de La Vida Embarazada. Una teoría global sobre la vida terrestre y la evolución
por Miguel García Casas.
Sumario del capítulo 2 (segunda parte) Pulse aquí para acceder a la primera parte
- Todo es según del cristal con que se mira
- Amigos o enemigos van todos juntos
- La velocidad de la evolución
- ¿Es previsible la evolución?
- La bomba que mató a mi hermano
Todo
es según el color del cristal con que se mira
Las culturas de los pueblos suelen influir en la concepción que éstos alcanzan de los fenómenos que llegan a conocer. Imanishi es un ejemplo de cómo un oriental puede percibir la evolución basándose en esquemas culturales propios, fundamentando la evolución sobre una base filosófica confucionista basada en la tradición japonesa y la visión armónica de la naturaleza.
Imanishi, profesor de la Universidad de Kyoto nació en 1902, en los años
70 publicó Mi teoría de la evolución y Más allá
de Darwin. En 1984 en un texto publicado en inglés afirma que todos los
individuos cambian al mismo tiempo cuando llega el momento de cambiar, que sin
duda hay que comprender que la transformación de una especie no debe
explicarse por una serie de accidentes sino más bien por el desarrollo
espontáneo de algunas potencialidades inscritas en su patrimonio evolutivo.
Para este autor hay maduración y no tanto el reordenamiento mecánico
y aleatorio de algunos genes. El concepto de especie trasciende al de individuo,
la especie para él es algo más que un conjunto de individuos que
coinciden en sus características y cuyo cruce es viable. Aunque sus ideas
son discutidas no esta claro que Imanishi no tenga razón.
Piotr Alexeievich Kropotkin (1842-1912) publicó en 1902 Mutual aid. A
factor of evolution. El autor lamentaba que Darwin hubiera resaltado demasiado
la lucha por la vida y no así la cooperación entre los seres vivos,
como por ejemplo las abejas. De hecho un cuerpo humano posee del orden de 10
veces más bacterias que células propias descendientes por estirpe
de la célula huevo resultado de la fecundación. El niño,
que nace esterilizado, está programado para ser infectado por determinadas
especies de bacterias ya que si lo fuera por otras sería perjudicial
para él. Las bacterias del tubo digestivo del hombre y de animales como
los rumiantes muestran una cooperación, una ayuda mutua, que en su mínima
expresión resultan ocupar puestos en el organismo que impiden la ocupación
por parte de otros microorganismos que pueden resultar patógenos, hasta
llegar a realizar funciones esenciales para la vida del organismo infectado.
Kropotkin escribe "A la larga la práctica de la solidaridad demuestra
ser más ventajosa para la especie que el desarrollo de individuos dotados
de instinto de pillaje". Según este autor la voz de alerta que nos
da la naturaleza significa ¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua!
Más modernamente Nowak, May y Sigmund (1995) han abogado por que la ayuda
mútua favorece más la evolución que la competencia.
Lyssenko (desde una perspectiva ideológica marxista) bajo Stalin denunció
la biología burguesa, pregonaba la supremacía de la especie sobre
el individuo y atacaba a la burguesía occidental. Hay que reconocer que
la perspectiva marxista aplicada a la genética de especies vegetales
y animales de explotación económica fue un fracaso. Los congresos
de genética de la época se llenaban de trabajos soviéticos
que intentaban demostrar que los frutos tendían a ser más gruesos
si crecían en campos con árboles que dieran frutos más
gruesos, ya que el individuo según esta perspectiva tiende a ser como
la sociedad que habita. Fue Nikita Kruschev, al comprobar que los progresos
en este campo en Occidente eran mayores, el que propició un cambio en
la genética comunista, destituyendo a Lyssenko de los cargos que poseía
en el aparato científico soviético. Sin embargo, quizás
no debería confundirse la inducción de una selección artificial
con la producción espontánea en la naturaleza de la selección
natural.
En contraposición con la ideología marxista Imanishi carga más
contra el occidente cristiano aunque las conclusiones biológicas son
muy similares. Según Imanishi la teoría de la selección
natural darwiniana en el fondo significa que la "élite" se
afirma mediante la fuerza. Dios está al lado de los ganadores; y si esta
manera de explicar la evolución de la naturaleza les gusta a los occidentales,
quizá es porque concuerda con los esquemas cristianos. En palabras de
Thuillier: "Imanishi, al continuar rechazando la filosofía <belicosa>
de la evolución neodarwinista, eligió oponerle un evolucionismo
antioccidental". Imanishi es un autor en el que es fácil deducir
sus esquemas culturales e ideológicos, que él mismo confiesa (si
esto sucediera más a menudo quizás sería más fácil
comprender las teorías que los diversos autores nos proponen).
Mae-Wan Ho, Peter Saunders y Sindey Fox en el artículo "Un nuevo
paradigma para la evolución" cuestionan la filosofía subyacente
a la teoría sintética. Dicen que ver la evolución como
una sucesión de accidentes controlados por la selección es insuficiente,
prefieren subrayar la importancia de las propiedades estructurales y dinámicas
de los organismos. Algunas formas aparecen más fácilmente que
otras. Para ellos el desarrollo es un proceso coordinado. Algo más que
una suma de partes.
Amigos
o enemigos van todos juntos
Sin embargo, la pregunta está planteada; ¿Son las especies formas competidoras o cooperadoras, o ambas a la vez? Respecto a la primera pregunta, es evidente que en la naturaleza podemos encontrar ejemplos en ambos sentidos, desde especies que compiten por el mismo tipo de recursos y que una de ellas desplaza de su hábitat a la otra, -como por ejemplo el cangrejo europeo de río y el cangrejo americano-, hasta especies que muestran un grado de complementariedad con otras de tal modo que la extinción de una de ellas implicaría la extinción de la otra.
Desde su aparición las plantas con flores -fanerógamas angiospermas-
han estado ligadas en su mayoría a los insectos; éstos se han
constituido en vehículos de sus granos de polen a cambio de ser alimentados
mediante néctares o incluso con los mismos granos de polen por las plantas.
Existen especies de árboles que producen nectarios para alimentar determinadas
especies de hormigas; a cambio, cuando el árbol corre el riesgo de ser
invadido por otras especies de insectos, las hormigas que lo habitan salen en
su defensa. Los tordos se alimentan de olivas, la pulpa de la oliva, constituida
por millones de células vivas, es digerida por la ave y las semillas
son posteriormente rechazadas por el animal, que al tirarlas lejos del árbol
tienen la posibilidad de germinar y dar origen a un nuevo olivo, puesto que
caso de caer la oliva a los mismos pies del olivo no tendría viabilidad,
ya que éste lo impide.
Así aparece una pregunta crucial: ¿es la muerte del organismo
el factor más importante en la evolución? La muerte se asume en
múltiples casos a pesar de que sea el fin. Así por ejemplo, sucede
en las células sexuales, cientos de millones de espermatozoides que se
han desarrollado mediante complejísimos sistemas de crianza en los órganos
sexuales se lanzan a morir en una cópula, solamente con la esperanza
de que uno consiga llegar al óvulo. Una posibilidad de vivir frente a
200 millones de posibilidades de morir, y sin embargo, adelante.
Incluso un organismo como el humano cambia sus células múltiples
veces a lo largo de la vida, conservando, según se dice, solamente una
parte de las neuronas. El resto mueren. Sin embargo, nosotros tenemos conciencia
de ser los mismos individuos. La muerte de nuestras células es un proceso
ignorado.
Podemos darnos cuenta de que la muerte no es una variable determinante en el
comportamiento de las especies, sino una más, junto con otras como la
reproducción, la supervivencia de los genes, etc. Así, el ejemplo
ya comentado del comportamiento de defensa de las abejas, o el de las células
sexuales.
Independientemente de juicios morales que podamos introducir en el análisis
de las relaciones entre diferentes especies, referentes a si unas relaciones
son belicosas o cooperantes, las partes de la naturaleza obtienen una resultante
que hasta ahora no ha eliminado la vida de la superficie de la Tierra.
En 1977 Lin Chao y sus colaboradores de la Universidad de Massachusetts, intentaron
contestar en el laboratorio si la interacción entre el depredador y su
presa podía llevar a la extinción. Para ello diseñaron
un experimento sobre la interacción entre un tipo de bacteria y su parásito.
Cogieron una cepa de colibacilo y la infectaron con el bacteriófago virulento
de cepa T70 introduciéndolo todo en un cultivo bacteriano adecuado. El
resultado fue que se producían mutaciones que causaban la aparición
de nuevas cepas o razas de bacterias, que a su vez eran parasitadas por nuevos
tipos de virus también mutantes, hasta que se llegó en el sistema
a un punto de equilibrio, el resultado es que la vida no sólo no desaparecía
sino que surgían nuevos tipos biológicos; es decir, aumentaba
la diversidad biológica. Por analogía podríamos entender
como si la vida amenazada fuera similar a un barco y que cuanto más peligro
tuviera más barcas de salvamento fuera capaz de fabricar, cada barca
de salvamento sería un tipo biológico, una posibilidad más
de sobrevivir para los genes de la vida.
Existen miles de especies que deben su vida a la conexión inmediata con
otra especie con la que mantienen una mutua dependencia y un proyecto común:
el de sobrevivir ambos. A la evolución que mantienen estas especies íntimamente
ligadas Yves Carton la llama coevolución rechazando este término
para relaciones más complejas y de mayor envergadura dentro del ecosistema,
entre especies más desligadas. En realidad a mi entender este autor procura
hacer una de las técnicas más accesibles al científico,
reducir el campo de la ciencia a fenómenos más fáciles
de analizar y en los que es más posible llegar a conclusiones; pero quizás
sí y quizás no, la coevolución sea un proceso global entre
todas las especies del ecosistema que en todo caso resulta muy difícil
de medir. Quizás el proceso que pueda llevar a la demostración
de que la coevolución es un fenómeno global dentro del ecosistema
sea paralelo al sufrido por las teorías de la gravitación. Para
Newton la gravedad dependía de dos masas; posteriormente Einstein introduce
todas las masas del sistema solar y después de él se introducen
todas las masas del Universo para calcular la gravedad.
La teoría sintética sugiere que la evolución, y por tanto
la aparición de nuevas especies es un proceso constante y continuo que
es explicable, al igual que la coevolución, mediante la analogía
denominada "la hipótesis de la reina roja", tomada del episodio
de Alicia en el País de las Maravillas en el que Alicia es sujetada por
la reina roja y para seguir en el mismo sitio tiene que correr, es decir, que
las especies representadas por Alicia deben seguir adaptándose continuamente
para seguir viviendo, lo que equivaldría a mantener la misma posición.
En 1968 Motoo Kimura idea la teoría neutralista, de fuerte contenido genético-bioquímico, que en esencia supone que las mutaciones responsables de la multiplicidad de formas moleculares no tienen valor adaptativo, es decir no son adaptaciones a ningún factor externo o interno. Tanto para los neutralistas como para los darwinistas la mayoría de las mutaciones son deletéreas -perjudiciales-, del resto de mutaciones la gran mayoría serían consideradas neutras -ni favorables ni perjudiciales- por los neutralistas y beneficiosas por los darwinistas. Por último ni los neutralistas niegan la existencia de algunas mutaciones beneficiosas, ni los darwinistas niegan la aparición de algunas mutaciones neutras.
Por otro lado la teoría de equilibrios puntuales intermitentes debida a Gould, mantiene que grandes cambios se concentran en pequeños espacios de tiempo y se perciben como saltos discontinuos, probablemente debidos a modificaciones de las condiciones abióticas del medio -factores no vivos - como un cambio climático que llegaría a producir un cambio evolutivo observable.
Es opinión general que las tres teorías (darwinismo, neutralismo y puntualismo o saltacionismo) parecen ser eficaces en diferentes casos concretos, sin embargo, quizá sea oportuno decir que si una de ellas fuera totalmente cierta, por ejemplo el neutralismo, haría imposible a otra, siguiendo el ejemplo al darwinismo, al menos en cuanto a explicar universalmente la evolución, aunque quizás si puedan ser válidas integrándose en una teoría más general, ¿es ésta la Vida Embarazada?
Sí quisiera mencionar que la teoría neutralista puede explicar
la aparición del saltacionismo sin necesitar la existencia de factores
externos. La acumulación de mutaciones genéticas neutras, que
no son respuestas adaptativas, podría manifestar llegado el momento un
gran cambio en la especie, un salto brusco en su biología que no sería
necesario justificar acudiendo a grandes causas externas. Al menos, el neutralismo,
y según mi opinión, nos permite fundamentar que las causas externas
no son imprescindibles para explicar el cambio en los organismos.
Los paleontólogos han descubierto la existencia de sucesivas extinciones masivas con una frecuencia de unos 26 - 30 m.d.a.. Al analizar el registro fósil han observado que en dichos periodos, y desde hace 250 m.d.a., se producen tasas significativas de desaparición de familias, del orden de un 2% o superiores. Las dataciones de las extinciones de estos últimos 250 m.d.a se situarían aproximadamente y en millones de años hace 250, 217, 194, 175, 144, 113, 91, 65, 38 y 12. No obstante hay grandes extinciones anteriores a estas fechas, como la sucedida a finales del Ordovícico en el que el número de familias de organismos marinos se redujo un 12%, otra a finales del Devónico, con un 14% de reducción. La más expectacular fue sin duda la que dio fin al Permico con un 52% de reducción en las familias marinas y con la que se inicia la serie rítmica de compás de 26 m.d.a.
Al no ser capaces de encontrar una razón intrínseca a la Tierra
para estos periodos de 30 millones de años, los investigadores recurren
a diversas causas, una de ellas, por ejemplo, sería astronómica.
El Sol da una vuelta alrededor del centro de la galaxia cada 250 millones de
años, pero dando esta vuelta nuestra estrella atraviesa el plano galactico
de un lado al otro como si cosiera con una aguja dicho plano. De este modo atraviesa
el plano una vez cada 30 millones de años y se sugiere que las perturbaciones
producidas por el paso de esta zona serían las causantes de las extinciones
masivas. Así bien fuera la alteración de la atmósfera terrestre
debido a los materiales de las nebulosas encontradas en el mismo plano galáctico,
bien la perturbación del equilibrio de la biosfera debido al aumento
del flujo de rayos X o de radiaciones cósmicas, bien las alteraciones
gravitatorias de los cometas del sistema solar que concluirían golpeando
a la Tierra y alterando los ecosistemas; se produciría como resultado
final la desaparición masiva de las especies.
El caso que parece apoyar mas fuertemente la acción de los meteoritos
es la extinción del Cretáceo hace unos 65 millones de años.
Se ha dicho que al final de aquel período se extinguieron los dinosaurios
y con ellos el 75% de las especies vivas en un total de unos 50.000 años.
Sin embargo, no fue exactamente así. Las repercusiones de los choques
con los meteoritos ligan factores astronómicos a la cadena causal, produciendo
otras causas situadas en la base de la pirámide ecológica, en
el biotopo, como el oscurecimiento de la atmósfera debido al choque.
El oscurecimiento disminuiría la captura de energía solar por
las plantas, éstas al producir una menor cantidad de biomasa, y sufrir
una extinción de parte del conjunto de especies, no podrían transmitir
la suficiente energía a muchas especies que terminarían extinguiéndose.
Los científicos imaginan así que cada 26 - 30 millones de años
la Tierra es bombardeada por una oleada de meteoritos procedente de una nube
de asteroides situada en los confines del sistema Solar (nube de Oort). Incluso
otra posible razón para producir el desvío de los cometas hacia
la Tierra podría ser el paso cercano, cada 26 - 30 m.d.a., a la nube
de una estrella compañera del Sol, todavía por descubrir entre
5000 posibles candidatas, y que ya recibe el nombre de Némesis. No obstante
parece ser que esta hipótesis de la estrella compañera se encuentra
actualmente en horas bajas.
Los choques con meteoritos se asocian con excesos de iridio que se presentan
en estratos sumamente finos, como los situados en distintas partes del mundo
limitando el cretáceo y la era terciaria. Este elemento muy escaso en
la Tierra es mucho más abundante en los periodos en los que se produce
un teórico impacto. Por otro lado en estas zonas es posible encontrar
microtectitas unas estructuras microscópicas y vítreas que se
producen en los grandes impactos.
El límite conocido como K/T, situado entre el periodo final de la era secundaria, llamado cretáceo, y el comienzo de la era terciaria, es, sin duda, el mejor conocido de todo el registro de la vida en la Tierra. Es un estrato que contiene una concentración de Iridio 30 veces superior a la normal que asociado a la escasez natural de este tipo de metal, hizo suponer a Álvarez que esta capa estaría integrada por materiales resultantes del choque con un gran meteorito que causaría la extinción prácticamente súbita de las especies. Posteriormente al límite no se deberían encontrar los organismos extinguidos a causa del choque. La gran extinción del cretáceo y, entre otros grupos, de los dinosaurios estaría marcada por el K/T.
Pero los dinosaurios llevaban millones de años en recesión, grupos como los nodosaurios se extinguieron cinco millones de años antes del límite K/T y por contra se constata la presencia de dinosaurios en las primeras etapas de la era terciaria sobreviviendo a dicho límite. Especies supervivientes se han hallado en la Cuenca de San Juan en Nuevo México y en la Cuenca de Nanxiong en el sureste de China. Los dinosaurios pudieron sobrevivir uno o dos millones de años tras el impacto.
Si la extinción no fue tan brusca, un escenario de extinción gradual podría ser explicado por una causa más "suave" como el vulcanismo. Cerca del límite K/T se produjo un período volcánico prolongado en el área del Deccan en la India cuyos efectos pudieran ser como los del impacto pero más extendidos por un período más largo.
En palabras de Canudo y col. (2004): "Podemos concluir que, en las áreas donde existe el mejor registro de dinosaurios, hay una documentada reducción de diversidad al final del Cretáceo, que no puede ser atribuida al impacto " El autor y su equipo concibe un escenario más complejo, multifactorial, en el que el impacto sería un factor más a sumar a los cambios medioambientales previos. Pero cuando hablamos de complejidad deberíamos pensar que sin saberlo podríamos estar refiriéndonos a una propiedad de los seres vivos que estaría manifestándose a la vez junto a otros factores. De hecho quienes se extinguen son los seres vivos.
Cuando hablamos
de la evolución darwiniana asumimos que la evolución implica extinción,
desde una perspectiva épica que parece conllevar el darwinismo, es lógico
que si hay especies vencedoras que se adaptan, deben haber especies perdedoras
que se extinguen. La naturaleza demuestra que todos mueren, pero hay muchos
tipos diferentes de muertes, si pensamos en términos de individuo hay
un periodo pletórico cuya vitalidad les permite "vivir bien"
y luego decaen. No es una derrota, es el cumplimiento del ciclo de la vida.
Los dinosaurios no fueron derrotados, proliferaron y luego entraron en recesión.
Grupos de dinosaurios desaparecieron antes del límite K/T, unos pocos
sobrevivieron, otros dieron origen a las aves. Probablemente el grupo de los
dinosaurios cumplió su ciclo y ello pudo ser más determinante
para su desaparición que otras causas exteriores.
Los periodos de extinción no son siempre cortos y concentrados en el
tiempo, sino que en muchos casos se tiene constancia de que son graduales. Por
otro lado hay otros fenómenos que siguen periodicidades entre 18 y 36
millones de años, como episodios tectónicos, niveles marinos mínimos
y discontinuidades en la expansión de los fondos oceánicos. Quizás
como Poupeau sugiere los impactos con meteoritos no son más que otro
factor más a sumar en la producción de las extinciones.
Para el entomólogo Edward O. Wilson, el registro histórico de
la biología muestra cinco grandes crisis biológicas -grandes extinciones-,
que junto con la actual sumarían un total de 6. Sin embargo, no deja
de ser curioso, que la única gran extinción de la que estamos
siendo testigos, producida en nuestros días como resultado de la actividad
vital de nuestra especie, no responde a ningun factor de tipo astronómico,
ni siquiera a una actividad volcánica especial, sino que la causa es
interior al conjunto de organismos vivos pobladores de la Tierra. Una de sus
especies es la responsable: la nuestra. La única prueba directa que poseemos
sobre las extinciones nos puede estar aconsejando dejar de mirar fuera para
analizar el interior de las comunidades vivas.
La historia de la vida terrestre muestra un ritmo temporal en las grandes extinciones de las especies. La extinción de los dinosaurios -lagartos terribles- no es más que la penúltima de una larga serie de extinciones. No obstante existen aproximadamente sesenta diferentes teorías que intentan explicar la desaparición de los dinosaurios, bien sea la colisión con un meteorito (7) gigantesco -hipótesis más admitida actualmente-, bien sea un aumento de la actividad volcánica, o quizá la influencia de la temperatura sobre la determinación del sexo de este grupo, etc. Sin embargo, no se trata ya de una extinción de un grupo, sino que va más allá, hasta la extinción del 75% de las especies y no en un siglo, sino en 500 siglos según algunos o incluso en algun millon de años según otro. ¿También los trilobites, cuya desaparición marca el final de la era primaria, los extinguió un meteorito?
Por otro lado es conocido que mientras los dinosaurios existieron en la Tierra,
muchas familias se extinguieron de manera irregular a lo largo del tiempo. Es
decir que en determinadas épocas se extinguieron a la vez varias familias
de dinosaurios, mientras que en otras ninguna familia desapareció.
La existencia de extinciones masivas es una hipótesis científica
no descartable, pero a la vez dar sentido a estas extinciones supone globalizar
a la naturaleza, dándole una causa común, como es el caso del
posible meteorito de finales del cretáceo o de cada 26-30 millones de
años, o bien quizás plantear la hipótesis de que estamos
ante un superorganismo que como todos posee un ritmo biológico que afecta
a su funcionamiento y que puede estar condicionado por factores externos. Nuestro
lenguaje y nuestros medios técnicos una vez más no nos permiten
fallar con la razón hacia una de las posibilidades.
Recientemente, en 2005, Rohde y Muller, analizando la más completa base de datos computerizada sobre especies extintas realizada por el fallecido J. John Sepkoski Jr. que sugirió en su momento los ciclos de 26 millones de años, han llegado a la conclusión de que estos ciclos son de 62 m.d.a. Ambos autores no han encontrado causa terrestre o astronómica que se ajuste a esta cadencia encontrada. Incluso Muller, que es el postulador de Némesis, confiesa que ha abandonado su hipótesis de la estrella compañera del Sol. Estamos ante un caso en el que se dice normalmente que todas las hipótesis están abiertas, que puede deberse a causas externas o a causas internas tal como sugiere Keith Thomson en sus palabras "una oscilación interna". Thomson ya sugirió treinta años antes la cadencia de 60 m.d.a. y que cada extinción ha venido precedida por una fase de gran diversificación - aparición de nuevas especies -.
En consecuencia la causa de las extinciones masivas no es un caso cerrado. La euforia desatada a favor de los meteoritos como causa general de las grandes extinciones es cuestionable. Charles Marshall ha desarrollado un protocolo de análisis de las grandes extinciones basado en marcadores químicos. Marshall y Ward encuentran que en una de cada tres extinciones masivas la causa parece ser el choque con un meteorito pero no en el resto. Sugieren que en esas otras grandes extinciones un incremento del CO2 atmosférico pudo impedir la entrada de O2 en el mar y causar la producción por los microorganismos marinos de gases sulfurados tóxicos que producirían las extinciones masivas. Si es así encontraríamos en un proceso cíclico -las extinciones masivas- causas no cíclicas, aspecto que parece contradictorio. En mi opinión, si la vida fuera un macroorganismo podría poseer un ciclo interno que fuera parcialmente influido por aspectos externos de diversa índole como choques con meteoritos o incrementos de CO2.
La suposición de que las extinciones masivas pueden ser significativamente independientes del medio y que este hecho global puede apoyar la existencia de un macroorganismo también global es muy tentadora, pero debemos ser prudentes. En realidad los organismos son dependientes del medio externo aunque pueden alcanzar un cierto grado de independencia. Es una experiencia vital que los factores astronómicos influyen sobre los seres vivos. La existencia de ciclos es bien conocida en los organismos, uno indiscutible es la diferencia en el ritmo biológico de los seres vivos basado en la alternancia noche-día, que esencialmente es un fenómeno astronómico, también la influencia de las estaciones sobre los seres vivos, las cosechas, el crecimiento, etc, ¡lo que nos podrían decir los agricultores y los cazadores sobre este tema!. Otro ejemplo sería la menstruación femenina o "período" de naturaleza cíclica y además influenciado por la Luna (8) puesto que se rige por meses lunares de 28 días. En este ciclo se suceden en intervalos de tiempo la producción de determinadas hormonas que gobiernan la ovulación, el aumento de grosor y vascularización de la matriz y los procesos de la regla. La regla es un proceso destructivo de todas las estructuras que se fueron generando en previsión de que el óvulo baje a la matriz ya fecundado. Si hubiera sido así la regla no se produciría y el desarrollo embrionario que llevaría al nacimiento del nuevo ser continuaría hasta el mismo parto en el que todas las estructuras accesorias al embrión como la misma placenta serían eliminadas.
Cierto es que aparte de las extinciones masivas existe la llamada extinción
de fondo, es decir, extinciones menos acusadas que se producen constantemente.
La extinción masiva no se debe a una mera intensificación de los
procesos que actúan en la extinción de fondo y, según parece,
las características que se desarrollan para sobrevivir en tiempos normales
son irrelevantes durante las extinciones masivas. En consecuencia, el medio
ambiente podría ser menos determinante durante la extinción y
los procesos que operan en las extinciones masivas podrían ser de naturaleza
diferente a los que influyen en las extinciones de fondo. ¿Cabría
aquí la hipótesis de un ritmo interno de naturaleza reproductora
en el macroorganismo que habita la Tierra?
La evolución va íntimamente ligada a la extinción. La selección natural escoge y elimina a las especies. Admitir que un sistema superior sufre ciclos rítmicos, aunque algo irregulares, de extinciones masivas, implica asumir que periódicamente se agita el sistema en busca de nuevas soluciones evolutivas. Es admitido generalmente, por ejemplo, que la extinción del Cretáceo favoreció la explosión y radiación de los mamíferos sobre la superficie del planeta. Alguno de estos ciclos evolutivos podría llegar a producir una especie que resultara eficaz para prolongar la vida. Quizás algo parecido al hombre, quizás el hombre mismo.
Si el hombre fuera este tipo de especie probablemente fuera el primer caso que
surgiera en la Tierra, puesto que de haber existido otra anteriormente hubiera
terminado con todos los yacimientos de combustible que nosotros estamos utilizando.
Evidentemente cualquier especie tecnológica realizaría grandes
gastos energéticos.
Si exceptuamos al hombre como causa de extinciones masivas, ya que en la actualidad
se están extinguiendo tantas especies y a la misma velocidad que en el
Cretáceo, los científicos tienden a suponer una importancia mayor
en las grandes extinciones a fenómenos situados en las partes bajas de
la pirámide ecológica que a los que están en las partes
altas. Es como suponer que el poder de las piezas de la pirámide está
más en las partes bajas, en el biotopo y en los productores primarios
o vegetales. De hecho es fácilmente deducible que no existirían
animales, si no existieran vegetales.
El ecosistema se muestra fuertemente articulado, tanto en el momento de las
extinciones como si hacemos caso a Lin Chao en el momento de generar nuevas
soluciones. En Paleontología se sabe que son las grandes crisis biológicas
las que han traído las grandes soluciones, los nuevos grupos revolucionarios
de seres vivos. La coevolución expresada en sentido global es algo más
que una idea débil. Responde a una visión holística de
la naturaleza y su evolución. El holismo o globalidad es un principio
autocreador, inherente a la naturaleza, que tiende hacia mayores niveles de
organización, complejidad e integración. La relación existente
entre las partes es más importante que las partes mismas. La suma de
las partes es igual a las partes y algo más. La teoría general
de sistemas formulada por L. Bertalanffy asume este concepto. Efectivamente,
las células del hombre por separado no son más que tipos de células
con sus características propias, fruto de su unión es la aparición
de la inteligencia, que se suma a las características propias de los
individuos celulares que lo constituyen, pero que ninguno tiene por separado
ya que es una propiedad global del organismo hombre. Del mismo modo la integración
de la naturaleza en un sistema superior puede, según este principio,
generar propiedades que nosotros no podemos captar en sus partes.
James Lovelock, autor de la hipótesis Gaia, llegó a sugerir en
su momento que el planeta Tierra es un gigantesco ser vivo, dotado de voluntad
que se confecciona su propia geología, clima e incluso sus seres vivos.
Para este autor las propiedades físico-químico-biológicas
de la Tierra actual son difíciles de explicar a partir del azar y pueden
deberse a la acción coordinada de los seres vivos. Lovelock da al hombre
la función de manipular el entorno para obtener información. Según
él las redes de información humanas son parte de un sistema nervioso
con el que se está dotando la propia Tierra. La Tierra, Gaia, sería
un sistema, un organismo, en el que el hombre realizaría un papel específico.
Para aproximarnos a la realidad los humanos nos vemos obligados a realizar una serie de "trampas", dicho sea admirativamente; una de ellas es el mecanicismo o reduccionismo. Este paradigma -manera de ver- descompone las observaciones en partes y supone que el fruto de esa descomposición funciona por si mismo con independencia de lo que le rodea. Esto es sustancialmente falso porque no existen sistemas cerrados y, por tanto, independientes del resto. Otra "trampa" la podemos realizar con la Teoría General de Sistemas bajo el paradigma holístico; aquí suponemos que procesos de sistemas diferentes son tan comparables como si fueran del mismo sistema: por ejemplo, una máquina que trocea se puede comparar a la masticación de un ser vivo, ignorando que la diferencia entre una máquina y un ser vivo es abismal. Sin embargo, ambas técnicas-trampa son una de las grandes expresiones del ingenio humano para aproximarnos, en lo posible, al conocimiento de la naturaleza de las cosas.
Basándonos en la TGS vamos a comparar la aparición de determinados taxones a lo largo de la evolución y la aparición de estructuras reproductoras a lo largo de la reproducción de la mujer. Tomamos dos variables que son Orden y Edad. La variable Orden se refiere al orden relativo de aparición de la estructura; la edad se refiere a la edad absoluta a la que aparece una estructura. La tabla 1 contiene ambas variables para los seres vivos y la tabla 2 para la mujer.
Tabla 1.
Aparición de taxones durante la evolución-reproevolución(9)
| Acontecimiento-Aparición |
Orden
|
Edad
|
| Procariotas |
1
|
0
|
| Eucariotas |
2
|
2.200
|
| Pluricelulares |
3
|
2.800
|
| Celomados |
4
|
3.100
|
| Explosión Cámbrica |
5
|
3.230
|
| Peces |
6
|
3.325
|
| Anfibios |
7
|
3.450
|
| Reptiles |
8
|
3.500
|
| Mamíferos |
9
|
3.600
|
| Prosimios |
10
|
3.750
|
| Monos |
11
|
3.760
|
| Póngidos |
12
|
3.770
|
| Australopitecidos |
13
|
3.795,50
|
| Homo erectus |
14
|
3.798,20
|
| Homo sapiens neanderthal |
15
|
3.799,80
|
| Homo sapiens sapiens |
16
|
3.799,95
|
| Valores estadísticos | R = -0,998 | Nc > 99% |
Edad = millones de años respecto a la primera aparición de seres vivos; Orden = orden relativo de aparición; R = coeficiente de correlación para la recta de regresión entre Edad y 1/Orden; Nc = Nivel de confianza para la relación.
Tabla 2. Aparición de acontecimientos reproductores durante la reproducción de la mujer
| Acontecimiento-Aparición |
Orden
|
Edad
|
| Ovocitos de 1er orden |
1
|
0,75
|
| Menarquía |
2
|
12,75
|
| Embarazo |
3
|
15,75
|
| Parto |
4
|
16,5
|
| Valores estadísticos |
R
= -0,995
|
Nc
> 99%
|
Edad = años respecto a la fecundación; Orden = orden relativo de aparición; R = coeficiente de correlación para la recta de regresión entre Edad y 1/Orden; Nc = Nivel de confianza para la relación.
Los datos utilizados referentes al primer parto corresponden a mujeres de poblaciones deprimidas de Sudamérica. En otros países del mundo como Colombia, es costumbre que la mujer tenga su primer hijo siendo una adolescente, especialmente en aquellos segmentos de la población deprimidos social, económica y culturalmente (Reina y col. 2000). Hemos extraído datos para nuestro cálculos del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografía y estadística) <http://www.ibge.gov.br/espanhol/presidencia/noticias/noticia_impressao.php?id_noticia=357> [Última acceso noviembre 2005].
El gráfico 1, para los seres vivos, y el gráfico 2, para la mujer, representan la relación entre las variables Orden y Edad.


El gráfico 3, para los seres vivos y, el gráfico 4 para la mujer, representan los ajustes a la recta de regresión Y = a + bX en el que Y =1 / Orden y X = Edad.


Los gráficos 1 y 2 muestran el mismo tipo de curva que responde al modelo de un sistema que funciona con realimentación positiva. De este modo la aparición de un acontecimiento precipita-acelera la aparición del siguiente. Por otro lado, el intenso ajuste a la recta de regresión (gráficos 3 y 4) indicado por el valor del coeficiente de correlación -R- y el nivel de confianza sobre la existencia de la relación -Nc- (véanse las tablas 1 y 2) demuestran también que la relación de ambas variables (orden de aparición y edad) no se debe al azar sino que la relación muestra la existencia de una causalidad en ambos procesos, tanto en la evolución como en la reproducción. Pensemos que en estadística el ajuste de los datos a las predicciónes de una ecuación matemática es una prueba de que dichos datos no se deben al azar sino a las relaciones entre ambas variables o al menos a factores relacionados a su vez con las variables consideradas en la función matemática.
El darwinismo asume el azar como motor de la evolución; mientras que esta idea de Darwin no se supere podríamos admitir que en la evolución sucede lo mismo que en otros procesos en los que el azar, que existe a un nivel inferior, no explica el fenómeno a un nivel superior. Ejemplos al respecto se dan a lo largo de esta obra, sirva ahora el caso del agua que es impulsada a través de una tubería. El recorrido exacto de cada molécula, bajo las turbulencias que se desatan, sería azaroso; pero asumiendo la masa total de agua sabemos que ésta va a entrar por un lado y a salir por el otro.
Por tanto, el azar no es que no exista, sino que puede no ser pertinente para explicar la Reproevolución y, por tal razón, no se "retrata" en el modelo.
Sin poder negar la existencia de causalidad que nos detecta el ajuste a la regresión, es posible alegar que ambas curvas describen fenómenos diferentes; en el caso de la evolución la dificultad en el salto evolutivo marcaría la posición de los taxones; por consiguiente, la mayor separación entre procariotas y eucariotas respondería a que este salto sería el más difícil de dar, mientras que el paso de reptil a mamífero sería más fácil y se daría en menos tiempo.
Por otro lado, el caso de la reproducción de la mujer respondería a un proceso madurativo regulado por sustancias producidas por el propio organismo: las hormonas. En este caso la dificultad como factor explicativo no sería pertinente, a pesar de que no se daría la misma dificultad para transformar un ovocito en óvulo que un óvulo en un recién nacido.
Pero también
es posible observar la evolución como reproevolución; es decir,
como un proceso madurativo regulado por una o más sustancias producidas
por el macroorganismo que habita la Tierra. Un serio candidato a este tipo de
sustancias es el oxígeno que es producido por los seres vivos que han
ido enriqueciendo progresivamente la atmósfera de este gas. Es admitido
que el incremento de su concentración obligó a los procariotas
a asociarse en eucariotas para protegerse de la agresividad de un gas por sí
sólo tóxico y letal y que, además, se presenta una correlación
entre el enriquecimiento de O2 y la complejidad de los seres vivos a lo largo
del tiempo. Los celentéreos surgieron con el 1,5% de O2, los reptiles
dominaron el mundo con el 10% y los mamíferos a partir del 17 hasta el
21% actual. En ausencia de mayores cantidades de O2 los reptiles no pudieron
desarrollar cerebros tan complicados como los de los mamíferos que sí
dispusieron de las concentraciones necesarias. De tal modo podríamos
considerar a la reproevolución como un proceso similar a la reproducción:
madurativo y regulado por sustancias químicas. Argumentando a la inversa:
jamás el hombre como especie tecnológica hubiera podido surgir
en la edad de los reptiles ni desarrollar la tecnología para la que necesita
abundancia de oxígeno para liberar grandes cantidades de energía;
recordemos que el fuego es una oxidación brusca.
Si el desarrollo embrionario y la reproevolución -considerada como evolución para la reproducción- son procesos pertenecientes a dos sistemas homomórficos -la mujer por un lado y el macroorganismo que forman los organismos vivos de la Tierra por otro- y dado que el desarrollo embrionario es previsible, es decir, manifiesta un algoritmo de desarrollo que se repite, nos podemos preguntar si sucede lo mismo en las comunidades de seres vivos que puedan habitar cualquier planeta: ¿responde la evolución a un algoritmo repetible y quizá predecible? La primera respuesta es que la evolución no ha sido observada en otros planetas porque hasta ahora sencillamente la vida no ha sido registrada en ellos. Si hubiera sido captada quizá podríamos conseguir los datos necesarios para dar respuesta a la pregunta.
No obstante, hemos observado a un nivel de complejidad menor al macroorgánico, en algunas especies y comunidades, tendencias a repetir procesos de diferenciación que responden a variaciones ambientales. Así, el ejemplo de los lagartos del género Anolis que a partir de un tipo similar repiten en diferentes islas un proceso de evolución que conduce a especies parecidas a las de otras islas(6) . También Prevosti y Serra (2000) han analizado la evolución dentro de poblaciones americanas y europeas de Drosophila subobscura concluyendo que la evolución del carácter longitud del ala es predecible y se debe probablemente a la temperatura. De otro modo, a una variación de temperatura en el medio habitado le corresponde una variación concreta del tamaño del ala de esta especie, el ala crece o decrece aunque no se debe siempre a la misma parte del ala.
La explicación de la evolución desde una perspectiva darwinista asume el azar/contingencia -no sabemos que parte del ala va a reaccionar incrementando su tamaño- pero vemos que a nivel de considerar el ala, no sus partes, la variación de su longitud es predecible. Prevosti y Serra escriben: "En este caso la evolución ha sido a la vez predecible y contingente". Ambas propiedades parecen observarse también en la reproevolución tal como ha sido analizada y expresada en el apartado referente a la velocidad de la evolución . La evolución a nivel microevolutivo, como en D. subobscura, o macroevolutivo, como en Anolis, muestra tendencias a seguir algoritmos predictivos y nos ofrece indicios de que la reproevolución -como mecanismo predecible- puede existir y que la aparición de la vida en cualquier planeta sunpondría la surgencia de un proceso evolutivo determinable cuyo fin sería la reproducción del macroorganismo en otros sitios del Universo.
La bomba que mató a mi hermano
Desde la perspectiva de la teoría sintética el árbol de la evolución está dotado de diferentes ramas, ninguna de las cuales posee mayor importancia que el resto. La rama que da origen al hombre sería similar a cualquier otra y, así, la evolución mostraría no poseer ningun fin -no ser finalista-. Hemos demostrado en el apartado sobre la velocidad de la evolución -referido a la rama del hombre- la existencia de un orden matemático que responde a un sistema de realimentación positiva, pero es muy probable que la evolución en otras ramas del árbol se ajuste similarmente al mismo tipo de recta de regresión, mostrándonos que en todos estos casos también estamos ante un proceso de realimentación positiva y, por tanto, que la existencia de este fenómeno no es tampoco una diferencia entre ramas. Por ejemplo, el camino de la evolución hacia las aves coincide en sus datos con el de los mamíferos hasta la aparición de los reptiles y -aunque no se han realizado los cálculos- es de suponer que dichos datos pesarán en el análisis lo suficiente como para mantener una alta correlación. De este modo, el finalismo queda cuestionado.
Sin embargo, pensemos en la analogía que representa la explosión de una bomba. En el estallido se produce la fragmentación en metralla y todos los trozos se comportan de modo similar, precipitándose impulsados por la energía que irrumpe en el centro del artefacto. No hay diferencias, sólo que un trozo de metralla mató a mi hermano. Los fragmentos de metralla que no mataron no invalidan la certeza de que la bomba está hecha para matar, tiene un fin y es finalista. Del mismo modo, las ramas del árbol de la evolución, que no sirven para generar una tecnología reproductora, no niegan que el proceso de la evolución sea de naturaleza reproevolutiva y, por tanto, finalista.
Desde luego, la comprobación del ajuste matemático en todas las ramas de la evolución implica la manifestación de un orden y rechaza el valor explicativo del azar a nivel macroorgánico.
Apelar a entidades de naturaleza superior es un sistema de razonamiento muy
utilizado a lo largo de la historia del hombre. Si la probabilidad de que esto
sea así tal como lo vemos es prácticamente nula tiene que ser
debido a la voluntad de alguien. El principio antrópico utiliza este
modelo lógico para concluir que es voluntad de un ser superior, como
Dios, que el hombre esté aquí, si por ejemplo la constante G de
la formula de Newton fuera ligeramente diferente, nuestro Universo sería
imposible.
Fred Hoyle y otros desarrollan unos cálculos probabilísticos con
los que demuestran que por mero azar, no ya la vida, sino una sola enzima del
tipo de las actuales es imposible que hubiera surgido en un tiempo de tan sólo
varios miles de millones de años. Los cálculos son de este estilo:
la probabilidad de que se hubiera formado una cadena proteica de 100 aminoácidos
-formada a partir de 20 aminoácidos diferentes- como algunas de las existentes
en la actualidad es de 1/(20^100). Aunque toda la Tierra hubiera estado cubierta
desde sus albores, de una capa de 1 m. de espesor de aminoácidos, combinándose
al azar cada milésima de segundo, sería improbabilísimo
que alguna vez hubiera surgido la enzima actual en cuestión.
Asumir el azar como motor de cambios, implica la obligación de ser coherentes
con una serie de características matemáticas propias de los fenómenos
distribuidos al azar. Es contradictorio postular el azar como principio y luego
volver la espalda cuando se demuestra que matemáticamente la probabilidad
de generar una estructura molecular relativamente sencilla es prácticamente
0.
El azar, que existe, es un recurso fácilmente socorrible, pero a cambio
se paga un precio. Es fácil ponerlo en cuestión a partir de cálculos
probabilísticos, sobre todo cuanto más sencillo es el sistema
a analizar. Hoyle de hecho no analiza la aparición de órganos
biológicos complicados, sino de moléculas orgánicas "simples"
a partir de una veintena de aminoácidos disponibles. Es un caso elemental
que obliga, para mantener la hipótesis de que el azar es el único
motor del cambio biológico, a huir hacia delante, complicando el escenario
en el que éste se manifiesta, cuando no a ignorar las pruebas inconvenientes,
tal como argumenta Lakatos.
Ruiz de Gopegui se sitúa en la línea de considerar todo cambio
evolutivo como una casualidad, de este modo la distancia entre dos formas emparentadas
filogenéticamente marca casualidades mayores cuanto más lejano
es el parentesco y mayor número de cambios han tenido que producirse.
Es cierto que actualmente muchos autores creen que la vida es un fenómeno
muy escaso en el Universo, sin embargo, recalco el "creen", puesto
que creer no es saber ni demostrar. Sin embargo, Ruiz de Gopegui se refiere
a la evolución como una unidad que engloba la evolución atomicoquímica
y la biológica, es decir un proceso general, una máquina que funciona
de una manera extraña, cuyo mecanismo para él y otros es el azar.
Considerar la existencia del hombre como un imposible sucedido puede llegar
a explicar el importante papel del azar, o por el contrario, que para que estemos
aquí ha tenido que intervenir alguien.
Hoyle apela a una Inteligencia Universal responsable de la evolución
universal tal como ha sucedido y sucederá. Esta apelación sugiere
una concepción global, más allá de las partes y por encima
del azar.
Aguilera intenta explicar esta naturaleza tal como se nos presenta, asumiendo
que a lo largo del tiempo Universal se manifiestan unas tendencias definidas
hacia estructuras más ordenadas. Aboga este autor por un papel importante
de los procesos de autoorganización que causarían que la materia
tendiese a adquirir determinadas propiedades como producto normal de sus características.
Por ejemplo nosotros podríamos pensar en que al crearse formas al azar
en el Universo, la probabilidad de encontrar estrellas esféricas sería
igual a la de hallar estrellas cúbicas. Sin embargo, no existen este
tipo de estrellas porque las propiedades de la materia al organizarse lo impiden.
No todas las posibilidades son posibles ¿Pero por qué son posibles
las que son? Siguiendo las leyes de la Termodinámica, el Universo debía
de estar más ordenado en el momento del big bang que ahora. En todo caso,
si ahora es posible tener estructuras más ordenadas del tipo galaxias
o seres vivos, es debido a la luz de estos principios naturales, a que el orden
en determinadas partes es compensado por un desorden mayor en otras. La vida
que es un proceso ordenado, existe gracias al proceso desordenado de generación
de energía y luz que sucede en el Sol. De todos modos todo sería
más sencillo si la adquisición de mayores niveles de entropía
o lo que es lo mismo de desorden se hubiera producido de un modo homogéneo
en todo el espacio universal. La aparición del orden se produce incluso
en sistemas alejados del equilibrio mediante la presencia de estructuras ordenadas,
favoreciendo reacciones que de otra manera no se realizarían, y además
lo hacen a la luz de un orden, tan necesario para todo aquello relacionado con
la vida (10) .
Aguilera plantea prácticamente un viejo problema teológico cuando
dice: "Es claro que los códigos que tenemos son un mero apaño,
resultado del juego de las presiones selectivas y de la triste disponibilidad
de moléculas en los tiempos primigenios. Los seres vivos no somos obras
perfectas de ingeniería. Como bien dice Jacob, la evolución es
una gran chapucera (y con frecuencia ha dispuesto de materiales deplorables)".
El autor concluye que el código genético no es el mejor posible.
La derivación de éstas afirmaciones nos retrotrae a un viejo dilema
¿cómo Dios que es perfecto crea una naturaleza imperfecta? Esta
perspectiva se opone a considerar la manipulación de la naturaleza por
un ser todopoderoso e inteligente. Pero quizás estemos observando una
de las características de un ser vivo esencialmente similar al resto
aunque quizás más complejo.
Sthephen Jay Gould en su análisis de los fósiles contenidos en
los esquistos de Burgess (Columbia británica), pertenecientes al cámbrico,
plantea que poco después de la explosión cámbrica los grandes
filums que existen hoy en día ya existían, además de otros
extinguidos. La evolución truncaría por azar unos filums mientras
que otros no. Esto iría en contra de explicar la adaptación como
garante de la evolución y de la diversidad; según este autor una
componente de azar mantendría un papel muy activo en la extinción
que afectaría a unos filums del mismo modo que podría haber afectado
a otros. Gould avisa sobre el "peligro" que supone la tendencia del
hombre a encontrar un sentido de la evolución, sin embargo, a pesar de
la opinión de Gould es innegable la existencia de determinadas tendencias
evolutivas, tal como opina Armand de Ricqlés.
La comunidad biológica de Burgess corresponde a un período entre
15 y 20 millones de años posterior al auténtico big bang cámbrico,
sin embargo, otro yacimiento fosilífero -el de Maotian cerca de la ciudad
de Chengjiang en el sudoeste de China- es sólo 5 millones de años
posterior. El estudio de estos fósiles revela que en aquel momento de
la historia de la vida aparecieron todos los patrones elementales de los organismos
que han existido posteriormente. Por ejemplo los vertebrados no son más
que el desarrollo de organismos deuteróstomos que ya aparecen en aquella
época. No ha habido ningún tipo de organismo posterior que represente
una ruptura con el esquema biológico preestablecido. Todos pertenecen
a las estirpes que nacieron en aquella época.
Datos recientes obtenidos por Bowring y colaboradores, aprietan más el
cinturon de este proceso dificil de justificar bajo análisis mecanicistas.
La explosión cámbrica sucedió en un periodo de 5 a 10 millones
de años, dos a tres veces más corto de lo que se creía.
Lemarchand al comentar estos datos escribe: "Los paleontólogos tendrán
que reconsiderar sus hipótesis sobre las causas del acontecimiento"
El análisis de la velocidad de aparición de los taxones nos ha descubierto la expresión de un orden -opuesto conceptualmente al azar- a lo largo de la evolución, pero además nos ha surgido un paralelismo entre la evolución considerada como reproevolución y la reproducción de la mujer. En la mujer el ovario contiene al final del desarrollo fetal y en el momento del nacimiento todos los ovocitos de los que decimos que se encuentran en estado de ovocito de primer orden. Todos estos ovocitos proceden de las células llamadas ovogonias que tras sufrir la primera división de la meiosis han reducido sus cromosomas a la mitad -tras este proceso ya son ovocitos-. No obstante no todos estos ovocitos llegarán a ovocitos de segundo orden. De unos 6 a 7 millones iniciales, solamente unos 300 a 400 alcanzan el estado de ovocito de segundo orden, y algunos después de la ovulación, tras sufrir la fecundación y la segunda división meiótica se convertirán en óvulos. En este camino madurativo muchos ovocitos mueren y desaparecen aunque no sabemos por qué, y jamás aparecerán nuevos ovocitos de primer orden una vez producida la generación simultánea de éstos en el periodo inicial. En las hembras de mamífero incluyendo la humana existe una sola creación de ovocitos que además es temprana y posteriores transformaciones que incluyen en muchos casos procesos destructivos que implican la muerte, características similares a las que parecen darse en el conjunto de los seres vivos. Pero además en palabras de Fulka, Motlik y Lefèvre. "Los oocitos que han sobrevivido constituyen una reserva de células sexuales <<en reposo>>, que esperan, en algunos casos, varios años, una señal para iniciar un nuevo crecimiento". Si comparamos al ovocito con la estirpe podemos encontrar lógico que unas se extingan y otras comiencen a "activarse" evolutivamente millones de años posteriormente a haber aparecido.
De todos modos el enigma de las extinciones sigue estando ahí, unos grupos
se extinguen mientras otros no. ¿Se extinguen porque son derrotados en
su batalla por la existencia por otros grupos victoriosos que se adaptan más
eficazmente?, ¿se extinguen porque la vejez vence sus energías
y su deseo de vivir?, ¿se extinguen por azar o porque Dios quiere? Aunque
se pueda producir o no por azar, la extinción parece tener unos efectos
sobre los filums no extinguidos. La extinción de los dinosaurios parece
haber favorecido la explosión de los mamíferos, que en sus formas
mas rudimentarias coexistieron con aquellos. No puede ser negado taxativamente
que la extinción de unos grupos puede favorecer la evolución de
otros, de hecho muchos autores son de esta opinión, y de este modo la
extinción puede ser un mecanismo potenciador de otras manifestaciones
orgánicas que pueden expresar una dirección, un final o nada.
El origen de la vida en la Tierra o bien tuvo un origen terrestre o extraterrestre,
pero ¿qué sabemos del fin de la vida en la Tierra? En términos
estrictos el fin de la vida en el planeta Tierra está ligado en términos
optimistas clásicos a la desaparición del planeta. El fin de la
Tierra está unido a la muerte de nuestra estrella. Se dice que el Sol
es una estrella cuya vida se estima en unos 10.000 millones de años,
de éstos ha consumido ya 5.000 millones de años y por tanto se
deduce que está a mitad de su vida. Sin embargo, hay que tener en cuenta
que éstos son unos cálculos estimativos, muy tranquilizadores,
pero que no tienen por qué ser reales; el Sol puede durar más,
pero también menos. No sería la primera vez que los modelos que
describen el funcionamiento de diversos aspectos del Universo se equivocan (11)
.
Cuando el Sol haya consumido todo su hidrógeno mediante reacciones nucleares
de fusión, procederá a consumir su helio; entonces el Sol se dilatará
convirtiéndose en una gigante roja hasta absorber en su interior a Mercurio,
Venus y tal vez la Tierra; si ésta es absorbida se derretirá,
pero si no lo es, la temperatura en nuestro planeta subirá tanto que
los mares se evaporarán y la vida será imposible. Mas adelante
el Sol explotará para transformarse en una enana blanca. ¿Será
el fin de la estirpe viva de la Tierra?
Con los experimentos genéticos en drosofilas y en bacterias ha podido
comprobarse que los cambios genéticos son previos a los cambios ambientales.
De este modo sería como si nos encontráramos en una carrera atlética
en la que los atletas comenzaran a correr antes de que disparara el juez. Este
tipo de comportamiento, si para algo es eficaz es para huir. Si el Sol incrementa
su temperatura hasta impedir la vida en la Tierra, mas vale que nos pille lejos,
y para eso el proceso de escape cuanto más pronto empiece mejor.
El que la evolución tenga o no un sentido es un problema del hombre,
porque independientemente del pensamiento humano la evolución lo tiene
o no. La cuestión es intentar hacer coincidir nuestro pensamiento y los
hechos reales por un mismo camino y además darnos cuenta de ello, y esto
es prácticamente imposible.
¿Azar?, ¿Dios?, ¿Ser o Sistema Superior?, nuestra racionalidad
tropieza contra un muro hoy por hoy inexpugnable. Sin embargo, sigo opinando
que el azar no explica nada y que Dios, desde una perspectiva racional, tampoco.
Personalmente considero dignísimos los intentos del hombre por comprenderse
a sí mismo y a lo que le rodea desde cualquier planteamiento religioso
o científico que no sea pérfido. No obstante a mi modo de ver
la ciencia y la religión parten de principios distintos, utilizan lenguajes
diferentes y me parece que sería muy difícil darse cuenta, caso
de que lo hicieran, de que están hablando de lo mismo.
No obstante la luz sobre el tema de la evolución no encuentra respuesta
segura ni a base de las cautas sugerencias y aseveraciones de unos, ni a partir
de las arriesgadas y rompedoras ideas de otros. Sin embargo, es necesario entre
todos sugerir nociones que más tarde sirvan como hipótesis de
trabajo. Plantear la historia de la ciencia como un conjunto de pequeños
y comedidos pasos hacia delante es faltar a la esencia de la realidad. Al igual
que en la evolución, existen los pequeños pasos pero también
los grandes. Los historiadores de la ciencia pueden aportar numerosos casos
de intuiciones, de súbitas ideas, que desde luego sostenidas por el saber
del genio han servido para cambiar nuestra visión de las cosas. Se podría
hablar, según dicen, de la intuición de Newton sobre la gravedad
y la manzana que le cayó en la cabeza, la de Einstein sobre la relatividad
, la de Bohr sobre sus aficiones al fútbol y su concepción azarosa
de los fenómenos. Se dice que el químico ruso Mendeléiev
desarrolló la tabla periódica de los elementos químicos
porque previamente la soñó. El químico Linus Pauling es
el primero en hablar del método estocástico, expresión
con la que hace referencia en su propia concepción a una forma de conocimiento
a priori basado en la conjetura, en la intuición. La humanidad suele
considerar como genios a aquellos que se dan cuenta por primera vez de algo
evidente, pero convendría recordar que es algo evidente.
A veces es interesante reflexionar sobre el propio lenguaje que utilizamos.
Cuando hablamos de selección, ésta es realizada por alguien. Además
solemos decir que la naturaleza es la que selecciona. Para explicar la selección
tenemos que decidirnos por explicar la naturaleza o las partes de ésta
que intervienen en el proceso. Desde luego no sabemos lo que es la naturaleza,
ésta además es una de las razones importantes por las que no conocemos
la realidad de sus elementos y no podemos averiguar sus funciones. ¿Tiene
entidad biológica propia la naturaleza, o es una mera suma de partes
sin más? ¿Es un sistema la naturaleza y por tanto tiene propiedades
que sus partes no tienen o no lo es?
Pulse aquí para volver a la primera parte de este capítulo 2
NOTAS
(6).- En ocasiones da la sensación de que observaciones de la evolución reciben interpretaciones forzadas para integrarlas en el darwinismo y alejarlas del lamarckismo. En el caso de la evolución del género de lagartos Anolis habitante de diferentes islas del Caribe, parece deducirse a partir de los estudios del ADN y de las observaciones que este género ha evolucionado por separado en las diferentes islas a partir de una especie origen reconstruyendo una y otra vez las mismas comunidades de especies de lagartos. Como expresa Losos (2001) "La existencia de tales comunidades requiere que haya algún proceso determinista, capaz de modelar su estructura. Algo que guíe la evolución de los lagartos por la misma senda, una y otra vez". El autor observa que la longitud de las patas depende de la anchura del medio habitado por Anolis, las especies que habiten troncos gruesos serán de patas más largas que las que habiten ramitas más finas. La hipótesis explicativa sería que primero se produce una plasticidad fenotípica que correspondería a la respuesta del organismo a la lectura del medio (anchura de la zona habitada) que no respondería a una mutación genética, para que después se produjera la mutación genética aleatoria que se incorporaría al genotipo. De este modo, aparece el azar y las características propias del darwinismo cuando bajo un paradigma lamarckiano se explicaría diciendo que el animal lee el medio y se transforma en una nueva especie. (Volver)
(7).- La hipótesis del choque con un gran meteorito a finales del cretáceo, que produciría una gran extinción en la época, fue publicada en la revista Science en 1980, por Walter y Luís Alvarez, Frank Asaro y Hellen Michel. Ahora parece ser que la huella del impacto de dicho meteorito se encontraría en el fondo del Océano, próximo a la península del Yucatán (México). No obstante sus efectos reales no pueden ser conocidos, puesto que los efectos del choque no dejan de ser supuestos, y de las especies extinguidas en la época no sabemos cuales realmente lo fueron debido al impacto y sus consecuencias y cuales por otras causas naturales, y porque las que sobrevivieron no es claro tampoco por qué lo hicieron. Por otro lado el grupo de los dinosaurios es lo suficientemente amplio y diverso como para no ser tan homogéneamente susceptible a los efectos del cataclismo. Otros autores sugieren que se necesitarían tres meteoritos como el referido para causar los efectos que se le suponen. (Volver)
(8).- Aunque es constatable la infuencia de la Luna sobre los seres vivos no se ha demostrado científicamente la existencia de alguna causa que la justifique. Sin embargo, se ha comprobado su influencia en actividades vitales diarias, mensuales o anuales. La Luna es un satélite enorme y muy próximo al que tardaríamos en llegar 200 días a una velocidad de 80 Km/h, quizá ésta es la fuente de su influencia. La relación entre el ciclo menstrual y el mes lunar ha sido intuida ya por pueblos antiguos como es el caso de los aborígenes de Oceanía. Los corales de la Gran Barrera liberan sus gametos cinco días después de la luna llena de noviembre. Los calamares aparecen bajo la luna llena para reproducirse, depositan los huevos y mueren. La cacerola de las molucas (Limulus polyphemus) detecta la luz ultravioleta lunar que influye en su comportamiento sexual e impulsa a todos los especímenes a la playa. En la isla Ascensión, cercana al ecuador, los charranes sombrios que en otras latitudes se rigen por la variación en la longitud del día, en esta isla, en la que todos los días siempre duran lo mismo, han pasado a retornar a Ascensión adaptándose al calendario lunar, tardando en volver 10 meses lunares o lo que es lo mismo 9,6 meses anuales respecto a la fecha en la que llegaron el año anterior. También deberíamos mencionar la inmensa cantidad de actividades biológicas que se ven afectadas por las mareas en su proceso de avance y retroceso. (Volver)
(9).- En el análisis que utiliza los datos de la tabla 1 podría objetarse que se utilicen taxones de distinta naturaleza ya que se "mezclan" taxones como los celomados y el hombre. Desde la perspectiva de la VER esto no es incorrecto porque lo que permite incorporar datos al análisis es el significado biológico que se pretende probar en la teoría. Lo que resulta para la VER es que la aparición del hombre, como especie tecnológica, es tan importante como el surgimiento de los celomados pues, ambos taxones, están en la línea directa de la reproducción evolutiva o reproevolución. No obstante, existe la posibilidad de tratar cada una de las categorías como el momento de la aparición de la primera especie de dicho taxón. En tal caso, los datos no varían y el análisis es impecable, puesto que consideramos el momento de la aparición de la primera especie de reptil, de celomado, etc. Podemos incluso eliminar el hombre de neanderthal, caso de que lo consideremos una subespecie -no obstante, hoy es considerado como la especie Homo neanderthalensis-, para restringir el análisis a la categoría de especie. Incluso con la eliminación los resultados en R y en Nc son practicamente iguales a los ofrecidos. (Volver)
(10).- Ilya Prigogine ha desarrollado la termodinámica del no equilibrio. Cuando el sistema se aleja del equilibrio, aparecen unas estructuras disipativas ordenadas (corrientes de convección cuando el sistema se refiere al calentamiento). La probabilidad de aparición de estas estructuras según la termodinámica clásica es casi nula. El funcionamiento del sistema se basa en ecuaciones no lineales (entramos en el terreno del caos determinista). Esto puede llevar a los entusiastas de esta termodinámica del no equilibrio a pensar que lejos del equilibrio la probabilidad de aparición de la vida es mayor que en el equilibrio. (Volver)
(11).- Un ejemplo del desconocimiento de algunas características del Sol se refiere a la cantidad de neutrinos que llegan a la Tierra. Los neutrinos recogidos en la Tierra son un tercio de la que los modelos teóricos predicen. En palabras de Maalampi y colaboradores: "Este misterio preocupa mucho a los investigadores -¿no entendemos todavía qué ocurre en el interior del Sol?-". (La preocupación expresada lo es en términos científicos y no en los que afecten a la supervivencia). (Volver)