El
hilo conductor que mueve la acción del proyecto de investigación
que será coordinado es la valorización del uso de
residuos agro-industriales por el ahorro en el uso de materiales
cementantes de naturaleza mineral (cemento Pórtland) y
de naturaleza orgánica (polímeros), a través
de la incorporación - en la composición de
materiales de construcción donde intervienen - de componentes
particulados y fibrosos que permitan una sustitución importante
de ellos a causa del mejoramiento o la extensión de sus
propiedades.
La
producción de cementos inorgánicos y orgánicos
hace elevar el consumo de derivados del petróleo y de combustibles
fósiles, por la emisión de gases altamente nocivos
para la capa de ozono, tales como los de tipo NOx,
CO2, fluorinados, y dioxinas entre otros. Por
ello, la sustitución, así sea parcial del cemento
y de los plásticos por otros materiales, y mejor aún
si estos son a su vez desechos o subproductos agroindustriales,
es una opción altamente atractiva para reducir sensiblemente
el problema, y en consecuencia propiciar un ahorro energético
y una menor afectación al ambiente.
Unido
a la dependencia del petróleo, y el encarecimiento con
el precio de este, los plásticos presentan el problema
de su alta demanda energética para su producción,
muy baja capacidad de degradación y los problemas de su
disposición cuando terminan su tiempo de vida útil.
Los plásticos se disponen, con frecuencia, en rellenos
sanitarios donde ocupan un espacio considerable por el volumen
que ocupan en función de su baja densidad. El reciclaje
mecánico presenta dos inconvenientes: en primer lugar se
fabrican productos con propiedades inferiores al material original
y en segunda instancia presenta restricciones sanitarias
que no permiten su aplicabilidad en muchos casos. Su incidencia
en la disminución de la contaminación del medio
ambiente, por el alto volumen de los desechos plásticos,
no es tan marcada. Por ello, una vía importante de minimizar
el uso de material plástico es lograr sustituirlo parcialmente
por extensores inorgánicos (cenizas de residuos agrícolas
o de fibrosos), sobre todo en aplicaciones de gran consumo del
polímero. Por lo anterior, el uso de cargas y de refuerzos
tanto inorgánicos como vegetales ha despertado interés
por las ventajas técnicas, económicas, ecológicas
y ambientales que pueden derivarse de su empleo en matrices termoplásticas.
La
conciencia ambiental de los problemas de la producción
señala que es importante para todos que se brinde un adecuado
y buen uso a las maderas para así no seguir
aumentando el problema de deforestación que se vive debido
a la tala indiscriminada de los bosques y manglares, fuentes primordiales
de vida., de allí la importancia de encontrar un material
sucedáneo, que posea las propiedades que tienen las principales
variedades de maderables que se emplean en los usos mencionados,
hacia el manejo de carga, hacia el uso en cerramientos a la intemperie,
y hacia aquellas aplicaciones donde la madera se use en forma
de tablas o de perfiles, como en formas o cimbras para
la construcción. En la producción
de materiales de construcción la necesidad ambiental es
enorme por la necesidad de la sustitución total o parcial
de la utilización de la madera en muchos de los múltiples
productos de carpintería de madera. Con base en la
tendencia a nivel mundial, la sustitución parcial de la
madera por plásticos reforzados con material fibroso natural
es una interesante alternativa que contribuye a la conservación
de los bosques naturales incidiendo positivamente en el aseguramiento
del suministro de agua y conservación del Hábitat
para la permanencia de la biodiversidad y de un ambiente sano
para las posteriores generaciones.