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El Ultraísmo y Adriano del Valle


I


Todo empezó hacia el año 1912 con el “cubismo”. Los artistas habían agotado ya la últimas consecuencias del impresionismo. En distintos países de Europa se intentaba encontrar un estilo nuevo para el nuevo siglo. Lo fantástico de Liebermann, en Alemania; el futurismo italiano de Carrá, el “nabismo” y el “fauvismo” de Matisse y Dufy intentaron “pronunciarse” contra la tiranía de los viejos maestros. Pero hubo de ser un español, Picasso, con Derain y Juan Gris y más tarde con Chirico, Carra, Paul Klee, Kandinski, Ernst y algunos más, el que formulase el grito de insurrección que rompiese con la idea de que el arte es un instrumento de decoración. Es curioso comprobar como fueron los pintores los primeros en proclamar la necesidad de los movimientos vanguardistas del siglo XX. Y también hay que reconocer que se necesitaba poseer un valor, rayano en el heroísmo, para emprender la ingente tarea de terminar con toda una tradición de arte, y atreverse a renovar todo el escenario en que se desarrollaba la vida cultural de Occidente. Y fueron, inmediatamente, los poetas, los que vieron en el ejemplo de los pintores, la posibilidad de acabar con las agotadas escuelas literarias del siglo anterior y decir, como lo hizo Apollinaire, uniendo su causa a la de los pintores:

- “Escribir no es describir: pintar no es figurar. La semejanza no es más que un engaño”.


R .M. Alberes en su estudio sobre las Literaturas europeas,(1) afirma:

- “El objeto creado así por la pintura no es reproducción; es creación liberada de todo parecido, representa un fragmento nuevo de la naturaleza introducido por el artista en el universo ya existente; es una liberación del arte de la esclavitud que sufría aún de las formas reales, es la afirmación de la supremacía del artista sobre los modelos naturales”.


Y afirma un escritor francés: “Una vez hecha la revolución, el cubismo ejerció una influencia que ni siquiera sus enemigos más encarnizados pueden negarle; transformó la arquitectura, el mobiliario, las artes menores, la moda. Cualquier elegante parisiense que lanzase gritos de horror contra determinados cuadros se hubiera reído ante un cartel que no tuviera en cuenta los cambios de estética y consideraría como pasada de tono la revista de modas cuyas ilustraciones no fuesen presentadas dentro del estilo cuyos orígenes se remontan precisamente a ese cubismo denostado.”2 “Desde los primeros años del siglo -dice Alberes- algunos artistas audaces habían tenido conciencia de ese cambio necesario de visión de un mundo adormecido por la facilidad y el convencionalismo que adornaba los aparatos de gas con hojas de acanto en hierro fundido.”(3) Dice el poeta T. S. Eliot que cada obra de arte, cuando nace, es distinta de cuantas la antecedieron y modifica de algun modo la perspectiva del conjunto. Esta idea podría también aplicarse al concepto de originalidad. Así cuando ésta se persigue de una manera sistemática, en tiempos de rebelión y de contraposición a las formas establecidas, es lo que constituye los movimientos de vanguardia. Y si en todos los tiempos han existido escritores que han adoptado esta postura -tales Garcilaso y Boscán, enfrentando el endecasílabo de origen italiano frente a las formas tradicionales de Castilla, y tales los poetas del delirante romanticismo frente a las formas clásicas-,es preciso reconocer también que los del siglo XX adquirieron una actitud más continuada y sucesiva, compitiendo unos con otros, sin darse tregua y enlazándose o surgiendo éstos de aquéllos que les precedieron, a partir de la rebelión de Picasso y sus seguidores, de manera especial entre 1910 y 1930.

Siguiendo la descripción que de estos movimientos de vanguardia hace el profesor Jose Antonio Pérez Rioja podemos afirmar que la amplia significación del término “vanguardia” ha facilitado su aplicación a brotes muy diferentes en el fondo, aunque su común denominador pareciese residir en la avanzada ruptura de las formas establecidas.(4) Los más significativos de estos movimientos, en cuanto a la Literatura se refiere, han sido:

-El “expresionismo” literario (posterior al plástico), que surge en Alemania en 1910, que irrumpe, según frase de Mann “como el espíritu vivificando la acción.

-El “cubismo” literario ( procedente y coetáneo del plástico ) con Apollinaire, Max Jacob y Paul Reverdy como figuras esenciales.

-El “dadaísmo” iniciado en un café de Zurich, en 1916, por el poeta rumano Tristán Tzara. Su nombre procede de la palabra “Dada” buscada por azar en un diccionario.

-El “ultraísmo” que es el que más nos interesa en este momento y del que luego, más ampliamente, daremos razón de su significado.

-El “creacionismo” del que fue su máximo profeta el poeta chileno Vicente Huidobro que tuvo muchos puntos de contacto con el ultraísmo y del que procede el gran poeta de nuestro tiempo Gerardo Diego.

-Y el “surrealismo”, el más positivo y duradero de estos movimientos de vanguardia, que ha llegado a nuestros días y configurado de manera primordial el estilo de la poesía española del siglo XX. Los momentos estelares de este movimiento se encuentran en la publicación del libro “Sobre los Ángeles” de Rafael Alberti, “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca y, sobre todo, la obra completa del gran poeta, premio Nobel, Vicente Aleixandre.

Otros movimientos de vanguardia, como el “imaginismo” y el “vorticismo” preconizados por Ezra Pound o el “egofuturismo” ruso, escapan ya al somero análisis de nuestra conferencia.


II


El “ultraísmo” la primera consecuencia española de los movimientos de vanguardia en la Literatura, tiene una fecha concreta de nacimiento; el otoño de 1918. (A pesar de que Díaz-Plaja y algún otro autor lo sitúan en 1919 y aún en fecha posterior).(5)

Uno de sus iniciadores, el poeta Guillermo de Torre, que ha sido luego uno de los más importantes exégetas de los movimientos de vanguardia, lo afirma rotundamente:

“El hecho es que Cansinos Assens se posesionó del término y “Ultra” tituló un breve manifiesto escrito por él, a cuyo pie, un buen día del otoño de 1918, encontré con sorpresa mi firma”.(6)


Rafael Cansinos-Assens, era un escritor ya maduro en aquella epoca (había nacido en Sevilla en 1883). Pero su espíritu inquieto y su condición de director y animador de varias revistas literarias le llevaba a proteger a los jóvenes inconformistas de la epoca. A el acudió Guillermo de Torre y alguno más para aprovechar su influjo en las revistas “Grecia” de Sevilla, de la que era redactor jefe Adriano del Valle y “Cervantes”, de Madrid, que el propio Cansinos dirigía. Él fue quien redactó el Manifiesto y, como dice Torre, “Por su parte se inhibía como firmante, pero con el fin de destacar en primer plano su ambicionado papel de guía, nombrándose en el primer párrafo del documento” Este comenzaba así:

“Los que suscriben, jóvenes que comienzan a realizar su obra Y que, por eso, creen tener un pleno valor de afirmación, de acuerdo con la doctrina señalada por Cansinos-Assens....necesitan declarar su voluntad de un arte nuevo que supla la última evolución literaria: el novecentismo.”(7) Con este Novecentismo se referían a la doctrina llamada “Modernismo” con la que Rubén Darío había dado al traste con toda la vulgaridad y prosaísmo de los último epígonos de los románticos que se habían adueñado, con Campoamor, Nuñez de Arce y algún otro más, del panorama de la literatura española de fin de siglo. Pero, a su vez, el “Modernismo” había degenerado en una eclosión de Colombinas, Pierrots, sensiblerías afrancesadas y otros tópicos que hacen insufrible la literatura de esta época. Contra ella se pronunciaban los “ultraístas” a los que no animaban motivos tan esenciales como los de los vanguardistas europeos. Pero, más tarde, el ejemplo de aquéllos y las influencias de poetas como Vicente Huidobro y alguno más les hicieron concebir más personales motivaciones y dieron lugar a numerosas teorías sobre lo que constituía el “ultraísmo”.

El mismo vocablo no existía. No había que buscarlo en el Diccionario de la lengua. Solamente en la Enciclopedia Espasa, en el tomo publicado en 1919 definía el Ultraísmo como “exageración en las opiniones políticas”. “Ultraísmo” fue uno de los muchos neologismos que, según Guillermo de Torre, él esparcía a voleo en sus escritos adolescentes y del que Cansinos Assens se apropió.

Pero el que en realidad formularía la esencia del movimiento “ultraísta” sería Guillermo de Torre que lo expresó así:(8)

“Si la poesía ha sido hasta hoy desarrollo, en adelante será síntesis. Fusión en uno de varios estados anímicos. Simultaneismo, velocidad imaginativa. La rima desaparece totalmente de la nueva lírica... Igualmente, en muchas ocasiones, se suprimen las cadenas de enganches sintácticos y las fórmulas de equivalencia -“como”, “parecido a”, “semejante a”- La imagen, por lo tanto, no es tal en puridad. El parecido es realidad: ...Suprime la puntuación. Esta es inútil. Ata, más no precisa... De este modo el poema prescinde de sus cualidades auditivas-sonoras, musicales, retóricas y tiende a adquirir un valor visual, un relieve plástico, una arquitectura visible, que entre por los ojos.” Pero antes, en 1917, en París, el poeta chileno Vicente Huidobro había profetizado la esencia de estos movimientos:

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa nuevos mundos y crea tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los Museos;
más no por eso tendremos menos fuerza;
el rigor verdadero reside en la cabeza.
¿Por que cantáis la rosa, oh, poetas?
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.” (9)


Huidobro no pretende que el poeta interprete el mundo, sino que inventa un mundo nuevo y autónomo.

Menos definitivos, pero más divertidos, son los aforismos que en forma de “entrefiletes” se publicaban al final de los poemas en la revista ULTRA, la revista “oficial” por así decirlo del movimiento ultraísta, alguno de los cuáles pertenece a Ramón Gómez de la Serna que, como es natural, se incorporó alegremente al movimiento ya que el había sido uno de los principales inspiradores del mismo con sus “greguerías”. He aquí alguno de esos “entrefiletes”:

- “Los ultraístas hemos descubierto la cuadratura del círculo”
- “El ultraísmo es la rana que crió pelo”
- “El ultraísmo consiste en volver el mundo del revés”
- “El ultraísmo es el tren que pasa siempre. Hay que subir y bajar en marcha”
- “Después del ultraísmo, el fin del mundo”
- “Ultra puede aplicarse como un motor a todos los ismos rezagados”
- “ultraísmo: único oxígeno vital”

Y finalmente, este suelto:

“Defendemos una antiliteratura implacable que acabe con todos los tópicos. Ya hemos afirmado que la Literatura no existe: el Ultraísmo la ha matado’’(10)


Naturalmente esta actitud hubo de atraer a numerosos jóvenes que, literatos o no, quisieron embarcarse en la aventura vanguardista que tan curiosamente se les ofrecía. No olvidemos que estamos en los años posteriores a 1920. Ha terminado la primera guerra mundial y con ella parece que todos, incluidos los poetas, quieren revolucionar el mundo y acabar con todo lo que pudo ser origen de aquella gran catástrofe. En la nómina de escritores que figuran en Ultra, encontramos, con los primeros citados a J. Rivas Panedas, Gerardo Diego, José de Ciria y Escalante (aquel a quien García Lorca llamaría “delicado giocondo”), César A. Comet, Pedro Garfias, Adriano del Valle, Rafael Lasso de la Vega, “Luciano de San Saor” (seudónimo de Lucía Sánchez Saornil) y muchos otros cuyos nombres han quedado en más absoluto anonimato.

Como muestra de lo que era la poesía “ultraísta” damos el poema de Guillermo de Torre que Díaz Plaja escoge, como más representativo, de su libro “Hélices”:

Madrid Ciudad de ojos prismáticos
méceme en el columpio de tus gritos.

Abre el escote de tus avenidas
sobre mis ojos que modulan rutas,
que desfilen balcones de colores
en la copa del aire matinal.
Mírame con tus collares incendiarios.

...En las alturas riza el rizo
el avión monocorde de tu azul (11)


Recordamos haber leído en nuestra niñez, en un manual de retórica totalmente opuesto a todos los vanguardismos, un poema, dado como muestra de los “ultraístas” cuyo autor no mencionaba, pero que a mí me resultó amenísimo, aunque, vistos los postulados del movimiento ultra este poema, más humorístico que otra cosa, no se atiene totalmente a sus principios:

Ayer una niña
me preguntó la hora
y yo le di el corazón equivocado.

Mi novia
me había bordado en él
un si bemol.

Y heme aquí solo
con mi baston en medio de la lluvia.


Más poeta que todos ellos, Gerardo Diego se atrevía a publicar un libro titulado “MANUAL DE ESPUMAS” del que tomamos este poema titulado “Paraíso”:

Danzar
Cautivos del bar
La vida es una torre
y el sol un palomar
Lancemos las camisas tendidas a volar.

Por el piano arriba
subamos con los pies frescos de cada día

Hay que dejar atrás
las estelas oxidadas
y el humo casi florecido
Hay que llegar sin hacer ruido.

Bien saben los remeros
con sus alas de insecto que no pueden cantar
y que su proa no se atrevió a volar

Ellos son los pacientes hilanderos de rías
fumadores tenaces de espumas y de días

Danzar
Cautivos del bar
Porque las nubes cantan
aunque estén siempre abatidas las alas de la mar (l2)

etc. etc.


III


Hemos nombrado, entre los poetas que entusiásticamente se adhirieron al movimiento ultraísta, al poeta sevillano Adriano del Valle que, por aquellos tiempos era el redactor jefe de la revista literaria “Grecia”.

Vaya por delante que, en nuestra opinión, solo Adriano y Gerardo Diego fueron los auténticos poetas que en España tuvieron su origen en el ultraísmo. Fuera de España tendríamos que citar a Jorge Luis Borges y ya nos encontramos con que los demás fundadores de aquella original vanguardia poética han quedado olvidados en la historia literaria. Guillermo de Torre, su fundador(13), ha quedado más como historiador y crítico del movimiento que como verdadero creador.

Adriano del Valle había nacido en Sevilla en 1895 (Recientemente se ha celebrado con gran solemnidad su primer centenario en Madrid y en Sevilla). Fueron sus padres Adriano del Valle, asturiano natural de Tazones y Amalia Rossi, de ascendencia italiana, hija de un dorador de oficio que se había establecido en la calle de las Sierpes.

El padre de Adriano tenía en Sevilla un taller de juguetes de su propia invención y a este taller se unió, como representante. Cuenta el poeta Pedro Raida en un libro sobre Adriano del Valle cómo fue su primer contacto con la poesía:(14)

En uno de sus recorridos profesionales por la baja Andalucía, se disponía a ocupar su asiento en el tren junto a la ventanilla cuando vio allí un libro abandonado. Lo coge, se sienta. Mira alrededor. Nadie se lo reclama. Lee indiferente el título y advierte que es un libro de versos. Lo cierra y sólo lo vuelve a abrir para leer, de pasada el poema que le sirve de arranque... Comienza este poema, por su lirismo y emotividad, a cautivarle sobremanera. Y ya no resistirá la tentación de leerse el segundo... el tercero... el cuarto. -Maravilloso, balbucea subyugado y vencido en cualquier intento de interrupción de esa tan lírica y tan emotiva lectura. El libro era “Cantos de Vida y Esperanza” de Rubén Darío.

Aquello decidió su vocación poética. Adriano, embriagado por su descubrimiento, escribe versos y versos. Primero a la novia que tenía en Huelva, con la que luego contraería matrimonio; luego comienza a colaborar en las revistas juveniles y, por fin, funda, junto con el poeta Isaac del Vando, le revista “Grecia” de la que Cansinos Assens haría un gran elogio como revista afín a las ilusiones del ultraísmo.

En su juventud sevillana, Adriano traba amistad con otros poetas que, luego, seguirán por distintos caminos pero que entonces unen sus ilusiones vanguardistas. Algunos de ellos fueron Jorge Guillén y Rogelio Buendía pero, el más cercano a nuestro poeta fue el argentino Jorge Luis Borges y su hermana Norah, que causó una gran impresión a Adriano y a la que dedicó numerosas poesías, así como su gran “Poema sideral” publicado en Marzo de 1920 en “Grecia” y que ha sido estudiado por el poeta Vicente Gómez Vichares que dice de él: “poema en prosa, poema ultraísta cuajado de imágenes maravillosamente trenzadas y de una grandiosidad sideral, como su título’’.(15)

En uno de los números de “Grecia” aparecen, juntos en la misma página, dos poemas de Adriano y uno de Borges: El de Adriano se titulaba “El canto de las estrellas rotas” y decía así:

“¡Aquella luna que cantaba
en el último arbusto del alba
y el lucero penúltimo
que plegaba sus alas
sobre el nido desnudo de mi alma
trayéndome en el pico sus miradas!

Aquella luna que cantaba!”


El de Jorge Luis Borges se titulaba:

TRINCHERA

En lo altísimo una montaña camina.
Hombres de color de tierra naufragan en la grieta más baja.
El fatalismo unce las almas de aquellos
que bañaron su pequeña esperanza en las piletas de la noche.
Las bayonetas suenan con los entreveros nupciales.
El mundo se ha perdido y los ojos de los muertos lo buscan
El silencio aulla en los horizontes hundidos.


La importancia que tuvo la revista “Grecia” la testifica el propio Adriano en una conversación que sostuvo con el periodista Félix Centeno en 1943 en la que le dijo:

-Soy mentor en Andalucía de movimientos literarios que cuajaron en torno a mi verso y a mi vitalidad. Por ejemplo, fui redactor-jefe, siendo soldado del Ejército español -donde serví los clásicos tres años- de la revista “Grecia” que fue órgano literario del movimiento ultraísta español. Allí colaboraba Apollinaire -todavía vivía- cuando Paul Morand, desconocido, fue agregado de la embajada francesa en Madrid, publicamos un poema que es una verdadera rareza literaria: “Puesta de sol”. El movimiento dadaísta de Tristán Tzara, Francis Picabia, André Salmón y las distintas escuelas literarias de vanguardia tuvieron su órgano de expresión en España en la revista “Grecia”. El mayor esfuerzo romántico que en el sentido de pureza estética se haya podido hacer en nuestro país, está cifrado en la vida y pasión y muerte de “Grecia”. Salió el primer numero el 12 de Octubre de 1918. Yo, vestido de guerrera azul, pantalón rojo y ros de hule, tuve que afrontar el gesto heroico de vocearla y venderla en la calle de las Sierpes.

Recibí una carta de Unamuno que decía textualmente: “Mi querido Adriano: “Grecia” en Sevilla, bajo la advocación de Rubén Darío, puede ser una cosa invertebrada y cartilaginosa. A Rubén Darío le faltó, le abandonó su Nicaragua natal. A Ustedes les abandonará Sevilla” Y agregó Adriano: -Era quincenal y se publicaron 50 números, es decir, veinticinco meses.”(l6)

El rumbo ultraísta de Adriano puede seguirse a través de sus publicaciones en las revistas de la época. Primero en “Grecia” y en “Centauro” que fundara Rogelio Buendía en Huelva, ciudad en la que luego residió Adriano y donde se casaría y vería nacer a sus siete hijos. Encontramos su firma en “Cervantes”, la revista “ULTRA” de Madrid y en la que, con el mismo nombre, se publicó en Oviedo. En el único número de “Reflector”. En la coruñesa “Alfar”. En “Sirio” de Almansa y gracias a Borges su poesía cruzó el atlántico y se publicó en la revista mural, espectacular y rarísima que editó en Argentino Jorge Luis con el nombre de “Prisma”. Puede afirmarse que mientras duró el movimiento “ultraísta’’(17) Adriano del Valle fue uno de sus más entusiastas y enfervorizados seguidores. “Primavera portátil” y “Los gozos del río” son dos libros escritos dentro del más acendrado ultraísmo y los que le dieron verdadera fama al poeta sevillano. Eugenio D’Ors, que realizó las ilustraciones del libro “Primavera portátil” y tuvo hasta el fin de su vida una entrañable amistad con el poeta, le dedicó dos glosas y una dedicatoria que le decía:

“Por Adriano emperador.
Por del Valle campesino
Veo la gloria y el amor
en mitad de tu camino”.


Adriano, a su vez, dedicó dos poemas a Eugenio D’Ors, en uno de ellos dice:

Eugenio inmarchito.
Pensador sutil;
si en cejas hirsuto
pulido el sentir.
Frondas de Academia,
podado jardín.
Ángeles, palmeras,
cuiden tu vivir.


Y Ramón Gómez de la Serna dijo de él en 1945 entre otras muchas cosas: Era un verdadero poeta sin mezquinerías, generoso, sin barrer para adentro, sin “plaquetas” de esas que se hacen cincuenta ejemplares y con las que se recogen -para adentro- las migas de la publicidad... Y añadía: “Este hombre, campero y poético, lleva en sí la senequista tradición del que mira a la agricultura a la puerta de su alma y en profunda meditación observa la faena de la labranza.

De su libro “Primavera portátil”, editado por Eugenio D’Ors, dice Gómez de la Serna: de cuya obra no hubimos ejemplar porque los ejemplares de tan lujosa colección solo servían para regalo de las cuñadas de los reyes en el día de su boda; y por eso la Duquesa de Kent tiene un “Primavera portátil” Y nosotros no. (l8)

No quiero terminar esta semblanza de Adriano del Valle sin referir algo que él me contó muchas veces y que, aunque se aparte un poco del tema de esta conferencia, viene a ilustrar sobre el carácter alegre, imaginativo y verdaderamente “ultraísta” de Adriano. Se trata de cómo el poeta, en una conferencia en el Ateneo de Sevilla, en 1935, puso un huevo ante el asombro de los sesudos ateneistas de aquella época. Pero mejor que referirlo yo es leer lo que se dijo en el diario “El Liberal” de Sevilla al día siguiente del asombroso caso:

“Desde que se anunció la conferencia de Adriano -epígono, cantor del viento, como le llamó Fernando Villalón-, desde que apareci6 el anuncio en los peri6dicos, ya sabíamos que algo raro ocurriría, porque estos poetas modernistas no se sabe nunca por donde van a salir.(l9) Desde luego, siempre por peteneras.

¿Pero cómo imaginarse que Adriano se agachara y, cacareando, pusiera un huevo?

La cosa ocurrió del siguiente modo: cuando más atento estaba el público que llenaba el salón de conferencias del Ateneo, escuchando la que daba Adriano del Valle, todos vieron con la natural sorpresa que el poeta se ponía en cuclillas, mientras decía:

Como yo soy un poeta
tan superrealista y nuevo
ahora mismo me agacho
y pongo un huevo.


Estuvo unos segundos agachado, se levantó, cacareó y ensenó a todos un huevo auténtico, que dejó sobre la mesa diciendo que era el que acababa de poner” (20)

Y el redactor de la nota, despues de describir el escándalo que aquello provocó en el serio Ateneo sevillano, terminaba exclamando: “ ¡Qué provincianos somos todavía!”


IV


Y vamos a entrar ahora en un aspecto de la obra de Adriano del Valle por la que esta conferencia viene a encuadrarse en el ciclo que, sobre los “ismos”, viene realizando el Grupo de Investigación Elástica Variable de la Facultad de Bellas Artes valenciana. Nos referimos al Adriano del Valle en su obra “plástica” pues si él no fue el inventor si fue el primero que introdujo en España los “collages” que los dadaístas franceses, y de manera especial Max Ernst habían dado a conocer allá por el año 1912.

Los “collages” o “papier collé” son una “subespecie del arte”, según el profesor de Estética de la Universidad de Madrid, Simón Marchan.21

Casi todos los artistas de nuestro siglo han empleado el “collage” aunque con diferentes intenciones: futuristas, dadaístas, surrealistas, el neoconstructivismo y por último el neodadaísmo y el pop art. Para los dadaístas era un arma de destrucción del arte. Los surrealistas buscan producir los efectos más desconcertantes y una explotación sistemática de encuentros casuales, provocados artificialmente. En el pop adquiere un sentido significativo socialmente. Hoy día tiene una acepción más amplia. Así, se habla del “ready-made”, “objets trouves” (dadaísmo), fotomontaje (dadaísmo, surrealismo, pop), o Decollage y Assemblage (pop y arte fotomecánico). José Hierro dice que los “collages” de Adriano del Valle están en la línea que había descubierto Max Ernst, el reino de la pura invención, la sorpresa, el absurdo. Consistía en combinar sobre la mesa de disección el paraguas y la máquina de coser, como había decretado Lautremont; una mezcla de misterio, de realidad inquietante.(22)

Es posible que para Adriano del Valle, el “collage” fuese un simple divertimento. Pero también lo era su poesía, en la que pesaba palabras aladas que rescataba del diccionario, en el que lo esperaban, disecadas, para que él les diese vida. El hecho es que esas invenciones plásticas muchos lo han olvidado- pasaron a la crónica del “collage” español. Y todo ello lo hacía hacia finales de la década de los veinte cuando el arte joven... no pudo abrirse paso, a codazos entre tanto campesino vestido con atuendo regional, tanto bodegón de perdices y liebres, tanto retrato de cazador como llenaban el ámbito de la pintura española de entonces.”

Y termina Hierro diciendo:

Con el “collage” sacaba a luz los oscuros recovecos de su alma niña. Y es que Adriano... era sobre todo un niño. Un niño inspirado que en todo, obra, persona, ponía lo mejor de su alma niña.

Eduardo Llosent y Marañón dijo en un artículo publicado en “Isla” en 1940: Las metáforas y transposiciones conceptuales, tan pródigas en la obra poética de Adriano del Valle, encuentran en las laberínticas composiciones de sus ingeniosos “collages” una fuente de “doblaje” plástico, donde se desata el más frenético surrealismo, en la misma linea desconcertante y mágica de Max Ernst, a quien Adriano supera en riqueza y potencia expresiva. (23)

Pero creemos que, para terminar esta conferencia será oportuno decir lo que el propio Adriano del Valle pensaba sobre sus “collages” expuesto en forma de pensamientos para ser publicados al frente de una obra que se hubiera titulado “Sésamo, abrete” pero que aún permanece inédita.

1º El primer “collage” fue obra de Dios, cuando Jehová hizo a Eva de una costilla del hombre... ...¿Qué otra cosa fue el Génesis sino un inmenso “collage” cósmico?

2º Después el Bosco, Brueghel, Patinir y esos pacientísimos chinos que comen el arroz con palillos de dientes, anunciaron la aparición del “collage”como género artístico.

3º Ingres tocaba el violín muy mal y pintaba muy bien. Yo he derivado hacia el “collage” como un refugio para aquella vitalidad no estrangulada, de pintor fracasado, que había dentro de mi espíritu.

4º La musa del “collage” es para mí la décima musa, es multipara y gran colonizadora de sueños. “El sueño de la razón produce monstruos”, dijoGoya, el antecedente ibérico más genial, con “Los caprichos” que ha tenido el collage en la pintura moderna.

5º La décima musa apareció ante mí hace ya muchos años. Su genealogía onírica entroncaba con Edgar Allan Poe. Su levitación alcanzaba el ápice volador de los diábolos. La altura record de Bleriot. Quiero afirmar que su pureza hacia presumir que no era una musa infiel ni, por lo tanto, bígama. Asistía a las clases de cine de la época, cuando la pintura de época triunfaba en la antología cromática de la paleta de Eduardo Rosales.

6º Mi décima musa murió en un sueño y, naturalmente, le hice la autopsia con las tijeras que suelo emplear en la creación de mis collages. Entonces descubrí el secreto anatómico de sus preferencias; la décima musa tenía dos corazones. En uno de ellos vivía el recuerdo cinematográfico, plástico, vivo y real del gran realizador Murnau. ¡Líbreme Dios de tener más sueños!

7º El proceso formativo del collage es análogo al del gusano de seda en el interior de su cápsula maravillosa; hilar continuamente e hilar delgado. Son imprescindibles las siguientes dotes: imaginación, memoria, si bien memoria visual, sentido plástico de las cosas y una gran lirismo que nos evada del mundo de las formas representables. Las tijeras, como instrumento de trabajo, rivalizan con el alcaloide de la polilla.

8º Max Ernst es quien primero ha practicado, con el éxito que suponen en Francia las ediciones de lujo para bibliófilos, el arte surrealista del collage. Pero si Max tiende a lo satánico yo aporto a mis trabajos aquellos elementos poéticos que me fluyen a las puntas de la tijera con la misma espontaneidad con que pudiera fluir a la punta de mi estilográfica.

9º Todos los collages tienen su resorte, su fisiología, su técnica. Técnica que he querido que sea, antes que de nadie, mía. Por ejemplo; hay momentos en que elaboro una poesía, trabajo rápidamente, para dejarla luego remansar, sin prisas para publicarla; y cada seis meses o cada año, mientras permanece inédita, sustituyo uno de los vocablos, con lo que me quedo tan satisfecho como si hubiera asistido al nacimiento de un nuevo hijo. Algo así me acontece con los collages. Los recluyo en mis carpetas, en una especie de lazareto de desinfección, con la esperanza de que algun día les expediré el correspondiente certificado de sanidad y que me los publiquen.

10º He conseguido, creo yo, llevar, al collage la atmósfera de la filatelia, el virtuosismo mecánico del relojero, y la paciencia científica del entomólogo, aspirando a hacer deliciosamente habitable, con ríos y velocípedos, la retícula litográfica de un sello de correos de la isla de San Mauricio.

11º Tres o cuatro mil piezas recortadas de litografías románticas, constituyen mi archivo, o mejor dicho, mi osario, puesto que representan la esqueletomaquia de mis libros.

12º Grandes dunas de arena aventadas por el simun del desierto es lo que precisa el collage, a manera de pirámide egipcia, para tomar altitud y longitud de maravilla pétrea semienterrada. Y esta es la verdadera muralla china que hace el milagro de aislarme de mis posibles imitadores.

13º Para “La Nature”, “L’Ilustratión” y las ediciones de Julio Verne mis tijeras son como la polilla de la litografía. Despues de todo, son elementos románticos que han permanecido treinta o cuarenta años en el reposo de las ediciones que fueron contemporáneas de los idilios de nuestros padres.

14º El collage es un despiste del sentido visual análogo al trabalenguas. El collage es el trabaojos.

15º Algunos collages, una vez terminados, son como mapas nocturnos, con riberas fantasmales, llenos de ríos sin aguas, de largos horizontes eruptivos, como un continente sumergido y pasado por el éter del tiempo. Seres de una forma astral con esa raya medular y morbosa de la magia. Libélulas de lagos antediluvianos, ruinas de grabados antiguos, anchos cielos nubosos. Parejas conturbadoras con besos lascivos de labios que supieran muy cerca la calavera hamletiana.

16º Allá por el año 1929 comencé mis escarceos en este arte. Uno de mis primeros collages fue “Homenaje a Becquer”. Se me ocurrió, por ese fondo de acuario que llevo dentro de mí en el que, si no desovan ballenas antárticas, si dejan sus huevos, al socaire de los bancos de coral, billones y billones de peces de colores.

17º Pero si no recuerdo bien cuál fue mi primer collage, el último, sin duda, será aquel que hagan -técnica de Valdés Leal- los gusanos con mi cuerpo” (24)

Esta es toda la teoría que dejó Adriano del Valle acerca de la obra plástica, de los “collages” de los que el fue el primer creador en nuestra patria. Creo que no había mejor explicación para lo que fue esta modalidad de la vanguardia que estos pensamientos de Adriano del Valle, gran poeta español del que tuve el orgullo de ser amigo y al que, para final de esta conferencia, le dedico el homenaje de mi recuerdo y de mi admiración


NOTAS


1 R. Alberes: “Panorama de las literaturas europeas. 1900-1970.” Albora S. A. de Ediciones. Madrid, 1972.
2 Bernard Dorival: “Les etapes de la peinture francaise contemporaine” Gallimard, 1944
3 R. M. Alberes: Ob. cit.
4 J. A. Pérez Rioja: “Vanguardismo” Rialp. Madrid, 1971
5 Guillermo Díaz-Plaja: “La Poesía lírica contemporánea” Ed. Labor. Barcelona, 1948.
6 Guillermo de Torre: “Ultraísmo, Existencialismo y objetivismo en Literatura” Ed. Guadarrama. Madrid, 1968.
7 Guillermo de Torre: Ob. cit.
8 Guillermo de Torre: Ob. cit.
9 David Bary: “Huidobro o la vocación poética”. Universidad de Granada. 1963
10 Guillermo de Torre: Ob. cit.
11 Guillermo Díaz Plaja: Ob. cit.
12 Gerardo Diego: “Manual de Espumas”. Cuadernos literarios. Madrid, 1924.
13 Curiosamente fueron varios los que se disputaron la fundación de estos movimientos de vanguardia. Torre, Huidobro y Cansinos Assens han proclamado su paternidad. Desde luego la palabra Ultra se debe al primero de ellos que, según propia confesión, solía utilizarla en sus versos juveniles .
14 Pedro Raida: “Semblanza del poeta Adriano del Valle” Madrid 1957-
15 Vicente Gómez Vichares: “Un poema ignoto de Adriano del Valle” Valencia, 1982.
16 Adriano del Valle. “Antología” Madrid 1995.
17 Guillermo Díaz Plaja, siguiendo a de Torre, afirma que el movimiento ultraísta puede darse por liquidado en 1923-
18 Adriano del Valle: Ob. cit.
19 Como se ve, el redactor de la nota, en 1935, no distinguía bien sobre los ismos de la época.
20 Adriano del Valle: Ob. cit.
21 Simón Marchán: “Collages” G. E. R. Rialp. Madrid, 1971.
22 Adriano del Valle: Ob . cit .
23 Eduardo Llosent Marañón: “Adriano, su voz y sus oficios” En “Isla”, 1940.
24 Adriano del Valle: Ob. cit.