
Harvard, Berkeley, Stanford, Cambridge... todos conocemos los nombres de las universidades más prestigiosas del mundo. Son instituciones generalmente antiguas, con una larga tradición de siglos dedicados a formar a los líderes mundiales. En palabras del experto Jamil Salmi, son como el buen vino: necesitan mucho cuidado y un largo período de maduración.
Recientemente, la publicación americana Times Higher Education (THE) ha llevado a cabo una original clasificación que da a conocer las 100 mejores universidades con menos de 50 años de vida. Y la Universitat Politècnica de València se encuentra entre ellas, en el puesto número 74.
Para su elaboración se tienen en cuenta las mismas variables que sirven para llevar a cabo los rankings tradicionales: el número de artículos publicados, el volumen de negocio generado por la actividad investigadora, la proyección internacional... Pero con la salvedad de que no se considera ninguna institución creada antes del año 1962.
¿De dónde sale una universidad joven y excelente? Entre las 100 primeras, sorprende ver la diversidad de países de origen. Eso sí, los expertos observan que es más fácil crear una institución de cero, pensada para competir con las mejores, que intentar convertir una universidad aceptable en una institución de elite.
Para destacar en este ranking de jóvenes promesas, es importante, además, utilizar como lengua vehicular el inglés. Porque es fundamental atraer el talento y, en ese sentido, el idioma no debe suponer una barrera. Y no solo el talento ajeno sino, sobre todo, el propio. Dicen los analistas que la mejor manera de conseguir una universidad de primera fila es convencer a los profesores, investigadores y alumnos emigrados de que regresen a su país y participen en su desarrollo.
Y, por supuesto, si algo han aprendido las jóvenes de sus mayores, es que no es posible tener una universidad de primer nivel sin un gran esfuerzo y una lealtad incondicional al proyecto: y eso incluye el compromiso de los trabajadores y la colaboración de una extensa red de titulados (que dan prestigio a la institución y aportan fondos), pero también el orgullo de la sociedad al completo, el apoyo del tejido empresarial y el sostén financiero continuado del gobierno.
Y ¿cómo queda el conjunto del sistema universitario español en este ranking? Pues, dadas las condiciones, en un excelente cuarto lugar, tan solo por detrás del Reino Unido, Australia y EE UU. Y es que, más allá de los casos concretos, España coloca cinco universidades en el ranking de jóvenes promesas. En palabras de los responsables, cinco instituciones que son auténticos tesoros nacionales y ejemplos de increíble precocidad.
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