químicos que se producían en origen en otras especies y además en mucha menor cantidad. Todo ello se ha conseguido inoculando genes de unas especies en otras.


Otra teoría interesante debida a Richard Dawkins es la llamada del gen egoísta, según la cual los seres vivos actuamos en función de los intereses de nuestros genes, hasta el extremo que todo tipo de comportamiento, según Dawkins, se puede explicar en función de un interés egoísta del gen en sobrevivir. En su parte más radical postula que el gen estaría comenzando a ser sustituido por unidades inmortales que se transmitirían de individuo a individuo, a las que llama memes. El concepto de dios sería un buen ejemplo de meme. Sin apostar por las partes más radicales de esta teoría, debemos admitir que determinados comportamientos difíciles de explicar según otras concepciones más tradicionales de la lucha entre individuos, encuentran así explicación. Por ejemplo, la lucha de las abejas en defensa de la colmena. Cuando una colmena es atacada por avispas, por ejemplo, las abejas salen en defensa de la colmena y éstas pican a las avispas agresoras a pesar de que su picotazo implica la muerte para la misma abeja defensora. Podemos explicar que las abejas de una colmena son todas hermanas puesto que son hijas de la misma madre, por tanto poseen una proporción máxima de genes comunes dentro de la especie. La muerte de una serie de defensores permite la supervivencia de los genes de éstos en el interior de los supervivientes. La abeja ha mostrado un comportamiento al servicio de los genes.

 

Lynn Margulis, que se confiesa darwinista, aunque no neodarwinista, es decir asume la selección natural aunque no cree que el azar sea el único motor del cambio, ha demostrado que el cambio evolutivo se puede producir mediante la cooperación de organismos. Su teoría de la endosimbiosis asume que la célula eucariota surgió por la asociación de varios grupos de bacterias y que por tanto en la base de la evolución de todos los metazoos existe un mecanismo cooperante.

 

Máximo Sandín se muestra opuesto al neodarwinismo y niega un papel crucial en la evolución a la lucha entre especies sugerida en la selección natural. Para él es la cooperación entre las especies el motor de la evolución y da un papel importantísimo a los virus en este proceso, no sólo como transmisores de genes entre especies, sino que supone que la célula eucariota en su nacimiento evolutivo tuvo aportaciones de genoma vírico. El mismo autor aboga sobre un corpus teórico al que llama Integración de Sistemas Complejos, los seres vivos constituirían sistemas que acoplándose se harían cada vez más complejos. De este modo, la evolución conllevaría la unión entre bacterias y virus para formar células eucariotas, éstas se asociarían en seres pluricelulares, etc.

 


Por otro lado los genes no son estructuras desordenadas, en el sentido de que cada uno actúe por separado e independientemente de los demás. De hecho se ha comprobado la existencia de genes reguladores, cuya función es coordinar la acción de otros genes, a veces miles de ellos. Los genes controladores se han puesto en evidencia mediante mutaciones llamadas homeóticas por cuya acción ha sido posible conseguir en moscas de la fruta que una antena se transforme en una pata, por ejemplo. Uno de estos genes reguladores es capaz de transformar un huevo desordenado en un cuerpo ordenado de insecto. Los genes reguladores evitan el caos en la expresión del mensaje genético.

 

La investigación con los genes reguladores, también llamados homeóticos, HOmeoboX y por contracción hox, ha demostrado que son importantes no sólo para comprender el desarrollo embrionario, sino también la evolución. Los genes hox no sólo ordenan la diferenciación del embrión en sentido anteroposterior, sino que según hay un gen hox, tres, una cadena de ocho a diez, o una cadena múltiplo de la anterior, estaremos ante una esponja, un celentéreo, un artrópodo o un vertebrado; los genes que determinan interiormente el desarrollo del cuerpo, determinan interiormente la transformación de unos organismos en otros.

 

Pero además analizando los genes de los organismos actuales se ha deducido -no encontrado- que antes de la explosión cámbrica ya existía un organismo parecido a un gusano, que ha recibido el nombre de Urbilateria, antepasado común de todos los surgidos en dicha explosión, triblástico y con simetría bilateral, con cuerpo diferenciado al menos en cabeza, torax y abdomen, cordón nervioso central, sistema digestivo con boca y ano, sistemas básicos para desarrollar más tarde ojos, extremidades y órganos internos, y por supuesto con los genes hox necesarios para producir la diferenciación de las partes de su cuerpo.

 

Como García Bellido nos sugiere, Urbilateria llevaba genes no seleccionados en la evolución porque no se habrían manifestado, y que se activarían millones de años después para originar la explosión cámbrica. Recordemos a Kimura y su neutralismo cuando demuestra que hay genes que surgen sin ser seleccionados. Según el darwinismo no obstante cuando se manifestaran serían seleccionados por la naturaleza. Pero la cuestión es si hay una estrategia por parte de los organismos, que podría ser lo que yo he llamado reproevolución, es decir, un proceso orgánico programado de naturaleza reproductora por parte del macroorganismo terrestre que ante nosotros esté apareciéndo como lo que llamamos evolución. Es posible que sí, porque se ha generado un mecanismo muy complejo basado en genes Hox que se ha adquirido mucho antes de la selección y que luego va a tener un papel importante en la evolución.

 

Los metámeros, estructuras repetitivas, constituyen la base anatómica intimamente relacionada con los genes hox. Los organismos animales pluricelulares que surgieron en la explosión cámbrica, utilizan este modelo para desarrollarlo y transformarlo en la búsqueda de la supervivencia. Incluso los vertebrados somos individuos metaméricos, aunque de metámeros muy transformados. Desde el punto de vista anatómico la estructura metamérica es la base sobre la que se va a intentar la reproducción del macroorganismo tal como yo propongo. Los metámeros coonstituyen unos módulos repetidos que adosados permiten jugar con sus recursos. De este modo y mediante transformaciones durante la reproevolución es posible generar cerebros más grandes y extremidades más funcionales que las que jamás ha conseguido un animal sin metámeros.

 

De otro modo, la aparición de la metamería supone inyectar en el sistema una estructura con capacidad de cambio y perfeccionamiento que puede llegar a producir una especie tecnológica. La metamerización lleva consigo la simetría bilateral y la situación de la boca en la parte delantera, cerca de ella y para alimentarse mejor se sitúan los órganos de los sentidos, en consecuencia los centros nerviosos aparecen en el sitio más cercano a dichos órganos produciéndose la cefalización y el encéfalo. Las extremidades más cercanas a la boca pueden perfeccionarse para manejar instrumentos, la transmisión de señales puede llevar a la aparición del lenguaje, influyendo todo en el desarrollo del cerebro y surgiendo la inteligencia. Todo lo demás ya existe, hay energía, hay oxígeno abundante para liberar energía. Las semillas del macroorganismo pueden intentar el viaje para colonizar y sobrevivir.

 

La hipótesis por la que abogo supone que todos los organismos terrestres formamos parte de un macroorganismo que llegado el momento prepara su reproducción. Para ello produce una forma básica que interacciona con el medio y permite la generación de una forma tecnológica que puede fabricar un artefacto en el que bacterias portadoras del genotipo del macroorganismo se pueden alejar de la estrella que aporta energía a la vida en la actualidad, pero que en un futuro la abrasará y destruirá. Según los modelos estelares la zona habitable por la vida, en la que gracias a la temperatura el agua se mantiene líquida, se va trasladando progresivamente al exterior del sistema solar. En Venus ya es imposible la supervivencia, llegará un momento que la temperatura del Sol evapore el agua en la Tierra. En un futuro Marte y hasta Jupiter dispondrán de condiciones aceptables para desarrollar la vida. Nuestra supervivencia depende de que la vida llegue allí.

 

El proceso reproductor es expansivo en el planeta penetrando en todos los hábitats posibles y desarrollando todos los nichos. La especie tecnológica termina apareciendo. Permitanme una analogía, consideremos una pared hueca llena de cavidades de diferentes formas, para colonizar y rellenar dichas cavidades generamos una forma microesférica, por ejemplo, e inoculamos a presión múltiples de estas formas por un orificio de la pared. Los agregados de estas microesferas concluyen adoptando las formas de las cavidades, una de dichas formas es la forma tecnológica. Nosotros somos un ejemplo de dicha forma tecnológica generada por un proceso forzado -usando una energía dirigida proveniente del sol- utilizando una forma llamada Urbilateria -análoga en el modelo a la microesfera- que adopta las diferentes formas que responden a la vida en hábitats -zonas- y a los diferentes nichos -oficios-.

 

Lo curioso es que J.L. Domenech en su interesantísima teoría de la neo-ortogénesis muestra, a mi entender, un mecanismo típico de una bomba de presión. Ésta inocula el fluido a una presión mayor que posee el circuito, dicha presión disminuye inmediatamente pero mantiene la energía suficiente para empujar al fluido. Para garantizar que el fluido siga en movimiento periódicamente la bomba inocula a gran presión más fluido que pierde presión subsiguientemente, así por ejemplo surge el agua por un grifo de un circuito que es movido por una bomba de presión. Si cerramos el grifo la bomba aumenta la presión hasta un límite y se para. La neo-ortogénesis sugiere que la evolución da saltos-golpes de presión que originan especies más complejas y evolucionadas, para posteriormente generar regresiones-pérdidas de presión que hacen surgir especies con caracteres menos complejos. Pero este mecanismo garantizaría la aparición de formas más evolucionadas y podría estar íntimamente unido a la direccionalidad que expresa la reproevolución por la que abogo o reproducción mediante evolución del macroorganismo que habita la Tierra.

 

Durante el desarrollo embrionario la estrategia hox existe, ¿Por qué no en la evolución? En el caso de que mentalmente tuvieramos asumido que estamos en el interior de un organismo en desarrollo, la existencia de una estrategia interna sería admitida tal como lo es en el embrión, cambios tan drásticos como los comentados en la evolución no merecerían gran atención, puesto que del mismo modo que asumimos con naturalidad que a partir de un óvulo se van a producir multitud de órganos diversos, asumiríamos que a partir de unos organismos se originaran otros. De hecho muchos biólogos ven con naturalidad los cambios evolutivos ya que admiten la evolución, por tal razón no cuestionan ni su existencia ni su mecanismo.

 

Desde el campo de los genes hox ha aparecido una prueba a favor del gradualismo porque analizando este tipo de genes se puede establecer con ellos un árbol evolutivo de genes que muestra cambios pequeños o graduales, a pesar de que cuando se construye el árbol evolutivo de los distintos grupos zoológicos basándose también en las pruebas bioquímicas aparece un árbol de naturaleza saltacionista. De otro modo, los pequeños cambios genéticos pueden construir grandes cambios orgánicos. Para Darwin la importancia del gradualismo, del pequeño cambio, debía residir en la certeza de que para cambiar sin peligro lo mejor es hacerlo poco a poco, del mismo modo que cuando cerramos los ojos y nos movemos por una habitación lo hacemos poco a poco a pequeños pasos, es más seguro. Pero por otro lado, tendríamos que considerar que no existirían las formas intermedias, al menos en el sentido que esperaríamos, puesto que éstas presentarían grandes cambios morfológicos en respuesta a pequeños cambios genéticos. Existirían los genotipos intermedios productores de los grandes saltos. ¡Habría que buscarlos! Pero ese gran salto ¿es lo suficientemente seguro para no destruir al propio organismo? Porque realmente si el cambio pequeño genéticamente y grande morfológica o fisiológicamente, es grande desde el punto de vista del riesgo a lo mejor el propio darwinismo aconsejaría buscar las bases de la seguridad supervivencial del cambio evolutivo en otros aspectos que el darwinismo no contempla ¿quizás el proceso orgánico de la reproevolución?

 

Y es que los criterios de seguridad en los cambios también parecen estar presentes en la evolución. Dentro de la evolución biológica el código genético ha seguido su propia evolución para conseguir minimizar los daños que pequeñas mutaciones pudieran causar en la producción de proteínas (Freeland y Hurst 2004). Imaginemos a un joven que sube corriendo por una escalera con peldaños de altura variable no superior a 15 cm de altura y algunos de 50 cm. La posibilidad de superar los grandes cambios de altura que equivaldrían a las mutaciones que pudieran aportar mejoras a las especies estaría condicionada por que el individuo que sube por la escalera no perdiera el equilibrio en esa serie de abundantes pequeños peldaños de altura irregular (pequeñas mutaciones). El código ha evolucionado en este sentido y su blindaje ante los posibles daños causados por las pequeñas variaciones le permite beneficiarse mejor de las mutaciones importantes. Los mismos autores escriben "El código genético no sólo es un producto de la selección natural. Podría operar al modo de un algoritmo de exploración que busque ACELERAR la evolución". Lo curioso también es que comparando con un millón de posibles formas de funcionar del código genético la natural -la que realmente sigue- es la segunda mejor posible. Esta observación es digna de tomarse en cuenta al valorar el papel del azar en la evolución ya que es casi imposible que en una baraja con un millón de cartas numeradas del uno (la de más valor) al millon nos salga el dos.



Horizontes de la evolución

Thuillier señala que los dilemas más importantes que todavía están por resolver por y desde cualquier teoría de la evolución son:


1/¿En que medida la evolución es continua -producida mediante pequeños y continuos cambios- o discontinua -presentando cambios bruscos esporádicamente-?


2/¿Cuales son las implicaciones de la clasificación cladista para el evolucionismo?


3/¿Cuales son los efectos exactos de la selección natural?


4/¿Qué es una especie?


En cuanto a la primera cuestión ya se ha comentado la teoría de Gould y Eldredge en la que los cambios bruscos sucederían al final de períodos de pequeños cambios, en oposición a la idea de Darwin de continuos y sucesivos pequeños cambios que producirían la existencia de eslabones intermedios. Aunque la hipótesis de Gould surge como posible solución a la inexistencia de dichos eslabones que predice Darwin, ninguna de estas dos hipótesis complementarias son totalmente descartables a la luz de nuestros conocimientos actuales.


Sobre la cuestión de las implicaciones de la clasificación cladista en el evolucionismo, es un problema de lenguaje y método. ¿Cómo puede afectar a nuestras conclusiones nuestros principios y nuestro método? El método cladista es un método de clasificación de las especies basado en criterios filogenéticos; es decir, en términos de parentesco evolutivo. Carl Linné -naturalista sueco- a mediados del siglo XVIII, estableció el punto de partida de las clasificaciones modernas. Concebió un sistema jerárquico en el que se agrupaban las especies, cuanto más se parecían un conjunto de seres vivos mayor era la probabilidad de encontrarlos agrupados en una sola clase. Hoy en dia seguimos el mismo sistema de nomenclatura de las especies. La aparición de corrientes evolucionistas con Lamarck y sobre todo Darwin en el siglo XIX, hace que a mediados del siglo XX clasificación y filogenia muestren una fuerte imbricación.


La escuela neodarwinista dio como resultado una revisión de las jerarquías linneanas bajo una perspectiva evolucionista. El grupo de trabajo que se ocupó de estas cuestiones es citado por Viladiu como evolucionistas, llamando sistemática evolutiva o clasificación ortodoxa a sus técnicas. El objetivo era el de establecer una filogenia de la evolución, o sea un árbol genealógico de los grupos biológicos que mostrara el camino seguido por la evolución, para ello se fundamentaban en el conjunto de seres vivos conocidos y los fósiles encontrados. Con el primero se trataría de recoger las características más apropiadas para clasificar a los organismos y con los fósiles descubrir cuáles son las más avanzadas en el sentido puramente temporal. Las críticas a este método surge de su subjetividad; no existen unas reglas fijas para escoger unas características frente a otras y por tanto distintos autores llegan a diferentes conclusiones.


Los problemas de la clasificación ortodoxa se han intentado resolver con la clasificación feneticista y la cladista. El sistema feneticista se basa en el análisis del fenotipo. Se toman el mayor número de variables y se introducen en un programa de análisis estadístico multivariante. Los resultados recogen las distancias entre las distintas especies y permiten representarlos en un diagrama en forma de árbol. La filosofía feneticista recomienda el uso de un gran número de variables o características y no establece categorías entre estas variables.


El cladismo se basa en la filosofía clasificatoria expresada por Willi Henning en 1968 en su libro Elementos de una sistemática filogenética, donde propone definir unos conceptos fundamentales y una pauta de actuación a partir de ellos, como por ejemplo el concepto de apomorfia como la novedad evolutiva que define a un grupo y solamente a ese. En la metodología cladista los fósiles no pueden ser considerados junto a las formas vivientes, puesto que la información que de ellos podemos obtener es menos precisa. Una vez seguidas las pautas que la metodología cladista impone se procede a encontrar las soluciones, el problema es que en la metodología cladista el número de posibles soluciones es tan elevado que es necesario aplicar criterios discriminatorios. El resultado suele ser que la clasificación obtenida por esta metodología difícilmente se puede ajustar a la nomenclatura taxonómica linneana: rápidamente los niveles jerarquizados en la secuencia linneana se verían desbordados.


Indudablemente el método cladista nos propone y nos permite ver la filogenia y la evolución de otro modo, y nos sugiere que si partimos de principios diferentes podemos percibir la evolución con un aspecto diferente al tradicional. Con el método cladista estructuramos los pasos metodológicos, evitamos la subjetividad tradicional de los sistemáticos y ello nos lleva a ver la evolución de otra manera que a veces no cuadra con la acostumbrada.


La tercera cuestión se refiere a saber cuáles son los efectos exactos de la selección natural. A mi modo de ver es clave para responder a esta pregunta si la evolución ha terminado o no. Como el futuro es una parte del tiempo que nos es negada, no podemos contestar. Mayr apunta que la evolución es direccional en el sentido que va hacia la aparición de mayores grados de complejidad por parte de las nuevas formas. La siguiente pregunta es si es finalista, es decir si tiende a un fin. Otra vez tropezamos con el tiempo, ¿cómo vamos a saber si ese fin ha llegado o llegará si no conocemos el futuro? Existen opiniones de que la naturaleza tiene al hombre como fin; sin embargo, tal opinión es indemostrable.


Teilhard De Chardin (1881-1955), jesuita, paleontólogo y descubridor del Sinantropus pekinensis lleva al extremo el finalismo al considerar que la evolución tiende hacia el punto omega que es Cristo. Naturalmente también es racionalmente indemostrable, puesto que en el sistema lógico se inserta la creencia, pero habría que demostrar que la dosis de creencia en otros postuladores de hipótesis fuera menor.


Desde una perspectiva "clásica" darwinista la respuesta al enigma de la naturaleza de la evolución sería que ésta es un proceso supervivencial: ¡Muta o muere!. Los organismos se adaptan para sobrevivir y fruto de estas adaptaciones aparecen las complicaciones estructurales que les permiten sobrevivir y en las que consistiría la evolución. La mayor complejidad es por tanto una necesidad ineludible sin la cual la vida no sobreviviría. El razonamiento falla cuando, por ejemplo, observamos que los organismos unicelulares, manifiestamente primitivos desde perspectivas evolucionistas basadas en la complejidad, multiplican por diez en un cuerpo humano al número de células propias descendientes directas del espermatozoide y del óvulo, y que por lo demás los microorganismos abundan y proliferan en el mundo actual. ¿Cómo han podido sobrevivir sin evolucionar? Pero además, ¿quién no ha escuchado que caso de una guerra nuclear los únicos que sobrevivirían serían los microbios, las ratas, los insectos y poco más? ¿Es esto estar inadaptado a la supervivencia? Una posibilidad, tal como abogo en la Teoría de la Vida Embarazada, es que la evolución sea un proceso madurativo tendente a la reproducción del sistema biológico del que quizás todos los seres vivos de la Tierra formemos parte. Para conseguir la reproducción del sistema es necesario generar estructuras específicas especializadas en distintas funciones. Así los seres pluricelulares serían candidatos a formas biológicas y tecnológicas capaces de vencer la fuerza que atrapa a los seres vivos en este y cualquier otro planeta: la fuerza de gravedad. Un proceso reproductor no tiene por qué producir la eliminación del cuerpo que se reproduce, tal como observamos en la reproducción humana y por otro lado este proceso no tiene por qué ser ni más ordenado ni más desordenado que otros procesos biológicos reproductores. Mas adelante, y como un modelo con el que representar este posible proceso reproductivo del sistema biológico terrestre, utilizó el modelo reproductor de la hembra humana.

 

La especie, un mal metro para medir un largo kilómetro


El cuarto dilema o cuestión se refiere al desconocimiento del significado de la palabra especie, y esto es, a mi modo de ver, lo que en una discusión parlamentaria se llamaría una enmienda a la totalidad. Si ignoramos qué es una especie y medimos la evolución en unidades discretas a las que llamamos especies, nunca sabremos exactamente qué es lo que medimos, si desconocemos nuestras propias unidades de medida; nunca sabremos qué es la evolución exactamente. El error inicial lo arrastraremos hasta el final del conocimiento que podamos adquirir y nuestro método estará extraordinariamente limitado.


Según Rafael Alvarado, una mayoría de autores opinan que sólo la especie tiene significado real siendo las restantes categorías meras abstracciones. Sin embargo, otros autores poseen posiciones extremas, así Lotsy sólo da categoría real al individuo, mientras que Haeckel se la da solamente a la estirpe. En esta línea Dobzhansky sugiere que la especie es un mero accidente de la evolución. El concepto de especie es intuitivo para el hombre que, cuando se desenvuelve en territorios rurales, debe conocer y distinguir los grupos de animales y plantas en función de su comestibilidad, peligrosidad, propiedades curativas, etc. Sin embargo, es perfectamente comprensible que las unidades que nos permiten desenvolvernos en un medio no tienen porque ser las más adecuadas para desenvolvernos en otro. Así por ejemplo para movernos con un coche la unidad más adecuada es el kilómetro; sin embargo, esta unidad no nos permitiría comprender las dimensiones del espacio interestelar en las que utilizamos el año luz u otras unidades de categoría superior, y no digamos de utilizar el año luz para analizar distancias atómicas. De este modo el concepto intuitivo especie, que en origen nos permite sobrevivir en la naturaleza, no tiene por qué ser el más adecuado para percibir correctamente la evolución.


Según Plate en todas las definiciones científicas y filosóficas del concepto especie se alude al carácter de entidad biológica con capacidad de interhibridación que muestran sus individuos. Según esto toda especie se muestra cerrada genéticamente hacia fuera, pero abierta hacia adentro, permitiendo que el cruce sexual entre sus individuos obtenga descendencia en todas las generaciones sucesivas. Sin embargo, según Darwin "ninguna definición ha satisfecho por completo a todos los naturalistas".

 

Desde Du Rietz, en 1930, se ha abierto paso la idea de especie como colectividad de individuos con posibilidad de intercambio genético "flujo genético" y aislamiento reproductor, éste es el singámeon.


En definición de Mayr recogida en diversos tratados y aceptada por muchos biólogos se encuentra caracterizada la especie como "conjunto de poblaciones naturales hibridadas de manera efectiva o potencial, y que están aisladas, desde el punto de vista reproductor, de otros grupos semejantes" Para Mayr el concepto de especie es biológico y práctico, dinámico y no estático. Este autor viene a decir que el concepto de especie es práctico para analizar ciertos aspectos biológicos, aunque es difuso en sus perfiles por tratarse de un fenómeno dinámico. Es decir estamos ante un vehículo (la especie) que se mueve con tal rapidez que cuando lo fotografiamos sale borroso. Esto causa que aparezcan múltiples diferencias entre subgrupos de las especies, a los que llamamos subespecies, que por un lado nos confirman la existencia de la evolución, pero que por otra nos dificulta la percepción de ésta.

 

Definir una especie bajo aspectos reproductivos plantea problemas, por ejemplo, se suele decir que dos especies distintas no pueden obtener descendencia y en todo caso si la obtienen ésta es estéril. Pensemos en el cruce entre caballo y burro en el que nace un mulo esteril. Sin embargo, aunque estadísticamente esto sea cierto sin embargo, existen excepciones por ejemplo el cruce entre tigre y león del que nace un ligrón que en ciertos casos se ha podido comprobar que es fértil. Por otro lado en el mundo de la microbiología aunque exista reproducción sexual ésta es difícil de observar espontáneamente y se atiende a criterios prácticos para datar la especie. En los virus ni siquiera se habla del concepto de especie.

 

Si no es lo mismo una especie pluricelular que una especie microbiana, o ni siquiera se utiliza este concepto como en los virus, corremos el riesgo de estar mezclando unidades heterogéneas en nuestros cálculos, es posible que estemos "sumando" melones, patatas y tocadiscos y esto en matemáticas es un error grave que afecta seriamente a nuestros resultados.


Por otro lado este criterio de grupo cerrado genéticamente queda invalidado bajo análisis evolutivos si tenemos en cuenta que un organismo puede recibir genes de otra especie muy alejada evolutivamente a partir de transposones, o que incluso la especie puede ser influida con un campo morfogenético.


Una manera de enfrentarse al problema de definir una especie es, tal como hacen los feneticistas y cladistas, basarse en criterios estadísticos, trabajando directa o indirectamente sobre probabilidades de que los organismos sometidos a análisis pertenezcan al mismo grupo y realizando análisis complejos.


El tipo de unidad que utilicemos para percibir la evolución va a ser fundamental en la percepción del fenómeno, y además va a influir en su concepción. Cuando nos referimos al desarrollo embrionario, percibimos al cuerpo humano como una unidad, y por tanto cuando encontramos un agujero lógico-científico en el proceso de desarrollo fetal, resolvemos el problema planteando un puente válido asumiendo que en todas las partes del desarrollo el individuo es una unidad. Para nosotros todo el proceso del desarrollo embrionario es un continuum independientemente de que lo hayamos demostrado y si por ejemplo no conseguímos explicar por qué una célula se transforma en nerviosa, o en epitelial, o en muscular, podemos apelar a que en un momento determinado se activan una serie de genes para conseguir estructurar al ser vivo adulto como está programado, y esto en líneas generales es admitido.

 

Actualmente sería imposible demostrar a partir de las células de un feto que su desarrollo embrionario estuviese coordinado y que éstas produjeran complejos de tipo superior, de funcionamiento tan complicado. La verdad es que actualmente solamente podemos asegurar que un cuerpo vivo funciona porque lo vemos vivir, y es que no disponemos de una ciencia que pueda explicar la vida satisfactoriamente. El mejor discurso científico que se pudiera hacer estaría plagado de lagunas, de opiniones diversas y contradictorias y además el impulso vital que podría dar vida a un conjunto de moléculas nos es desconocido y desde luego no es la descarga eléctrica que dio vida a Frankenstein a partir de un amasijo de órganos muertos.


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NOTAS

(0).- Otro aspecto favorable a la panspermia se refiere a que la composición de la atmósfera terrestre cuando la vida apareció contenía suficiente proporción de oxígeno, que es un eficaz destructor de enlaces químicos, como para impedir que surgiera la vida a partir de las moléculas. Un origén panespérmico de la vida en este planeta sería una solución plausible. (Volver)

(1).- Consisten estos experimentos en reproducir en el laboratorio unas supuestas condiciones iniciales que se darían en la Naturaleza en tiempos pasados, introduciendo una serie de sustancias en matraces y sometiéndolas a condiciones que intentan simular aquellos instantes primigenios. Posteriormente se observan los compuestos producidos para ver si coinciden con los previstos a partir de la hipótesis inicial. Miller y Urey obtuvieron moléculas orgánicas a partir de hidrógeno, metano, amoniaco y agua y tras someter a estas moléculas a descargas eléctricas, intentando reproducir los efectos eléctricos de las tormentas de la atmósfera primitiva sobre las moléculas entonces supuestamente existentes. (Volver)

(2).- Uno de los conceptos que contribuyó más a comprender el cambio en la Tierra, fue el de tiempo geológico, las variaciones terrestres debían ser entendidas desde cantidades de tiempo inmensas: las eras y eones. Quizás por tanto, para comprender la naturaleza de un organismo de complejidad superior y de periodo vital enorme, sería interesante utilizar un equivalente: el concepto de tiempo biológico. (Volver)

(3).- Cuando un grupo taxonómico proviene de orígenes distintos hablamos de tendencia multidireccional o polifiletismo. Se citan muchos casos en el reino animal y en el vegetal, e incluso en el hombre, en que los taxones parecen responder a un origen polifilético, sin embargo, no existe acuerdo general en todos los casos. Por citar uno de ellos sirva como ejemplo los Ambulátiles o terápsidos. Este orden de reptiles dió origen a los mamíferos discutiendose sobre si en el proceso aparece el monofiletismo o el polifiletismo. La mayoría se inclina hacia esta última posibilidad: Kermack y Musset, Parrington, Kühne, Von Huene, Kuhn-Schnyder y tantos otros. Los que apoyan el monofiletismo se fundamentan en los caracteres del género de mamíferos más antiguo conocido, Megazostrodon, del trías superior, el tronco básico y único sería el de los eozostrodontos (trías-rético), que derivarían directamente de los ambulátiles cinodontos. Pero la idea más generalizada es polifilética, según la cual existen, por lo menos, tres ramas filéticas independientes, tal como señaló Kermack en 1967. Un grupo, abortado en el género Diarthrognathus, que se halla en la misma línea fronteriza entre ambulátiles y mamíferos y que no tuvo descendencia. Otro grupo, formado por los docodontos o eoterios (con la doble articulación), propios del jurásico: los anfiléstidos (con reservas); los triconodontos, del fin del jurásico y del cretáceo y los multituberculados, que desde el fin del jura se extienden hasta los albores del Terciario (con una historia de más de 100 millones de años). De este grupo habrían salido los monotremas actuales, que tienen pocos representantes y son los mamíferos más primitivos, todavía con diversos caracteres reptilianos. El tercer grupo abarcaría, con reservas, los anfiléstidos y los eupantotéridos (con su subrama de los simetrodontos) que, nacidos en el límite trías-rético, darían lugar a los marsupiales o metaterios y a los euterios o placentarios. (Volver)

(4).- Los periodos de estabilidad serían muy largos y los de cambio relativamente cortos.(Volver)

(5).- Es notable el hecho de que este razonamiento considera al organismo como un todo global, algo más que una serie de genes independientes y de comportamiento relativamente aislado que habitan el mismo organismo. (Volver)

(6).- En ocasiones da la sensación de que observaciones de la evolución reciben interpretaciones forzadas para integrarlas en el darwinismo y alejarlas del lamarckismo. En el caso de la evolución del género de lagartos Anolis habitante de diferentes islas del Caribe, parece deducirse a partir de los estudios del ADN y de las observaciones que este género ha evolucionado por separado en las diferentes islas a partir de una especie origen reconstruyendo una y otra vez las mismas comunidades de especies de lagartos. Como expresa Losos (2001) "La existencia de tales comunidades requiere que haya algún proceso determinista, capaz de modelar su estructura. Algo que guíe la evolución de los lagartos por la misma senda, una y otra vez". El autor observa que la longitud de las patas depende de la anchura del medio habitado por Anolis, las especies que habiten troncos gruesos serán de patas más largas que las que habiten ramitas más finas. La hipótesis explicativa sería que primero se produce una plasticidad fenotípica que correspondería a la respuesta del organismo a la lectura del medio (anchura de la zona habitada) que no respondería a una mutación genética, para que después se produjera la mutación genética aleatoria que se incorporaría al genotipo. De este modo, aparece el azar y las características propias del darwinismo cuando bajo un paradigma lamarckiano se explicaría diciendo que el animal lee el medio y se transforma en una nueva especie. (Volver)

 

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