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Vida Embarazada y reproevolución. Una teoría global sobre la vida terrestre.

Miguel García Casas.

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La Vida embarazada es una teoría holística que pretende explicar los fenómenos biológicos de la Tierra. En esencia la Vida Embarazada postula que los seres vivos de la Tierra formamos entre todos un ser de complejidad superior que asume las propiedades de sus partes y por tanto se encuentra dotado de metabolismo y reproducción. Así este organismo además de usar y manejar la energía de modo adecuado, debe desatar una serie de estrategias reproductivas con objeto de sobrevivir mas allá de la destrucción del Sol. Lo que está sucediendo en la Tierra, según la teoría, es consecuencia de este comportamiento reproductor. La vida en la Tierra durante 2.000 largos millones de años, prácticamente todo el precámbrico, estaba constituida solamente de seres unicelulares, y ello demuestra que la vida es perfectamente posible sin seres pluricelulares. ¿Por qué surgieron éstos?

Evidentemente hay una fuerza que atrapa a los seres vivos terrestres: la gravedad. Esta energía hace posible la vida en el planeta al imponer un orden, pero a la vez la pone en peligro, puesto que caso de no poder salir del planeta el Sol -en su agonía estelar- convertirá en ceniza, si no en gas, hasta el último gramo de materia terrestre. Cualquier sistema biológico que quiera la supervivencia de su estirpe está obligado a vencer la fuerza de la gravedad. Es innegable que los organismos vivos de la Tierra muestran una oposición a la muerte que se manifiesta en la supervivencia de estirpes.

Frente a las teorías que sitúan el origen de la vida en la misma Tierra, las teorías panespérmicas hablan del origen extraterrestre de la vida de nuestro planeta. Incluso Crick y Orgel establecen la posibilidad de que la vida haya sido sembrada por especies extraterrestres inteligentes. En este caso, ¿qué puede esperarse como cosecha de aquella siembra? Como dice Dickerson (1978) las teorías de la panespermia no se pueden probar ni rebatir. Karl R. Popper en su crítica al inductivismo llega a decir que las teorías no pueden ser probadas sino en todo caso rebatidas. Por tanto asociando estas palabras a las de Dickerson, las teorías panespérmicas representan una posibilidad muy seria de aproximarse a la realidad.

Admitiendo la unidad de todo el sistema biológico terrestre podemos pensar en la existencia de un "proyecto" común de supervivencia de la vida. ¿Es posible que realmente los organismos que existen en la Tierra formen un macroorganismo?, ¿es posible que estén produciéndose estrategias para vencer la fuerza de la gravedad?; ¿es posible vencerla?

¿Por qué la Vida Embarazada?

Mientras que la palabra Vida recoge a todos los seres vivos de la Tierra en uno solo, la palabra Embarazada se refiere a un comportamiento reproductor. La lógica consiste, en la mayoría de ocasiones, en acercar realidades lejanas a nuestras vivencias inmediatas; para ello utilizamos los modelos y representamos un átomo como un conjunto de bolitas, o el espacio-tiempo como una malla. Se me ocurrió que para comprender mejor a ese posible macroorganismo podía utilizar un modelo próximo pero que a la vez tuviera en común con él que ambos fueran seres vivos. ¿Qué más cercano a nuestro patrimonio biológico que la biología reproductora de la hembra humana? La vida (el macroorganismo) reproduciéndose y la hembra embarazada podrían presentar paralelismos conceptuales que se podrían amalgamar en la Vida Embarazada; de ahí el nombre. No obstante para ir de un nombre estéticamente adecuado a un corpus teórico sólido es necesario cruzar los terrenos pantanosos del conocimiento y la razón. Escuetamente, obligado por los límites del artículo, es mi intención establecer la posibilidad de que los mecanismos biológicos terrestres sean tal como los postulo en la Vida Embarazada.

Aproximaciones científicas a la globalidad

Podemos constatar a distintos niveles la existencia de tendencias en el Universo a sincronizar comportamientos. En febrero de 1.665, el físico Holandés Christian Huygens, inventor del reloj de péndulo, durante una reclusión en casa debida a una enfermedad, quedó mirando a dos relojes construidos por él que colgaban juntos de la pared. Le llamó la curiosidad ver que los dos péndulos oscilaban con perfecta sincronía. Probó más tarde a perturbarlos y al cabo de media hora habían vuelto a coger el paso. Observó también que cuando los separaba mayores distancias dentro de la habitación, tendían a retrasarse el uno del otro. Comportamientos de este tipo se pueden observar en los seres vivos en las rías de Malasia, Tailandia y Nueva Guinea, en los árboles de cuyas riberas se reúnen cada noche miles de luciérnagas macho con objeto de atraer a las hembras. Al principio de la reunión los machos destellan de manera desordenada, pero con el transcurso de la noche las luciérnagas empiezan a emitir luz al unísono. También los grillos cantan al unísono, y las ranas croan sincronizadas. No son extraños los mecanismos que tienden a coordinar los comportamientos individuales.

En el terreno de la psiquiatría, Jung -discípulo de Freud- profundizó en el análisis del subconsciente profundo y postuló el inconsciente colectivo. Según él la humanidad se comporta como una especie de organismo con unos modelos patrones de conciencia común. En el comportamiento individual del hombre intervienen los factores del inconsciente colectivo. Jung cita algunos ejemplos de modelos intelectivos que son comunes a diferentes culturas y que explica por la existencia de este inconsciente colectivo. Así por ejemplo, las aves volando se muestran como una realidad superior, no deja de ser curioso relacionar que trascienda el que unos seres vivos puedan volar; los árboles expresan totalidad, con sus raíces que parten de la Tierra son capaces de alejarse de ella más de lo que ninguna otra estructura biológica es capaz de hacer.

Todos los seres vivos encierran características comunes que nos hablan de su parentesco. Desde un punto de vista rigurosamente científico no podemos desconocer que dentro de todas las categorías sistemáticas existen estructuras perpetuadas como los genes que a través de millones de generaciones subsisten. Pensemos en el código genético. Desde nuestro origen común todos los seres vivos poseemos el mismo código que, además ha sobrevivido a las especies en las que ha estado contenido y a todos los individuos. La perpetuación del orden biológico a través de diferentes generaciones no es un capricho para la vida sino una necesidad, puesto que la desaparición del orden implica la desaparición inmediata de la vida. Ha sido analizada una enzima implicada en el metabolismo del azúcar, presente en toda la escala evolutiva: la triosa fosfato isomerasa. Podríamos decir que las bacterias y nosotros comenzamos a separarnos en el árbol evolutivo hace 1.400 millones de años; sin embargo esta enzima constituida por poco más de 200 aminoácidos, al ser analizada en el colibacilo y en el hombre, es idéntica a la nuestra en un 46,1%. Es decir, analizando la identidad y la posición de los aminoácidos, prácticamente encontramos una semejanza por cada diferencia, tanto en la molécula como en los genes que la determinan, a pesar de haber divergido durante 1400 millones de años. Al comparar la misma enzima del hombre con la del pollo, el grado de identidad es del 89,5%, y con el conejo del 98,3%.

En palabras de Pascal Acot (1990) la ciencia ecológica está muy impregnada de organicismo. No obstante, a pesar de ello es posible que se esté en lo cierto pues otras ciencias como la citología, la histología o la zoología están impregnadas de lo mismo y nadie duda de su acierto en lo referente a este aspecto.

Hacia los años 30 del siglo XX muchos ecólogos compartían las ideas organicistas del norteamericano F.E. Clements, en el sentido de considerar a las comunidades vivas como organismos vivos. V.E. Shelford, especialista norteamericano en biocenosis, comparó las comunidades vegetales con los organismos ameboides, estableciendo analogías entre la extensión de las manchas verdes y la dinámica de los pseudópodos protozoarios.

Los hermanos Odum en su Fundamentals of ecology consideran al ecosistema como un organismo vivo: "Los organismos vivos, los ecosistemas y toda la biosfera poseen la característica especial de ser capaces de crear y de mantener un estado de orden interior, o de baja entropía". Dicho de otro modo, el espacio intermedio entre los seres vivos de un ecosistema no aumenta lo suficiente de entropía como para decir que estamos fuera de un ser vivo.

Más tarde en los años 70 vuelve a aparecer dentro del discurso ecologista la idea de que la Tierra es un ser vivo, que Lovelock (1985) ha incluido en Gaia -que debiera pronunciarse Gea-, su teoría sobre la Tierra. Gaia sería un organismo vivo dotado de homeostasis constituido por todos los seres vivos de la Tierra que modificaría las condiciones ambientales de acuerdo con sus intereses.

La Vida Embarazada se manifiesta en esta misma dirección pero aporta claves reproductoras a las que Gaia no alude. La concepción de Lovelock transpira su formación como bioquímico y no da sensación de ir más allá. Se dedica a observar las huellas químicas que Gaia deja sobre la Tierra, del mismo modo que los cazadores analizan las pisadas y los excrementos de las presas. Sus argumentaciones son de un peso suficiente como para que los más escepticos admitan que los seres vivos influyen sobre el medio ambiente planetario que sería inexplicable sin la acción de éstos. La atmósfera terrestre tiene la composición que le han concedido los seres vivos. No obstante el concepto de Gaia como ser vivo parece actualmente más un concepto del campo filosófico-ecologista que de la ortodoxia científica.

Cuando comencé a concebir la Vida Embarazada sólo conocia la teoría de Lovelock de una manera superficial, mis aproximaciones al ser vivo global no eran las de un químico sino las de un biólogo que analizaba aspectos reproductivos. Las consideraciones químicas de Gaia fueron a posteriori un complemento para mi concepción, Lovelock me había ahorrado plantearme gran parte de la bioquímica y llámese Gaia, llámese Naturaleza, la Vida, la Bestia o el nombre que se le adjudique, él y yo hablamos del mismo ser, quizá yo no me atreva a decir que Gaia es todo el planeta y esté más de acuerdo con la concepción de su primer libro en la que se refería al conjunto de los seres vivos. A mi modo de ver, la bioquímica de Gaia pone en evidencia que está aquí, pero la Vida Embarazada manifiesta además lo que está pasando, explica más completamente el comportamiento del macroorganismo y por ende el de los seres que lo formamos.

Sistemas inferiores y sistemas superiores.

La teoría de sistemas refleja una óptica de los fenómenos universales que tiene muchas posibilidades de ser acertada, grados mayores de complicación implican la aparición de propiedades nuevas que las partes no poseían, pero también es cierto que se mantienen a nivel superior las propiedades de las partes. Así por ejemplo la asociación entre núcleos y electrones hizo aparecer los átomos y las moléculas; gracias a ellos surgió un mundo químico inexistente hasta entonces, los átomos y moléculas comenzaron a reaccionar entre ellos y plantaron los cimientos del metabolismo y reproducción sin los que los seres vivos nunca hubiéramos podido existir. Las moléculas orgánicas e inorgánicas fueron capaces de formar el sistema celular; gracias a él, y mediante un aislamiento selectivo, la vida comenzó a este lado de las membranas celulares. Las células comenzaron a asociarse en organismos pluricelulares, de tal modo que al reproducirse no solamente arrastraban los caracteres de cada célula por separado, sino también del sistema del que formaban parte. ¿Quién puede dudar de que el cuerpo humano forma un todo integrado?, ¿quién puede dudar de que al reproducirse el hombre no lo hacen también sus células? Consideremos las propiedades fundamentales de la vida, el metabolismo y la reproducción; estas propiedades han sido mantenidas a lo largo de toda la evolución biológica y en los seres unicelulares y en sus descendientes evolutivos pluricelulares se siguen manifestando. Si existiera un sistema vivo de categoría superior al nuestro -del que formáramos parte-, cierto que tendría metabolismo y reproducción. Todos los seres que conocemos tienen una tendencia a la supervivencia, una estrategia que consiste en generar formas similares a ellos mismos, manifestada también a lo largo de todos los niveles de complejidad; ¿por qué no va a tener dicha estrategia un sistema superior al nuestro del que formáramos parte? No obstante, cada nivel se ocupa de generar niveles de complejidad similares a él mismo, a pesar de partir utilizando niveles de complejidad más sencillos que el mismo. Así, cuando un organismo pluricelular animal se va a reproducir utiliza células aisladas, espermatozoides y óvulos. Estos gametos se ocupan de problemas referentes a su nivel de complejidad, como es contactar entre ellos y luego realizar las reacciones propias de la fecundación; sin embargo, el nivel de complejidad superior se ocupa de aproximar en lo debido unas células a las otras. Así por ejemplo los mamíferos terrestres, para evitar la deshidratación que el medio aéreo causa, introducen los espermatozoides en una cavidad especial de la hembra en la que la humedad los preserva de la deshidratación. El comportamiento de las partes es vital para el todo, pero el del todo influye en la parte de manera nada despreciable.

Selección natural y evolución.

La evolución es un proceso complicado y no aclarado. La Vida Embarazada aporta una nueva visión de la evolución, pero que en ningún caso niega la existencia de los mecanismos por los que abogan Darwin y Wallace o Gould y Eldredge. Darwin en su libro El Origen de las Especies explica el mecanismo de la evolución basándose en un parentesco entre todas las formas biológicas. Existiría una fuente de diversidad biológica que produciría cambios genéticos, posteriormente estas nuevas formas serían seleccionadas por la naturaleza mediante el proceso de la selección natural. Aquellos cambios responderían a un motor de azar que sería regulado por la viabilidad de cada proyecto vivo al intentar perpetuarse en el medio ambiente. Las variaciones serían para Darwin discretas y continuas, no se habrían dado grandes cambios de unas formas a otras y siempre existirían eslabones intermedios entre las diferentes especies. En la naturaleza serían las especies más fuertes aquellas que sobrevivieran, mientras que las especies que mostraran un determinado grado de debilidad frente a su entorno serían eliminadas por las especies más poderosas.

La selección natural ha servido para poner en evidencia un juego de estrategias y caracteres con una direccionalidad manifiesta. Sin embargo explica de manera incompleta estas estrategias y abre el camino a distintos intentos de describir la fenomenología evolutiva de manera más adecuada.

Darwin esperaba que entre dos especies emparentadas evolutivamente siempre se encontraran eslabones intermedios. Sin embargo el registro fósil demuestra en muchos casos que esto no es así. Gould y Eldredge postulan un modo de cambios genéticos adaptado a la observación del registro fósil, basado en paradas y saltos bruscos, contribuyendo a explicar la falta de eslabones intermedios. Para estos autores las especies pasan por períodos de estabilidad y equilibrio hasta que, repentinamente, dan un gran salto evolutivo y originan formas muy diferentes a la especie progenitora. Los momentos de cambios bruscos, según la teoría de los equilibrios puntuales de Gould y Eldredge, serían debidos a variaciones bruscas en el biotopo.

Ligados a esta teoría toman cuerpo dos conceptos debidos en origen a Simpson: microevolución y macroevolución. La microevolución se refiere a los cambios genéticos por los que es posible explicar la variabilidad en el interior de las especies, mientras que la macroevolución explicaría los cambios que producirían la especiación o aparición de las especies, así como también la aparición de grupos de categoría taxonómica superior, como las estirpes. Eldredge (1982) escribe : "Actualmente está viendo la luz una nueva concepción en cuya virtud la evolución actúa a más de un nivel fenomenológico. Según esta nueva concepción, los mecanismos que cambian la composición genética de las poblaciones no son los mismos que rigen la macroevolución. (...) En resumen, dejando aparte los detalles, las teorías modernas de la especiación admiten que la selección natural no crea las especies, en el sentido de que no interviene en la creación de dos comunidades reproductoras a partir de una. Las consecuencias de estas conclusiones son realmente de gran alcance, ya que ahora tenemos una teoría del cambio genético y una teoría del origen de las especies nuevas, ambas relacionadas, pero no idénticas; la primera trata de la modificación de las adaptaciones de las especies; la segunda, de la sucesión de las especies, sucesión que engendra los géneros, las familias, los órdenes... existentes en la actualidad o que hayan existido en el pasado".

Otras visiones.

Nuestros condicionamientos culturales no nos permiten ver en muchos casos la distorsión que introducimos en la interpretación de nuestras percepciones. Por ello es a veces interesante ver cómo se pueden captar las ideas darwinianas, que siendo de origen occidental, son las imperantes en el mundo en los aspectos evolutivos desde, por ejemplo, una cultura de base confucionista como es el caso del japonés Imanishi, un ejemplo de cómo un oriental puede percibir la evolución basándose en esquemas culturales propios, fundamentando la evolución sobre una base filosófica confucionista cimentada en la tradición japonesa y la visión armónica de la naturaleza.

Imanishi, profesor de la Universidad de Kyoto, nació en 1902, en los años 70 publicó Mi teoría de la evolución y Más allá de Darwin. En 1984, en un texto publicado en inglés, afirma que todos los individuos cambian al mismo tiempo cuando llega el momento de cambiar, que sin duda hay que comprender que la transformación de una especie no debe explicarse por una serie de accidentes sino más bien por el desarrollo espontáneo de algunas potencialidades inscritas en su patrimonio evolutivo. Para este autor hay maduración y no tanto el reordenamiento mecánico y aleatorio de algunos genes. El concepto de especie trasciende al de individuo; la especie para él es algo más que un conjunto de individuos que coinciden en sus características y cuyo cruce es viable. Aunque sus ideas son discutidas no está claro que Imanishi no tenga razón.

Imanishi carga contra el occidente cristiano. Según Imanishi, la teoría de la selección natural darwiniana en el fondo significa que la "élite" se afirma mediante la fuerza. Dios está al lado de los ganadores; y si esta manera de explicar la evolución de la naturaleza les gusta a los occidentales, quizá es porque concuerda con los esquemas cristianos.

Piotr Alexeievich Kropotkin (1842-1912) publicó en 1902 Mutual aid. A factor of evolution. El autor lamentaba que Darwin hubiera resaltado demasiado la lucha por la vida y no así la cooperación entre los seres vivos, como por ejemplo las abejas. De hecho un cuerpo humano posee del orden de 10 veces más bacterias que células propias descendientes por estirpe de la célula huevo resultado de la fecundación. El niño, que nace esterilizado, está programado para ser infectado por determinadas especies de bacterias ya que si lo fuera por otras sería perjudicial para él. Las bacterias del tubo digestivo del hombre y de animales como los rumiantes muestran una cooperación, una ayuda mutua, que en su mínima expresión resultan ocupar puestos en el organismo que impiden la ocupación por parte de otros microorganismos que pueden resultar patógenos, hasta llegar a realizar funciones esenciales para la vida del organismo infectado. Kropotkin escribe "A la larga la práctica de la solidaridad demuestra ser más ventajosa para la especie que el desarrollo de individuos dotados de instinto de pillaje". Según este autor la voz de alerta que nos da la naturaleza significa ¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua!

Un occidental ve claro que el león poderoso sobrevive gracias a que mata a la gacela. Sin embargo, sería necesario explicarle que el león vive gracias a la gacela y no gracias a su poder felino.

Las discusiones sobre el papel preponderante de la competencia o de la solidaridad parecen lejos de acabar; otros autores han puesto en evidencia el papel de la solidaridad al que han llegado a situar por encima de la lucha entre seres vivos. También la selección natural queda cuestionada desde posturas como el neutralismo en la que se demuestra que determinados caracteres pueden surgir sin la acción de ésta; incluso el papel del azar es modernamente cuestionado en los procesos naturales de especiación.

No obstante, existe la certeza de que la diversidad existe; de que la evolución ha producido la diversidad; de que con nuestros conocimientos actuales no hemos podido producir especies nuevas pero éstas han aparecido de forma natural y todo ello nos lleva a considerar la evidencia de que no conocemos lo que la naturaleza hace al realizar la especiación: ¡nuestra inteligencia desconoce tantas cosas que nuestros cuerpos hacen!

 

Algunos aspectos oscuros.

1.-/ Fred Hoyle y otros desarrollan unos cálculos probabilísticos con los que demuestran que por mero azar, no ya la vida, sino una sola enzima del tipo de las actuales es prácticamente imposible que hubiera surgido en un tiempo de tan solo varios miles de millones de años. Los cálculos son de este estilo: la probabilidad de que se hubiera formado una cadena proteica de 100 aminoácidos -formada a partir de 20 aminoácidos diferentes- como algunas de las existentes en la actualidad es de 1/(20^100). Aunque toda la Tierra hubiera estado cubierta desde sus albores de una capa de 1 m. de espesor de aminoácidos, combinándose al azar cada milésima de segundo, sería improbabilísimo que alguna vez hubiera surgido la enzima actual en cuestión.

Asumir el azar como motor de cambios implica la obligación de ser coherentes con una serie de características matemáticas propias de los fenómenos distribuidos al azar. Es contradictorio postular el azar como principio y luego volver la espalda cuando se demuestra que matemáticamente la probabilidad de generar una estructura molecular relativamente sencilla es prácticamente 0.

El azar, que existe, es un recurso fácilmente socorrible, pero a cambio se paga un precio. Es fácil ponerlo en cuestión a partir de cálculos probabilísticos, sobre todo cuanto más sencillo es el sistema a analizar. Hoyle de hecho no analiza la aparición de órganos biológicos complicados, sino de moléculas orgánicas "simples" a partir de una veintena de aminoácidos disponibles. Es un caso elemental que obliga, para mantener la hipótesis de que el azar es el único motor del cambio biológico, a huir hacia delante, complicando el escenario en el que éste se manifiesta, cuando no a ignorar las pruebas inconvenientes, tal como argumenta Lakatos.

2.-/ La aparición de nuevos tipos biológicos no es homogénea en el tiempo, tal como podría esperarse de un proceso azaroso. Desde el cámbrico, época que desde una perspectiva embriológica ya aparecieron los triblásticos, no ha vuelto a aparecer otro patrón embriológico distinto. Actualmente, igual que entonces solo hay diblásticos y triblásticos. No hay tetrablásticos ni pentablásticos ni otro modelo nuevo. ¿Por qué? La Vida Embarazada dice que los triblásticos ya pueden producir apéndices articulados con los que aplicar fuerzas para construir artefactos tecnológicos, con lo cual ya no es necesario otro tipo embrionario diferente.

3.-/ La evolución darwiniana nos dice que los organismos evolucionan para sobrevivir, que el que no evoluciona se extingue. La evolución implica, por un lado, una direccionalidad innegable hacia la adquisición de un mayor grado de complejidad y por otro, la extinción de las especies no evolucionadas. Pero la realidad es contradictoria. En un ser humano, por ejemplo, hay 10 veces más bacterias que células eucariotas descendientes de la célula huevo. ¿Por qué no se han extinguido las bacterias? La Vida Embarazada responde que la evolución es la imagen que nos llega a nosotros del proceso reproductor del macroorganismo. Los seres unicelulares son los que tendrían posibilidades reales de sobrevivir en otros planetas por sus mayores potencialidades adaptativas. Los pluricelulares, que solo podrían sobrevivir en condiciones similares a las de la Tierra actual, cumplen el papel de cooperar y competir entre ellos con objeto de que surja una especie tecnológica que permita fabricar un ingenio con el que mandar embriones bacterianos a otros lugares extraterrestres en los que germinarían, vivirían durante millones de años, y posteriormente comenzarían a generar la estirpe de seres pluricelulares que podrían fabricar las estructuras necesarias para reproducir el sistema.

4.-/ Otra contradicción aparente es que postular el azar como base de un proceso ordenado no parece coherente. ¿Cómo los organismos pueden hacerse cada vez más complejos bajo la influencia del azar? ¿Cómo ignorar que los genes no son independientes, sino que están coordinados? De hecho se ha comprobado la existencia de genes reguladores, cuya función es coordinar la acción de otros genes, a veces miles de ellos. Los genes controladores se han puesto en evidencia mediante mutaciones llamadas homeóticas por cuya acción ha sido posible conseguir en moscas de la fruta que una antena se transforme en una pata, por ejemplo. Uno de estos genes reguladores es capaz de transformar un huevo desordenado en un cuerpo ordenado de insecto. Los genes reguladores evitan el caos en la expresión del mensaje genético. La existencia de estos genes no facilita la comprensión del papel del azar.

5.-/ Por otro lado Sthephen Jay Gould, en su análisis de los fósiles contenidos en los esquistos de Burgess (Columbia británica) pertenecientes al cámbrico, plantea que poco después de la explosión cámbrica los grandes filums que existen hoy en día ya existían, además de otros extinguidos. La evolución truncaría por azar unos filums mientras que otros no. ¿Pero es que cuando actúa el azar no sirve la adaptación? Esto iría en contra de explicar la adaptación como garante de la evolución y de la diversidad; según este autor una componente de azar mantendría un papel muy activo en la extinción que afectaría a unos filums del mismo modo que podría haber afectado a otros. Gould avisa sobre el "peligro" que supone la tendencia del hombre a encontrar un sentido de la evolución; sin embargo a pesar de la opinión de Gould, es innegable la existencia de determinadas tendencias evolutivas, tal como opina Armand de Ricqlés (1992).

En la Vida Embarazada se admite la existencia de tendencias. De este modo el azar influiría en el proceso pero actuaría como un factor que permitiría la manifestación de tendencias. En un partido de fútbol existe un componente de azar. El azar está presente en el partido, sin embargo existen una serie de factores que se ponen de manifiesto. Por ejemplo, el factor campo: cualquier equipo suele ganar más partidos en casa que fuera. También existen una serie de reglas que son respetadas, tales como la duración del partido y un reglamento de juego. Además globalmente casi siempre ganan los equipos más fuertes y con más presupuesto. Evidentemente la existencia del azar no elimina las tendencias. La presencia del azar en un sistema no excluye ni elimina la direccionalidad, ni la finalidad ni otras propiedades que puedan ser características de un sistema y que por tal razón están ahí.

6.-/ Otra cuestión interesante es el hecho aportado por la genética de que las mutaciones preceden a los cambios del medio. Con los experimentos genéticos en drosofilas y en bacterias ha podido comprobarse que los cambios genéticos son previos a los cambios ambientales. De este modo sería como si nos encontráramos en una carrera atlética en la que los atletas comenzaran a correr antes de que disparara el juez. Este tipo de comportamiento, si para algo es eficaz es para huir. Si el Sol incrementa su temperatura hasta impedir la vida en la Tierra, más vale que nos pille lejos, y para eso el proceso de escape cuanto más pronto empiece mejor.

7.-/ Otra cuestión abierta a mejores explicaciones es la aportación de O2 a la atmósfera. La vida hubiera seguido existiendo en la Tierra sin O2 libre. De hecho tenemos organismos anaerobios y fermentadores que podrían seguir existiendo a pesar de que no existieran los aerobios. Desde que apareció la vida en la Tierra, presumiblemente en un ambiente con acusada carencia de oxígeno, se ha producido un desequilibrio en la actividad metabólica de las formas vivas, de tal modo que la atmósfera ha ido aumentando progresivamente su concentración de oxígeno. Este ambiente cada vez más rico en dicho gas se ha correlacionado con la cada vez mayor complejidad de las estructuras biológicas que iban surgiendo progresivamente gracias a la evolución. De tal modo las primeras medusas surgirían cuando la concentración de oxígeno llegó al 1,5%, y el cerebro humano cuando llegó al porcentaje actual del 21%. Este argumento establece un paralelismo entre la evolución y la energía a disposición de las especies que la evolución va generando. En esta línea podríamos fijarnos en otra clave igual de interesante. Evidentemente la vida podría existir en un ambiente anaerobio incluso (como ya se ha dicho) para sobrevivir en un ambiente aerobio dada la extraordinaria agresividad de un gas corrosivo como es el oxígeno, las células deben protegerse químicamente a base de diversas enzimas como la catalasa y la peroxidasa etc. El oxígeno es esencialmente un destructor de enlaces químicos preexistentes; con cada enlace destruido una cantidad de energía queda liberada. El fuego es una oxidación brusca y ningún combustible puede arder sin oxígeno. Para obtener energía abundante con la que no sólo vivir sino poder vencer a otra fuente de energía, como es la masa terrestre productora de la fuerza gravitatoria que atrapa a la vida en la Tierra, es necesario un rompedor violento de enlaces químicos, que se encuentre abundante y fácilmente al alcance de cualquier especie, que pueda utilizarlo en una tecnología adecuada para solucionar el problema de la supervivencia del sistema superior. El oxígeno puede haber sido vertido a la atmósfera, además de para permitir la generación de especies tecnológicas, también para favorecer el uso de la tecnología. ¿Podría escaparse la vida de la atmósfera terrestre sin oxígeno libre y abundante? Probablemente no.

Mecanicismo y adaptación...

La adaptación es esencialmente el mecanismo básico que explica la evolución desde una perspectiva mecanicista mostrándose como un recurso relativamente sencillo para explicar pequeños pasos. Lewontin (1978) lo da a entender así y expresa que es esa una razón del por qué la explicación adaptacionista de la evolución no es abandonada. Por otro lado entiendo de sus palabras que al parecer es la única vía por donde el mecanicismo podría llegar a dar una explicación a la evolución. Abandonarla cerraría el camino mecanicista en este campo científico. En palabras suyas: "En cierto sentido, pues, el biólogo está forzado al programa adaptacionista estricto, porque las alternativas, aunque indudablemente operativas en muchas ocasiones, no pueden comprobarse en casos concretos".

Una de las alternativas aludidas por este autor se refiere a las cuestiones alométricas. La alometría asume que las partes medibles de un organismo -el esqueleto por ejemplo- forman un continuum que interrelaciona entre sí. De este modo la variación de las dimensiones en una sección conlleva el cambio de las dimensiones en otra, a modo de una malla elástica, cuya deformación en la parte donde se aplica la fuerza implica otra deformación en el resto de la malla. Así podríamos explicar la reducción de las patas anteriores del tiranosauro a causa del desarrollo extraordinario de las patas posteriores. Este modelo alométrico constituye un paso dado desde el mecanicismo riguroso, hacia un cierto holismo en el que más allá de las partes del esqueleto se considera el papel importante de las interrelaciones entre ellas. A nivel genético la alometría implica una coordinación de muchos genes y niega la independencia absoluta de éstos.

El mismo autor en compañía de Gould escribe: "Con demasiada frecuencia nos ha conducido el programa adaptacionista a una biología evolutiva basada en las partes de los organismos y en sus genes, pero que no tiene en cuenta a los organismos en sí mismos". Ambos autores no postulan la existencia de un macroorganismo, tal como aquí hago, sino que se refieren a organismos de igual categoría estructural a nuestra especie. No obstante, en mi opinión, el considerar los seres vivos como un todo integrado en un sistema superior orgánico puede contribuir a resolver problemas biológicos que de otro modo son poco menos que inabordables. ¿Por qué no asumir la posible existencia de un organismo de este tipo? Plantear el análisis a este nivel es como mínimo un ejercicio irrenunciable cuyos resultados pueden contribuir al menos a establecer unas perspectivas diferentes a un problema tradicional. Quizás la dificultad esencial a vencer no sea ya si los seres vivos integran un macroorganismo, sino más bien la preexistencia de un problema de mentalismo en el hombre para asumir ese ser de categoría estructural superior. Turing (1974) tropezó con un problema similar a la hora de convencer sobre la posibilidad de que las máquinas pudieran llegar a ser inteligentes e intentó vencerlo escribiendo su obra ¿Puede pensar una máquina? La cuestión estriba en que caso de existir el sistema superior las cosas seguirían siendo tal como se nos están presentando. No se trata de cambiar los datos, sino de plantear otra manera de comprenderlos.

Mitosis y adaptación, meiosis y evolución, dos paralelismos posibles...

En el organismo humano la vida continúa en su interior por un mecanismo reproductivo que es la mitosis, un sistema organizado de reproducción por la que una célula que contenga un número dado de cromosomas origina dos células hijas del mismo número de cromosomas. Se suele decir que en el plazo de unos años, un cuerpo humano queda constituido por un conjunto de células totalmente distinto, exceptuando las neuronas cerebrales, un subconjunto de las cuales sigue sobreviviendo durante toda la vida.

Sin embargo, nunca será posible reproducir el sistema biológico humano, si no interviene otro proceso de división celular, al que llamamos meiosis, y que consiste en reducir el número dado de cromosomas de las células abuelas, a la mitad en las células nietas. De este modo, surgirán los gametos, que mediante su acción podrán hacer aparecer nuevos organismos humanos.

La mitosis podría ser el equivalente, en el posible macroorganismo o sistema superior, a la adaptación. La vida se mantiene de esta manera sobre el ecosistema en condiciones muy similares aunque algo diferentes, variando de manera adecuada a los cambios del medio. Sin embargo a la hora de producirse pasos esenciales en cuanto a la reproducción del sistema interviene otro proceso diferente, no ya una adaptación, sino una evolución. De este modo la evolución no sería un sumatorio de adaptaciones, sino un proceso diferente, cuyos cambios procurarían la madurez del sistema y por tanto su reproducción.

Metabolismo y reproducción, propiedades universales de la vida.

La vida posee dos propiedades fundamentales: metabolismo y reproducción. El metabolismo consiste en una especie de autogestión de la materia capaz de generarse a sí misma manteniendo un orden irrenunciable a partir de la gestión de la energía que llega al lugar donde existe la vida. Pero la materia orgánica, parte esencial de la vida, es inestable y parece comunicar esta "debilidad" constitucional a los sistemas en los que se integra. Como respuesta surge la reproducción, mediante la cual se generan nuevas réplicas muy parecidas a las preexistentes y que pueden extender la vida en general en el tiempo, aunque no la vida en particular.

Los seres vivos nacen dotados de la necesidad natural de reproducirse. La naturaleza les proporciona órganos dedicados a esta función además de comportamientos específicos para conseguir los fines reproductivos. Desde que el mundo es mundo, la vida ha sobrevivido porque la reproducción no ha desaparecido. Incluso en algunos organismos carentes de movimiento autónomo, la única fase vital en la que disponen de cierta independencia del espacio habitado por el precursor es la reproductiva. Así los árboles se sitúan fijos sobre el suelo, pero la invasión de nuevos territorios en los que se extienda la especie solamente se producirá en el estado de semilla, como los cocoteros cuando sueltan los cocos en el mar con objeto de que puedan llegar a otras islas.

La reproducción en la hembra humana...

En la mujer, como en todas las hembras de mamífero, existen dos órganos sexuales a los que hemos dado el nombre de ovarios. En estos órganos sexuales surgen células, llamadas ovocitos, que son capaces en algunos casos de originar un nuevo ser vivo de la misma categoría que la hembra humana. Al proceso de generación de ovocitos lo llamamos ovogénesis.

A partir de unas células denominadas ovogonias se producen otras llamadas ovocitos de primer orden que llegan a sumar un total de 6 a 7 millones. En el momento del nacimiento de la hembra, en el parto, los ovocitos de primer orden han quedado reducidos, no sabemos según qué criterio, a unos 300.000, produciéndose la muerte del resto. Nunca más durante toda la vida de la hembra se generará un solo ovocito nuevo. Durante una serie de años hasta que se alcanza la pubertad el proceso queda interrumpido. A partir de la pubertad, alguno de los ovocitos de primer orden se transforma en lo que hemos denominado ovocito de segundo orden, que surgirá en cada ovulación en número de uno (normalmente), en dirección hacia el útero, atravesando previamente las trompas de Falopio. Son estos ovocitos los que en algún caso pueden iniciar el desarrollo embrionario que conducirá al nacimiento mediante el parto. Al final del periodo fértil de la mujer, de los 6-7 millones de ovocitos de primer orden originales sólo llegaran a ovocitos de segundo orden unos 300, de los cuales unos pocos se transformarán tras la fecundación en óvulos y podrán dar origen a nuevos individuos.

El proceso está regido internamente por hormonas que producen no solo la ovulación, sino que cuando el ovocito no es viable causan una eliminación tanto de éste como de las estructuras que le rodean y que surgieron para permitir la viabilidad del siguiente paso en el desarrollo del individuo: el embrionario. Este proceso, llamado menstruación, es cíclico, se rige por meses lunares y solamente se interrumpe caso de pasar al desarrollo embrionario tras la fecundación.

La reproducción en el sistema superior

Por métodos de datación radioactiva hemos podido establecer que la Tierra y el sistema solar tienen una edad aproximada de 4.600 millones de años. Los fósiles con caparazón comienzan a aparecer hace unos 570 millones de años. Esta fecha la hemos tomado como principios de la era primaria o paleozoica. Su primer periodo es el cámbrico y esta edad supone también su límite inferior. El precámbrico se sitúa ocupando todo el periodo anterior. Hacia el final del precámbrico y durante un escaso 4% de la duración total de éste es posible encontrar fósiles de animales pluricelulares desprovistos de caparazón que pertenecerían al mismo grupo que las medusas. Hoy sabemos que los primeros seres vivos que habitaron la Tierra aparecieron en el periodo en el que la Tierra tenía entre 800 y 1.400 millones de años; dicho de otro modo, entre hace 3.800 millones de años y 3.200 millones. Por su aspecto parecen microfósiles del tipo procariota, células más pequeñas, dotadas de un solo cromosoma, sin núcleo aparente y mucho más sencillas que el tipo de células que componen nuestros tejidos a las que hemos llamado eucariotas. Aproximadamente hace 1.400 millones de años aparecieron las primeras células eucariotas que por evolución originaron los primeros seres pluricelulares 400 millones de años después.

Haciendo números el periodo en el que la vida estuvo constituida solamente por células aisladas es muy superior al tiempo en que éstas han convivido con organismos pluricelulares, duplicándolo si no triplicándolo. La Tierra fue durante 2.000 largos millones de años un mundo de microbios.

Consideramos que al principio del cámbrico es el momento en el que se produce el llamado big bang cámbrico, en el que súbitamente surgen -prácticamente al unísono- todos las modernas estirpes animales (patrones vivos) que posteriormente completarán el desarrollo evolutivo dando origen a tipos posteriores de organismos pluricelulares.

Parece estar claro que la evolución no se realiza homogéneamente a lo largo del tiempo. Es evidente que la explosión cámbrica no tiene parangón en otro periodo de la vida de la Tierra. Tampoco, por ejemplo, los mamíferos siguieron una evolución homogénea a partir de los primeros ejemplares surgidos y parece ser ésta una pauta general en muchos grupos. Las extinciones tampoco son regulares en el tiempo. Parece que, refiriéndonos a las extinciones masivas, siguieran ciclos cada 26-30 millones de años, si bien otras pequeñas extinciones no se ajustan a estos ciclos. En las sucesivas eras estirpes completas han dominado y luego se han extinguido. No sabemos bien por qué, trilobites, ammonites, nummulites, dinosaurios -tras periodos de éxito- han desaparecido.

No existe un desorden total ni en la aparición de los grupos biológicos, ni tampoco en la desaparición, lo que obliga a aceptar que hay un orden en tanto el desorden no es total. Por tanto es posible concebir que exista una planificación orgánica que impulse a la comunidad viva a cumplir con determinados ciclos biológicos. Por otro lado la única gran extinción de la que somos testigos directos, que se está produciendo actualmente como resultado de nuestra actividad como especie biológica, es plenamente constatable que no obedece a ninguna razón ajena a la comunidad orgánica terrestre.

A mi modo de ver que la vida llegara a otros lugares fuera de la Tierra es totalmente improbable si los únicos seres vivos fuesen microbios. Quizás la vida comenzó un largo periodo de maduración en la Tierra en fase de seres unicelulares, para posteriormente abordar un periodo programado orgánicamente con objeto de conseguir reproducirse. Los únicos seres vivos que podrían construir grandes estructuras para vencer la fuerza de gravedad serían los pluricelulares, y además deberían estar dotados de partes duras con el objeto de aplicar mejor las fuerzas y componer mecánicas sólidas. Con el cámbrico y su big bang súbita y simultáneamente aparecen estos tipos biológicos necesarios.

Además, periódicamente el sistema biológico se agita, se producen grandes extinciones eliminando especies y llevando a la desaparición de los grupos predominantes en épocas anteriores. A su vez grupos biológicos encuentran huecos en el ecosistema gracias a la extinción de otros y comienzan un desarrollo que quizás lleve a la reproducción del sistema, o quizás no.

Similitudes entre la reproducción de la mujer y del sistema superior...

Estos hechos guardan una cierta similitud con la sexualidad femenina. Los ovocitos de primer orden surgen todos a la vez, como en el big bang cámbrico; más tarde se transforman en ovocitos de segundo orden siendo los principales protagonistas del ciclo sexual en la ovulación, equivaldría al caso del predominio del grupo biológico en la era correspondiente, como los dinosaurios en la era secundaria o el hombre en la cuaternaria. De no cumplir con los objetivos del organismo, es decir, caso de que en un plazo determinado el ovocito no emprenda el camino que llevará a reproducirse a la hembra, será eliminado junto con todas las estructuras anejas en la menstruación. Quizás la traducción a la naturaleza es: en caso de que el grupo dominante no sea capaz de llevar la vida a otro planeta será extinguido dejando paso a otro ciclo reproductor en busca de una posible especie tecnológica que sea capaz de vencer la fuerza de la gravedad.

Cuando aparezca una especie tecnológica en alguno de los ciclos, que se encuentre en proceso de llevar la semilla del sistema a otros lugares fuera de este planeta condenado a muerte, la vida estará embarazada. No obstante no todos los embarazos llegan a buen término, ni todas las mujeres consiguen reproducirse.

El gráfico siguiente intenta comparar los procesos reproductivos del sistema superior y de la hembra humana. Como ya queda dicho, en ningún momento se pretende con la teoría sugerir la identidad de la hembra humana y del sistema superior, sino resaltar algunas similitudes que puedan permitirnos acercarnos a la naturaleza del segundo. En el gráfico se intenta explicar la vida, tanto de la mujer como del sistema superior, representada por una linea de trazo más grueso, sobre dos dimensiones que son variables de cambio, una de ellas en el eje x representa el cambio mitótico en la hembra, que continuamente reproduce sus células para que siga existiendo la vida y que por tanto es equiparable al cambio adaptativo existente en el interior del sistema superior. Desde esta perspectiva el cambio adaptativo sería una adecuación de los organismos para sobrevivir en el medio. En el eje y se representa el cambio meiótico, necesario para que además del propio cuerpo de la hembra pueda haber vida en otros cuerpos mediante la producción de óvulos. Sería equivalente en el sistema superior al cambio evolutivo, sin el cual podría haber vida durante un cierto tiempo en el interior del sistema, pero nunca se generarían otros sistemas similares. En el gráfico se representan las pautas resaltadas en estos últimos párrafos.

ESQUEMA DE LA COMPARACIÓN ENTRE LA REPRODUCCIÓN FEMENINA Y LA DEL MACROORGANISMO.

 

Basándonos en la TGS podemos comparar la aparición de determinados taxones a lo largo de la evolución y la aparición de estructuras reproductoras a lo largo de la reproducción de la mujer. Tomamos dos variables que son Orden y Edad. La variable Orden se refiere al orden relativo de aparición de la estructura; la edad se refiere a la edad absoluta a la que aparece una estructura. La tabla 1 contiene ambas variables para los seres vivos y la tabla 2 para la mujer.


Tabla 1. Aparición de taxones durante la evolución-reproevolución

Acontecimiento-Aparición
Orden
Edad
Procariotas
1
0
Eucariotas
2
2.200
Pluricelulares
3
2.800
Celomados
4
3.100
Explosión Cámbrica
5
3.230
Peces
6
3.325
Anfibios
7
3.450
Reptiles
8
3.500
Mamíferos
9
3.600
Prosimios
10
3.750
Monos
11
3.760
Póngidos
12
3.770
Australopitecidos
13
3.795,50
Homo erectus
14
3.798,20
Homo sapiens neanderthal
15
3.799,80
Homo sapiens sapiens
16
3.799,95
Valores estadísticos R = -0,998 Nc > 99%

Edad = millones de años respecto a la primera aparición de seres vivos; Orden = orden relativo de aparición; R = coeficiente de correlación para la recta de regresión entre Edad y 1/Orden; Nc = Nivel de confianza para la relación.

Tabla 2. Aparición de acontecimientos reproductores durante la reproducción de la mujer

Acontecimiento-Aparición
Orden
Edad
Ovocitos de 1er orden
1
0,75
Menarquía
2
12,75
Embarazo
3
15,75
Parto
4
16,5
Valores estadísticos
R = -0,995
Nc > 99%

Edad = años respecto a la fecundación; Orden = orden relativo de aparición; R = coeficiente de correlación para la recta de regresión entre Edad y 1/Orden; Nc = Nivel de confianza para la relación.

Los datos utilizados referentes al primer parto corresponden a mujeres de poblaciones deprimidas de Sudamérica. En otros países del mundo como Colombia, es costumbre que la mujer tenga su primer hijo siendo una adolescente, especialmente en aquellos segmentos de la población deprimidos social, económica y culturalmente (Reina y col. 2000). Hemos extraído datos para nuestro cálculos del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografía y estadística) <http://www.ibge.gov.br/espanhol/presidencia/noticias/noticia_impressao.php?id_noticia=357> [Última acceso noviembre 2005].

El gráfico 1, para los seres vivos, y el gráfico 2, para la mujer, representan la relación entre las variables Orden y Edad.

Gráfico 1

 

Gráfico 2

 

 

El gráfico 3, para los seres vivos y, el gráfico 4 para la mujer, representan los ajustes a la recta de regresión Y = a + bX en el que Y =1 / Orden y X = Edad.

Gráfico 3

 

 

Gráfico 4

 

Los gráficos 1 y 2 muestran el mismo tipo de curva que responde al modelo de un sistema que funciona con realimentación positiva. De este modo la aparición de un acontecimiento precipita-acelera la aparición del siguiente. Por otro lado, el intenso ajuste a la recta de regresión (gráficos 3 y 4) indicado por el valor del coeficiente de correlación -R- y el nivel de confianza sobre la existencia de la relación -Nc- (véanse las tablas 1 y 2) demuestran también que la relación de ambas variables (orden de aparición y edad) no se debe al azar sino que la relación muestra la existencia de una causalidad en ambos procesos, tanto en la evolución como en la reproducción.

El darwinismo asume el azar como motor de la evolución; mientras que esta idea de Darwin no se supere podríamos admitir que en la evolución sucede lo mismo que en otros procesos en los que el azar, que existe a un nivel inferior, no explica el fenómeno a un nivel superior. Ejemplos al respecto se dan a lo largo de esta obra, sirva ahora el caso del agua que es impulsada a través de una tubería. El recorrido exacto de cada molécula, bajo las turbulencias que se desatan, sería azaroso; pero asumiendo la masa total de agua sabemos que ésta va a entrar por un lado y a salir por el otro.

Por tanto, el azar no es que no exista, sino que puede no ser pertinente para explicar la Reproevolución y, por tal razón, no se "retrata" en el modelo.

Sin poder negar la existencia de causalidad que nos detecta el ajuste a la regresión, es posible alegar que ambas curvas describen fenómenos diferentes; en el caso de la evolución la dificultad en el salto evolutivo marcaría la posición de los taxones; por consiguiente, la mayor separación entre procariotas y eucariotas respondería a que este salto sería el más difícil de dar, mientras que el paso de reptil a mamífero sería más fácil y se daría en menos tiempo.

Por otro lado, el caso de la reproducción de la mujer respondería a un proceso madurativo regulado por sustancias producidas por el propio organismo: las hormonas. En este caso la dificultad como factor explicativo no sería pertinente, a pesar de que no se daría la misma dificultad para transformar un ovocito en óvulo que un óvulo en un recién nacido.

Pero también es posible observar la evolución como reproevolución; es decir, como un proceso madurativo regulado por una o más sustancias producidas por el macroorganismo que habita la Tierra. Un serio candidato a este tipo de sustancias es el oxígeno que es producido por los seres vivos que han ido enriqueciendo progresivamente la atmósfera de este gas. Es admitido que el incremento de su concentración obligó a los procariotas a asociarse en eucariotas para protegerse de la agresividad de un gas por sí sólo tóxico y letal y que, además, se presenta una correlación entre el enriquecimiento de O2 y la complejidad de los seres vivos a lo largo del tiempo. Los celentéreos surgieron con el 1,5% de O2, los reptiles dominaron el mundo con el 10% y los mamíferos a partir del 17 hasta el 21% actual. En ausencia de mayores cantidades de O2 los reptiles no pudieron desarrollar cerebros tan complicados como los de los mamíferos que sí dispusieron de las concentraciones necesarias. De tal modo podríamos considerar a la reproevolución como un proceso similar a la reproducción: madurativo y regulado por sustancias químicas. Argumentando a la inversa: jamás el hombre como especie tecnológica hubiera podido surgir en la edad de los reptiles ni desarrollar la tecnología para la que necesita abundancia de oxígeno para liberar grandes cantidades de energía; recordemos que el fuego es una oxidación brusca.

 

En la fase en la que la especie tecnológica comenzara a generar estructuras tecnológicas y a utilizar grandes cantidades de energía, el sistema superior estaría sometido a procesos agresivos contra sí mismo; del mismo modo que lo está una mujer embarazada. La contaminación se incrementaría, al igual que la velocidad de extinción de las especies.

Las extinciones habidas en el pasado probablemente serían de naturaleza menstrual, en el sentido de que respondían al fracaso del ciclo reproductor anterior y constituían el principio de un nuevo intento de reproducción. Aunque dichas extinciones se puedan asociar en algunos casos, y no en todos, a causas exteriores como los archialudidos impactos de meteoritos, no es demostrable en ningún caso que dichos impactos puedan ser causa suficiente y necesaria. En un organismo biológico las menstruaciones pueden ser influidas por causas externas -nervios, estrés, enfermedades- pero responden esencialmente a mecanismos hormonales internos. Quizá nos haga reflexionar que basándonos en las probabilidades matemático-astronómicas, debería caer un meteorito en nuestra época actual que se supone produciría una extinción masiva, pero sin dicha caida la extinción ya se está produciendo.

Sin embargo a mi modo de ver las extinciones anteriores responderían a mecánicas "menstruales", mientras que la nuestra actual parece la del "embarazo-parto" de la especie tecnológica. ¿pudo haber anteriormente otro parto de una especie tecnológica? no lo sé, ¿habrá otro parto en el futuro? pues lo único que puedo decir es que creo que este organismo conseguirá reproducirse ahora o en el futuro.

La vida terrestre estaría manifestando una evolución espacial en su hábitat, surgiendo en las aguas donde no pueden ver el cielo ni las estrellas, colonizando los continentes, en los cuales pueden mirar hacia arriba y ver el Universo, volando y más adelante saliendo al espacio interplanetario, quizás para colonizar otro planeta.

¿Por qué han colonizado los continentes? ¿Por qué se alcanzó el estado pluricelular?, la vida hubiera seguido ahí a pesar de no colonizarlos o de continuar siendo unicelulares todos los seres vivos . Si respondemos que fue por alguna causa esa misma causa puede empujar a la vida, no solamente a colonizar continentes sino también otros planetas.

Ante nosotros el comportamiento del sistema mostraría un componente de azar, que en ningún caso impediría la manifestación de una direccionalidad -el progresivo y mayor grado de complejidad-, un sentido -la supervivencia del sistema- y un fin -encontrar otro lugar donde seguir viviendo-.

Probablemente la duplicación del macroorganismo se realizará a través de bacterias, contenidas en astronautas, naves o sondas, que comenzarán una evolución que conllevará una transformación del medio colonizado.

Dentro del sistema habría un finalismo, una tendencia a un fin, del mismo modo que un organismo crece hasta alcanzar el estado adulto que por definición es el estado en el que puede reproducirse. El fin del organismo es vivir y reproducirse, el del sistema superior sería el mismo. Sin embargo la existencia del fin no implica que el sistema se conduzca con un orden férreo, sino que en la base del funcionamiento se produciría un desorden, una cierta indeterminación, cuya resultante fuera el orden y la vida del sistema superior.

Si en el interior del macroorganismo existieran tendencias, no sería difícil que éstas se manifestaran al modificar las condiciones del sistema, del mismo modo que cuando estuviéramos delante de un grupo de individuos proclives a la violencia sería sencillo provocarlos sucesivamente hasta que exteriorizaran los actos de agresividad.

Desde una perspectiva energética, y según mi idea, la vida terrestre para perpetuarse tiene que vencer la fuerza de la gravedad, ésta impide a la vida la salida de la Tierra y la condena a extinguirse ligada al destino del planeta. Gestionar la energía (por cierto, una cualidad metabólica) para conseguir vencer la energía gravitatoria y oponerse a la muerte total del sistema biológico enviando semillas vivas a otras zonas del Universo, sería, inconscientemente o conscientemente, una tarea irrenunciable de la comunidad biológica. De este modo la teoría de la Vida Embarazada conectaría con la teoría de la panespermia dirigida tal como Crick y Orgel la conciben en el sentido de que formas inteligentes (e implícitamente tecnológicas) pueden sembrar la vida en otros planetas uno de los cuales sería la Tierra.

Si aceptamos la evolución biológica como un proceso tendente a la reproducción del sistema que constituye el macroorganismo terrestre, entonces la evolución es de naturaleza reproductora y sugiero acuñar el termino REPROEVOLUCIÓN al que supongo:

1.- un proceso explosivo para buscar nuevos habitats que ocupar con organismos dotados de mayores grados de complejidad.

2.- Agitado por extinciones masivas que evitan que todos los habitats y nichos sean ocupados definitivamente por especies y excluyan la aparición de especies tecnológicas.

3.- Sometido a estrategias de cooperación y competitividad que impulsen a las especies susceptibles de generar alguna tecnología a desarrollarla y salir al espacio exterior.

4.- Un proceso que en su última fase es autoagresivo y en el que se derrocha la energía, en el que el medio ambiente sufre, en el que se produce una extinción masiva supeditada a la reproducción del sistema.

De este modo, la especie tecnológica sin saber bien lo que hace, sin explicar el mundo, embebida en una soberbia primitiva por la que se supone superior en el Universo, hace lo que el macoorganismo necesita. Sólo sabe hacer una cosa bien, traza rutas desde un origen a un destino y ello implica viajar...

 

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