INICIO | INTRODUCCIÓN | CAPÍTULO 1 | CAPÍTULO 2 | CAPÍTULO 3 | CAPÍTULO 4
CAPÍTULO 5 | CAPÍTULO 6 | CAPÍTULO 7 | CAPÍTULO 8 | RESUMEN | BIBLIOGRAFÍA
de La Vida Embarazada. Una teoría global sobre la vida terrestre y la evolución
por Miguel García Casas.
¿Formamos parte los seres vivos de la Tierra de un macroorganismo que se encuentra en la actualidad en fase reproductiva? ¿Cómo podemos estar seguros de ello y hasta que punto? La posibilidad de dar respuesta a estas dos cuestiones se encuentra en el lenguaje y desde una perspectiva racional nunca llegaremos más lejos de lo que alcance el tipo de código lingüístico que utilicemos.
El lenguaje es un instrumento básico para los humanos. Del mismo modo
que observando una herramienta nos hacemos una idea de sus posibilidades funcionales,
igualmente analizando el lenguaje, es posible caer en la cuenta de lo que podemos
realizar mediante su empleo e incluso establecer sus límites de eficacia.
El lenguaje es sin duda un instrumento fabuloso, nos permite utilizar la razón,
una capacidad característica nuestra por la que nos calificamos de racionales,
sin embargo la irracionalidad también se muestra en el lenguaje humano,
mas de lo que pudieramos pensar a priori.
El lenguaje como todo instrumento arrastra un error en su uso, es más,
al ser una herramienta dotada de una notable imprecisión y ambigüedad,
no es nada desdeñable el factor de distorsión que introduce sobre
la realidad que creemos percibir.
Nos tenemos que enfrentar a la vida, y por tanto al conocimiento, con un instrumento
limitado en el que la racionalidad se manifiesta, pero también la irracionalidad,
en el que la ambigüedad es una propiedad básica del instrumento,
y en el que hemos podido comprobar la existencia de unos límites que
probablemente nunca podremos atravesar.
Este instrumento nos transmite visiones borrosas de la realidad. Es importante
considerar que tener una seguridad total en este tipo de imágenes es
un error, por tanto debemos guardar una cierta duda y procurar incrementar nuestro
grado de información a partir de otras perspectivas. Así hacemos
en el acto de mirar un cuadro, donde la proximidad nos puede dar una visión
más cercana de las partes, pero la lejanía nos ofrece otra clave
en la que veamos una imagen global y más completa, otra dimensión
de la información a nuestra disposición.
Sobre el lenguaje, sus características y limitaciones se intenta reflexionar
a continuación.....
Sumario del Capítulo 1
- Si la razón fuera perfecta...
- La imprecisión y la ambigüedad. Ventajas y desventajas
- La naturaleza nos para los pies
- El azar
- Pienso luego existo, existo luego hago, pero... ¿qué hago?..
En griego clásico logos significaba a la vez palabra y razón.
Esta etimología marca la intensa relación existente entre poseer
un lenguaje y poseer la capacidad de razonar o de hacer uso de la razón.
El hombre se define a sí mismo como un animal racional, siendo esta última
palabra un adjetivo calificativo que califica al nombre. Es decir, el hombre
es un animal que, sin dejar de serlo, razona. Digo esto porque el calificativo
racional para muchas personas se transforma en un falso sustantivo que hace
olvidar al auténtico.
En palabras de Condillac "El arte de razonar se reduce a un lenguaje bien
hecho" y "sólo pensamos con ayuda de palabras". El lenguaje
es un instrumento que nos permite razonar, pero que a la vez limita nuestro
razonamiento puesto que no podremos entender nunca algo que no podamos explicar
mediante el lenguaje. El lenguaje es un sistema lógico con el que se
somete a análisis los elementos observables, se relacionan, se comparan
y se comprenden. Esto es más alto que aquello, más cercano, de
color diferente, menos pesado, etc, son procesos comparativos comunes del lenguaje,
y tras su aplicación solemos tomar las decisiones pertinentes. No obstante
todo aquello que no podemos explicar lingüísticamente quedará
excluido de nuestra percepción de la realidad. Por tal razón Wittgenstein
dijo que "Los límites del lenguaje son los límites de mi
mundo"(1). Imaginémonos
por un momento que el hombre tuviera una naturaleza totalmente distinta a lo
que podemos creer en la actualidad, y que además fuera imposible de expresar
con palabras, esta naturaleza nunca podría pertenecer a la realidad percibida
por nosotros y sería ignorada hasta que el lenguaje y la razón,
ambos juntos y unidos, la asumieran.
El lenguaje humano consiste en una serie de símbolos que son articulados
entre sí. Cada símbolo soporta un significado y de esta manera
al manejar el lenguaje jugamos con los conceptos, formamos ideas, aprendemos
y decidimos. El hombre es capaz de utilizar una cantidad de símbolos
y de relaciones que no posee parangón en el mundo animal. Esto implica
que es capaz de comprender y explicar el mundo de manera muy sofisticada, cualidad
negada a otros organismos. Es evidente que las lenguas han sido y son los soportes
lógicos para el conocimiento humano, incluso una lengua más perfecta
puede aportar un conocimiento más perfecto del mundo(2).
Podemos resultar sorprendidos por la influencia de los clásicos sobre
todas las culturas occidentales posteriores y actuales, Platón, Aristóteles,
Euclides, Demócrito, Pitágoras son tan miembros de nuestra cultura
como pueda ser el sistema Ibérico o la batalla de Lepanto. Una civilización
como la griega explica un lenguaje como el griego y viceversa.
Tenemos la tendencia a creer que el lenguaje y la razón son instrumentos ilimitados. La razón hasta ahora no lo ha demostrado. Si la razón diera al hombre, en todos los casos, el conocimiento de la verdad, y por tanto fuese infalible, encontraríamos soluciones verdaderas y nunca el hombre habría tenido guerras, ni hambre, ni calamidades causadas por el mismo. Sin embargo el hombre actual con su elevado nivel científico, tecnológico y humano, no ha sido capaz de erradicar ni el hambre, ni la guerra, ni las enfermedades, ni la muerte. En términos bíblicos los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgan incluso mejor que antes sobre los campos del mundo. Contra la guerra hemos creado las armas más crueles que han existido nunca, las atómicas, bacteriológicas y químicas. Probablemente, en términos económicos, el precio del muerto, del herido, del infectado, sea hoy en dia el más económico de la historia. Las armas actuales son las más tecnológicas y eficaces de todos los tiempos, y decimos que el mundo está en paz cuando por lo menos hay una docena de conflictos armados. Parece que la razón del hombre se ha utilizado para atemorizar, cuando no agredir, para ello se ha creado la tecnología de la violencia, siendo esta la puntera en el mundo. ¿Es esta razón, de la que presumimos, la que ha creado esta tecnología o es otra razón distinta?
Países que han tenido un acceso mayoritario a la cultura, acaban sumiéndose
en guerras civiles bárbaras, limpiezas étnicas y matanzas sangrientas.
Sirva por ejemplo el proceso de destrucción de la antigua Yugoslavia.
Las enfermedades siguen haciendo lo mismo que hace 2.000 años, nos matan
a todos. La diferencia está en que unas han sustituido a otras y que
en las zonas de mayor desarrollo se suele morir después. En el antiguo
Egipto una de las muertes más comunes era morir desangrado por la acción
de algún parásito intestinal. Actualmente el cáncer, las
enfermedades cardiovasculares y los accidentes de tráfico son los efectivos
agentes de la muerte. Incluso las enfermedades que más se han propagado
en los últimos tiempos según la OMS son las venéreas, debido
a que en este aspecto los tabús parecen superar a la razón.
Para una parte considerable de la humanidad, la vida no es muy diferente de
la que vivieron sus antepasados hace 200 años. Las dos terceras partes
de la humanidad, de las que se dice que están en la pobreza, serían
testigos escépticos de un canto laudatorio de lo que los occidentales
llamamos progreso del mundo.
Los condicionamientos básicos de la humanidad no han desaparecido, el
nacimiento, la muerte, el poder, el sexo, la alimentación y la guerra
siguen estando ahí. No se trata de hacer un relato apocalíptico
de la realidad, sino de contraponer una visión idílica de la razón
humana frente a ciertos datos que la ponen en duda.
Si la razón fuera perfecta....
Podemos imaginar un Universo ideal en el que la razón pudiera ser un
instrumento perfecto. En este Universo todos los fenómenos serían
deducibles a partir de otros, no se presentarían procesos inaprensibles
para la razón, siendo todos los fenómenos predecibles a priori.
Por otro lado, nuestra razón sería capaz de deducir a partir de
un número mínimo de datos todo el Universo, el cual terminaría
siendo conocido y comprendido en su totalidad. La experimentación necesaria
sería mínima y la Filosofía supliría con ventaja
a la ciencia experimental en la comprensión y descripción universal.
Pero realmente el estado de la cuestión está muy lejos de ser
así. El lenguaje adolece de concreción, se muestra ambiguo, y
aunque adecuado para un conjunto de fines, parece inadecuado para otros. Por
otro lado el Universo se muestra esquivo, indeterminable, excesivamente complejo
y muy alejado de las sensaciones inmediatas que somos capaces de percibir y
asimilar. Lo muy pequeño, lo muy grande, lo muy lejano o lo tan próximo
como nosotros mismos, nos resulta difícil de comprender y describir.
Cuando explicamos algo lo hacemos con analogías en las que utilizamos
sensaciones propias de nuestro mundo inmediato -un átomo como un conjunto
de bolitas, el espacio-tiempo como una malla, los agujeros negros como agujeros-
pero la realidad que intentamos detallar y comprender no se ve mejor reflejada
en el modelo que lo haría un organismo biológico en un tosco dibujo.
Es pues que la razón y el lenguaje con el que se razona se ven afectados
por un lado por las propias características del lenguaje y por otro por
lo accesible que se muestra la misma naturaleza para ser aprehendida por el
lenguaje.
La imprecisión y la ambigüedad. Ventajas y desventajas.
El lenguaje humano es impreciso y ambiguo, en palabras de López de Mantaras
"los conocimientos humanos son en su mayor parte imprecisos". También
Dubois y Prader escriben: "El pensamiento humano está plagado de
informaciones imprecisas". Nuestro lenguaje utiliza expresiones cargadas
de conceptos graduales o vagos como "es casi cierto que...", "es
muy posible que...", "no es muy caro", "próximo al
centro", así por ejemplo no es la misma distancia vivir próximo
al centro de un pueblo, de una pequeña ciudad o de una gran metrópoli.
Los conceptos vagos o graduales son instrumentos imprecisos del lenguaje, de
otro modo, utilizar un concepto de este tipo implica asumir un grado de error.
Este error, debido al instrumento lingüístico, no es eliminable
en un proceso de uso de la razón, de la misma manera que el error de
medida realizado por un calibre no es eliminable en el proceso posterior de
tratamiento de los datos.
Utilizar instrumentos imprecisos lleva lógicamente a la duda. La experiencia,
que se asume en el método científico, permite eliminar algunas
de estas dudas, pero no todas las ciencias pueden realizar la experimentación,
por ejemplo en física teórica o en astrofísica. En este
tipo de ciencias el uso del lenguaje debe llevar indefectiblemente a la duda.
Ante la ausencia de la experimentación queda una teoría que de
no realizar alguna observación que la confirme quedaría siempre
en el campo de las hipótesis no comprobables. Este grupo de hipótesis
no perdurarían por la fuerza de la razón, sino de la creencia.
El lenguaje humano utiliza, como ya se ha dicho, conceptos vagos; sin embargo
trabajar con estos conceptos puede ser en muchos casos altamente eficaz. La
lógica vaga o también llamada difusa, es capaz de trabajar con
conceptos graduales (parecido, mucho, poco, escaso) frente a la lógica
matemática clásica que sólo es capaz de tratar afirmaciones
o negaciones categóricas. La lógica clásica trataría,
por ejemplo, con un objeto que es negro o blanco; la lógica vaga trabajaría
con objetos bastante blancos, o poco negros, o bastante negros o poco blancos.
Probablemente realizar las tareas normales en la vida de los hombres es más
eficaz a partir del manejo de conceptos vagos, que de conceptos precisos. Pensemos
en una persona que ha estado leyendo, llega un momento en que tiene que decidir
si ha leído bastante o no. Darse cuenta si ha leído bastante es
relativamente fácil, sin embargo recordar qué número de
páginas, palabras y letras ha leído implicaría un mayor
esfuerzo.
Sin embargo despreciar precisiones mayores en el uso del lenguaje implica renunciar
a descripciones mayores de los fenómenos universales. Ilustra esta idea
el análisis matemático denominado análisis no estandar.
El lenguaje natural o habla aparece previamente al lenguaje matemático.
Este último intenta delimitar más que el lenguaje natural la semántica
y la sintaxis, pero por ello renuncia a la riqueza del significado, pierde connotación.
De hecho tras someter unos datos al análisis matemático, tenemos
que acompañar de lenguaje natural los resultados para suplir la restricción
a que hemos sometido a éste al traducirlo en matemático.
Sin embargo el lenguaje matemático ofrece unos modelos de razonamiento
estandarizado y reglado que elimina imprecisiones renunciando a cambio, como
ya se ha dicho, a los significados.
Pensemos en el simple problema de dividir cuatro niños entre tres mujeres.
Matemáticamente se impone una rápida división que dará
1,33 niños para cada mujer. Sin embargo la división, o procedimiento
de razonamiento estandarizado que aquí se impone, al renunciar a la complejidad
que el lenguaje natural da a la vida de un niño, hace un reparto rápido
y sencillo, destruyendo matemáticamente a la cuarta criatura. Tras la
observación teórica de los resultados, utilizaremos el lenguaje
natural para, devolviendo el significado natural al lenguaje, respetar la vida
del niño.
Dentro del cálculo matemático el análisis no estandar,
que viene referido a los números llamados no estandar (que son aquellos
que sin ser infinitos, son o muy grandes o muy pequeños) nos puede dar
una idea de como afecta la renuncia en la precisión del cálculo
a la percepción del mundo, o lo que es lo mismo la falta de concreción
a la comprensión del Universo.
En el cálculo de límites, por ejemplo, se renuncia a determinado
número de cifras. El análisis no estandar se plantea cómo
puede afectar a la percepción el renunciar a estas cifras, y ha permitido
explicar ciertos tipos de fenómenos que con el análisis estandar
no es posible.
De una manera intuitiva podemos imaginar un número determinado de puntos.
Conforme los vamos acercando entre sí seguimos viendo un conjunto de
puntos más próximos, pero llega un momento en el que la distancia
entre esos puntos es tan pequeña, que esa cifra es despreciada y entonces
percibimos una línea; sin embargo la realidad es que existe un conjunto
de puntos separados entre sí. El desprecio de cifras pequeñas
nos da una percepción falsa de la realidad. Aunque es posible que para
desenvolverse en el medio normal para el hombre sea más importante percibir
líneas y formas que puntos, sin embargo la percepción de un Universo
complejo y complicado puede verse afectada por un lenguaje vago e impreciso,
de la misma manera que renunciar a la precisión en el cálculo
distorsiona la percepción.
Harthong imagina unos matemáticos extraterrestres con órganos
sensoriales prodigiosamente perfeccionados, un sistema nervioso capaz de registrar
miles de millones de informaciones. Mientras que las reglas elementales de cálculo
algebraico serán las mismas para estos matemáticos que para los
nuestros, no obstante los extraterrestres podrían aplicarlas a números,
funciones y cálculos extremadamente complejos que nos son inaccesibles.
Si estos seres extraterrestres poseen unas capacidades matemáticas excepcionales,
su lenguaje natural debe estar en consonancia, de tal modo que con él
se pueda dar significado a sus resultados matemáticos.
¿Qué
podríamos saber del Universo con un lenguaje así? Lamentablemente
estamos atrapados en nuestro propio lenguaje y ni siquiera podemos concebir
las posibilidades reales de ese superlenguaje.
Otro aspecto interesante sería plantearse si existe una jerarquía en la decisión humana entre el lenguaje matemático y el lenguaje natural. Es decir, cuando tenemos que decidir ¿qué influye más en nuestra decisión: los resultados matemáticos o el lenguaje natural? Kahneman y Tversky se ocupan de determinados aspectos del análisis de la psicología de la incertidumbre. Uno de las experiencias relatadas por ellos consiste en plantear a una tropa dos problemas estratégicos cuya solución es la misma. De este modo en el primer planteamiento se enuncia el problema en términos de supervivencia y en el segundo caso en términos de mortandad. A pesar de que el resultado matemático es el mismo sin embargo la tropa escoge mayoritariamente la posibilidad en la que se enuncia -con lenguaje natural- en términos de supervivencia.
Cabría concluir a la vista de esta paradoja que el lenguaje natural es
en última instancia, el lenguaje de las decisiones humanas, a las que
se llega a través de la razón y del lenguaje, siendo un instrumento
secundario el lenguaje matemático. Tversky señala que las soluciones
cuantitativas a un problema no son satisfactorias en el hombre y que la mayoría
de las personas se deciden por las diferencias cualitativas a la hora de tomar
decisiones ante un problema.
Pero ¿es el lenguaje un instrumento exclusivo de la razón? Hasta
ahora hemos establecido un paralelismo entre razón y lenguaje, la razón
como propiedad más característica del hombre y el lenguaje como
herramienta soporte de la razón. ¿Se puede manifestar en el lenguaje
la parte irracional del hombre mezclada con la parte racional? Podemos estar
seguros de que así es.
Indudablemente Freud es uno de los principales pilares de la psicología.
Padre del psicoanálisis, establece tres provincias en el aparato psíquico:
el ello irracional, el yo racional y el superyo represor moral. Freud llama
la atención sobre la influencia de los factores irracionales en la salud
psíquica de los pacientes, y para él lo irracional es el objeto
primordial de estudio.
Jung, discípulo de Freud, profundizó en el análisis del
subconsciente profundo y postuló el inconsciente colectivo. Según
él la humanidad se comporta como una especie de organismo con unos modelos
patrones de conciencia común. En el comportamiento individual del hombre
intervienen los factores del inconsciente colectivo. Jung cita algunos ejemplos
de modelos intelectivos que son comunes a diferentes culturas y que explica
por la existencia de este inconsciente colectivo. Así por ejemplo las
aves volando se muestran como una realidad superior, no deja de ser curioso
relacionar que trascienda el que unos seres vivos puedan volar. Los árboles
expresan totalidad, con sus raíces que parten de la Tierra son capaces
de alejarse de ella más de lo que ninguna otra estructura biológica
es capaz de hacer. Los círculos también se muestran como estructuras
cuya explicación hay que buscar en el centro, desde la rueda que para
girar debe tener su eje en el centro, hasta cierto tipo de jardines japoneses
tradicionales de tipo circular en cuyo centro se sitúa una piedra intocable,
e incluso, por ejemplo, la explicación del origen del Universo por una
explosión en el centro de una esfera formada por los materiales que existen
en la actualidad y que proceden de la gran explosión, responden al modelo
circular del que Jung habla.
El psicólogo Baron también aporta algunas pruebas sobre la intromisión
de la irracionalidad en el lenguaje. Trabajó sobre el factor irracional
que lleva su nombre. A él le inquietaba la vehemencia que mostraban los
americanos en cuanto a sus opiniones contrapuestas sobre la guerra del Vietnam.
Las personas suelen tomar opinión sobre problemas muy complejos de manera
muy rápida y estas opiniones suelen ser contrarias de unas personas a
otras. Baron entiende que estas fuertes discrepancias emocionales -que son comunes
a muchos asuntos políticos, desde el desarme, al aborto, o la misma pena
de muerte- se derivan de un sutil elemento irracional en el pensamiento humano.
En apoyo de esta hipótesis cita un estudio realizado por los psicólogos
Lord, Ross y Lepper, que trataban de analizar actitudes con respecto a la pena
de muerte. Eligieron para ello gentes con diferentes opiniones sobre la aplicación
de la pena capital y les proporcionaron dos estudios de apariencia muy autorizados,
aunque falsos: mientras en uno de ellos se presentaban contundentes pruebas
estadísticas de como la pena de muerte evitaba el crimen, en el otro
se planteaba exactamente todo lo contrario. "Al finalizar la prueba -indica
Baron- los dos grupos estaban aún más diferenciados que antes
en sus opiniones. Eso tiene que ser irracional. Si uno se siente relativamente
convencido de algo, y luego le presentan pruebas conflictivas, lo razonable
es que uno se sienta más inseguro de poseer la verdad, y no más
convencido que antes".
La
naturaleza nos para los pies
Otro de los aspectos a plantear es hasta qué punto la naturaleza se presta a ser explicada por el lenguaje. Hasta ahora hemos visto que el lenguaje se muestra como un instrumento imperfecto al servicio de la razón, pero con injerencias manifiestas y notables de naturaleza irracional. Planteémonos ahora si la naturaleza se muestra domable ante los ataques intelectivos basados en el lenguaje. ¿Hasta qué punto la naturaleza se deja comprender por los usos y las técnicas al servicio de la razón?
Se suele decir, por ejemplo, que en biología se puede, conociendo el
pasado, interpretar el presente, pero no predecir el futuro. Esto se puede aplicar
a la historia, y en general a cualquier disciplina en la que intervengan cantidades
notables de tiempo. Esta frase no es más que la admisión de los
límites de cualquier disciplina científica. Convendría
recordar la frase de Jacques Attali, político, economista e ingeniero
argelino, "Sólo el futuro da un sentido al pasado". En muchos
casos el pasado y el presente pueden ser manejados por el lenguaje de manera
que una misma situación es explicable de varios modos distintos, sin
embargo el futuro es una dimensión que nos es negada y que se opone a
su manipulación. Podemos explicar el presente, aunque sea de manera incorrecta,
buscar sus factores causales en el pasado y presentar a aquel como demostración
de la interpretación de lo acaecido e incluso a la inversa. No es difícil
darse cuenta de que el modelo de razonamiento se presta a posibles manipulaciones,
pero el futuro no solamente no se deja manipular, sino ni siquiera percibir.
Por ejemplo, se puede presentar al hombre como la meta a la que la naturaleza
ha evolucionado. A pesar de que en la actualidad hay millones de especies, un
grupo de personas puede percibir esta idea como cierta, las especies fósiles
pueden demostrar la existencia del cambio, y evidentemente gracias a este cambio
ha aparecido el hombre. Sin embargo ésta es una posibilidad no demostrable,
pero que para determinadas personas no es necesario demostrar porque se la creen.
En realidad estas personas ya no manifiestan una razón, sino un sentimiento.
Sartre se refería socarronamente a la interpretación de los acontecimientos
por el hombre cuando decía que está demostrado que el hombre influye
sobre el tiempo tal como lo demuestra las veces que hemos cambiado la historia.
Por el contrario si yo quisiera demostrar que la naturaleza tiende al Bos telepáticus,
no podría abordar este tema porque esta especie futurible no existe,
no se si existirá, y en cualquier caso suscitaría más desconfianza
que cualquier argumentación que pueda ser referida al presente y al pasado.
El futuro no existe, pero cuando un científico predice un hecho que sucederá
en el futuro y sucede, éste es sin duda uno de los mayores éxitos
de su carrera. Pensemos por ejemplo en Einstein, predijo que los rayos luminosos
de otras estrellas se desviarían al pasar cerca del Sol por acción
de la gravedad. Efectivamente así pasa y esta prueba dio un peso específico
notable a su teoría de la relatividad.
Para que el lenguaje pudiera demostrar, de una manera irrefutable, su alta eficacia
en los procesos comprensivos del Universo, debería ser capaz de predecir
el futuro. Sin embargo no es así. En determinados planos se podría
responder que un mundo predeterminado sería un mundo sin libertad, y
no lo discuto, pero al menos digo que esa libertad es una limitación
a la eficacia del lenguaje. Otros quizás argumentarían que el
conocimiento de las cosas nos es negado momentáneamente, ya que conforme
perfeccionemos nuestra ciencia y nuestros métodos llegaremos a adquirirlo.
Sobre ésta cuestión la teoría cuántica y la física
del caos nos han enseñado bastante.
En la Grecia Antigua la explicación de los fenómenos naturales se realizaba a partir de mitos. Un Mito, según propone García Gual, es un relato memorable y tradicional que cuenta la actuación de unos personajes extraordinarios (dioses y héroes en los mitos clásicos) en un tiempo prestigioso. Los temas míticos por excelencia hacen referencia a la creación y ordenación del mundo, así como los escatológicos, que tratan de lo que aguarda al hombre después de la muerte. Los mitos han servido tradicionalmente para explicar metafóricamente la realidad y sus causas. El nacimiento de la filosofía, la historia y los primeros enfoques científicos en Grecia, a partir del siglo V a.c. atrajo críticas a la aceptación de las explicaciones míticas y causó su declive. El pueblo griego se esforzó por encontrar causas naturales que explicaran los fenómenos observables.
Aunque los griegos no se ajustan siempre al modelo de experimentación
científica tal como lo consideramos hoy, sin embargo su prestigio como
pueblo generador de conocimientos es indiscutible. Una mera lista de los descubrimientos
de Arquímedes (387-212 a.c.) nos dejaría atónitos. Euclides
(siglo IV y III a.c.) cuya geometría del plano es fundamental dentro
de esta ciencia, apenas sin contar con libros y con sólo un gran tablero
de arena en el suelo formuló las primeras leyes de la geometría
y escribió finalmente uno de los grandes libros fundamentales de esta
ciencia.
Quizás fue la falta de una tecnología más desarrollada
y de instrumentos tecnológicos adecuados lo que produjo en la Grecia
clásica una mayor concentración de esfuerzos en el campo de los
razonamientos y un abandono de la observación(3).
Pitágoras (585-500 a.c.) y los pitagóricos, llegaron a creer que
podrían explicar teóricamente el Universo a partir de los números.
En el campo filosófico la Grecia clásica alumbró a dos
de los filósofos más importantes de la historia: Platón
y Aristóteles. Platón (427-347 a.c.) elevó las ideas a
la categoría de mundo ejemplar, a imitar por el mundo real. Aristóteles
(384-322 a.c.), discípulo suyo y padre del método inductivo, insistió
en el valor de la experiencia como origen de todo conocimiento. La influencia
de ambos sobre el medievo cristiano fue enorme. En esta época, de una
duración aproximada de 2000 años, la naturaleza debía encontrar
explicación en los textos sagrados, y en muchos problemas la contraposición
entre Platón y Aristóteles iluminaba las discusiones de la gente
culta de la época (los clérigos).
Las explicaciones teológicas dejaban lo inexplicable al hombre en manos
sagradas. Las ideas religiosas influían enormemente en la concepción
del Universo. Así las ideas de Ptolomeo (90-168 d.c) sobre el geocentrismo
-la Tierra como centro del Universo- perduraron casi 2000 años, en parte
debido a la idea teológica de que el hombre, que era el centro de la
creación, lógicamente debía estar situado en el centro
del Universo.
Las ideas teológicas fueron desplazadas en muchos casos por lo que hoy
llamaríamos ideas científicas. En los siglos XVI-XVII-XVIII se
iba a producir una progresiva y paulatina separación de las ideas religiosas
de aquellas basadas en la observación y razonamiento de la naturaleza.
Esta separación surgió de los hombres cultos de la época,
que en un altísimo porcentaje eran religiosos.
El descubrimiento de leyes -procesos que se repiten múltiples veces-
en la naturaleza, como la existencia de órbitas planetarias constantes,
presagiaba la existencia de unas causas y la ausencia de arbitrios de cualquier
tipo. Así Kepler (1571-1630) al descubrir las leyes que llevan su nombre
dedujo la existencia de una causa a la que Newton (1642-1727) llamó gravedad
y que demostraba la existencia de un mecanismo planetario. Era la época
mecanicista. La naturaleza se doblegaba ante la ciencia y la razón y
demostraba que con el conocimiento todo el Universo era de comportamiento determinable
y se comportaba como un artilugio mecánico. En un mecanismo todas las
causas están articuladas. El mecanicismo suponía un optimismo
científico desbordante. Experimentar, estudiar, analizar llevaría
en un plazo mayor o menor al conocimiento de todo.
Sin embargo con el tiempo la relación entre causa y efecto sufriría
revisiones que afectarían al pensamiento científico. El caso de
Einstein y Bohr es muy ilustrativo al respecto. Newton había enunciado
la ley de la gravitación universal, resultaba que los cuerpos se atraían
según la famosa fórmula en la que aparece una constante universal,
las masas de los dos cuerpos que se atraen y la distancia que los separa. Los
planetas estaban sujetos a esta ley y sus órbitas eran predecibles. No
obstante los cálculos orbitales de Newton presentaban cierta cantidad
de error en el caso de la órbita de Mercurio. Einstein profundizó
en la gravitación en su teoría de la relatividad y mejoró
los cálculos de Newton gracias a que se dio cuenta de que el espacio
y el tiempo se deformaban en las cercanías del Sol. En cierto modo se
reforzaba la relación entre causa y efecto, puesto que una mejor determinación
de las causas permitía predecir mejor los efectos.
Einstein recibió el premio Nobel no por su teoría de la relatividad,
sino por sus estudios para explicar la naturaleza cuántica de la luz
eléctrica. Fue en este campo de la teoría cuántica, en
el que mantuvo un reto con Niels Bohr, que no parece haberse resuelto hasta
después de la muerte de ambos. La teoría cuántica encuentra
su campo de aplicación en el átomo, un mundo opuesto, en cuanto
al tamaño, a la inmensidad del Universo. Mediante la teoría cuántica
el comportamiento de las partículas atómicas es estudiado estadísticamente.
Ya que no es posible saber cuál va a ser el comportamiento de una partícula
en concreto, se estudia cuál va a ser el comportamiento de grupos de
partículas. Es similar esta cuestión a la de los accidentes de
automóvil; no podemos saber si una persona en concreto va a tener un
accidente, pero podemos saber con bastante aproximación el número
de accidentes que van a suceder en un mes, en un año, etc.
La imposibilidad de saber cuál va a ser el comportamiento de una partícula
se fundamenta en un principio de incertidumbre llamado de Heisenberg. En general
éste pertenece a un grupo de principios que marcan los límites
de la observación y de la ciencia. Contra ellos tropiezan los esfuerzos
de los investigadores. Laplace había postulado en el siglo XVIII que
conociendo la velocidad y posición inicial de una partícula podíamos
saber el estado de ella en un tiempo posterior. Sin embargo, al ser imposible
establecer correctamente la posición y velocidad inicial de una partícula
a la vez, Heisenberg quita la razón a Laplace y postula que si conocemos
perfectamente la posición de una partícula nunca sabremos su velocidad,
y si sabemos ésta, nunca conoceremos su posición, y que cuanto
más afinemos en una más perderemos en la percepción de
la otra. Este principio fuerza a la mecánica cuántica a abandonar
los casos concretos y dedicarse a los fenómenos globales. Heisenberg
recusa la posibilidad de determinar completamente el estado inicial de un sistema
físico midiendo simultáneamente, con tanta precisión como
se desee, todas sus variables características; renunciando pues a la
formulación habitual del determinismo en física clásica.
Heisenberg no recusa el principio general de causalidad, si por ello se entiende,
con E. Cassirer, una simple dirección para la formulación de conceptos
empíricos particulares(4).
Existen otros ejemplos de limitaciones como el teorema de Gödel que dice
que escogiendo cualquier grupo de axiomas siempre nos quedará alguno
de ellos que no pueda ser demostrado a partir del resto. Pensemos que los axiomas
son unas principios básicos de la ciencia matemática, que los
humanos observamos tan evidentes que no es necesario demostrar, pero luego resulta
que son indemostrables. Si la ciencia no puede demostrar todo lo conocido ¿como
puede llegar a mostrarnos todo lo desconocido? Gödel también nos
hace pensar que en un sistema lógico es imposible comenzar desde cero
y que por tanto es necesario partir de unos principios o creencias(5)
que son tan indemostrables como los axiomas pero, que además, existe
la posibilidad de que sean falsos. Su teorema como el principio de Heisenberg,
golpea los cimientos de la ciencia.
Otro teorema limitativo es el de Turing. Este autor demostró que no todas
las números conocidos son calculables a partir del resto de números.
Esto implica que las matemáticas pueden no tener capacidad de percepción
ante fenómenos que pudieran llegar a ser detectados accediendo al cálculo
de números que por desgracia no pueden ser operados matemáticamente.
Bertrand Russell ha señalado que la teoría de conjuntos, base
de casi todas las matemáticas, padece contradicciones lógicas
relacionadas con el problema de la autoalusión. (El enunciado autocontradictorio
"Este enunciado es falso"(6)
sirve de ilustración al problema.) En palabras de Thurston "La teoría
de conjuntos se fundamenta en mentiras(7)
corteses, en cosas sobre las que estamos de acuerdo aunque sabemos que no son
verdaderas".
Paul Davies, a partir de los trabajos de Gödel, Turing y Deutsch deduce
que las leyes de la física son las que permiten lo que puede y no puede
ser calculado. De tal modo, nuestra lógica nunca podría vencer
estas barreras físicas con la que la misma naturaleza universal oculta
sus intimidades ante nuestra razón. Los seres vivos estaríamos
limitados en nuestras capacidades racionales por la naturaleza física
del Universo.
Los límites a nuestro lenguaje y a nuestra razón plantean que
el mayor conocimiento de las causas no nos va a permitir determinar mejor los
efectos, porque ni siquiera vamos a tener acceso al conocimiento de las causas.
Gamow, discípulo de Bohr, explica la diferencia entre el concepto de
probabilidad clásica y la probabilidad cuántica. En una partida
de cartas los jugadores calculan las jugadas basándose en probabilidades,
pero si quisieran podrían ver todas las cartas que hay en el juego y
olvidar las probabilidades para basarse en el juego cierto. Si los jugadores
tienen acceso a toda la información el juego ya no es de azar y probabilidad,
sino de hechos perfectamente determinables. El conocimiento de las causas lleva
a determinar los efectos. Sin embargo el concepto de probabilidad cuántica
implica que nunca los jugadores tendrán acceso a ver todas las demás
cartas y siempre existirá la incertidumbre. Simulando al viejo Oeste
americano, sería como si en el momento de destapar las cartas del contrario
éste te metiera una bala entre las cejas.
Mientras que Einstein tenía el concepto de probabilidad clásica
y por tanto era determinista, Bohr mantenía el concepto de probabilidad
cuántica.
Gamow dice que Bohr era un futbolista en el mundo de la física. Efectivamente
era un aficionado al fútbol que se daba cuenta de que influían
tantos factores en el juego que presentar un gol como una sucesión de
causas infalibles era desconocer los múltiples factores y el azar que
influyen en la jugada de gol. Presentar una jugada como si no hubiera podido
ocurrir de otra forma era desconocer el juego.
Con la frase "Dios no juega a los dados" Einstein resumía su
posición frente al azar, pilar de la teoría cuántica(8).
Bohr sostenía que el micromundo atómico es ajeno a la ley de causa
y efecto, mientras Einstein aducía que la falta de conocimientos y la
ausencia de instrumentos suficientemente precisos no nos permitía acceder
al conocimiento total del átomo.
Entre una causa y su efecto tiene que transcurrir un tiempo. Si afirmamos que
un hecho se relaciona con otro sin haber transcurrido ese tiempo admitimos que
un hecho puede influir en otro sin ser causa en el sentido clásico. Einstein
pensó en un experimento imposible de realizar durante su vida que consistía
en hacer chocar dos partículas entre sí. La posición de
las partículas se podría determinar posteriormente en función
de la energía del choque, del tiempo transcurrido y de otros factores
sucedidos en el momento del impacto.
Por evolución de esta idea Alain Aspect realizó una experiencia
en 1982 que parece definitiva. Lanzaba dos fotones desde un punto común
en direcciones contrarias hacia dos ventanas situadas en posiciones antagónicas.
Una de las dos ventanas estaba abierta y la otra cerrada. El fotón que
se dirigía a la ventana abierta debía de atravesar siempre la
ventana, mientras que el dirigido a la cerrada no debería atravesarla.
Sin embargo, si el que se dirigía a la ventana abierta la atravesaba,
el que se dirigía en dirección contraria a la cerrada también
la atravesaba y si una partícula no atravesaba la ventana la otra tampoco
lo haría. Sin embargo ambos fotones iban a la velocidad de la luz en
direcciones contrarias, por lo cual no debía de haber comunicación
entre ambos, ya que la velocidad máxima en el Universo es la de la luz.
Por otro lado ambos fenómenos suceden a la vez, pues están situados
a la misma distancia del foco del que han salido los fotones simultáneamente.
El comportamiento de ambos fotones se explica mediante la no separabilidad,
es decir, aparte de que existan causas que al cabo de un tiempo produzcan un
efecto, existen otro tipo de "causas" que se manifiestan en
el espacio sin que medie un transcurso de tiempo. De este modo los fenómenos
en los que no hay un aviso previo mediante las causas son impredecibles para
el hombre(9). Einstein no tenía
razón -como ya ha sido escrito- no es que Dios juegue a los dados, es
que además los echa lejos de nuestra mirada para que no los veamos.
Según Gamow el principio de indeterminación de Heisenberg es aplicable
solamente al mundo subatómico, pero cuando nos referimos a una escala
macroscópica, en partículas superiores a un milígramo,
podemos abandonar el principio de incertidumbre y fiar en el principio del determinismo.
Sin embargo las incertidumbres no terminan en las escalas macroscópicas.
Experiencias desarrolladas en sistemas sumamente sencillos y controlados al
máximo por el experimentador han demostrado poseer comportamientos impredecibles.
Así, un péndulo situado en un campo magnético periódico,
incluso conociendo con tanta precisión como se desee su posición
y velocidad en un instante dado(10)
, es imposible conocer su comportamiento ulterior a largo plazo. De este modo,
dos experimentos realizados con el mismo sistema situado en unas condiciones
iniciales lo más parecidas posibles a partir de nuestra tecnología,
éstas nunca pueden ser lo suficientemente iguales y por tanto acabarán
dando resultados diferentes. Esta experiencia llevada a cabo por Dubois se opone
también al ya comentado principio determinista que estableció
el matemático Laplace.
A los comportamientos impredecibles, cualesquiera que sean las condiciones iniciales
del sistema, se les ha denominado comportamientos caóticos. Ahora bien
existen un grupo de comportamientos caóticos cuyos datos se ajustan a
ecuaciones no lineales. A este tipo de caos se le ha llamado caos determinista.
El resto de comportamientos caóticos serían aquellos no ajustables
a ningún tipo de ecuaciones. Los comportamientos que siguen el caos determinista
han sido buscados y parece que encontrados a todos los niveles incluyendo los
biológicos, planetarios, etc., constituyen una barrera más ante
la esperanza de que el lenguaje humano nos explique el Universo alguna vez.
Los métodos que poseemos actualmente para conocer el caos determinista
se basan en el análisis del ritmo de los datos, pero no en el de las
causas, al que por principio se renuncia.
El azar se encuentra íntimamente ligado al caos y al desorden, sin embargo
el caos determinista no es un proceso desordenado, aunque no nos permita su
investigación acercarnos a ninguna causa. Podríamos hablar de
un azar determinista y de un azar no determinista, en el primero conociendo
una sucesión de datos podríamos predecir el comportamiento ulterior
de estos al menos en un cierto período de tiempo, en el otro no sería
posible. En ningún caso podríamos detectar causas de estos sucesos.
Existen fenómenos, como por ejemplo la evolución, que se intentan explicar en función del azar. El azar justificaría la aparición de muchas características. El alegato de Demócrito en favor del azar y la necesidad ha sido invocado para comprender un proceso tan complejo. Los grandes cambios surgen por azar y serían seleccionados por la naturaleza, siendo aceptados si permiten que el organismo cumpla suficientemente con sus funciones vitales, de no ser así son rechazados y la especie se extingue.
El número 0, el conjunto vacío y el azar tienen mucho en común.
El número 0 es una cantidad sin contenido, pero cuya existencia es necesaria
para que las leyes numéricas se cumplan ¿cómo podríamos
calcular mediante lenguaje matemático cantidades que ni aumentan ni disminuyen
con el paso de un período de tiempo? El 0 fue todo un hallazgo, una cantidad
sin cantidad, algo que señala la nada numérica, la ausencia, pero
que da sentido al resto del sistema. El conjunto vacío es similar al
0 pero aplicable, el primero, a conjuntos de elementos que no tienen por qué
ser números. El conjunto vacío es un conjunto sin elementos. Imaginemos
el conjunto vacío de seres vivos. No contendría ningún
elemento, pero nos permitiría trabajar con otros conjuntos de seres vivos,
y daría sentido al sistema lógico que utilizáramos, puesto
que contiene las mismas propiedades comunes al resto de conjuntos de seres vivos.
Por ejemplo, podemos entender la muerte como al conjunto vacío de las
reacciones químicas de la vida, de este modo la vida alcanza un sentido
más completo, puesto que la lógica del razonamiento incluye los
límites del fenómeno que trata.
El azar podría ser entendido como el conjunto vacío de las causas.
Desde un punto de vista tradicional entendemos la causa como al provocador de
un efecto. Para que seamos capaces de percibir la relación entre ambos
debe pasar un tiempo.
Suele utilizarse el término "factor" fundamentándose
en que la complejidad de los fenómenos es tan alta que es casi imposible
determinar con exactitud el papel de una o más causas. Por ejemplo si
el conducir fuera causa de tener accidentes, todos los conductores tendrían
accidentes; sin embargo ni todos los que conducen tienen accidentes de tráfico,
ni todos los que no conducen dejan de tenerlos. Por tal razón se prefiere
hablar de qué factores son los que más influyen en la producción
de accidentes. De entre la edad de los conductores, la hora del dia, el estado
anímico, la edad del coche, etc., unos factores mostrarán más
que otros influencia sobre la frecuencia de los accidentes.
El azar, como conjunto vacío de las causas o factores, cumpliría
la propiedad común de todos estos conjuntos: producir efectos. Sin embargo
el conjunto vacío no contendría ninguna causa. Nuestro sistema
lógico basado en la relación entre causas y efectos no sólo
no sufre sino que además se consolida. La causa que produce el efecto
no existe, pero forma parte de un subconjunto (el vacío) que forma parte
del conjunto de causas y que producen efectos. A la pregunta ¿qué
causa que el cocodrilo y el elefante sean distintos? podemos contestar que el
azar, aunque quizás deberíamos preguntarnos si la existencia del
azar es más una necesidad de dar coherencia a nuestro sistema lógico
que una explicación real de la naturaleza.
La necesidad de nuestro sistema lógico de contraponer a un fenómeno
el contrario es fundamental para que el hombre llegue a comprender. Entendemos
la luz en contraposición a la oscuridad, el calor en contraposición
al frío, la vida en contraposición a la muerte, el día
a la noche, el cielo al infierno, la materia al vacío. Todo lenguaje
informático se deriva también del uso de solamente dos signos
opuestos, llamémoslos 0 y 1, o bien abierto y cerrado, o bien Si y No.
El azar se contrapone al orden causal, pero al formarlo racionalmente mediante
el conjunto vacío de las causas, se integra en el orden lógico
humano y nos ayuda a comprender los hechos, siempre dentro del límite
de nuestras posibilidades.
Otra visión del azar sería concebirlo como una causa indetectable.
No obstante esta visión implicaría la existencia de dicha causa
y este concepto no sería exactamente azar(11).
A lo largo de este repaso de los límites de la razón estamos contemplando
cómo los instrumentos analíticos dejan los suficientes espacios
huecos como para hacer impercibibles muchos aspectos del Universo. Lo cierto
es que cuando nos enfrentamos al análisis nos vemos obligados a partir
de principios. Un principio es un conjunto de bases más o menos ideológicas
de las que partimos para explorar una realidad. La lucha ideológica entre
Einstein y Bohr, ya comentada, es un ejemplo de la importancia de los principios.
El primero partía del principio de que todo puede ser descubierto y explicado
si se parte de la suficiente información; el segundo concebía
que es imposible acceder a la información suficiente como para que los
fenómenos aparezcan a nuestros ojos formando parte de un mecanismo perfecto
y determinado. Para Einstein el azar aparecía como un rincón de
la ciencia caracterizado por la falta de información; para Bohr el azar
era consustancial a los mecanismos físicos, un fenómeno con naturaleza
propia, motor de la realidad. Ambos principios, uno determinista y otro aleatorio
fueron puestos a prueba mediante la experimentación posteriormente a
la desaparición de estos dos genios. Desde luego en el experimento de
Aspect (ya comentado) la no separabilidad implica que existe un condicionamiento
en la materia aunque el tiempo de separación de los fenómenos
sea 0, y por tanto podríamos hablar de causalidad fuera del tiempo, lo
que chocaría con el concepto clásico de causa e intervendría
en los mecanismos condicionadores de las realidades de una manera altamente
problemática para nuestros mecanismos lógicos. Quizás este
tipo de efectos podría intervenir en un azar que fuera causal (aunque
no en términos clásicos), debido a la acción de la no separabilidad
de la materia, y que quizás por esta razón fuera inabordable racionalmente
de una manera más profunda.
Si a determinados niveles -como el atómico- el azar interviene, y por
tanto no podemos determinar con exactitud el comportamiento de una partícula
dentro del átomo, sin embargo sí que sabemos que cuando un compuesto
químico, formado por átomos, se pone en contacto con otro compuesto
químico se va a producir con toda seguridad una determinada reacción.
Así si ponemos gas butano, oxígeno y fuego bajo determinadas condiciones,
se va a producir con toda seguridad anhídrido carbónico y agua.
Con ello vemos que el azar inicial no perturba un proceso causal y determinista
situado a un nivel superior. No obstante si pusiéramos un número
muy escaso de moléculas de oxígeno y de gas butano, existirían
muchas posibilidades de que no se produjera agua y anhídrido carbónico,
al menos a una velocidad apreciable.
¿Es la realidad inabordable o no? La contestación a esta pregunta
implica un principio, que además es indemostrable, porque no conocemos
todas las ciencias con la profundidad con que serán conocidas, ni disponemos
de las técnicas de las que dispondremos, ni siquiera del lenguaje que
tendremos. No obstante basándonos en los teoremas limitativos, existe
la posibilidad de que aun con todos los adelantos del futuro los límites
a nuestro conocimiento pueden ser prácticamente los mismos.
El azar va unido al caos. Los griegos consideraban un Universo ordenado al que
llamaron cosmos, en oposición al desorden, al que denominaron caos. Las
relaciones causales, que se desprenden de las leyes o fenómenos que se
producen siempre en las mismas condiciones, nos hablan de un Universo ordenado,
un cosmos; sin embargo, el azar no determinista ayuda a construir un Universo
al menos parcialmente caótico. Por contra el azar determinista genera
un Universo ordenado. ¿Cómo analizar un Universo caótico?
Para ello ha nacido un tipo de matemáticas que, prescindiendo del conocimiento de las causas, se preocupa del análisis del ritmo de los datos que el fenómeno analizado nos ofrece. Con las matemáticas del caos se puede predecir el comportamiento del fenómeno, aunque no explicar su naturaleza. La matemática del caos, asumiendo el principio de que el Universo es caótico, se basa en ecuaciones no lineales que son capaces de acertar con bastante probabilidad cuándo se va a producir el comportamiento extraño. Por ejemplo llenamos un vaso de agua gota a gota. Llegará un momento en que la última gota desbordará el vaso produciendo la caída de mucho más de una gota. No nos ocupamos de cuál es la causa del proceso, sino de encontrar el modelo matemático que se ajusta al proceso y predecir su comportamiento. Para aplicar esta matemática partes de un principio, cual es que el Universo es caótico, pero aunque aspires a describirlo, no aspiras a explicar su naturaleza.
El azar no explica nada. Decir que tal fenómeno se debe al azar implica
que ahora, en el futuro, o cuando sea, admitimos que nuestras herramientas racionales
no sirven para describir y comprender el Universo que nos rodea. El azar puede
dar cuerpo a nuestro proceso racional, protegiéndolo en sus flancos,
pero si el azar es el conjunto vacío de las causas es similar al 0, entonces
desde el punto de vista más optimista explicaremos el Universo como una
suma en la que lo explicado más el azar será igual a lo explicado,
quedando inexplicado lo que se debe al azar. Desde el punto de vista más
pesimista nos regiremos por el producto, de este modo lo explicado por lo debido
al azar será igual a 0, o sea nada. Si pensamos que el azar es una causa
indetectable, a efectos prácticos es lo mismo, no podremos explicar los
fenómenos en lo referente al azar porque no hemos detectado las causas.
La existencia del azar es incuestionable, desde una perspectiva racionalista
y al igual que podría alegarse al concepto de Dios, o existe independientemente
de nosotros, o lo hemos creado para justificarnos. El azar sólo puede
cuestionarse en casos particulares, pero no como fenómeno existente.
Ahora bien el azar no explica, sino como mucho describe. En un proceso racional
explicar es relacionar causas o factores con efectos. Describir es meramente
relatar un hecho. Yo puedo describir un partido de futbol sin explicar por qué
se juega, ni por qué se juega al futbol. El azar está presente
en el partido, sin embargo existen una serie de factores que se ponen de manifiesto.
Por ejemplo el factor campo, cualquier equipo suele ganar más partidos
en casa que fuera. También existen una serie de reglas que son respetadas,
tales como la duración del partido y un reglamento de juego. Además
globalmente casi siempre ganan los equipos mas fuertes y con mas presupuesto.
Evidentemente la existencia del azar no elimina las tendencias. La presencia
del azar en un sistema no excluye ni elimina la direccionalidad, ni la finalidad
ni otras propiedades que puedan ser características de un sistema y que
por tal razón están ahí.
Ultimamente he escrito el artículo HIPÓTESIS SOBRE LA NATURALEZA DEL AZAR. Si desea acceder a él pulse aquí
Pienso
luego existo, existo luego hago, pero... ¿qué hago?..
Pero ¿realmente hemos venido a comprender el Universo o el Universo dispone de mecanismos que garantizan que el hombre o cualquier especie inteligente nunca podrá comprenderlo y por tanto dominarlo?
Henon señala que en este siglo parece haberse tocado techo en el sentido
de que la ciencia descubre sus límites. Nuestro acceso a la realidad
es muy limitado, percibimos imágenes de ella, pero son meras proyecciones
en un espejo y nunca debemos olvidar que la imagen observada en un espejo no
es más que el reflejo de una superficie. Cuando vemos un hombre en el
espejo, sólo vemos parte de su piel y de sus ropas, pero todo su interior,
sus órganos, su sangre circulando, no la observamos.
Ante esa dimensión llamada futuro, que parece que nos es negada, siempre
podemos albergar la esperanza de desarrollar el lenguaje de una manera que se
adapte lo suficiente a la realidad y consiga explicarla. Estaremos otra vez
en el comienzo del dilema determinismo-no determinismo, y hasta ahora en este
tipo de combates el determinismo ha perdido.
Parece ser a la vista del contenido de este capítulo que la razón
no es un instrumento tan poderoso; más bien parece en ocasiones tosco
y grosero, utilizando un lenguaje vago e impreciso, que aunque para ciertos
aspectos de la vida inmediata de los hombres sea muy efectivo, para otros nos
distorsiona la percepción de la realidad, cuando no nos permite llegar
a ella. Además la razón se encuentra influenciada por la parte
irracional del hombre, y aunque utilicemos metalenguajes del tipo de las matemáticas,
las decisiones -en última instancia- dependen más del lenguaje
natural que de otro. Por último la naturaleza se muestra esquiva, de
comportamiento extraño, cuando no caótico, no dispuesta a que
cualquier tipo de lenguaje desvele claramente sus enigmas.
No obstante el lenguaje natural es la única herramienta de la razón,
aunque no sea exclusiva de ella, ya que la irracionalidad también se
expresa en el lenguaje e influye en las decisiones humanas.
Podemos imaginar a un niño coger montones de 1.000 granos de arena, como
no es capaz debido a que sabe contar con dificultad y se le escapan los granos
entre los dedos, entonces inventa la palabra mil, representada por un garbanzo,
y coge dos garbanzos y dice "1.000 y 1.000 son 2.000", y con un tercer
garbanzo añade "y 1.000 son 3.000". El niño al final
cree que es capaz de manejar montones de arena, pero cuando vuelve a tratarlos
se da cuenta de que sigue equivocándose frecuentemente y sin poder manejarlos
adecuadamente, y que si coge un montón aproximado a 1000 granos siempre
se equivoca. El lenguaje simboliza pero no es la realidad, ésta se nos
escapa del mismo modo que al niño se le escapan los granos entre los
dedos de las manos o se equivoca contando.
El lenguaje es capaz de vencer limitaciones para abordar otros niveles conceptuales,
pero en su esencia no permite al hombre acceder ni al conocimiento ni a la manipulación
de la naturaleza más allá de una frontera. El hombre no posee
otra herramienta y no tenemos más remedio que seguir utilizándolo
para continuar enfrentándonos a nuestro destino como personas y como
especie biológica.
La revisión realizada sobre dos de las propiedades más importantes
de los seres humanos, como son la razón y el lenguaje, puede hacernos
reconsiderar en momentos de soberbia intelectual, que las cosas pueden ser de
otra manera a como las concebimos, y que un universo de posibilidades sigue
estando abierto incluso en los casos en los que nuestra lógica se muestra
tajante.
El hombre, una especie que comprende y que hace, no tiene libertad para renunciar
a sus propiedades. Por ello seguimos intentando explicar fenómenos y
haciendo artefactos. Si dejáramos de hacerlo ya no seríamos Homo
sapiens. En este sentido, aun reconociendo las limitaciones, seguiré
en este texto intentando vislumbrar la naturaleza humana.
La cuestión de nuestros orígenes es uno de los dilemas a los que
nos enfrentamos los humanos. Tanto las religiones como la filosofía y
las ciencias intentan abordarlo. Sin embargo solamente el desconocimiento puede
zanjar definitivamente esta cuestión. Desde el campo científico,
la evolución biológica se ocupa de este tema.
NOTAS
(1) Tractatus logico-philosophicus, proposición 5.6 (Volver)
(2) Para Arminda Lozano una civilización como la griega, cuya curiosidad no dejó fuera ninguna rama del saber, hubo de desarrollar forzosamente un lenguaje adecuado. La civilización griega ha generado muchos conocimientos matemáticos, físicos, geométricos y ha aportado vocablos a las ciencias actuales y a la medicina.(Volver)
(3) Pensemos no ya en este período de tiempo al que nos estamos refiriendo, sino 2000 años después, Galileo (1564-1642) para medir el tiempo en sus estudios sobre la caída de los cuerpos sobre el plano inclinado, ante la falta de relojes válidos en su época, utilizaba un recipiente que se iba llenando de agua mientras el cuerpo caía. La cantidad de agua acumulada daba una medida relativa del tiempo transcurrido.(Volver)
(4) El término causalidad fue objeto de definiciones precisas por parte de Heisenberg en su artículo de Marzo de 1927 sobre las relaciones de incertidumbre. (Volver)
(5) Según Thurston, Medalla Fields de matemáticas, considerado como el Nobel de las matemáticas, el teorema de incompletitud de Kurt Gödel demuestra que "es imposible codificar las matemáticas". Cualquier sistema de axiomas genera enunciados cuya verdad es evidente por sí misma y que no pueden ser demostrados a partir de dichos axiomas. (Volver)
(6) Si este enunciado es verdadero implica que es falso de ahí la autocontradicción. (Volver)
(7) Personalmente prefiero la palabra aproximación a la realidad más que mentira, ya que supongo en la mentira una perversidad científica que la aproximación no tiene. (Volver)
(8) En la carta de Einstein a Bohr del 4-XII-1928, escribe: "La mecánica cuántica inspira respeto. Pero una voz interior me dice que tampoco es la panacea universal. La teoría es muy fecunda pero apenas nos revela nada sobre el secreto de El Viejo. En cualquier caso estoy convencido de que El no juega a los dados" (Volver)
(9) Esta afirmación no está exenta de polémica. Expresada matemáticamente la discusión se centra sobre la aceptación o no de variables globales. Una variable global en el momento que experimentara un cambio se aplicaría instantáneamente en todo el universo independientemente del lugar en el que se encuentre el objeto que variara. Frente a la aceptación de esta globalidad se sitúa la creencia de que todas las variables del universo son locales y no pueden variar a la vez si están situadas en lugares distintos. Mientras para unos la existencia de variables globales tendría muchas implicaciones en el campo científico y filosófico, para otros la no separabilidad no es más que un hecho constatable que no quiere decir nada más que el propio hecho y del que no habría que sacar conclusiones "extrañas". (Volver)
(10) Aunque a primera vista nuestros instrumentos puedan parecer perfectos, no lo son, por lo tanto las "auténticas" condiciones iniciales siempre se "escapan" a nuestra percepción. (Volver)
(11) A mi modo de ver, asumir al azar como un conjunto vacío de causas, o como una o más causas indetectables es un dilema a recoger en los principios previos al análisis. Dicho de otro modo, no es demostrable experimentalmente ni racionalmente que uno de los dos tipos no exista y por tanto debemos incluir este aspecto en las creencias necesarias para abordar el proceso lógico. (Volver)