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Algunos entendemos por conocimiento al ingente conjunto de contenidos que, a lo largo de los tiempos, el ser humano ha ido elaborando, experimentando, sancionando, depurando
, consecuencia de infinidad de procesos creativos, de observación, relacionales, innovadores, inquisidores
, materializados con ingredientes extraídos de todo ámbito y naturaleza, con la única condición que hayan sido capaces de producir provocación, diferencia, sensibilidad, al menos una vez en un ser humano. Si esta definición fuese cierta, podríamos decir: ¡Cuánto conocimiento nos ha precedido! ¡Cuánto conocimiento producido y desaprovechado, ignorado y utilizado, al servicio de cualquier causa! El conocimiento es a lo sumo un instrumento de paz y su cuerpo doctrinal (por llamarle algo) se nutre, y sus límites se amplían, a través de la investigación, la innovación, la invención y el máximo común divisor de lo que es posible (también llamado sentido común) que es el vivir (no digo vivir en humildad porque sería redundante, ya que hay otras formas de estar pero no son vivir). El conocimiento, como todo aquello que existe, es efímero, está condenado a desaparecer, a ser sustituido (además de no encontrar a quien transmitirlo ni tener tiempo para ello). El componer una partitura nueva relacionando los ingredientes de otra manera o con nuevos códigos, es una razón para seguir viviendo, para seguir engañando a las rutinas y a los ritualistas del conocimiento, como hizo el algarrobo que engaño al demonio, o la princesa de las mil y una noches que engaño al destino (así lo cree ella). Por eso este congreso sobre el conocimiento y la invención es un necesidad universitaria. Justo Nieto |