Artículo aparecido en EL PAÍS, el 11 de marzo de 1998

 

PALEONTOLOGÍA • CRISIS AMBIENTALES

Descifrado el origen de fósiles de hace 420 millones de años en León

A. R., Madrid


Pizarra que aloja un sinrabdosoma, fósil de una
supercolonia radial de graptolitos (U. Martín).

En un talud de pizarra cerca de Salas de la Ribera (León), las lajas tienen incrustados unos sensacionales fósiles de hace 420 millones de años. Son unas estructuras radiales formadas por colonias de unos remotos organismos marinos microscópicos, más pequeños que la cabeza de un alfiler, denominados graptolitos y conocidos por los científicos desde hace más de un siglo. Esas agrupaciones radiales son los sinrabdosomas y nadie podía explicar hasta ahora su origen.

El paleontólogo español Juan Carlos Gutiérrez Marco, del CSIC, y el geólogo canadiense Alfred Lenz afirman haber desvelado el enigma de los sinrabdosomas. No son agregados casuales de graptolitos creados por remolinos del agua en el proceso de fosilización, como han sostenido muchos investigadores. Tampoco son restos de unas formaciones que habrían perdido, al morir, unos tejidos aglutinantes de la estructura radial, como se creyó durante años.

«Los sinrabdosomas tienen un origen biológico, son agregados de colonias de graptolitos en una estrategia alimenticia adoptada en el límite de sus condiciones de vida», explica Gutiérrez. Su investigación se ha dado a conocer en el último número de la revista estadounidense Paleobiology.

«Las colonias de graptolitos, con flotabilidad autónoma e individual, se alimentarían del fitoplancton en aguas marinas superficiales, pero ante una crisis ambiental que redujera su fuente de vida, se verían obligados a explotar otros recursos para sobrevivir», continúa el paleontólogo español. Y aquí entra en juego esa misteriosa estructura radial, una supercolonia, con la cual estos microscópicos organismos optimizarían su flotabilidad pasiva en aguas más profundas y densas, donde podrían sobrevivir a base de detritus orgánicos en suspensión.

Hasta que Gutiérrez descubrió el riquísimo yacimiento de Salas de la Ribera sólo se conocían en el mundo unos 150 sinrabdosomas. Ahora, esas pizarras leonesas han proporcionado miles de estos fósiles, todos de una misma especie y formados por entre 20 y 26 colonias -los brazos del agregado en forma de estrella- que miden cada una entre tres y cuatro centímetros.

Pero el estudio no se ha hecho sólo con estos ejemplares españoles, sino también con los 15 hallados por Lenz en islas del Ártico. Unos y otros fósiles tienen un origen común: antes de que se resquebrajase y diera lugar a Eurasia, Australia y parte de América, el paleocontinente Gondwana asomaba una de sus costas al océano Iapetus, que bañaba otra tierra continental, Laurentia. En Iapetus proliferaron los graptolitos que ahora aparecen fosilizados en España y en Canadá, entre otros sitios.

Cuando hace 420 millones de años se cerró Iapetus, se modificaron las corrientes marinas y los graptolitos sufrieron una crisis ambiental que condujo a casi todos ellos a la extinción. Los últimos desaparecieron hace unos 400 millones de años tras cien millones de años de existencia.