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Un silenciador es un elemento generalmente
pasivo, conectado a una fuente de ruido, cuyo cometido es
atenuar dicho ruido hasta niveles aceptables. La respuesta acústica
de los silenciadores depende de los fenómenos que producen la
atenuación sonora. Podemos agrupar estos efectos en fenómenos
de tipo reactivo, disipativo y de resonancia atendiendo a cuál
es el principio que origina la atenuación:
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Esquema e
imagen de silenciadores de cámara de expansión simple
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Fenómenos
reactivos: parte de la energía incidente retorna a la fuente
debido a los fenómenos de reflexión que se producen como
consecuencia de los cambios de sección y las particularidades
geométricas. Un ejemplo típico es una cámara de expansión
simple, formada por un tubo de entrada, un cámara de expansión
central, y un tubo de salida. La energía
disipada en este caso es muy pequeña.
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Esquema y
prototipo fabricado (por cortesía de la CMT) de silenciador con tubo perforado
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Fenómenos
disipativos o resistivos: éstos son producidos mediante la
utilización de materiales absorbentes (en forma de fibra,
generalmente) de gran superficie
específica. También pueden
conseguirse características disipativas (aunque en menor
grado) mediante la introducción de placas y tubos perforados
que favorecen la disipación de energía durante la propagación
de la onda acústica.
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Esquema y
prototipo fabricado de silenciador con tubos extendidos
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Fenómenos
de resonancia (resonadores): su funcionamiento se basa en la
presencia de zonas geométricas
donde el fluido puede entrar
en resonancia, absorbiendo gran parte de la energía e
impidiendo que ésta se propague. Estos silenciadores
presentan frecuencias propias donde la atenuación es elevada,
aunque para frecuencias de excitación distintas a las propias
este mecanismo no funciona y se debe recurrir a los
anteriores. Un ejemplo claro son los silenciadores con tubos
extendidos, en los que los conductos de entrada y salida
penetran parcialmente en el interior de la cámara central.
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